casi íntegros
noviembre 21, 2022 § Deja un comentario
Buber, Merton… cedieron, en la última etapa de sus días, a la pasión de la carne. Imaginemos que, incluso, hubieran renegado de Dios. ¿Qué decimos como modernos? Pues que en esas salidas de tono se revelaría una falsedad de fondo. Como sabemos, el prejuicio moderno es que lo bajo (pre)domina sobre lo elevado. Hay más verdad en lo que hay bajo la alfombra. Es lo que tiene que la sospecha, en vez del asombro, haya pasado a ser la actitud fundamental. Se trata del no somos más que. ¿Qué hubiéramos dicho, sin embargo, de no ser modernos? Pues que fueron poseídos por el maligno o algo parecido; que no fueron lo suficientemente fuertes —¿pero quién lo es?—. Como si fueran títeres. En definitiva, que dejaron de ser ellos mismos… como decimos actualmente de cualquiera que sufra alzheimer. ¿Qué visión es la acertada? No sabría qué decir… Y es que no hay hechos químicamente puros. Toda visión incluye un cierto saber —una carga teórica. Quien ve un martillo, ve un clavo. La cuestión es si podemos elegir qué ver, esto es, cómo se nos presenta lo presente. Y es que no cualquier significado está a nuestra disposición. Con todo, quizá la universalidad de la visión cristiana —de la revelación creyente— consista en que apenas tiene que ver con hechos culturalmente determinados, sino con la ex-sistencia. Y este es otro cantar.
centros
noviembre 15, 2022 § Deja un comentario
La modernidad pedagógica pivota alrededor del alumno: él es el centro. Es el síntoma de una época que no sabe qué hacer con el padre. Pues el padre es aquel que te dirá que no eres, precisamente, el centro, aquel que te descentra en virtud de lo que importa. Y lo que importa no es lo que te satisface, sino lo que exige tu búsqueda —tu amor.
Elon
noviembre 13, 2022 § Deja un comentario
El poder atrae. Tener poder significa nadie te juzga: estás libre de juicio. Hasta puedes fumarte un porro en una entrevista… que no pasará nada. Hace falta mucho valor —o mucho morro— para sostener que el verdadero poder es el de la libertad interior. No es casual que Nietzsche hablase de resentimiento. Con todo, la cuestión es si, al margen de lo que nos parezca, es o no verdad que el mayor poder es el de quien renuncia al poder; esto es, si acaso no se trate de vencer, sino de vencerse. Y aquí Platón nos da la pista: el tirano no tiene amigos. No puede tenerlos.
meta
noviembre 12, 2022 § Deja un comentario
La adicción al tik tok, a instagram, a los videojuegos… no sale gratis. Pues te incapacita para centrarte en lo que reclama un esfuerzo. Más aún, como adicto solo te interesará la distracción, su facilidad. El problema es que lo fácil no es interesante. ¿El resultado global? Una distancia cada vez mayor entre quienes seguirán siendo unos niños con cuarenta años y quienes no cayeron en la trampa (o tuvieron la suerte de escapar a tiempo).
el proceso
noviembre 11, 2022 § 1 comentario
1. Te miras al espejo y te dices: vaya mierda. Entonces te preguntas: quién me querrá; quién me dirá que valgo; quién me rescatará del pozo en el que me hallo. Es la pregunta por el padre —por el que decide el sí o el no de tu entera existencia.
2. Si tu padre te ríe las gracias, entonces puedes ir por ahí creyendo que vales: has triunfado, has tenido éxito. Sin embargo, todo éxito es un malentendido —un postureo. Pues, en el fondo sabes que el espejo nunca miente: la más bella es siempre otra.
3. La suerte: que el que podría ser tu padre no te haga ni caso —o que no tengas padre. Entonces, o bien te hundes en la indigencia —no cuentas para nadie—, o bien no tendrás más remedio que salir de ti mismo en busca del tesoro. Pues porque no tienes padre sabrás —y lo sabrás duramente— que no eres el centro, que el centro es lo que persigues o amas sin que puedas alcanzarlo (y por eso mismo, podrás amarlo). Y esto es, precisamente, lo que quiso tu padre: que no dependas de él. Pues en el fondo él no ignora que es como tú: un nadie. Y es que un padre no es el que aplaude tus logros —ese en cualquier caso será tu ídolo—, sino el que, echándote del hogar, te envía en misión al negarte como hijo. De ahí que únicamente los huérfanos tengan padre.
soledad
noviembre 10, 2022 § Deja un comentario
El hombre, decía Eliot, no puede soportar demasiada realidad. Y quien dice realidad dice la nada. Pues la nada es el fondo invisible de lo visible, lo que tuvo que retroceder hacia un pasado anterior a los tiempos para que fuera posible la presencia, la aparición, al fin y al cabo, el tiempo. De ahí que tampoco podamos soportar demasiada soledad. Pues en la soledad nos hallamos expuestos a la nada, en definitiva, a la nada de Dios. El mundo deviene un trampantojo donde lo que hay más allá —el principio y fundamento— se revela como la realidad de un nadie. Quizá no sea casual que prefiramos fantasear con un dios a medida antes que caer en la cuenta de que de Dios tan solo aquel que ocupa su lugar. En judío, el Mesías.
agradecimientos
noviembre 9, 2022 § Deja un comentario
Damos las gracias. Y por lo común, se nos responde de nada. El lenguaje habla por sí mismo. De nada, es decir, debido a (la) nada. Y es que todo es gracia —todo es milagro— desde el horizonte de la desaparición.
tener un cuerpo
noviembre 7, 2022 § Deja un comentario
¿Qué significa tener un cuerpo? Los bonobos no tienen cuerpo: son cuerpo. Y por eso no son más que su cuerpo. Las mujeres y los hombres tenemos cuerpo. Y por eso no terminamos de coincidir con el cuerpo con el que, sin embargo —o por eso mismo—, nos identificamos. En este sentido, somos algo más. Ahora bien, ese algo más no es nada en sí —no es sustancia, ni siquiera etérea. O mejor dicho, en sí es aún nadie. Y lo es porque se encuentra bajo juicio: hay en tu cuerpo algo que debes ocultar —algo impuro, la tara, el motivo de tu vergüenza; así, hasta que no aprendas a ocultarla eres un mierda (y en el fondo, aunque lo consigas, lo seguirás siendo porque no puedes ignorar que toda ocultación es provisional o frágil, una simulación, un símil, un como si). Tenemos un cuerpo porque fuimos avergonzados desde el principio —tenemos un cuerpo porque juzgamos el cuerpo que inicialmente fuimos. Y lo juzgamos porque quisimos para nosotros la perfección de un dios, su independencia, en definitiva, porque no quisimos depender del abrazo de la madre, el que acoge, precisamente, la deformidad del hijo. ¿Es posible salir de esta prisión? ¿En qué consiste liberarse de este juicio? ¿En aceptar la tara, la propia desnudez, a la manera de un Diógenes? Quizá. La cuestión es en nombre de qué —o de quién— llegamos a la convicción de que nuestra belleza no es el horizonte.
