Yavhé ante Caín

diciembre 23, 2022 § 1 comentario

Si Dios no nos interpela —o mejor dicho, si nunca nos saca del quicio del hogar—, entonces no nos hallamos ante Dios, sino ante un Dios a medida de nuestra necesidad de amparo o sentido. Esto es, ante un ídolo. Aunque, por lo común, lo vistamos con la tela del amor. Ahora bien, Dios nos interpela con el clamor de los Abel de la historia. Pues no tiene otro rostro que el de un crucificado en su nombre. Y esto es lo que no estamos dispuestos a admitir.

el espíritu de Israel

diciembre 22, 2022 § Deja un comentario

Suele decirse que Israel carece de espiritualidad. Que su espiritualidad es, más bien, seca. O que su centro de gravedad es el imperativo moral y no el contacto con lo divino. Y algo de esto hay: entre los santos de Israel, no hay muchos que floten. Como es sabido, la espiritualidad judía se centra en la Ley. Pues en el tiempo diario no hay otra conexión con la trascendencia de Dios. De ahí que la pregunta sea cómo Israel vive la Ley —o cree que debe vivirla. Ciertamente, no como nosotros la viviríamos, de tan desbordados que estamos de sentimiento. Esto es, como si el corazón y la Ley fuesen antagónicos.

Sin embargo, no es así. Para Israel, la Ley se desprende de la experiencia de un Dios cuya presencia es la de su hallarse en falta. La vida nos ha sido dada desde el retroceso de Dios hacia su porvenir. Y de ahí que estemos obligados a preseverla frente a nuestra impiedad. Por eso mismo, la Ley también se ocupa de marcar el día a día con los signos de dicha experiencia: recuerda Israel… En Israel, espiritualidad y memoria van de la mano. Al fin y al cabo, cuando se disuelva el entusiasmo inicial, cuando se nos seque el corazón —y tarde o temprano se nos seca—, tan solo nos quedarán las formas. La fidelidad es un asunto, en definitiva, formal. De ahí, la importancia de la memoria. Y es que, de olvidar, la práctica de la Ley se convierte en mero legalismo.

Así, hagamos lo que hay que hacer en nombre de Dios… y luego Dios dirá. Incluso con respecto a la fe qua sentimiento estamos en manos de Dios. La espiritualidad judía es la espiritualidad de los tiempos del hombre, del mientras tanto. Creo que hay más lucidez —más seriedad— en la espiritualidad de Israel que en aquellas que dan casi por descontado que es posible, si seguimos las pautas del recetario espiritual, permanecer conectados a lo trascendente. En este sentido, la alegría de Israel no arraiga en la iluminación, sino en la esperanza que nace de un haber sido testigos del acontecimiento de la bondad en medio del infierno. Sin embargo, que se trate de un alegría con puntos suspensivos no le quita intensidad. Más bien, indica que su acento no reside en el corazón del hombre, sino en el de Dios. Y quien dice Dios, dice aquellos con los que Dios se identifica.

fe y psicología

diciembre 19, 2022 § Deja un comentario

Con el rotulador grueso, me atrevería a decir que hay dos sensibilidades religiosas. Por un lado, aquella que está convencida de que tarde o temprano deberíamos tomar conciencia de que formamos parte de aguas que nos cubren, por decirlo a la Merton. Por otro, aquella cuyo punto de partida es la conciencia del desarraigo. Desde la primera, se trata, en definitiva, de sintonizar de nuevo con la buena vibración, por así decirlo (y esto es griego u oriental). Desde la segunda, de esperar un reset de dimensiones cósmicas. Pues hay algo roto en el mundo que no cabe reparar a través de nuestro esfuerzo religioso o moral. Esta es, grosso modo, la sensibilidad bíblica. ¿Estamos ante diferencias, en el fondo, psicológicas? Quizá, si solo tuviéramos en cuenta a quienes viven más o menos satisfactoriamente. No, si nos situamos en la perspectiva de los abandonados de Dios. Y es que, en su caso, el desarraigo es físico antes que mental. De ahí que no sea anecdótico que, bíblicamente, la redención sea un asunto corporal. Y corporal hasta el punto de que un Dios que no sea capaz de sangrar devenga irrelevante.

rupturas epistemológicas

diciembre 18, 2022 § Deja un comentario

La experiencia del chamán y la del sujeto moderno tras ingerir peyote son inconmensurables. Al menos, porque el primero da por descontado que hay un más allá, mientras que el segundo, tan solo territorios por decubrir —y territorios que en modo alguno serán normativamente superiores. Así, el chamán entenderá que el peyote le permite cruzar la puerta que lo separa del mundo de los demonios, mientras que el segundo no dudará de que eso que ve solo se encuentra en su mente, aun cuando lo viva como real. Sin embargo, este último no se encuentra más cerca de la verdad. Y esto es lo que significa inconmensurabilidad. Con todo, lo cierto es que para el sujeto moderno un mundo de demonios, de haberlo, no será más que un mundo de demonios. Y aquí sí que podríamos decir que está más cerca de la verdad. Pues que al chamán le parezca que ese mundo es superior solo tiene que ver con que, precisamente, se lo parece. La superioridad de un mundo superior es meramente circuntancial. De hecho, este fue, antes que moderno, un hallazgo bíblico. Pues la genuina superioridad —lo que nos supera por entero— no es, según la Biblia, el ente superior —el dios, con minúscula—, sino que Dios en verdad se revele como un Dios aún por-venir y, por eso mismo, en falta.

