¿qué es un idiota?
enero 6, 2021 § Deja un comentario
Un idiota es, literalmente, alguien incapaz de salir de sí mismo —alguien que cree que está en sus manos decidir sobre cuanto es. Así, hacemos el idiota cuando, por ejemplo, decimos que Shakespeare, Platón o Moisés son flojos. Que lo que mola es Marvel. O Instagram. Un idiota es aquel que aún no ha caído en la cuenta de que hay obras —o existencias— que nos juzgan antes de que nosotros nos atrevamos a juzgarlas. Por eso mismo, un idiota termina siendo un esclavo de lo impersonal —de lo que se dice, se hace, se espera—… creyendo, sin embargo, que se trata de su libre opinión. Pero es difícil defender que por poco que nos despistemos seguiremos siendo unos idiotas en una época que ha ensalzado el narcisismo —y por eso mismo, donde el debate lo gana quien posee el megáfono más potente—.
pillados
enero 3, 2021 § Deja un comentario
El mundo es lo que te tiene pillado —el centro alrededor del que giras. Instagram, para las influencers. La ciencia, para el científico. El dinero, para los banqueros. En este sentido, no hay mundo, sino mundos, la mayoría de los cuales suponen un caer en la irrelevancia. Todo lo que te parece evidente no es más que una evidencia del mundo al que perteneces. Y ningún mundo trasciende su evidencia. Quizá sea por eso que el espíritu de la búsqueda no encuentre su raíz en el mundo. Como si el que ama la verdad fuese un árbol invertido.
caricaturas
enero 2, 2021 § Deja un comentario
La caricatura revela la verdad de un rostro. Mucho más que los selfies de instagram. Sí, pero deformándolo, se nos dirá. De acuerdo. Pero sin deformación, difícilmente podremos ir más allá de lo obvio. Y lo obvio es lo que puede ser obviado. La verdad nunca coincidió con la mera descripción de cuanto tenemos enfrente. Al fin y al cabo, terminaremos siendo nuestra caricatura. Y este acaso sea un buen motivo para comenzar a reirnos de nosotros mismos. Como si la vida nos quisiera dar a entender el ridículo en el que cayó quien estuvo encantado de haberse conocido.
puto pijo, rata judía
diciembre 31, 2020 § Deja un comentario
El impulso —la autojustificación— que hay detrás de quien le roba el iphone al pijo es el mismo que encontramos en los SS: la degradación de la víctima. Puto pijo, rata judía. A su vez, en la violencia del pobre contra el rico no solo hay justicia, sino también unas buenas dosis de resentimiento. Los motivos oscuros siempre están ahí, en los lodazales del alma. Sin embargo, aun cuando en cualquier hombre o mujer persista la marca que acaso mereciese un nuevo diluvio, también hallamos un fondo de bondad o, por decirlo en bíblico, una llamada a la misericordia. Hay mal porque somos animales simbólicos —porque el desprecio apunta al que representa la tara que no podemos aceptar en nosotros. El mal obedece a nuestra necesidad de excretar, de alejar de nosotros lo peor. Aunque no solo. También —y quizá sobre todo— al ansia de dominación, a la turbia satisfacción de un dios que tiene en sus manos el dar la muerte. De ahí la importancia de aceptar que existimos en medio de aguas que nos cubren y, de paso, sobreponernos a la espontaneidad de un simbolismo que nos separa de lo que en verdad somos: niños que claman por la vuelta de papá. Así, no es lo mismo ver solo la máscara que reconocer el aún nadie que dicha máscara encubre.
mundo animado
diciembre 24, 2020 § Deja un comentario
En el mundo de los dibujos animados, cualquier cosa es un alguien. Algo parecido observamos en el mundo de la religión. Ergo, religión es infancia. Aunque con respecto a este asunto, lo que está en juego, más allá de la mistificación, quizá sea la posibilidad de una segunda ingenuidad.
Filocalia
diciembre 23, 2020 § Deja un comentario
¿Podemos leer la Filocalia habiendo leído a Nietzsche? Quizá solo desde la convicción de que, al final, únicamente nos quedarán las formas. Y quien dice las formas, dice también la devoción carbonera. Pues lo cierto es que con el paso de los días, nadie está a la altura del acontecimiento al que inicialmente responden las fórmulas de la fe. La fidelidad a lo que se nos fue dado como excepción nunca fue un asunto meramente sentimental.