presente
noviembre 4, 2022 § Deja un comentario
Lo real —lo que vale, lo sólido, lo que es— no se decide en el presente. En el presente tan solo su aspecto, lo que pasa, lo que es asimilado según nuestra medida. De ahí que tan solo caigamos en la cuenta del peso de cuanto estuvo a nuestro lado o tuvimos enfrente una vez lo hemos perdido de vista. ¿Qué hay de verdadero —qué está teniendo lugar— en lo que nos traemos entre manos, en lo tratable? Nada de cuanto quepa decir ahora. De hecho, ya se verá. O mejor dicho, ya se revelará cuando apenas nos quede tiempo por delante. Si es que hubiera algo que ver. Hay verdad, pero no para nosotros. Para nosotros, la espera, el aguardar. Y el aguardar no es, precisamente, un guardar, sino un dejar que nos venga al encuentro lo que no cabe retener.
del creer
noviembre 1, 2022 § Deja un comentario
Creer supone, por lo común, ver el mundo desde la óptica de la creencia. Así, pongamos por caso, que hay un Dios (y que se interesa por nosotros). Sin embargo, ¿puede uno creer sin preguntarse por la verdad de aquello en lo que cree? Por supuesto. Pues aquí la creencia funciona como el modelo de un puzle: las piezas encajan (y eso basta). Otro asunto es la fe en tanto que ciega confianza en nombre de. Y es otro asunto porque la fe comienza donde la creencia hace aguas, esto es, en aquellas situaciones en las que ya no es posible seguir encajando las piezas.
felicitas
octubre 26, 2022 § Deja un comentario
Que, a través del despliegue de la denominada psicología positiva, la felicidad se haya convertido en el objetivo prioritario, incluso en el ámbito de lo político —nos llamaría la atención la cantidad de dinero destinada a medir objetivamente la felicidad de los ciudadanos— es uno de los mayores logros de liberalismo. Pues la idea de fondo que encontramos en la psicología positiva es que la felicidad no depende de las circunstancias —entre ellas el nivel de ingresos—, sino de lo que uno hace consigo mismo. Ciertamente, se trata de una idea que encuentra su arraigo en el socrático cuidado del alma. Pero no me atrevería a decirle a quien ha visto morir a sus hijos de hambre que, para superarlo, basta con ejercitarse en el estoicismo. Ni a los perdedores que su fracaso es culpa suya por no haber sabido perseverar en sus ilusiones. Sin embargo, aun cuando sea cierto que el éxito no garantiza la felicidad, al menos porque cualquier éxito no deja de ser un malentendido, también es cierto que donde permanecemos sepultados en los márgenes de la sociedad difícilmente vamos a lograr un mínimo de felicidad, salvo que nos droguemos. De ahí que el mensaje de la psicología positiva sea enormemente tóxico: no es necesario cambiar las estructuras, redistribuir las rentas, garantizar un sistema digno de salud…; basta con cambiarse a uno mismo. Ante esta consigna, no sé si acaso no sería preferible seguir con unas cuantas dosis del viejo opio para el pueblo. El libro de Barbara Ehenreich Sonríe o muere debería leerse obligatoriamente en las escuelas. Pero los tiros, desafortunadamente, no irán por ahí. Y es que hasta en las escuelas ha penetrado el mantra de que lo que importa es que el niño sea feliz. Alguien debería decir que la felicidad es, como el sueño, un producto lateral, algo que nos pilla haciendo otras cosas.
causa, efecto
octubre 24, 2022 § Deja un comentario
Si somos buenos —o mejor, si hemos llegado a serlo— es porque antes alguien creyó en nuestra bondad. Aunque estuviese sepultada por toneladas de inmundicia.
¿teología feminista?
octubre 23, 2022 § Deja un comentario
Es indiscutible que el lenguaje, al menos por estos pagos, tiene un sesgo patriarcal. Basta con que nosotros, los machos, nos imaginemos que se hablase en femenino —que, por ejemplo, en lugar de hombre como sinónimo de humanidad se utilizara la palabra mujer— para hacernos una idea de lo que supone para ellas el uso preferente del género masculino. Por no hablar de los mitos que fecundan el inconsciente colectivo: Eva nació de la costilla de Adán; Dios es padre; la Cenicienta no nació princesa: se hizo princesa por el amor de un hombre… etc. De ahí que surja la necesidad de una teología feminista que, en nombre de la verdad de Dios, compense el sesgo patriarcal: Dios no tiene género. El modo de ser de Dios poseería tanto rasgos masculinos como femeninos. De acuerdo.
Sin embargo, el problema de verlo así es que da por sentado que Dios posee un modo de ser al margen de la adhesión incondicional de su criatura. En la Biblia de Israel, YWHW es un nombre que carece de descripción definida —de concepto—, un nombre cuyo quien está, precisamente, por confirmar. Tras la caída, Dios, en sí mismo, es el Dios que aún no es nadie mientras nosotros le sigamos dando la espalda —mientras creamos que podemos ocupar su lugar. De Dios en sí, tan solo su clamor. Y el clamor, ciertamente, no tiene género. Donde sigamos dando por supuesto que Dios posee un modo de ser con independencia de nuestra respuesta a su invocación casi espectral, difícilmente llegaremos a confesar que el crucificado es el quien de Dios, esto es, su modo de ser (y no solo su ejemplificación).
más o menos
octubre 22, 2022 § Deja un comentario
Puede que las diferentes cuestiones de fondo sean variaciones de la siguiente: si aquello de lo que se trata —la conciencia, la libertad, el amor, la justicia…— es más que o, por el contrario, no es más que. Así, la conciencia ¿puede reducirse a reacciones cerebrales? La justicia, ¿algo más que venganza? Dios, ¿un delirio? Evidentemente, el asunto nos obliga a reflexionar sobre aquello de lo que hablamos cuando hablamos de lo real (si es que se trata de un aquello). La Modernidad se decantó por la reducción de cuanto es a lo cuantificable. Sin embargo, aunque la operación básica de la razón sea, precisamente, la reducción de la diversidad a un denominador común, no está obligada a decir que este se halle a ras del suelo.