de amos y esclavos

diciembre 17, 2022 § Deja un comentario

Hay amos y hay esclavos. El cristianismo, dice: hay que optar por el esclavo (y para eso, debemos convertirnos en esclavos de los esclavos, lavarles los pies). Sin embargo, Hegel escribirá sobre la sorprendente dialéctica —o quizá no tan sorprendente— que se establece entre el amo y el esclavo. Pues uno, al final, depende de aquel que tiene sometido a su voluntad. Aquí Nietzsche conectaría, de algún modo, con Hegel: no hay caridad que no se sostenga sobre una oscura perversión. Ahora bien, la conexión con la dogmática cristiana acaso sea más intensa. Al menos, porque el Dios cristiano es aquel que quiso depender del hombre que depende de Dios.

in-vocatio

diciembre 14, 2022 § Deja un comentario

¿Es posible elegir lo que amar o, si se prefiere, perseguir? La pregunta no es meramente especulativa. Al menos, porque uno es, en gran medida, lo que ama o persigue (y que, a diferencia de cuanto deseamos, no cabe poseer). Podríamos comenzar con el argumento. Sin embargo, la respuesta solo puede ser narrada. El argumento, en cualquier caso, solo alcanza a legitimar lo que se decide en otro territorio. Y es que las razones ignoran los cuerpos (y de lo aquí que se trata es de incorporar). ¿Elegir, por tanto, como quien se decanta por una marca de whiskey? No, ciertamente. Pero sí como quien permanece fiel a lo que, de algún modo, le ha sido dado. De hecho, la fidelidad comienza cuando reconoces que lo dado te ha sido, precisamente, dado. Al fin y al cabo, una vocación es una respuesta —que no una reacción. No hay vocación que no responda a una invocación. De ahí, el había una vez

ropa interior

diciembre 13, 2022 § Deja un comentario

Ya sabemos lo que nos diferencia del simio: la máscara, el tener que ocultar lo que nos avergüenza de nosotros mismos, el motivo del asco. Sin embargo, quizá ahí resida la raíz de la ambivalencia. Pues lo que quisimos perder de vista y que, sin embargo, sigue ahí será lo que terminará por inspirar nuestro deseo más intenso. Como si tras el deseo se escondiera el imperativo que da pie al futuro: no debe ser lo que sé que es. Podríamos decir que algo parecido sucede con Dios: que tuvimos que desplazarlo a un más allá inaccessible —algo así como un hacernos los sordos— para que dejáramos de temerlo. Y de ahí a la fantasía de un dios-osito media un paso.

los sentidos del deber

diciembre 11, 2022 § Deja un comentario

El espacio de lo normativo es amplio. Por un lado, debemos respetar las reglas de juego. Por otro, debemos respetar al otro, tratarlo como a un igual. Pero no solo, también debemos aceptar lo que en del otro hay de intangible. Así, vamos del juego a la aspiración, del deber estricto al deberías. El problema surge cuando hacemos de la aspiración, por muy irrenunciable que sea, una norma. Pues que estemos en medio —entre la bestia y el dios— significa que lo mejor no admite regulación. En cualquier caso y en lo relativo a la aspiración, la condena tendría que ser universal.

dos por uno

diciembre 10, 2022 § Deja un comentario

No hay gesto que sea químicamente puro. Las caricias de los amantes son un juego preliminar. Pero también se bastan a sí mismas. Por eso hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo. Si los preliminares se prolongasen en exceso, dejarían de ser preliminares. La cosa pasaría a ser anómala. La cuestión es quién decide los tiempos. Pues acaso el poder consista en gran medida en un dominio sobre la duración. Sin embargo, en el juego de la relaciónes nuestra libertad depende de que no sepamos quién es ese quién —que nos trascienda a la manera de un espectro. Esto es, que las cosas sucedan conforme a una lógica impersonal. El resto es perversión. De ahí que podamos entender la perversión como el envés de una voluntad de dominio. Y de ahí también que el perverso siempre esté solo.

cuestión de distancia

diciembre 9, 2022 § 2 comentarios

¿Puede un ser superior amar a uno inferior? No sin degradarse —sin ponerse a su altura, sin humillación. Pues amar es entregarse —y entregarse hasta la negación de sí. No hablamos por tanto del disfrute. De hecho, uno siempre disfruta solo, aunque sea a dos bandas. Ahora bien, si esto es así, ¿acaso el ateísmo moderno no sería un hijo bastardo de la cristiandad? Sin embargo, es posible que aún no hayamos comprendido del todo qué implica con respecto a la naturaleza de Dios confesar que no hay otro Dios que el encarnado. Pero este es otro asunto.