inmortalidad del alma e impiedad
diciembre 22, 2020 § Deja un comentario
Es sabido que la creencia en una vida más allá de la muerte, estrictamente, la idea de una resurrección, se impone tardíamente en la conciencia de Israel. El favor de Dios fue, antes que un premio de ultratumba, una vida larga y próspera. A veces pienso, que quien da por sentado que el alma sobrevive a la muerte deja a Dios de lado, mejor dicho, su estar ante Dios. Pues, para este viaje, no hacen falta las alforjas de Dios. Basta con leerse el Fedón. O con ser hinduista. Y es que la experiencia de la vida como don o milagro va con la convicción de que vivimos dentro de un plazo. Hay algo de desafiante en dar por sentado que el alma es inmortal. Ciertamente, la fe en la resurrección de los muertos no arraiga en la necesidad de una solución a la angustia de cada uno ante la muerte, sino en la pregunta por el destino de quienes murieron injustamente antes de tiempo, el futuro de los mártires. Y aquí, al tratarse de lo imposible, sin duda, topamos de nuevo con Dios, aunque no propiamente con un Dios ex machina. Pero es innegable que donde sustituimos la fe en la resurrección por la creencia en la inmortalidad del alma, acaso más razonable, Dios deviene una hipótesis entre otras, una hipótesis de la que podemos perfectamente prescindir.
el anti-Dios
diciembre 20, 2020 § Deja un comentario
En la Biblia hay dos preguntas que la recorren a modo de leitmotiv: ¿dónde está tu Dios? y ¿dónde, tu hermano? La primera no deja de llamarnos la atención, teniendo en cuenta de que contamos con una respuesta por defecto, a saber, en los cielos. La segunda, en cambio, contrasta con la que haría un dios del lugar: ¿cuándo me entregarás mi tributo? En vez de ello, una interpelación moral. Porque ya no hemos acostumbrado, al menos culturalmente, a este Dios, pero, si lo pensamos bien, no tiene nada de divino. Pero el hallazgo bíblico consiste, precisamente, en comprender ambas preguntas como las dos caras de una misma moneda. YWHW siempre responde a la inquietud del hombre por Dios inquietando al hombre. ¿Dónde se encuentra Dios —aquel de quien dependes en lo más íntimo? En el cuerpo del que desprecias porque apenas es un resto de hombre. Y esto, ciertamente, es algo difícil de tragar para quien parte de una concepción natural de lo divino. Como si YWHW fuese el anti-dios.
Dostoievsky
diciembre 19, 2020 § Deja un comentario
Un solo excluido —la muerte de un solo niño por hambre— debería paralizar el mundo. Sin embargo, esto es, precisamente, lo que ningún mundo puede admitir.
estilos
diciembre 18, 2020 § Deja un comentario
Llega un momento en que te das cuenta de que la verdad es una cuestión de estilo. Ahora bien, el estilo no es un modo de decir bien —o bonito— lo que también podría ser dicho de otro modo. Tiene que ver con saber encontrar las palabras justas —las únicas posibles— y, por eso mismo, con la verdad, esto es, con lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede o pasa. En este sentido, la verdad, lo real, acontece en el interior del poema —del hallazgo verbal—. Cuanto admite un punto de vista —lo que siempre puede ser dicho de otro modo— es mera apariencia (y quizá sea por eso mismo que las apariencias carezcan de importancia).
el prójimo
diciembre 17, 2020 § Deja un comentario
Jesús de Nazaret, como sabemos, responde a la pregunta sobre quién es nuestro prójimo con la parábola del buen samaritano. Una lectura superficial nos da a entender que el prójimo es aquel que, siendo semejante, sufre como un animal abandonado en la cuneta. La idea de fondo es que ante el prójimo no deberíamos pasar de largo. Su llanto es un mandamiento. Por eso mismo, el que nos hallemos ante un imperativo insoslayable ¿no sugiere, cuando menos, que estamos ante algo más que una reacción emocional? ¿Nos inclinamos ante el que yace en la cuneta como nos inclinaríamos también ante un chimpancé herido que nos mirase con una mirada suplicante? Quizá. Al menos por aquello del hermano lobo. En cualquier caso, los evangelios nos dan a entender que no se trata de reaccionar, sino de responder a un llanto que decide el sí o el no de nuestro estar en el mundo. El problema es que espontáneamente no nos sentimos sub iudice. Ahora bien, que no nos sintamos así no implica que no lo estemos, aun cuando hoy en día se haga difícil defender que no hay otra libertad que la de quien se encuentra sujeto a un imperativo tan insatisfacible como ineludible. Como si lo más íntimo tuviera que ver con un imperativo cuya radical heteronomía es anterior a cualquier yo hasta el punto de constituirlo. En cualquier caso, en ausencia de juicio, todo —o casi todo— es biología.