Dios es homosexual
octubre 21, 2022 § Deja un comentario
A quien le van las cosas del espíritu va en busca de Dios. Sin embargo, si se trata de Dios y no de sus sucedáneos, tendrá que fracasar. En realidad, Dios siempre te coge por detrás. Y, por eso mismo, en la experiencia de Dios siempre hay algo de traumático. Al menos, porque difícilmente soportarás volver a ser como antes.
puros
octubre 17, 2022 § Deja un comentario
Quien aspira a la pureza aspira a la integridad. ¿Y acaso la integridad no es preferible a la dispersión? Pero ¿qué dice el cristianismo? Pues que no se trata de eso, sino de responder. Las putas —las que respondieron— pasarán primero. Sin embargo, ¿es tan ilegítima la aspiración a la pureza? Quien ama la verdad, ¿está en falso? Aquí la cuestión es dónde o ante quién se decide el sí o el no. Y lo cierto es que no hay pureza que resista el mal olor de los inexistentes. En cualquier caso, la integridad viene después (y como producto lateral).
lo que nos supera
octubre 16, 2022 § Deja un comentario
Antes que con Dios o con los monstruos, el exceso tiene que ver con el tiempo: la vida —el cosmos— seguirá sin ti. También con el mal. En cualquier caso, la conclusión será la misma: no cuentas. Tarde o temprano, la muerte te aplastará como si fueras una mosca. Mientras tanto, intentamos convencernos de lo contrario. De ahí que busquemos el mérito, el reconocimiento, la atribución. Pero nuestro esfuerzo por llegar a ser alguien no es más que un alimentarse de viento.
Sin embargo, el que en verdad existamos como moscas tiene su otro lado. Es el del milagro. Pues a nosotros, las moscas, se nos dio la vida en medio de la gran indiferencia. La excepción siempre fue el envés de cuanto nos trasciende. Y quien dice excepción, dice resistencia frente a Moloch, el que todo lo devora, la única divinidad natural. Quizá no sea irrelevante que para contar con un Dios de nuestra parte tuviéramos que caer en la cuenta de que nadie está por encima de Moloch. Traducción: que solo el nadie está por encima. Pues solo porque el haber de Dios es el del aún-nadie, el todo no lo es todo.
amar la verdad
octubre 13, 2022 § 1 comentario
Puedes amar la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Puedes buscarla, perseguirla. Pero, tarde o temprano, tendrás que admitir que la verdad no interesa a casi nadie. Te espera un viaje solitario: no escucharás ningún aplauso, ninguna confirmación que te convenza. Y si escuchas alguna vez un repicar de palmas, creerás que no va contigo. Pues sabes que aún te queda bastante trecho. Cualquier obra es un montón de migajas. Interesa la opinión, esa simulación —y cuanto más firme mejor. En el mundo domina la palabrería, el tweet, la dispersión. En definitiva, el dar gato por liebre. No obstante, quien simula se disimula a sí mismo. Al menos, porque en lo más íntimo no somos cuanto poseemos —el brillo, la máscara, el vuelo raso—, sino un estar expuestos a la desmesura de una verdad que se revela, precisamente, como lo que tuvimos que dejar atrás para habitar un mundo, para juzgar lo que nos traemos entre manos y, de este modo, poder decirnos que el asunto es blanco o negro. De ahí que cuanto más cerca nos hallamos de la verdad, mayor es nuestra tendencia a suspender el juicio, el discurso, el habla. Solo Dios juzga —y esto no es un decir.
escrituras
octubre 12, 2022 § 1 comentario
Según Roberto Calasso, se escribe un libro cuando hay algo específico que descubrir. No dice, que decir, sino que descubrir. Y es cierto. Cuando un escritor tiene algo que decir, no escribe: copia o refríe (y en el peor de los casos, creyendo que no). Toda obra que merezca tal nombre es siempre una work in progress. Aunque lo cierto es que cuando el escritor descubre, lo primero que le viene a la cabeza es que su descubrimiento ya fue descubierto antes. Descubrir, al fin y al cabo, es reconocer —un caer en la cuenta de lo que siempre ha estado ahí (y por eso mismo fue obviado). La originalidad de un descubridor, quizá consista en conservar en su obra los rastros de su búsqueda. En cualquier caso, su hallazgo no le pertenece. De hecho, la sensación que no puede evitar es que cuanto más cerca, más lejos. Ocurre aquí como los esbozos en pintura: que nos atraen más que las obras terminadas. De hecho, Velázquez no hizo más que esbozar con el pincel. La Meninas aún están por terminar. Y si no nos lo parece es porque Velázquez simplemente lo dejó estar.
criterios de amor
octubre 11, 2022 § Deja un comentario
Para saber si es tu chica —o tu chico—, a parte de un sí de fondo, basta con que te preguntes hasta qué punto serías capaz de soportar su mal olor (pues, de entrada, es posible que no lo percibas; de entrada, todo —o casi— se reduce a un juego de máscaras). Sin embargo, también es posible que, con el tiempo, lo que inicialmente pasabas por alto te resulte insoportable. Ahora bien, quizá en ese momento, entiendas que el juego es muy distinto al que te dijeron; que lo que hace al otro amable —literalmente, digno de ser amado— es la virtud. Y puede que la principal sea la capacidad para perdonar. Pues el perdón va con la paciencia, la humildad, la lucidez, la serendidad… Al fin y al cabo, quien dice amor dice reconciliación. El resto es un mientras tanto.
un cielo fantástico
octubre 10, 2022 § Deja un comentario
La fe en los cielos es una fantasía. Pues se supone que, en los cielos, no hay negatividad. Todo es luz. Y es una fantasía porque una fantasía deja de tener en cuenta el lado oscuro de cuanto es. Donde no hubiera sombra tampoco habría luz. Esta es la ley de la gravedad de lo real.
Otro asunto es que los desesperados no tengan otro clavo al que agarrarse que el de la fantasía. Pero en ese caso, la fantasía exige otra lectura. Y es que aquí no expresa propiamente un deseo, sino la necesidad de que el mundo termine cuanto antes —que haya algo así como un reset de dimensiones cósmicas. O dicho de otro modo, que todo comience de nuevo.
y hasta aquí llegamos (o no)
octubre 9, 2022 § Deja un comentario
De jóvenes, todos los gatos son pardos. Es decir, cualquiera —o casi—, al tener un futuro por delante o, cuando menos, creerlo, puede decirse a sí mismo que posee una inquietud. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el tren se detiene en la estación de destino, un destino común: ya tenemos oficio, familia e hijos. El resto será más de lo mismo. Y de ahí que cese la inquietud. En su lugar, sus sucedáneos: un ascenso, otro hijo, cambiar de coche… Nada nuevo bajo el Sol, salvo lo que se olvida, como dijera Madame de Staël.