imposturas

diciembre 8, 2022 § Deja un comentario

Andamos de espaldas a lo real. Este es nuestro principio —que no el principio. Y no hace falta ir muy lejos para darse cuenta. Basta lo prosaico. Por ejemplo, tomamos jamón. No devoramos el cerdo… aun cuando sea esto, precisamente, lo que hacemos. Si lo devorásemos a lo bestia, ¿podríamos soportarnos? La caída —que vivamos de trampantojos— ¿acaso no será el origen de la posibilidad del asombro? Nuestra humanización ¿no es el envés de la ilusión —del haber dejado atrás el milagro… aunque por eso mismo se revele como tal? Sin embargo, no hay aquí inocencia. Nuestra dureza —nuestra impiedad— hunde una de sus raíces en el hecho de que humanamente no podemos evitar tomarnos las sombras en serio . Pues no es cierto que el extranjero sea una rata. Aunque a veces nos lo parezca. No es casual que, para Israel, el asombro vaya de la mano de la indignación. Al menos, porque no solo nos descoloca la desmesura de lo real, sino también, y quizá sobre todo, que haya quienes, por haber nacido en la orilla equivocada, lleven una vida desgraciada.

despistados

diciembre 7, 2022 § Deja un comentario

Las primeras veces, por lo común, son decepcionantes. Pues su única medida es el deseo, en modo alguno lo que acontece, esto es, el milagro o la excepción. Y ya sabemos que el deseo tiene una mirada de corto alcance. Aunque su promesa apunte a la eternidad. Difícilmente, caemos en la cuenta de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Y cuando sucede, tampoco podemos permanecer ahí, en la boca de la caverna. Es lo que tiene vivir de espaldas. O haber caído. De ahí la necesidad de un religare. Sin embargo, lo que ignora el homo religiosus es que, desde nuestro lado, no hay religare que valga. Por mucho que a veces sienta lo contrario.

a la inversa

diciembre 6, 2022 § Deja un comentario

Se dijo que si Dios no existe, todo está permitido. Sin embargo, ¿no sería más bien que precisamente porque Dios no existe —o si se prefiere, porque el haber de Dios no es el los entes—, no todo está permitido? Es como sucede con los hermanos que se quedaron huérfanos: que se deben uno al otro. De hecho, el que Dios aún andara por por ahí no impidió que Caín levantara la mano contra Abel. Más aún, si Caín se atrevió a derramar la sangre de Abel fue porque no pudo soportar las preferencias de Dios.

ancianos

diciembre 5, 2022 § 1 comentario

La vejez es muy jodida. El cuerpo no nos sigue —y a menudo nos da la impresión de que ya no quiere seguir. Más aún: comienzas a saber qué significa estar solo. Sobre todo hoy en día. A un viejo fácilmente se le aparca. La vida, sencillamente, sigue sin ti. Te has convertido en un sobrante. Con todo, solo quizá entonces comiences a caer en la cuenta de lo que supone estar expuesto a lo que nos supera. Y de paso, qué hay detrás de los gestos de piedad. Comenzando por el arrodillarse. Aunque no sepas a ciencia cierta ante qué o quién. A veces pienso que no es posible, salvo excepciones, ser joven y cristiano.

atados a sombras

diciembre 4, 2022 § Deja un comentario

La metáfora platónica es muy potente: resulta muy difícil aceptar la realidad. O mejor dicho, vivir conforme a ella. Y no solo porque la ilusión sea más consoladora, sino porque no podemos aceptar el precipitado de la reflexión. Hay una enorme distancia entre el saber, aunque se trate de un saber paradójico, y las apariencias. Como también la hay entre el alma y el cuerpo. En la mayoría de las ocasiones, el gen prevalece. Así, pongamos por caso, aun cuando sepamos que la tierra gira alrededor del Sol, seguimos instalados en la sensación de que es el Sol el que se mueve. O por poner otro ejemplo, aunque hayamos comprendido que Dios no es un fantasma bueno, pues no tiene otra entidad que la de un cuerpo que cuelga de una cruz, inevitablemente el creyente seguirá dirigiéndose a Él como si lo fuera. Ahora bien, si se trata de salvar las apariencias como decía Aristóteles, entonces deberíamos admitir que no hay otro modo de incorporar la verdad que falsificándola. El problema es que creamos demasiado en la falsificación, esto es, que nos la tomemos como lo que es en verdad. En ese caso, no solo está en juego la verdad, sino quiénes somos. Pues donde confundimos lo que nos parece que es con lo que es, seguimos en el centro. Y no somos el centro. De ahí que Sócrates se viera empujado a la ironía, acaso el único modo de permanecer entre las dos aguas del acontecimiento de lo real. Es imposible que, en el día a día, sintamos el movimiento de la tierra. Pero nadie nos impide añadir el eppur si muove a modo de nota al pie. Y a veces basta con una sonrisa. O un silencio elocuente.