No obstante, podríamos añadir otro problema, el que tiene que ver, precisamente, con la semejanza del semejante. Pues lo habitual es que los que viven como perros sean vistos, de hecho, como perros —como alimañas que pueden morder la mano que los alimenta. Hay algo de tramposo en representarnos al pobre como un pobrecito… aunque sea cierto que hay mucha verdad —y la verdad siempre exigió coraje— en quien es capaz de ver en la alimaña a un abandonado de Dios (y por extensión, a un semejante). Quien se aleja de los hombres se convierte, ciertamente, en un extraño. Y esto es lo mismo que decir en alguien que, de entrada, no podemos reconocer como semejante. De ahí que la cuestión del prójimo se presente, en definitiva, como la cuestión de nuestro estar cabe el extraño. Y es que ante el extraño, de entrada, no podemos evitar la prevención. Acaso sea por esto que los evangelios insistan en que, a pesar de nuestra reacción más natural, no deberíamos tener miedo ante el extraño. Pues la mayor extrañeza no es la del monstruo —esta no deja de ser epidérmica—, sino la de un Dios indigente, un Dios cuyo cuerpo es, en realidad, un cuerpo de más, el de los sobrantes.
modos de ver
diciembre 16, 2020 § Deja un comentario
Hay modos de ver. Pero aquí el cómo no es secundario. Está en juego la diferencia entre lo superior y lo inferior. Pues no es lo mismo, pongamos por caso, encarar a una mujer desde el gusto que desde el asombro —o si se prefiere, la perplejidad— que provoca el que sea un cuerpo capaz de albergar una vida. No es lo mismo ver cuanto nos rodea desde el punto de vista del propio interés, en última instancia biológico, que desde los ojos de lo que el otro re-presenta o significa. Y es que el significado antes que proyectado, es reconocido. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de ver de qué se trata. Y este qué no suele coincidir con nuestras primeras impresiones. Aunque aquello de lo que se trata sea, de hecho, muy básico. Será cierto que existir supone un estar alejados de lo originario. Al menos, de entrada.
el no-Todo
diciembre 14, 2020 § Deja un comentario
Con respecto al todo, no cabe la alteridad. Esto es, la exclusión de la alteridad es la condición lógica del todo. Ergo, el no-todo va con el todo. De ahí que, contra la idea de que solo es posible hablar de lo que es, deberíamos más bien afirmar que tan solo cabe hablar de lo que aún no es, un aún no, sin embargo, eterno. De hecho, si vamos más allá de los nombres —si nos vemos obligados al discurso— es porque en núcleo duro de la experiencia es lo que, en ella, no termina de darse. Como si el discurso fuera un intento, siempre en vano, de alcanzar lo que inevitablemente perdimos de vista una vez fuimos arrojados al mundo.
factotum
diciembre 13, 2020 § Deja un comentario
Todo lumpen tiene un héroe en el que inspirarse, un repartidor enmascarado. Y si no, Hollywood se encarga. Sin su ficción, los lumpen difícilmente podrían soportarse a sí mismos. Aún más: es por su ficción que la indignación no pasa de la taza del wc. O del mal rollo familiar.
suneung
diciembre 12, 2020 § 1 comentario
Una madre coreana que implora a sus muertos un favor para su hijo no se distingue, en lo que hace, de aquella viejecita que, ante el crucifijo, suplica la curación de su nieta. En ambos casos la disposición es la misma. Tan solo cambia el objeto de la invocación. Es lo que tiene que haya una pluralidad de culturas. De ahí que no sea de recibo decir que la segunda, a diferencia de la primera, invoca al Dios verdadero. Y no porque seamos, hoy en día, unos relativistas, sino porque la verdad de Dios no puede comprenderse como el referente de un significado común. Como si nos preguntásemos qué dios —o si se prefiere, qué espíritu—, entre los disponibles, detenta un mayor poder. Esta fue, de hecho, la pregunta del politeísmo. Como tampoco es de recibo decir que, en el fondo, se dirigen al mismo Dios. Pues Dios no es el denominador común —una abstracción— de las diferentes imágenes de lo divino. El hallazgo bíblico, por decirlo así, consistió en caer en la cuenta de que topamos con la verdad de Dios cuando topamos con su silencio —al fin y al cabo, con su impotencia. Ciertamente, Dios es, por definición, omnipotente. Pero nos equivocamos donde creemos que su omnipotencia es la de un ente que actúa ex machina. Como si la diferencia entre el poder de Dios y el de los hombres fuese de grado. Y es que la omnipotencia de Dios es, en realidad, la de un Dios capaz de impugnar la totalidad en nombre, precisamente, de los que no cuentan. El mundo, sencillamente, es condenado a la impiedad donde dejamos de escuchar la voz que se desprende del retroceso (y por ende, del porvenir) de Dios —aquella que nos invoca a la fraternidad. Por ello, dicha impugnación queda en el aire donde no respondemos al clamor con el que Dios responde a nuestras súplicas.