Con todo, hay quienes no acaban de encontrarse en lugar en el que están. Son los que buscan —los que quieren. Aún hay algo que debe perseguirse. ¿La aparición? Quizá. No en vano Northrop Frye decía que en una gran novela siempre cabe distinguir entre los personajes que están a favor de la búsqueda y los que no.
preguntas
octubre 8, 2022 § Deja un comentario
Hay preguntas que no pueden plantearse sin anular su resultado. Por ejemplo, ¿por qué merece la pena vivir? Si hay un porqué —si el valer la pena es una conclusión—, entonces la vida no vale la pena. La rosa es sin porqué. ¿Podríamos decir algo parecido con respecto al bien? Quizá.
contingente, necesaria
octubre 7, 2022 § Deja un comentario
Sartre, al distinguir entre la mujer necesaria y la contingente, ¿tuvo en cuenta a la contingente? ¿Le dijo alguna vez a esta última que lo era? También podría darse el caso de que ambos aceptasen ser, uno para el otro, contingentes. Pero, entonces ¿no deberíamos hablar más bien de lo estrictamente contractual, del negocio, de la utilidad —y, con ello, de lo simplemente satisfactorio o pasable, por no decir, decepcionante? Pues ¿no es cierto, al fin y al cabo, que todo placer busca eternidad —Nietzsche dixit—, aun cuanto otro asunto sea que la encuentre?
un alguien es un alien
octubre 6, 2022 § Deja un comentario
Si Dios es alguien, entonces, en sí mismo, no es nadie. Quiero decir es nadie. Pues de ser alguien —que lo es—, entonces difiere continuamente de sí mismo, del cuerpo con el que, por otro lado, se identifica. El yo, en sí mismo, no es nadie sin lo otro de sí —un otro que, sin embargo, lleva pegado a la piel. No puede ser de otro modo. Incluso podríamos atrevernos a decir, cristianamente, que Dios llega a ser alguien en el centro de lo histórico, y en concreto, sobre la cima de un cadalso. Y esto liga con aquello de que la Trinidad inmanente es el envés de la económica.
sin ducharse
octubre 4, 2022 § Deja un comentario
Los pobres son los enemigos palpables de los pobres. Tan cabrones como cualquiera de nosotros. De hecho, hablamos de psicología elemental: el resentimiento crece entre los próximos. Ciertamente, hay de todo. Pero las almas bellas deberían tenerlo en cuenta. No sea que, al topar con su mal olor, creyeran que no merecen nuestro compromiso.
13.500 millones de años
octubre 3, 2022 § Deja un comentario
El problema que plantea los tiempos cosmológicos a la idea religiosa de Dios —suponiendo que religiosamente se admita los resultados de la cosmología— es que Dios estuvo muchos años solo antes de la aparición del homo sapiens. Evidentemente, ello va con la creencia en Dios como ente superior (y se supone que de otra pasta). La creación de Adán habría sucedio, por tanto, en un momento dado. En modo alguno, pertenecería a la esencia de Dios, por así decirlo, su darse como hombre. De hecho, es un problema parecido, si no equivalente, al que plantea Quentin Meillassoux con respecto a los hechos ancestrales: si, tal y como supone el correlacionismo —la epistemología moderna—, no hay hechos sin conciencia, entonces ¿de qué manera comprender el pasado, precisamente, como pasado? ¿Para quién existieron los dinosaurios?
Como es sabido, Berkeley ofreció una respuesta: para Dios. De ahí que el correlacionismo exija, en última instancia, un ente omnisciente y eterno. De lo contrario no hay pasado, sino solo representaciones de un pasado, dando por sentado que si hubiéramos estado ahí habríamos podido constatar lo que decimos que sucedió. Pues tan solo es lo que se presenta al sujeto del conocimiento, esto es, lo presente (y ello dejando a un lado el que, estrictamente, el presente es un cierto continuo temporal y, por eso mismo, un continuo dejar atrás el puro presente, el instante). Consecuentemente, si no hay Dios al margen de su voluntad de identificarse con su criatura, entonces ¿deberíamos concluir que no hubo Dios en los tiempos de los dinosaurios? ¿Acaso no se tambalearía, cuando menos, la idea de una Creación?
el precio del conocimiento
octubre 2, 2022 § Deja un comentario
Basta con leer el comienzo del Fausto, para darle la razón a Hegel cuando decía que donde irrumpe la reflexión no vuelve a crecer la hierba. Así, una vez sabemos que el valor se expresa en el precio resulta casi inevitable que el zapatero ponga un precio relativamente alto a sus botas. O que, cuando menos, lo intente. Pues ahí está el negocio. Algo parecido podríamos decir del arte contemporáneo en tanto que vive de la mentira. Fue suficiente con que Duchamp colocara el letrero de no tocar frente a un retrete para que esté adquiriese el aura de lo sagrado. También de la política: un rey es intocable (y de ahí, la sensación de superioridad).
Ciertamente, el sabio no cree que esté dando gato por liebre. Para Fausto el saber fue revelador de las ficciones que nos soportan (y por eso mismo, hacen soportable nuestra existencia). No es que la prohibición de no tocar sea el envés de lo sagrado, sino que es dicha prohibición la que genera la realidad de lo sagrado. No hay valor, sino tan solo precio, aunque este finalmente dependa de que el mercado lo acepte. Por eso, la reflexión, tarde o temprano, termina con la tristeza de la carne. La desilusión es el horizonte de la ilusión. Es lo que tiene el haber cedido a la tentación de la serpiente.
Sin embargo, puede que a Fausto le faltase dar una vuelta de tuerca. Pues, justo por lo que acabamos de decir, lo sagrado se revela como lo que perdimos antes de(l) tiempo —y por esta razón, hay tiempo. Es verdad que no hay objetos sagrados. En cualquier caso, hay objetos que pasan por sagrados. Ahora bien, por eso mismo, simulan lo sagrado —y al simularlo lo disimulan, haciéndonos olvidar que la realidad de lo sagrado no se conjuga en los tiempos del presente indicativo. A Fausto quizá le faltó comprender que la ausencia es más sobrecogedora —más real— que lo gigantesco. Y más, si lo gigantesco es nuestro producto.
las cosas del decir
septiembre 30, 2022 § Deja un comentario
Decir es juzgar. Y quien juzga se equivoca. Quien dice se dice a sí mismo. Pues necesitamos decirnos que eso que tenemos enfrente es algo en concreto y no su contrario. No podemos andar sobre arenas movedizas. Si nos preguntamos por la esencia es porque, como sujetos, queremos sujetarnos a su palo. Conatus essendi, que decía Spinoza, lo cual es una variante de otra más antigua: ser es permanecer (y aquí la variante consiste en añadir una voluntad de fondo). El aire que hace posible el vuelo también lo impide. La condición de posibilidad constituye a la vez un non plus ultra. El amor al hijo va con el amor al amor al hijo. Cuestión de dosis. El lenguaje, por eso mismo, nunca alcanza lo que busca, salvo como (di)simulación. La pregunta por el qué es, en definitiva, una trampa. No hay nada que no contenga su opuesto, agazapado en lo más íntimo. Todo es química, mezcla… sin que haya algo así como una tabla periódica.