invisibles

diciembre 2, 2022 § Deja un comentario

¿En qué nos convertiríamos si fuésemos invisibles —si nos pusiéramos el anillo de Giges? La invisibilidad es, como cabe suponer, la metáfora de un poder sin restricciones: nadie te ve, nadie te juzga (y por eso mismo, nadie te condena). Trasímaco lo tuvo claro, frente a Sócrates: de lograr la invisibilidad dejaríamos de temer y, en consecuencia, nada podría impedir que realizásemos nuestras peores fantasías. Pues la raíz de nuestra buena conducta —sostiene Trasímaco— es el temor. Aquí la cuestión es si es posible amar el bien por el bien mismo, esto es, buscarlo. Sócrates estuvo convencido de ello. Ya que, de hecho, somos esta búsqueda —esta inquietud. Y es que, aunque el poder absoluto nos libere del temor, el precio a pagar es, de hecho, la pérdida de la alteridad y, consecuentemente, el quedar reducidos a mero organismo. En el horizonte, poco más que apetencias. Nada qué desear ni, por descontado, querer. El hallazgo socrático consiste en caer en la cuenta de que hay más libertad en quien aspira al bien que al poder. Quisimos el poder de un dios. Sin embargo, ignorábamos que un dios omnipotente, y a causa precisamente de su omnipotencia, no es nadie. Pues donde no hay otro que valga no hay conciencia —no hay yo. El tirano, como viera Platón, está solo (y solo como títere de sus impulsos). Quizá no sea casual que los antiguos egipcios imaginaran a sus dioses como bestias. En cualquier caso, una cosa es que, en el fondo, no busquemos otra cosa que el bien y otra es que sepamos hacia donde apuntar. Pero Sócrates no dijo lo contrario.

iluminados

diciembre 1, 2022 § Deja un comentario

¿Qué es un iluminado? Alguien que se fuerza a permanecer en lo que, de hecho, es excepcional —en el milagro. Por ejemplo, es cierto que cabe encontrarse, en el sentido fuerte de la expresión, con el otro y no solo reaccionar a su presentación. Pero al igual que el momento del encuentro —aquel en el que nos hallamos fuera del mundo, por decirlo a la manera de Rimbaud— no puede incorporarse en el día a día. Durante el tiempo diario prevalece el (con)trato, la profanación, la lógica del do ut des… lo cual no tiene por qué ser desagradable. El iluminado pretende, ilusamente, hacer de la excepción algo habitual. De ahí que viva de eslóganes, esto es, que necesite decirse continuamente, por seguir con nuestro ejemplo, que todo es encuentro con el otro. No obstante, aunque sea verdad que el milagro puede fecundar el presente, lo sensato es aceptar que, como tal, no cabe vivirlo a diario —que no cabe poseer lo que nos ha sido dado como excepción (y por eso mismo, como si fuera el signo de otro mundo o de un porvenir absoluto). Frente al eslogan del iluminado —frente a sus ilusiones—, la lucidez bíblica propone la estrategia de la memoria. En este sentido, Ley y memorial van a la par: recuerda lo que tuvo lugar y no simplemente pasó. El rito es, por consiguiente, necesario… si de lo que se trata es de saber de qué va esto del vivir. Pues, y dado que vivimos en el tiempo, todo puede ser devorado por nuestro pasar de largo. El eslogan no basta. Ni, por supuesto, el mero sentimiento. Suponer lo contrario, más que una ingenuidad, es un error.

quién lo sabe

noviembre 30, 2022 § Deja un comentario

La crítica —la ciencia, la religión, el Estado, el piscoanálisis…— presuponen un sujeto del saber. Y ese sujeto, por lo común, viene de fuera (o mejor dicho, de encima). Nadie, desde sí mismo, puede dar la medida de sí mismo. La cuestión es quién la dará. Las chicas del colegio mayor decían que era un juego. Montero and Co. replicaron que lo decían porque estaban alienadas. Los verdugos no sabían lo que hacían (y por eso, en el Gólgota se invocó su perdón). Es también el juego que practica el científico: te equivocas cuando crees que la tierra es plana, aunque no puedas evitar que te lo parezca. Ciertamente, con respecto a lo natural, la distinción entre lo que nos parece que es y lo que es puede llegar a puerto (y aquí el científico tiene las de ganar). Pero en los asuntos demasiado humanos no hay hechos a los que podamos apelar. Pues aquí cualquier hecho discutible viene cargado de lectura, de juicio de valor. El resultado: el guirigay, la cháchara. Acaso la última palabra la tenga el Estado. Pero no porque tenga razón, sino porque tiene armas. Quizá aquello de que solo Dios sabe, teniendo en cuenta que a Dios nadie lo ha visto, funcione como correctivo. O también, si se prefiere, la ironía socrática. ¿Acaso las chicas a las que Montero demonizó no sabían lo que hacían cuando quisieron jugar a lo bestia? ¿Los niños yerran cuando juegan a pistoleros? Es posible que no haya juego inocente. Pero ¿qué —o quién— lo es? ¿No es mejor ir al fútbol que liarse a navajazos? La moral —en nuestro caso, el moralismo— ¿entendió alguna vez la naturaleza del juego?