el tamaño importa
diciembre 10, 2020 § Deja un comentario
La pregunta por el qué de cuanto percibimos no se resuelve fácilmente, aunque de entrada nos lo parezca. Así, por ejemplo, vemos un cuerpo —y decimos, sin dudarlo, que se trata de un cuerpo. Ahora bien, si de repente fuésemos reducidos al tamaño de una pulga, dejaríamos de ver ese cuerpo. Ni siquiera percibiríamos su piel. Pues la piel se habría convertido en un mundo —y un mundo desértico. Seguiría habiendo cuerpo. Pero ya no para nosotros. Tendrán razón los Hume y compañía al defender que la sustancia —el eso concreto al que le atribuimos unos rasgos— es un constructo de la mente. Y es que lo que de entrada se presenta como un algo en concreto puede convertirse, con el cambio de tamaño, en una totalidad —en un ámbito. Y al revés: nuestro todo podría ser, perfectamente, una cosa desde el punto de vista de un dios. De ello se desprende que lo que es en absoluto es un lo que. Y que el todo es, antes que nada, una idea —un horizonte por definición siempre desplazable. Más aún: que la totalidad precede a lo que se presenta como ente. Hay un haber anterior a cualquier mundo. Pero ese haber no es nada en concreto, sino un puro il-y-a anterior a cualquier presente. En este sentido, podríamos decir que el síntoma de este il-y-a es el retroceso de lo absolutamente otro que constituye la condición del aparecer de cuanto es.
credulidad y revelación
diciembre 5, 2020 § Deja un comentario
Una cosa es caer en la cuenta y otra, dar por descontado. Así, caemos en la cuenta de que vamos a morir cuando el médico nos dice que nos quedan apenas pocos meses —o, en su defecto, cuando meditamos sobre nuestro final a la socrática. Memento mori. Los cartujos, no en vano, cavaban a diario su propia tumba. Sabemos que no somos inmortales. Sin embargo, en el día a día, vamos haciendo como si lo fuésemos. Es cierto que no se trata de caer en la obsesión. Pero nuestra existencia carece de verticalidad donde obviamos el acontecimiento fundamental: que vivimos dentro de un plazo (y que por eso mismo, el simple hecho de estar-en-el-mundo es un milagro). Al fin y al cabo, o vivimos de espaldas al milagro o conforme al mismo. O inercia o interrupción —horizontalidad o profundidad. El cristianismo añadirá, por su parte, otro caer en la cuenta: Dios no es, en verdad, el que suponemos espontáneamente, sino el que cuelga de una cruz (y que, por extensión, los otros son nuestros hermanos). Todo un vértigo. Pues ¿acaso podemos incorporarlo como quien no quiere la cosa? ¿Es que hemos sido sacudidos por el hambre del hambriento más allá de una epidérmica y puntual compasión? La credulidad consiste en suponer, por ejemplo, que hay Dios o vida en el más allá como quien supone cualquier otra cosa. Pero la fe no es una mera suposición. Es cuestión de peso —de gravedad. Así, para un cristiano, la muerte del hermano pesa más que la propia. Y por eso vive para los que no cuentan. En modo alguno es casual que, con respecto al Dios del cristianismo, hablemos de revelación y no de iluminación. Y es que la revelación siempre tiene algo de inaceptable. Aunque nos alcance en lo más íntimo.
milagros
diciembre 3, 2020 § 1 comentario
Hay milagros. Basta con que haya un hombre o una mujer buenos en medio del horror para creer que la bondad es sobrenatural. Y es que lo imposible no es tanto lo inexplicable como lo que el mundo no puede admitir.