Otro asunto es qué ocurre con el lenguaje cuando volvemos sobre lo dicho, precisamente, como dicho, esto es, cuando reflexionamos sobre lo que supone el decir algo de algo. Y aquí es posible que demos en el clavo… aunque no haya una pared en la que clavarlo. Pues solo de este modo caeremos en la cuenta que lo último no es cosa, ni siquiera etérea. Ni puede serlo. Y es que lo último es no siendo. O también, que aparece desapareciedo. El lenguaje solo puede salir de su círculo en tanto que se ejerce como metalenguaje. Pero lo que encontrará a la salida no es lo sólido, sino un eterno porvenir —la omnipotencia de la nada. Al menos, porque en relación con la nada todo es posible. Incluso lo imposible.
sales minerales
septiembre 29, 2022 § Deja un comentario
Decía Willigis Jäger, aunque imagino que la idea es antigua, que de lo que se trataba era de terminar disolviéndonos en el océano como muñequitos de sal; que la ola es el mar. Freud, como sabemos, tuvo sus sospechas sobre el sentimiento océanico: no es oro cuanto brilla. La sirenas también se presentaron como redención. En cualquier caso, estamos ante un sentimiento compensatorio: frente a la hiperconciencia crítica, un dejarse llevar; frente al existir como arrancados, la nostalgia de un formar parte. Sin embargo, para este viaje quizá no hagan falta estas alforjas. Basta con tener presente que esto ya fue así desde un principio: polvo eres y en polvo te convertirás. De ahí que podamos preguntarnos si la historia de los muñequitos de sal no será un modo de blanquear la muerte. El asunto es irrelevante si hablamos de nuestra muerte. No lo es tanto, una vez nos preguntamos si la disolución es lo único que pueden esperar quienes se arrastraron como perros. Pues sería como decirles mala suerte —o si se prefiere, tuvisteis un mal karma.
parménides & heráclito (o “vámonos arriba”)
septiembre 28, 2022 § Deja un comentario
Podemos entender tan solo lo que podemos entender. Y no es gran cosa. Quien pretende ir más allá cae en el delirio. Cada grado es una vuelta de tuerca. Hasta que la tuerca se rompe. Pero este es el camino. (Mandalorian dixit).
Grado 1
Según Parménides el haber como tal —esto es, al margen del haber de las cosas en concreto— es uno, eterno, ilimitado e inmutable. Pues, de lo contrario, el haber limitaría con el no haber…, lo cual es imposible en tanto que el no haber —la nada— no es en modo alguno. Obviamente, el haber como tal es en lo abstracto. Y esto significa que, no siendo algo en concreto, como tal solo puede ser pensado. O también, que es en tanto que pensado. No vemos el haber como tal al igual que vemos moscas o árboles. El haber como tal únicamente se revela al pensamiento. Y de ahí que, como decía Parménides, sea lo mismo ser (o haber) que pensar. El haber como tal —lo que es cuanto simplemente es— tan solo deviene accesible a la razón, al logos y, en definitiva, al decir (que es, de hecho, lo que estamos haciendo ahora: decirlo). De ahí que Parménides distinguiese entre la vía de la verdad, de lo que tiene lugar en verdad y no simplemente pasa, y la de las apariencias —la vía de la razón y la de la sensibilidad. Y es que con el ver y el tocar tan solo captamos la apariencia del haber —su aparecer en lo concreto—, pero no el puro haber. Que el haber como tal sea uno, eterno, etc… solo puede ser dicho, en modo alguno percibido. Es cierto que vemos o percibimos cosas muy distintas. Y por eso, espontáneamente decimos —y decimos bien— que hay muchas cosas. Sin embargo, con respecto al hecho de que son o están ahí no hay diferencia entre las diferentes cosas. En su mero ser o estar-ahí —esto es, con independencia de su aspecto, forma o modo de estar-ahí—, son lo mismo. El haber de lo que hay es siempre uno (y por extensión, ilimitado e inmutable).
Grado 2
Aun así, de hecho no hay haber sin lo que hay (y aquí ya nos estamos desplazando hacia el territorio de Heráclito). Esto es, no hay haber que no sea al mismo tiempo un haber de las cosas. La división entre el haber como tal y el haber de no debe entenderse, por tanto, como una división entre cosas. Como señalábamos en el párrafo anterior, el haber como tal posee el carácter de lo abstracto, no el de lo concreto o particular. Es como si Parménides nos dijera, como más tarde sostendrá Platón, que tan solo la idea, lo captado por la razón, es en verdad real; o que lo real es idea, lo cual no debe confundirse con la tesis moderna de que la idea no es más que un contenido mental, una representación de aquello a lo que apunta la idea. Pues, si tenemos en cuenta que, desde una óptica racional, únicamente es lo que permanece inmutable por debajo o más allá del cambio, entonces lo que, en definitiva, permanece es el haber como tal. De ahí que, según Parménides, lo que pasa estrictamente hablando, no sea. El cambio es aparente. O dicho de otro modo, en realidad no hay tiempo, cambio, multiplicidad. El haber como tal es siempre uno y el mismo.
Sin embargo, y como decíamos al comienzo de este apartado, el haber, que como tal es siempre uno y el mismo, es inseparable del haber de algo determinado o particular, por no decir que el haber como tal siempre se concreta de maneras muy diversas. Hay cosas, en plural. Ciertamente, el haber como tal no lo captan nuestros sentidos —ni pueden captarlo en tanto que el haber como tal es no siendo nada en particular—, sino que permanece invisiblemente como lo siempre presupuesto o dejado atrás en su aparecer como el haber de algo en concreto. Al ver algo en concreto —esto es, bajo un aspecto particular— no vemos el haber, sino que lo damos por descontado (y de ahí que tan solo pueda ser reconocido como tal por el pensar). De ahí que cuando vemos cosas supongamos implíctamente que son —que están ahí y no solo en nuestra mente. Aquí, la reflexión —el pensar— se limita a explicitar lo que damos por descontado y, por eso mismo, obviamos (o pasamos por alto). Sin embargo, al explicitarlo nos alejamos del sentido común. Al menos, mientras dure la reflexión. No en vano donde irrumpe el pensar no vuelve a crecer la hierba.