parafraseando a Merleau-Ponty

noviembre 29, 2022 § Deja un comentario

No terminamos de estar en el mundo. Pero jamás, nos hallamos fuera del mundo. El cuerpo —su motivo— es un arraigo. Pero donde solo hay raíces, no hay árbol. Aunque también es cierto que unas flores sin raíz son simplemente un ramo de flores. Entre una cosa y otra andamos. En cualquier caso, modernamente ya no cabe ser un árbol. Traducción: ya no nos es posible elevarnos desde la raíz. Pues que Dios haya muerto significa, entre otras cosas, que el éxtasis —no solo religioso, sino también el que experimentan los amantes cuando cruzan sus miradas— difícilmente podrá ser integrado en un día a día que solo admite el (con)trato. Quizá siempre fue así. Pero no en la misma medida.

preexistencia

noviembre 25, 2022 § Deja un comentario

Si antes de ser arrojados al mundo hubiéramos habitado como almas puras el mundo real —donde no hay más que un simple haber—, la encarnación habría sido una liberación. Pues el simple haber no es nada. Nada, salvo la oscuridad y el silencio. Una abstracción —una idea (y aquí hay que tener en cuenta que la absoluto es abstracto). Por suerte, no hay haber que no sea un haber de las cosas. Sin embargo, el precio de la libertad es el dolor. De ahí que sigamos siendo unos idiotas —literalmente— donde aspiramos a una vida sin dolor, sin aristas o taras (aun cuando, sin duda, sea legítimo intentar limitar el sufrimiento). Como vieron los griegos, todo es cuestión de proporción.

eclesiastés: una variación

noviembre 23, 2022 § Deja un comentario

Hay un tiempo para buscar y un tiempo de perder lo encontrado. Ergo, el hombre no es dueño de su tiempo. Esto es, de sí mismo. Aunque crea lo contrario.

intolerantes

noviembre 22, 2022 § Deja un comentario

Un cristiano es un intolerante —aunque en este campo no entren solo los cristianos. Pues lo que no tolera es que haya quien pase hambre. O que, de la mano de su hijo, termine muerto en nuestra playas tras cruzar el Mediterráneo en patera. O que haya quienes duerman en la calle porque no cuentan para nadie. Los motivos de su intolerancia son siempre personales, en modo alguno ideológicos. De hecho, con respecto a las ideas suele más bien hablar poco (si es que le da por hablar). Y acaso el problema de este mundo sea que tragamos con estos sapos con demasiada facilidad. Como si se tratara simplemente de un contexto.

casi íntegros

noviembre 21, 2022 § Deja un comentario

Buber, Merton… cedieron, en la última etapa de sus días, a la pasión de la carne. Imaginemos que, incluso, hubieran renegado de Dios. ¿Qué decimos como modernos? Pues que en esas salidas de tono se revelaría una falsedad de fondo. Como sabemos, el prejuicio moderno es que lo bajo (pre)domina sobre lo elevado. Hay más verdad en lo que hay bajo la alfombra. Es lo que tiene que la sospecha, en vez del asombro, haya pasado a ser la actitud fundamental. Se trata del no somos más que. ¿Qué hubiéramos dicho, sin embargo, de no ser modernos? Pues que fueron poseídos por el maligno o algo parecido; que no fueron lo suficientemente fuertes —¿pero quién lo es?—. Como si fueran títeres. En definitiva, que dejaron de ser ellos mismos… como decimos actualmente de cualquiera que sufra alzheimer. ¿Qué visión es la acertada? No sabría qué decir… Y es que no hay hechos químicamente puros. Toda visión incluye un cierto saber —una carga teórica. Quien ve un martillo, ve un clavo. La cuestión es si podemos elegir qué ver, esto es, cómo se nos presenta lo presente. Y es que no cualquier significado está a nuestra disposición. Con todo, quizá la universalidad de la visión cristiana —de la revelación creyente— consista en que apenas tiene que ver con hechos culturalmente determinados, sino con la ex-sistencia. Y este es otro cantar.

centros

noviembre 15, 2022 § Deja un comentario

La modernidad pedagógica pivota alrededor del alumno: él es el centro. Es el síntoma de una época que no sabe qué hacer con el padre. Pues el padre es aquel que te dirá que no eres, precisamente, el centro, aquel que te descentra en virtud de lo que importa. Y lo que importa no es lo que te satisface, sino lo que exige tu búsqueda —tu amor.