Joan Anton
diciembre 2, 2020 § Deja un comentario
Fama —la única gloria a la que podían aspirar los hombres, según los griegos—, ninguna. Pasó por la vida, más bien, con discreción. Lo que sí fue es un hombre bueno. El otro día nos dejó, de manera repentina, Joan Anton Pàmies, que durante tantos años prestó diversos servicios en la institución cultural-educativa del CIC, y últimamente, en la recepción de Virtèlia. Su sola presencia, afable y siempre dispuesta al servicio, creaba ese clima de acogida que siempre ha caracterizado al centro. Joan Anton fue algo así como el hermano Gárate del CIC. Los que tuvimos la suerte de tratar con él fuimos afortunados. Pues, por su manera de encarar la vida, estamos un poco más convencidos de que la bondad lo es todo.
entomología básica
diciembre 1, 2020 § Deja un comentario
Observar desde la terraza a las chicas vestidas de fiesta un viernes por la noche. Su ansia es patente bajo la excusa de la diversión. Puede que esta sea la ocasión en la que encuentren a quien atar (o atarse, da igual: la cuerda será idéntica). Podrán decirse a sí mismas (y a las demás, sobre todo a las demás) que ya no serán las últimas. Algo parecido podríamos decir del otro género, aunque quizá sean menos sutiles. Son cosas de la juventud, se dice con ganas de dejarlo estar. De acuerdo. Pero también podemos ver mucha soledad (y a veces incluso tristeza). Al fin y al cabo, son cosas de insectos. El amor, de entrada, siempre fue un trampantojo.
cultura y cuerpo
noviembre 30, 2020 § Deja un comentario
La cultura crea el cuerpo. Un chimpancé no tiene cuerpo. Es su cuerpo. Tan solo el hombre se enfrenta a su propio cuerpo —a la carne que va con él y que no puede aceptar por entero. Un chimpancé no se avergüenza de su desnudez. Ningún chimpancé difiere de sí mismo. Ningún chimpancé trata de embellecer su cuerpo, ocultar la tara como si esta no fuese con él. De ahí que los cínicos de la Antigüedad dijeran que el único modo de liberarse de la impostura pasara por vivir como un perro —como un sinvergüenza. No era extraño ver a Diógenes defecando en la plaza pública. O masturbándose. Con todo, de lo que no pudo liberarse es de la necesidad de ladrar a los atenienses. En sus ladridos —en su tener que negar, en su profetismo—, aún hubo un resto de máscara. Y es que nadie puede vivir como un perro sin extinguirse como hombre.
nada o nadie
noviembre 29, 2020 Comentarios desactivados en nada o nadie
Si Dios es nada (y no el aún nadie), entonces la resurrección, fuese lo que fuese, no revela el quién de Dios. La cruz no habría sido más que la puerta de acceso a la nada. Ergo, de celebrar algo deberíamos celebrar, más bien, el triunfo de la muerte. (Y para disolverse en la nada hay, sin duda, caminos menos crueles.)
factum
noviembre 28, 2020 § Deja un comentario
Vivimos separados de lo que en verdad tiene lugar —del milagro, del carácter excepcional de cuanto es. Preferimos —y esta preferencia es original— tener las cosas bajo dominio, dejar a un lado nuestra exposición al carácter superior del puro y simple haber. Y este preferir significa que ya estamos muy a gusto con nuestra ignorancia —que no cal ir más allá de cuanto nos traemos entre manos. Aunque el precio a pagar sea el de una vida de zombis más o menos satisfechos. O quizá por eso mismo.
del error existencial
noviembre 27, 2020 § Deja un comentario
Nos seduce la belleza de un cuerpo o también los síntomas del poder. Pero debería seducirnos la inteligencia y la bondad (y no necesariamente en este orden). Sin embargo, el cuerpo impone sus derechos. Sobre todo, cuando aún no hemos vivido lo suficiente. Así, fácilmente caemos en la trampa. No es casual que Platón distinguiera entre cuerpo y alma —o siendo más precisos, entre nuestra aspiración más íntima, la que apunta a lo absolutamente nuevo o extraordinario, y las demandas de un cuerpo que, por lo que acabamos de decir, no deja de ser, al menos inicialmente, una especie de camisa de fuerza. Por eso, solemos ir de una cosa a otra… sin caer en la cuenta de que la vida es lo que vamos perdiendo mientras nos limitamos a reaccionar a las exigencias de la adaptación —mientras buscamos nuestro éxito. Las inclinaciones del cuerpo —nuestros deseos más o menos elementales— prometen, sin duda, lo nuevo o extraordinario. Pero en su lugar solo se nos entregará un sucedáneo, la novedad. Y a estas alturas, nadie ignora que el destino de la novedad es el container. Quizá sea inevitable ceder al canto de la sirena de los cuerpos. Al menos, durante una buena parte de nuestra vida. Sin embargo, como dijera Kafka, lo terrible no es su canto, sino su silencio. Y el silencio siempre viene después. Aun cuando estuviese ahí desde un principio.