Grado 3
Ahora bien, que el haber como tal dé un paso atrás, como quien dice, en su determinarse como el haber de lo particular significa que el haber es el haber del tiempo (y en este momento, ya entramos de lleno en el pensamiento de Heráclito). Así, decir que todo es haber —o que el haber es todo— equivale a decir que todo es tiempo. Pues que el haber como tal —el puro haber— dé un paso atrás en su concretarse como el haber de las cosas implica que el haber de las cosas no acaba de darse como un puro haber. Esto es, que nada de lo que cabe ver y tocar termina de estar-ahí o permanecer en el ahí. O también, que nada en particular es uno, eterno ilimitado… Todo pasa. Y esto porque no hay haber como tal que no sea, a la vez, un haber de. En su concretarse como cosa, el haber como tal deviene absoluto, literalmente, lo ab-suelto o separado. De ahí la fórmula del paso atrás. Pero, por eso mismo, el haber como tal se revela a la razón como inexistente. Pues tan solo existe lo particular o concreto, esto es, lo que se muestra bajo una forma o aspecto determinado. Hay haber como tal en tanto que hay el haber de. Pero, por eso mismo, el haber como tal no existe: es no siendo en particular. Hay lo particular… porque el haber como tal es no siendo algo en particular, esto es, siendo como inexistente. En este sentido, el haber de lo particular es o aparece en la negación del puro haber. Si no hay haber como tal sin un haber de lo concreto, entonces que el haber como tal retroceda hasta la desaparación, por decirlo así, es el reverso del haber de lo concreto. Hay haber porque hay el no-haber del haber como tal. Hay aparecer porque hay desaparecer. Del mismo modo que hay desaparecer porque hay aparecer. Lo dicho: tiempo.
Grado 4
Llegados a este punto podríamos preguntarnos de qué manera el haber llega a concretarse como pluralidad de cosas. ¿Cómo el haber se hace presente, esto es, se hace ahora? No obstante, la pregunta carece de sentido. Pues cuanto hay de concreto no es, estrictamente hablando, un efecto del puro haber. Como si el puro haber fuera una cosa primera a partir de la cual emerge el resto de las cosas. Y es que el haber como tal no es un material que pueda adquirir diferentes formas o aspectos. El puro haber —el haber como tal— carece de la entidad de lo concreto. Todo es haber (y aquí estamos lejos del todo es agua de Tales: el haber no es una cosa primera). Y porque todo es haber, nadie puede referirse al todo —al haber en cuanto tal— como pueda referirse a una mosca. Para que pudiéramos señalar el todo, tendríamos que estar fuera del todo… con lo que el todo pasaría a ser algo en concreto y, por eso mismo, parte de un todo más amplio, aquel que, precisamente, nos incluyera como observadores del todo (y esto es absurdo de por sí). De ahí que, en tanto que no es cosa o ente, el haber no sea causa eficiente de cuanto es en particular. La pregunta por cómo el puro haber se concreta en lo sensible no puede entenderse, por consiguiente, como una pregunta cuya respuesta sea la descripción de un hecho en donde primero sucede una cosa y, posteriormente, otra. La cuestión no es cómo se pasa del puro haber al haber de las cosas. Y no lo es porque el haber es el pasar, el dejar atrás el puro haber, en definitiva, lo uno, eterno, etc. Hay lo que pasa. Decir que todo es haber equivale, por tanto, a decir que todo pasa —que nada termina de ser y, por eso mismo, estrictamente no es.
Grado 5
Consecuentemente, lo primero no es el haber como tal, de modo que luego vendría el haber de, sino la escisión entre el haber de y el haber como tal. Esto, sin embargo, hay que entenderlo bien. Pues no significa que ambos, siendo distintos, estuvieran inicialmente unidos, aunque no sepamos cómo, sino que tanto el haber en cuanto tal como el haber de se constituyen en su escisión, por así decirlo. En este sentido, el haber como tal es retrocediendo, como quien dice, con respecto al haber de las cosas. Y esto es el tiempo: un dejar atrás el haber como tal —esto es, lo uno, eterno, etc.—, un dejar atrás que, sin embargo, va con el haber como tal… en tanto que no hay haber que no sea, a la vez, un haber de lo particular.
Grado 6
Porque todo es haber no existe el haber. Únicamente, existen las cosas, lo particular o concreto. Si hay cosas —que las hay— es porque el haber se niega a sí mismo, por así decirlo, como un haber como tal. Y en esto consiste el haber: en su negación de sí. El no-haber se halla inscrito en el seno del haber. Nos encontramos en el hardcore del pensar dialéctico —y no hay pensamiento profundo que no termine siendo dialéctico. Y el pensamiento dialéctico se caracteriza, precisamente, por reconocer la tensión de los contrarios como lo real avant la lettre. Así, hay luz porque hay oscuridad (y viceversa). Es cierto que si todo fuera luz, no habría oscuridad. Pero tampoco luz. O por poner otro ejemplo, hay amor porque la posibilidad de la separación siempre está-ahí. Un amor que negara esta posibilidad no sería amor, sino fantasía. El amor es, así, una continua resistencia a la separación (aunque esto no significa, por supuesto, que los amantes estén continuamente apretando los dientes). Y a la inversa: la separación siempre va con la posibilidad de la reconciliación, aunque, en según que casos, esta posibilidad ni siquiera lleguemos a imaginarla. Paralelamente, si todo fuera puro haber, no habría haber. Ahora bien, porque todo es haber, lo que hay no es nada. Pues nada permanece… salvo lo que no existe o es no siendo, el puro haber.
Grado 7
Las cosas —las diferentes formas del haber, lo que capta nuestra sensibilidad— son diferentes porque difieren, precisamente, del puro haber. Ahora bien, en tanto que difieren niegan el haber. Pues diferir supone un distanciarse de, un distinguirse, un no terminar de ser aquello con respecto a lo cual se difiere. Y, por defecto, lo que no acaba de ser no es. Por hablar en plata, si le dices a alguien que no termina de ser simpático, lo que le estás diciendo, sencillamente, es que no lo es. El haber es eterno o no es haber. Pero, como decíamos, no hay haber que no sea, a la vez, el haber de lo concreto. Y lo concreto en absoluto es un puro haber (y por eso mismo, decimos que lo niega). El haber solo se hace presente o ahora en la negación de sí mismo como puro haber, esto es, como un haber sin concreción. Esto es, negándose como uno, eternidad, infinitud, etc. La negación del haber —el no haber— va con el haber. O por decirlo de otro modo, le es inherente. Pues, de lo contrario, no habría concreción, esto es, mundo. Hay cosas porque el haber es, en el fondo, un no haber.