Elon

noviembre 13, 2022 § Deja un comentario

El poder atrae. Tener poder significa nadie te juzga: estás libre de juicio. Hasta puedes fumarte un porro en una entrevista… que no pasará nada. Hace falta mucho valor —o mucho morro— para sostener que el verdadero poder es el de la libertad interior. No es casual que Nietzsche hablase de resentimiento. Con todo, la cuestión es si, al margen de lo que nos parezca, es o no verdad que el mayor poder es el de quien renuncia al poder; esto es, si acaso no se trate de vencer, sino de vencerse. Y aquí Platón nos da la pista: el tirano no tiene amigos. No puede tenerlos.

meta

noviembre 12, 2022 § Deja un comentario

La adicción al tik tok, a instagram, a los videojuegos… no sale gratis. Pues te incapacita para centrarte en lo que reclama un esfuerzo. Más aún, como adicto solo te interesará la distracción, su facilidad. El problema es que lo fácil no es interesante. ¿El resultado global? Una distancia cada vez mayor entre quienes seguirán siendo unos niños con cuarenta años y quienes no cayeron en la trampa (o tuvieron la suerte de escapar a tiempo).

el proceso

noviembre 11, 2022 § 1 comentario

1. Te miras al espejo y te dices: vaya mierda. Entonces te preguntas: quién me querrá; quién me dirá que valgo; quién me rescatará del pozo en el que me hallo. Es la pregunta por el padre —por el que decide el sí o el no de tu entera existencia.

2. Si tu padre te ríe las gracias, entonces puedes ir por ahí creyendo que vales: has triunfado, has tenido éxito. Sin embargo, todo éxito es un malentendido —un postureo. Pues, en el fondo sabes que el espejo nunca miente: la más bella es siempre otra.

3. La suerte: que el que podría ser tu padre no te haga ni caso —o que no tengas padre. Entonces, o bien te hundes en la indigencia —no cuentas para nadie—, o bien no tendrás más remedio que salir de ti mismo en busca del tesoro. Pues porque no tienes padre sabrás —y lo sabrás duramente— que no eres el centro, que el centro es lo que persigues o amas sin que puedas alcanzarlo (y por eso mismo, podrás amarlo). Y esto es, precisamente, lo que quiso tu padre: que no dependas de él. Pues en el fondo él no ignora que es como tú: un nadie. Y es que un padre no es el que aplaude tus logros —ese en cualquier caso será tu ídolo—, sino el que, echándote del hogar, te envía en misión al negarte como hijo. De ahí que únicamente los huérfanos tengan padre.

soledad

noviembre 10, 2022 § Deja un comentario

El hombre, decía Eliot, no puede soportar demasiada realidad. Y quien dice realidad dice la nada. Pues la nada es el fondo invisible de lo visible, lo que tuvo que retroceder hacia un pasado anterior a los tiempos para que fuera posible la presencia, la aparición, al fin y al cabo, el tiempo. De ahí que tampoco podamos soportar demasiada soledad. Pues en la soledad nos hallamos expuestos a la nada, en definitiva, a la nada de Dios. El mundo deviene un trampantojo donde lo que hay más allá —el principio y fundamento— se revela como la realidad de un nadie. Quizá no sea casual que prefiramos fantasear con un dios a medida antes que caer en la cuenta de que de Dios tan solo aquel que ocupa su lugar. En judío, el Mesías.

agradecimientos

noviembre 9, 2022 § Deja un comentario

Damos las gracias. Y por lo común, se nos responde de nada. El lenguaje habla por sí mismo. De nada, es decir, debido a (la) nada. Y es que todo es gracia —todo es milagro— desde el horizonte de la desaparición.

tener un cuerpo

noviembre 7, 2022 § Deja un comentario

¿Qué significa tener un cuerpo? Los bonobos no tienen cuerpo: son cuerpo. Y por eso no son más que su cuerpo. Las mujeres y los hombres tenemos cuerpo. Y por eso no terminamos de coincidir con el cuerpo con el que, sin embargo —o por eso mismo—, nos identificamos. En este sentido, somos algo más. Ahora bien, ese algo más no es nada en sí —no es sustancia, ni siquiera etérea. O mejor dicho, en sí es aún nadie. Y lo es porque se encuentra bajo juicio: hay en tu cuerpo algo que debes ocultar —algo impuro, la tara, el motivo de tu vergüenza; así, hasta que no aprendas a ocultarla eres un mierda (y en el fondo, aunque lo consigas, lo seguirás siendo porque no puedes ignorar que toda ocultación es provisional o frágil, una simulación, un símil, un como si). Tenemos un cuerpo porque fuimos avergonzados desde el principio —tenemos un cuerpo porque juzgamos el cuerpo que inicialmente fuimos. Y lo juzgamos porque quisimos para nosotros la perfección de un dios, su independencia, en definitiva, porque no quisimos depender del abrazo de la madre, el que acoge, precisamente, la deformidad del hijo. ¿Es posible salir de esta prisión? ¿En qué consiste liberarse de este juicio? ¿En aceptar la tara, la propia desnudez, a la manera de un Diógenes? Quizá. La cuestión es en nombre de qué —o de quién— llegamos a la convicción de que nuestra belleza no es el horizonte.