más contra
noviembre 26, 2020 § 1 comentario
Montserrat Moreno, en La contra de ayer, sostiene aquello de que no necesita la hipótesis de Dios. De acuerdo. Tampoco el creyente. Dios, salvo para el mito de trazo grueso, nunca fue un supuesto explicativo. Más bien, Dios en verdad se sufre como el Dios que se encuentra a faltar. De ahí que el creyente permanezca a la espera de Dios. Aunque lo cierto es que de topar con él, no topará con Dios, sino con el hombre de Dios. Basta con leer los textos bíblicos —o mejor dicho, con leerlos sabiendo leerlos— para caer en la cuenta de lo que acabamos de decir. De hecho, la crítica a la superstición religiosa no nació con la Modernidad, sino con los profetas. Y a propósito de este asunto, uno no puede evitar una sensación de hartazgo ante una crítica que, aunque justificada hasta hace poco, al menos por aquello de los excesos de una cristiandad aliada con el poder, tiene más de ignorar de lo que se habla que de crítica.
delgaditos
noviembre 25, 2020 § Deja un comentario
Finitud significa, entre otras cosas, que no partimos de cero. Que nuestra situación no es la de un dios que contempla el mundo desde la grada o que decide arbitrariamente sobre cualquier asunto… si es que puede hablarse aquí de decisión. Todo nos afecta en mayor o menor medida. Porque somos cuerpo, nuestra inteligencia está mediada. La distorsión es un asunto íntimo. Así, no cabe poseer lo que implícitamente sabemos. Lo tácito es siempre un punto de partida insoslayable. Aunque quepa cuestionarlo —esta es, de hecho, la tarea del filósofo—, no llegamos a obtener una respuesta que no sea la de la abstracción (y por eso mismo, difícilmente incorporable). La cuestión de la verdad no es la de su criterio, sino la quién es su sujeto. Y no parece que la respuesta sea el hombre. Al final, quizá nuestra única opción sea la de responder a una demanda. No en vano nadie quiere nada —y querer no es lo mismo que desear— mientras no sepa que quiere de él su padre, aquel que, precisamente, tuvimos que perder de vista para que nos alcanzase su voluntad —su testamento.
modos de leer
noviembre 24, 2020 § Deja un comentario
Leo en un libro de Peter L. Berger —Cuestiones sobre la fe— que, según la Biblia, la bondad de Dios es un aspecto necesario de su naturaleza. De hecho, se trata de una convicción común. Sin embargo, los autores bíblicos no entienden la bondad de Dios como un atributo de Dios. En realidad, YWHW carece de entidad. No es un algo —o alguien— del que podamos decir algo. Es lo que tiene un Dios que se ofrece como un Dios por venir. De ahí que cuanto podamos decir de Dios en presente indicativo tendría que leerse desde el tono del imperativo. Así, decir de Dios que es bueno equivale a decir que debería serlo… teniendo en cuenta que seguimos con vida. La misericordia de Dios es, casi literalmente, una medida de gracia. Y es que, bíblicamente, todo se contempla desde la situación de quien se halla sub iudice ante Dios. En este sentido, no es casual que la primera aparición de YWHW en la tierra sea aquella en la que Caín es interpelado por el lugar de Abel.
extinción y realidad
noviembre 22, 2020 § Deja un comentario
La desaparición se halla inscrita en el tuétano de lo real. Frente a la tradición de la metafísica clásica, el tiempo en modo alguno debe entenderse como la degradación de cuanto es. Al contrario. Y es que la alteridad avant la lettre —lo esencialmente extraño o inasimilable que hay en lo otro en cuanto tal— se hace presente en la misma medida que, en sí mismo, no se hace presente. En ningún caso vamos a ver el carácter otro de cuanto vemos. De ahí que siempre se dé por supuesto. Ahora bien, decir que lo real es porque no es (y vicerversa) es lo mismo que decir tiempo. Todo presente se halla preñado de un fue absoluto. Y por eso mismo, de una eterna promesa. Pues el mundo es lo que es en tanto que tiene pendiente el carácter otro de cuanto es.
el Dios de Job
noviembre 21, 2020 § Deja un comentario
El Dios que se revela a Job no parece que esté muy preocupado por su sufrimiento. De hecho, no se interesa por nadie, lo cual resulta cuando menos extraño, tratándose de un texto bíblico. Ante YWHW, Job es como una mota de polvo. Sin embargo, el discurso final de YWHW tampoco debería soprendernos tanto. ¿Acaso no le diríamos lo mismo a una pulga que nos preguntase por su lugar en el mundo? Esto es lo que hay. No pretendas entenderlo porque no puedes entenderlo. En definitiva, la moraleja del libro de Job es simple. El hombre no puede hacer más que permanecer expuesto al misterio de Dios y obedecer al mandato que se desprende de su radical trascendencia, el que nos obliga, precisamente, a cuidar de la vida que nos ha sido dada como excepción, confiando que, al final, todo terminará bien. La fe nunca se resolvió como un saber acerca de Dios. Ni siquiera hipotético.