Ciertamente, aquí alguien podría objetar que cada cosa es una cosa (y que, por eso mismo, el haber de las cosas no abandona la unidad, el haber-uno. Sin embargo, la unidad de cada cosa es, en cualquier caso, aparente o provisional. Pues siempre cabe dividir cada cosa en partes. No hay cosa que no sea, por principio, descomponible. Otro asunto, sin embargo, es que no sepamos cómo hacerlo. Pero esto último no quita lo anterior.
Grado 8
Porque como tal no se hace presente a una sensibilidad —porque no se hace ahora—, el puro haber, el haber a secas, se comprende como la posibilidad de cualquier haber de, una posibilidad que, sin embargo, no es cronológicamente anterior al haber de las cosas, sino que se constituye retroactivamente, por así decirlo, en la escisión del tiempo. Por tanto, tiempo significa todo es posible. Incluso lo inconcebible o imposible (aun cuando lo imposible —la contradicción— implicaría el colapso del tiempo; pues hay tiempo mientras los contrarios se mantengan en tensión, esto es, mientras sigan continuamente difiriendo entre sí, afirmándose a través de la negación del otro). Ahora bien, si en relación con el puro haber todo es posible, entonces el puro haber equivale, literalmente, a la omnipotencia. Pero, por lo dicho, no hay omnipotencia que no incluya la posibilidad de cesar, precisamente, como omnipotencia.
y un par de epílogos amables
Según Heráclito, el fuego es el arjé. No obstante, esto no hay que entenderlo como entendemos la sentencia de Tales. Aquí el fuego funciona como imagen o metáfora del tiempo, en definitiva, de la mútua implicación de los contrarios. Y no solo porque el fuego esté siempre en movimiento, sino porque solo hay fuego si el fuego consume —niega— la madera que lo hace posible.
¿Cómo respondería Heráclito a la pregunta del asombro —por qué hay algo en vez de nada—? Parménides probablemente diría porque la nada no es (o lo que es lo mismo: porque el haber es eterno). En cambio, la respuesta de Heráclito sería otra: hay cosas porque el haber como tal no es nada; porque lo eterno es que no hay eternidad; porque la aparición va de la mano de la desaparición (y viceversa).
teoría y justificación
septiembre 23, 2022 § Deja un comentario
Las teorías que triunfan suelen triunfar porque sirven. Como sucede en la naturaleza. La pregunta es a quién. Y por lo común, la respuesta es a quienes pueden (y pueden sobre otros). De ahí que una teoría se transforme fácilmente en ideología, en la justificación a posteriori de una opresión fáctica, esto es, en una racionalización. Así, por ejemplo, la teoría política de Hobbes, la cual, como es sabido, presupone que el hombre es un lobo para el hombre. Y aquí uno podría perfectamente preguntarse si originariamente fue así. Pues, según los nuevos vientos antropológicos, no parece que los cazadores-recolectores fuesen tan crueles como sugiere el imaginario hobbesiano (aunque tampoco es que fuesen unos pastorcillos). En cualquier caso, ya le fue bien al soberano absoluto creer que los hombres no son de fiar.
de Dios y los árboles
septiembre 22, 2022 § Deja un comentario
Comimos del fruto del árbol prohibido porque quisimos ser como dioses —porque, en lo más íntimo, aspiramos a sentarnos en su grada. Hasta aquí nada que no sepamos. Sin embargo, lo que quizá ignoremos es que esto fue porque Dios quiso, por así decirlo. ¿Acaso un padre no quiere que su hijo ocupe su lugar? ¿Es que la bondad de un padre —su buen hacer— no consiste, precisamente, en procurarlo? La serpiente siempre jugó del lado de Dios, aunque creyese lo contrario. Pues ¿es que Dios podía ignorar que, una vez Adán aceptase la prohibición, el deseo de transgresión se instalaría, por eso mismo, en su ánimo? ¿Acaso prohibición y desobediencia no van siempre de la mano? Sin embargo, conocimiento y pérdida de la alteridad son las dos caras de una misma moneda. Pues el conocimiento no puede ir más allá de la representación, del (a)parecer. De ahí que el viaje consista en alejarse para que, alejándonos cada vez más, volvamos a topar con el rostro de Dios. Aunque ese rostro no sea tan resplandeciente como imaginamos o preferiríamos. Al fin y al cabo, solo así Dios pudo llegar a ser el que quiso ser desde un principio: alguien (y alguien palpable).
la caída y el fruto de los árboles
septiembre 21, 2022 § Deja un comentario
En los comienzos, la sensación de formar parte. Luego vino la ciudad y con ella la sensación de desgarramiento (o lo que es lo mismo: el desgarramiento). Fuimos separados de nuestro lugar natural. De ahí la fantasía de un retorno, acaso nuestro espejismo más elemental. Y de ahí también la religión —el religare. Pero ya no somos quienes fuimos, ni podremos volver a serlo. El individuo no vive del fruto de los árboles. Nunca hubo individualidad entre los cazadores-recolectores: hubieron motes. La escisión hace tiempo que echó raíces en el corazón humano. Y por eso, la inquietud, el no terminar de encontrarse en donde uno está. En realidad, el árbol del conocimiento nunca fue un árbol. Ni Ulises regresó al hogar.
la importancia del cristianismo
septiembre 20, 2022 § Deja un comentario
Necesitamos el cristianismo —no digo, ser cristianos: este es otro asunto— como necesitamos seguir leyendo a Platón o a Kafka. Pues en una época en la que se promueve la irrelevancia —sigue comprando: no hay otra salvación que la proporcionada por la novedad— fácilmente dejamos a un lado las preguntas que importan, en definitiva, aquellas que dotan a nuestra existencia de un cierto grosor (y por eso mismo, nos alejan del bonobo). ¿Qué redención pueden esperar esa madre que dejó morir a su hija al arrancarle el pan de su boca? ¿Qué vida, aquellos que murieron injustamente antes de tiempo? La bondad ¿triunfará sobre el mal? ¿Es preferible renunciar al poder antes que ejercerlo sin piedad? ¿Acaso solo podemos aspirar a ir de satisfacción en satisfacción (y tiro porque me toca)? Las preguntas sin respuesta —o sin otra respuesta que la que queda suspendida en el aire— nos abren a la lucidez y, me atrevería a decir, que a una libertad de ánimo: que no nos pueda lo que nos sucede y no importa. Las creencias no nos distinguen de los simios (o al menos, solo en cierto grado). Lo que define nuestra humanidad —lo que nos sitúa en una justa posición— son los interrogantes. Pues acaso el factor diferencial sea el descentramiento. Y donde estamos convencidos de haber resuelto las cuestiones irreemplazables a golpe de creencia seguimos en la torre de control.