presente

noviembre 4, 2022 § Deja un comentario

Lo real —lo que vale, lo sólido, lo que es— no se decide en el presente. En el presente tan solo su aspecto, lo que pasa, lo que es asimilado según nuestra medida. De ahí que tan solo caigamos en la cuenta del peso de cuanto estuvo a nuestro lado o tuvimos enfrente una vez lo hemos perdido de vista. ¿Qué hay de verdadero —qué está teniendo lugar— en lo que nos traemos entre manos, en lo tratable? Nada de cuanto quepa decir ahora. De hecho, ya se verá. O mejor dicho, ya se revelará cuando apenas nos quede tiempo por delante. Si es que hubiera algo que ver. Hay verdad, pero no para nosotros. Para nosotros, la espera, el aguardar. Y el aguardar no es, precisamente, un guardar, sino un dejar que nos venga al encuentro lo que no cabe retener.

del creer

noviembre 1, 2022 § Deja un comentario

Creer supone, por lo común, ver el mundo desde la óptica de la creencia. Así, pongamos por caso, que hay un Dios (y que se interesa por nosotros). Sin embargo, ¿puede uno creer sin preguntarse por la verdad de aquello en lo que cree? Por supuesto. Pues aquí la creencia funciona como el modelo de un puzle: las piezas encajan (y eso basta). Otro asunto es la fe en tanto que ciega confianza en nombre de. Y es otro asunto porque la fe comienza donde la creencia hace aguas, esto es, en aquellas situaciones en las que ya no es posible seguir encajando las piezas.

felicitas

octubre 26, 2022 § Deja un comentario

Que, a través del despliegue de la denominada psicología positiva, la felicidad se haya convertido en el objetivo prioritario, incluso en el ámbito de lo político —nos llamaría la atención la cantidad de dinero destinada a medir objetivamente la felicidad de los ciudadanos— es uno de los mayores logros de liberalismo. Pues la idea de fondo que encontramos en la psicología positiva es que la felicidad no depende de las circunstancias —entre ellas el nivel de ingresos—, sino de lo que uno hace consigo mismo. Ciertamente, se trata de una idea que encuentra su arraigo en el socrático cuidado del alma. Pero no me atrevería a decirle a quien ha visto morir a sus hijos de hambre que, para superarlo, basta con ejercitarse en el estoicismo. Ni a los perdedores que su fracaso es culpa suya por no haber sabido perseverar en sus ilusiones. Sin embargo, aun cuando sea cierto que el éxito no garantiza la felicidad, al menos porque cualquier éxito no deja de ser un malentendido, también es cierto que donde permanecemos sepultados en los márgenes de la sociedad difícilmente vamos a lograr un mínimo de felicidad, salvo que nos droguemos. De ahí que el mensaje de la psicología positiva sea enormemente tóxico: no es necesario cambiar las estructuras, redistribuir las rentas, garantizar un sistema digno de salud…; basta con cambiarse a uno mismo. Ante esta consigna, no sé si acaso no sería preferible seguir con unas cuantas dosis del viejo opio para el pueblo. El libro de Barbara Ehenreich Sonríe o muere debería leerse obligatoriamente en las escuelas. Pero los tiros, desafortunadamente, no irán por ahí. Y es que hasta en las escuelas ha penetrado el mantra de que lo que importa es que el niño sea feliz. Alguien debería decir que la felicidad es, como el sueño, un producto lateral, algo que nos pilla haciendo otras cosas.

causa, efecto

octubre 24, 2022 § Deja un comentario

Si somos buenos —o mejor, si hemos llegado a serlo— es porque antes alguien creyó en nuestra bondad. Aunque estuviese sepultada por toneladas de inmundicia.

¿teología feminista?

octubre 23, 2022 § Deja un comentario

Es indiscutible que el lenguaje, al menos por estos pagos, tiene un sesgo patriarcal. Basta con que nosotros, los machos, nos imaginemos que se hablase en femenino —que, por ejemplo, en lugar de hombre como sinónimo de humanidad se utilizara la palabra mujer— para hacernos una idea de lo que supone para ellas el uso preferente del género masculino. Por no hablar de los mitos que fecundan el inconsciente colectivo: Eva nació de la costilla de Adán; Dios es padre; la Cenicienta no nació princesa: se hizo princesa por el amor de un hombre… etc. De ahí que surja la necesidad de una teología feminista que, en nombre de la verdad de Dios, compense el sesgo patriarcal: Dios no tiene género. El modo de ser de Dios poseería tanto rasgos masculinos como femeninos. De acuerdo.