advaita
noviembre 20, 2020 § Deja un comentario
No hay dos, sino uno —no hay separación, sino unidad. El mundo donde las cosas se distinguen entre sí es una ilusión. No hay, por tanto, distinción entre mente y materia. De hecho, cualquier separación resulta artificial. Todo es un continuo. Y no hay nada más que el todo. Estas son, como sabemos, las tesis del pensamiento o la espiritualidad no dual. No hay, por consiguiente, caída. En ningún momento fuimos arrancados del absolutamente otro. La noción de alteridad es un trampantojo de la conciencia desgraciada. Bien y el mal serían, por extensión, perspectivas. Únicamente sucede el suceder. Así, podemos creer que hay bendición al contemplar la quietud de un paisaje. Pero si nos acercamos veremos que entre las briznas de hierba la mantis religiosa devora al macho que la fecundó. El horror es el envés de la belleza. Ninguna redención en el horizonte. Pues, no hay nada que, estrictamente, deba ser redimido. Auschwitz se halla en el mismo plano que la sonrisa de un niño. Desde esta óptica, la acusación de nuestras víctimas es puro histrionismo. Se equivoca, pues, el bodhisattva, que habiendo alcanzado la iluminación, renuncia a entrar en el nirvana por compasión hacia los que sufren. Obviamente, estamos en las antípodas de una sensibilidad bíblica, según la cual la conciencia, lejos de disolverse en el todo, debe acentuar su resistencia al todo en nombre, precisamente, del carácter sagrado de la infancia. O por decirlo de otro modo, en nombre de un tener que responder a la demanda que nace de los estómagos del hambre. No es casual que Nietzsche viera en las tradiciones orientales la expresión más certera del nihilismo. Pues el nihilismo es el destino de quien contempla el mundo desde la distancia de un dios. Puede que quienes observan el mundo sub specie aeternitatis estén en lo cierto —y que nuestro escándalo ante la desproporción de la barbarie sea una simple reacción emocional. Pero también es posible que la verdad esté del lado de quien se enfrenta a lo cierto. Cuando menos porque la verdad, antes que una descripción de lo que simplemente sucede, es un tener lugar. De ahí que o bien no haya nada que esperar; o bien tan solo cabe esperar lo que, por imposible, aún no ha tenido (el) lugar. Y lo imposible —lo que el mundo en modo alguno puede admitir— no se decide desde nuestro lado. Aunque tampoco solo desde el de un dios interventor.
quien sabe
noviembre 19, 2020 § Deja un comentario
Ciertamente, comenzamos a saber de qué va el asunto con la experiencia. Pues solo la experiencia nos permite generalizar. Así, quien sabe de vinos —o de mujeres— es porque es capaz de exponer lo que tienen en común. Sin embargo, la expresión máxima del saber no la encontramos en la generalización, sino en el poder reconocer el carácter excepcional o sin medida de un caso singular. Tan solo quien sabe de vinos puede decir que tal o cual vino es único. Como si ese vino fuera el vino. Al fin y al cabo, no hay otra realidad que la encarnada.
(Y quien dice realidad, dice Dios. Una divinidad que se redujera a los rasgos comunes de los dioses habidos y por haber no dejaría de ser un mero concepto, una abstracción. Flatus vocis. Literalmente.)
más Platón (en breve)
noviembre 18, 2020 § Deja un comentario
Hay más realidad en lo invisible que en lo visible. Pero lo invisible no es una cosa invisible —algo que podríamos ver de cruzar la puerta que nos separa de la dimensión oculta—, sino lo eternamente invisible. Pues lo real aparece en tanto que desaparece en su carácter de algo otro en verdad. De ahí que el horizonte de cuanto aparece sea la desaparición. Y de ahí también que tan solo caigamos en la cuenta de su valor real, una vez han dejado de estar presentes.
mística y religión
noviembre 17, 2020 § 2 comentarios
Cuando la humanidad comenzó a creer en dioses dejó atrás la posibilidad de permanecer en el asombro: el acontecimiento —el puro haber— se hizo mundo. La rosa ya tenía un porqué.