aprendiendo a leer con Bultmann
septiembre 19, 2022 § Deja un comentario
Quizá nos equivoquemos donde nos preguntamos por el valor de verdad de las fórmulas del credo… buscando hechos que las confirmen. Incluso donde damos por supuesto que no hay hechos sin interpretación. El cristianismo, antes que una cosmovisión, es una confesión, un anuncio, una proclamación. Y lo que esto significa es que sus fórmulas carecen de sentido si antes no fueron pronunciadas ante alguien. En primer lugar, ante aquel que nos pregunta ¿y tú quién dices que soy yo? Y en segundo, ante aquellos a los que se dirigen las bienaventuranzas, los lumpen de la tierra. En ambos casos, hace falta atrevimiento. ¿Un crucificado como Dios? ¿Realmente herederán la tierra los que están a punto de caer en la fosa común? Cristianamente, es así porque debe ser así en nombre de una bondad hecha cuerpo en medio del horror. No estamos ante un kerigma en el que uno pueda creer como cree en extraterrestres o en cualquier otra hipótesis de trabajo. Bultmann tenía razón, siguiendo aquí a Kierkegaard: Jesús de Nazaret sigue vivo en la predicación, la cual posee, en su raíz, un fuerte componente existencial. Y quien dice existencial, dice confesional.
lo raro y la costumbre
septiembre 17, 2022 § Deja un comentario
Todo es muy extraño, si se piensa bien. De ahí que el daño colateral del pensar bien sea, casi literalmente, el destierro. Pues quien se extraña de lo acostumbrado difícilmente podrá usarlo. O de hacerlo, lo hará muy torpemente.
Sócrates y Fausto
septiembre 16, 2022 § Deja un comentario
Ya he leído todos los libros [traducción: ya sé de qué va el juego]. Pero la carne está triste. ¿Qué significa esto? Pues que el saber va con la desilusión, literalmente. Y sin ilusión no hay motivo. Quien sabe en qué consiste el juego que todos jugamos, difícilmente cederá a la seducción —al brillo— de las apariencias. Así, puede que haya una demostración que nos diga qué importa en verdad, esto es, al margen de lo que nos parece que importa. Ahora bien, para interiorizar lo que en verdad importa —para vivirlo— no basta con saberlo: hace falta que también nos lo parezca. Es decir, necesitamos hacer cuerpo de lo que importa, incorporarlo. Pues el saber, por sí solo, no provoca el estremecimiento —el temor, pero también la alegría— de la carne. Necesitamos, en definitiva, encontrar una ilusión que coincida con los resultados de la reflexión.
Sin embargo, esto no es posible. Pues no hay ilusión sin truco (y el truco consiste, como sabe cualquier mago, en desviar la atención). ¿Cómo podrá parecérnoslo si la reflexión nos hizo desconfiar, precisamente, de las apariencias —si su resultado es, en efecto, un no poder tomarse en serio los trampantojos que facilitan la incorporación? De poder confiar de nuevo en lo que nos parece que es, ¿acaso no retrocederíamos al territorio de lo opinable o ilusorio? Pero la reflexión quema las naves. No es casual que Fausto fuese incapaz de incorporar lo que llegó a comprender. Y por eso mismo no pudo evitar destrozar a Margarita. Aunque esa no fuera su intención. Sencillamente, no fue capaz de ilusionarse con ella.
Con todo, podríamos preguntarnos si la hubiera destrozado de haber sabido amarla irónicamente. Al menos, porque el irónico es aquel que puede ilusionarse con su papel —esto es, tomárselo en serio como los niños se toman en serio sus juegos—… porque sabe que, al fin y al cabo, no hay más que papeles. Y en un papel no puedes salirte del guión. O no, antes de tiempo. Como vio Sócrates, no hay segunda ingenuidad que no sea irónica.
hakuna matata 2
septiembre 14, 2022 § 1 comentario
Hay quienes anuncian a los cuatro vientos y con el fervor de los iluminados que Dios nos quiere con locura. ¿De verdad? ¿Cómo están tan seguros? ¿Porque así lo sienten? Pero en ese caso ¿no se dejarán llevar, a causa de su efecto emocional, por la idea de que hay un Dios que nos ama sin condiciones de por medio? ¿Se atreverían a decirlo ante los que no parece que cuenten ni siquiera para Dios? ¿Murió el crucificado como un entusiasta?
Ciertamente, el cristianismo proclama que Dios es amor. Pero la convicción cristiana no se entiende bien sin la historia que hay detrás, una historia que, desde nuestro lado, termina sobre la cima del Gólgota. Esto es, con el abandonado de Dios que se abandona a Dios. Me atrevería a decir que creer que Dios nos ama con locura porque así lo siento no es cristiano. Y no lo es porque olvida que la confesión cristiana es fruto de la revelación, la cual supone una alteración de lo que espontáneamente entendemos por divino. Pues que Dios no sea aún nadie sin su cuerpo —y un cuerpo que terminó históricamente colgando de un poste como si fuera un pellejo— no es algo que podamos dar religiosamente por sentado.
septiembre 13, 2022 § Deja un comentario
¿Qué es twitter, por lo común? Puro bullshit. Y por eso mismo, una pérdida de tiempo. Pues perdemos el tiempo donde nos dedicamos a leer el griterio, la cháchara, la porquería lingüística. En twitter expresas tu opinión. De acuerdo. Pero tu opinión no interesa a nadie. Interesa lo que tienen qué decirnos aquellos que se interesan de verdad por algo y, en consecuencia, algo saben, aun cuando les pese más lo que ignoran. Pero en twitter todo decir vale por igual —todo se encuentra en el mismo plano—. Y aquí quizá convenga recordar aquello de que el medio es el mensaje.
Harold Bloom podría decir, pongamos por caso, que debemos a Shakespeare la invención de lo humano. Pero siempre habrá quien le diga que a él no se lo parece —que Shakespeare es un peñazo—… sin que nadie pueda legítimamente desautorizarlo. Luego dirán que la alta cultura es elitista. A la fuerza tiene que serlo. Y más hoy en día. Pero no porque pertenezca a las clases pudientes, como suele decirse, sino porque para adquirirla hay que aprender a escuchar a quien vio antes que nosotros lo que acaso debe ser visto. Twitter no admite maestros (como tampoco los admite, dicho sea de paso, la nueva pedagogía). Y un mundo sin maestros es un mundo repleto de idiotas, de mujeres y hombres que creen haber llegado cuando aún no han salido del puerto.