Sin embargo, el problema de verlo así es que da por sentado que Dios posee un modo de ser al margen de la adhesión incondicional de su criatura. En la Biblia de Israel, YWHW es un nombre que carece de descripción definida —de concepto—, un nombre cuyo quien está, precisamente, por confirmar. Tras la caída, Dios, en sí mismo, es el Dios que aún no es nadie mientras nosotros le sigamos dando la espalda —mientras creamos que podemos ocupar su lugar. De Dios en sí, tan solo su clamor. Y el clamor, ciertamente, no tiene género. Donde sigamos dando por supuesto que Dios posee un modo de ser con independencia de nuestra respuesta a su invocación casi espectral, difícilmente llegaremos a confesar que el crucificado es el quien de Dios, esto es, su modo de ser (y no solo su ejemplificación).

más o menos

octubre 22, 2022 § Deja un comentario

Puede que las diferentes cuestiones de fondo sean variaciones de la siguiente: si aquello de lo que se trata —la conciencia, la libertad, el amor, la justicia…— es más que o, por el contrario, no es más que. Así, la conciencia ¿puede reducirse a reacciones cerebrales? La justicia, ¿algo más que venganza? Dios, ¿un delirio? Evidentemente, el asunto nos obliga a reflexionar sobre aquello de lo que hablamos cuando hablamos de lo real (si es que se trata de un aquello). La Modernidad se decantó por la reducción de cuanto es a lo cuantificable. Sin embargo, aunque la operación básica de la razón sea, precisamente, la reducción de la diversidad a un denominador común, no está obligada a decir que este se halle a ras del suelo.

Dios es homosexual

octubre 21, 2022 § Deja un comentario

A quien le van las cosas del espíritu va en busca de Dios. Sin embargo, si se trata de Dios y no de sus sucedáneos, tendrá que fracasar. En realidad, Dios siempre te coge por detrás. Y, por eso mismo, en la experiencia de Dios siempre hay algo de traumático. Al menos, porque difícilmente soportarás volver a ser como antes.

puros

octubre 17, 2022 § Deja un comentario

Quien aspira a la pureza aspira a la integridad. ¿Y acaso la integridad no es preferible a la dispersión? Pero ¿qué dice el cristianismo? Pues que no se trata de eso, sino de responder. Las putas —las que respondieron— pasarán primero. Sin embargo, ¿es tan ilegítima la aspiración a la pureza? Quien ama la verdad, ¿está en falso? Aquí la cuestión es dónde o ante quién se decide el sí o el no. Y lo cierto es que no hay pureza que resista el mal olor de los inexistentes. En cualquier caso, la integridad viene después (y como producto lateral).

lo que nos supera

octubre 16, 2022 § Deja un comentario

Antes que con Dios o con los monstruos, el exceso tiene que ver con el tiempo: la vida —el cosmos— seguirá sin ti. También con el mal. En cualquier caso, la conclusión será la misma: no cuentas. Tarde o temprano, la muerte te aplastará como si fueras una mosca. Mientras tanto, intentamos convencernos de lo contrario. De ahí que busquemos el mérito, el reconocimiento, la atribución. Pero nuestro esfuerzo por llegar a ser alguien no es más que un alimentarse de viento.

Sin embargo, el que en verdad existamos como moscas tiene su otro lado. Es el del milagro. Pues a nosotros, las moscas, se nos dio la vida en medio de la gran indiferencia. La excepción siempre fue el envés de cuanto nos trasciende. Y quien dice excepción, dice resistencia frente a Moloch, el que todo lo devora, la única divinidad natural. Quizá no sea irrelevante que para contar con un Dios de nuestra parte tuviéramos que caer en la cuenta de que nadie está por encima de Moloch. Traducción: que solo el nadie está por encima. Pues solo porque el haber de Dios es el del aún-nadie, el todo no lo es todo.

amar la verdad

octubre 13, 2022 § 1 comentario

Puedes amar la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Puedes buscarla, perseguirla. Pero, tarde o temprano, tendrás que admitir que la verdad no interesa a casi nadie. Te espera un viaje solitario: no escucharás ningún aplauso, ninguna confirmación que te convenza. Y si escuchas alguna vez un repicar de palmas, creerás que no va contigo. Pues sabes que aún te queda bastante trecho. Cualquier obra es un montón de migajas. Interesa la opinión, esa simulación —y cuanto más firme mejor. En el mundo domina la palabrería, el tweet, la dispersión. En definitiva, el dar gato por liebre. No obstante, quien simula se disimula a sí mismo. Al menos, porque en lo más íntimo no somos cuanto poseemos —el brillo, la máscara, el vuelo raso—, sino un estar expuestos a la desmesura de una verdad que se revela, precisamente, como lo que tuvimos que dejar atrás para habitar un mundo, para juzgar lo que nos traemos entre manos y, de este modo, poder decirnos que el asunto es blanco o negro. De ahí que cuanto más cerca nos hallamos de la verdad, mayor es nuestra tendencia a suspender el juicio, el discurso, el habla. Solo Dios juzga —y esto no es un decir.

¿Dónde estoy?

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