subiéndonos a la parra
noviembre 15, 2020 § 1 comentario
La pregunta no es si hay o no hay Dios —hace tiempo que la Modernidad zanjó este asunto—, sino desde qué situaciones deviene epistemológicamente legítima, por decirlo así, la invocación de Dios, en el doble sentido del genitivo. Y no porque Dios permanezca oculto a la manera de un deus ex machina —el cual solo se hace presente hacia el final de la tragedia—, sino porque su realidad no es la del ente. Ni tampoco la de una masa ígnea o el de un poder magnético. Quizá solo comencemos a intuir por donde van los tiros de Dios, una vez caemos en la cuenta de que los tiempos de lo real no son los del presente indicativo, sino los de un pasado inmemorial (y acaso, por eso mismo, los de un eterno porvenir).
one more thing
noviembre 14, 2020 § Deja un comentario
En los tiempos del amor líquido, los amantes apenas superan el horizonte del intercambio emocional. Nos gustamos, nos juntamos y luego… no parece que haya algo más que una rutina compartida. Oficio. Y es que ningún consumidor termina de aceptar la costumbre. Prefiere renovar. Otro asunto es que pueda hacerlo. De ahí que, donde el otro difícilmente representa algo que trascienda el motivo de una reacción afectiva, los amantes con el paso de los días se limiten a negociar.
extrañeza y realidad
noviembre 13, 2020 § Deja un comentario
Lo real, si lo pensamos bien, es de por sí es extraño. Se trata de algo que va con lo Otro en cuanto tal. Pues lo Otro es, por defecto, lo que del otro no cabe asimilar —ese resto eternamente invisible de lo visible. De ahí que nos aproximemos en mayor medida a la realidad de cuantos nos rodean donde tenemos en cuenta lo que representan —y lo que representan siempre apunta a lo que se encuentra más allá del sí mismo— que donde simplemente nos limitamos a reaccionar a lo que ofrecen de estimulante. Cuando menos, porque lo estimulante no tiene nada de extraño. Así, para quien sabe verlo, una mujer, pongamos por caso, es antes una diosa que una hembra. Sin embargo, hoy en día no lo tenemos fácil para verlo. Y es que hace tiempo que los dioses —y su altura— huyeron a un pasado acaso irrecuperable.
asombro y melancolía
noviembre 12, 2020 § Deja un comentario
Una cosa es el trato diario con tus hijos —darles de comer, preguntárles por los deberes, jugar con ellos… — y otra, ese mismo trato desde la óptica del milagro (aunque entonces el trato de algún modo se interrumpa o no fluya igual). Y lo milagroso —lo que provoca nuestro asombro— es que estén ahí: vivos, independientes, más allá de los motivos del intercambio. Ahora bien, quien logra vislumbrar el milagro donde los demás tan solo vemos negocio o costumbre difícilmente podrá evitar caer en la melancolía, esa tristeza amable, incluso sonriente. Pues, a diferencia de la nostalgia, la melancolía surge de un anticipar el final. Se trata del sentimiento de quien abraza el presente habiendo regresado de lo que aún está por venir. Todo nos es dado dentro de un plazo. De ahí que la pérdida sea el horizonte de la aparición —y por eso mismo, la fuente del valor. La melancolía —que no la depresión— siempre fue el oscuro dorso de la sabiduría.
de la docta ignorantia
noviembre 11, 2020 § Deja un comentario
Nadie comprende nada hasta que no cae en la cuenta de que lo invisible sostiene lo visible. Pues la condición del presente es la ocultación —el retroceso, la des-aparición— de lo que se hace, de hecho, presente. Esto es, de lo otro en cuanto otro. Estamos en el tiempo porque la condición del mundo —la condición de la presencia— es la fuga de lo real en su carácter absoluto u otro. Por eso mismo, lo invisible —la alteridad avant la lettre— no es una cosa invisible, sino una falta, un eterno por ver. Existimos en la ausencia del Otro —de lo que en verdad es. De ahí que el mundo, ante la irreparable extrañeza de la alteridad, se cargue con el aura de lo ilusorio —de lo que aún está por decidir.
y ahora Platón en un par de frases
noviembre 11, 2020 § Deja un comentario
En el mundo, no hay justicia, ni belleza, ni bien —solo apariencias de lo justo, la belleza, el bien—, precisamente, porque hay justicia, belleza, bien. Aunque no para nosotros.
Platón en una sola frase
noviembre 10, 2020 § Deja un comentario
En el mundo, no hay justicia, ni belleza, ni bien —solo apariencias de lo justo, la belleza, el bien— porque hay justicia, belleza, bien.