títeres

febrero 18, 2024 § Deja un comentario

La crítica ilustrada a la superstición, a pesar de sus logros, terminó tirando al niño junto con el agua sucia. Y aquí el niño es el poder cognoscitivo o revelador de lo simbólico. Es cierto que el gen —las hormonas— te hacen ver cosas que habitualmente no ves: cualquier mujer como diosa; una rata como un plato de la nouvelle cousine; un cadáver, como comestible. Así, es inevitable, por ejemplo, creer que somos títeres de un gen egoísta. ¿Superstición? No me atrevería a decirlo. Tampoco, casi nadie hoy en día. Aunque el término títeres sea, de hecho, una metáfora —un esto como aquello. De hecho, es nuestra metáfora. El lenguaje es un conjunto de metáforas. O mejor dicho, un idioma es un texto —una textura. Y todo lo vemos —todo se nos aparece— a través de un idioma.

La cuestión es qué texto revela lo que hay más allá de cuanto hay, esto es, del todo. Pues los diferentes textos no poseen el mismo alcance. Y es que no parece que sea lo mismo decir que somos títeres de un gen egoísta que decir, pongamos por caso, que existimos como arrancados. Esto último no niega lo primero —aun cuando añada que no solo somos títeres. La metáfora del gen egoísta, en cambio, rechaza que podamos ser algo más. No nos enfrentamos simplemente a textos distintos.

La metáfora hace mundo. Y por eso mismo —porque es palabra justa— es, de entrada, verdadera. En tanto que la metáfora hace mundo, no cabe dudar de su adecuación. Pues no hay hechos anteriores a las metáforas fundadoras. En realidad, presuponer lo contrario —a saber, que hay hechos puros, al margen de la significación— es ya de por sí una metáfora, la que dio pie, precisamente, a la Modernidad. La fragmentación —entender la metáfora únicamente como un bello modo de hablar, y no como hallazgo— fue siempre diabólica. Literalmente.

Sin embargo, no es fácil determinar qué texto está más cerca de la verdad —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Pues, como acabamos de decir, no hay hechos con los que contrastar las hipótesis. Las metáforas que hacen mundo producen los hechos que las confirman. A la hora de dilucidar qué texto da en el clavo —o, cuando menos, un primer golpe— no tenemos más remedio que enfrentarnos a la vieja pregunta de la metafísica: de qué hablamos cuando hablamos del haber en cuanto tal. Es a partir de las respuestas a esta pregunta —unas respuestas, en cualquier caso, paradójicas— que se abre el espacio para el lenguaje significativo o, si se prefiere, para la metáfora más cercana a lo real. Es decir, para el mundo más próximo a lo que en verdad acontece, a la negación de la nada del puro haber. Consecuentemente, si al principio fue la no-nada —el Sí, la Voluntad, la negación de la nada—, el poder de afirmación de la metáfora verdadera solo puede entenderse como el eco de esta negación primordial, anterior a los tiempos.

Así, es verdad, pongamos por caso, que María fue virgen. Pues el mal no alcanzó lo más íntimo de ella. Pues solo como virgen pudo amar como don de Dios al que probablemente fuese el hijo de una violación. No estamos hablando de algo fácil, ni siquiera de algo moralmente exigible, sino más bien de lo imposible. Y lo imposible siempre apuntará a que haya algo en vez de nada —al acto creador, al Sí como doble negación. La superstición surge solo cuando nos servimos de las imágenes de lo imposible… habiendo perdido de vista la situación en la que estas se nos impusieron como verdaderas. Al fin y al cabo, una vez olvidamos las historias humanas que hay detrás de la metáforas fundadoras. Y quizá demasiado humanas.

el pueblo de la Alianza

febrero 17, 2024 § Deja un comentario

La Alianza no fue un pacto político. De hecho, los pactos políticos con la divinidad se daban por descontado… una vez se ocupaba un territorio. Cada territorio —cada pueblo— tenía su dios, el amo del lugar. Se sobreentendía que la protección implicaba una serie de contraprestaciones. Un pacto político supone un toma y daca. Ahora bien, no da la impresión de que el pacto que Dios establece con Abraham sea de este tipo. El “estaré siempre con vosotros” es más bien un pacto de amor —y aquí deberíamos prescindir de las connotaciones románticas—… lo cual no deja de resultar sorprendente tratándose de la divinidad. Suena a jamás te abandonaré.

Sin embargo ¿quién es el que estará siempre ahí? ¿Qué tipo de Dios? ¿Acaso Dios no se le reveló a Abraham como el Dios de la promesa de Dios, en el doble sentido del genitivo; en definitiva, como un Dios por venir —y por eso mismo, como el porvenir de Dios? Ciertamente, ¿De qué se trata entonces?

Si unimos los cabos, fácilmente llegaremos a la conclusión de que la Alianza significa que Israel permanecerá, como pueblo de Dios, a la espera de Dios. Como si el porvenir de Dios fuese una especie de mosca cojonera para los hijos de Abraham. En esto consiste la fidelidad de Dios. Y por esto Dios es Dios. Dios en verdad nunca fue el dios de un lugar. Para Israel, el exilio será una constante histórica. Dios no es de este mundo. Ni tampoco de uno paranormal. En cualquier caso, el Dios del final de los tiempos —de una nueva humanidad.

No hablamos, por tanto, del compromiso de un deus ex machina. El envés de la fidelidad de Dios es, precisamente, la fidelidad del creyente, su fe. No obstante, y porque se trata de un envés, lo que se desprende de ello es que no habrá otro presente para Dios que el del hombre de Dios. SI tú crees en mí, Yo soy —si no crees, no soy, reza una sentencia talmúdica. Pues eso.

No es casual que el cristianismo no quisiera prescindir, a pesar de Marción, de su vínculo con Israel. De haber triunfado Marción, difícilmente seguiríamos confesando, si es que aún somos capaces, que el crucificado no fue un enviado de Dios, entre otros, sino el cuerpo de Dios. Y esto ante el crucificado.

la Gioconda

febrero 16, 2024 § Deja un comentario

Lo de menos es la Gioconda de carne hueso. La Gioconda de Da Vinci ocupó su lugar. Esta es la presente —esta, y no la otra, es la Gioconda. A nadie le importa quién fue. Algo parecido podríamos decir a propósito de la encarnación de Dios. Una vez se hizo carne, Dios-en-sí devino un espectro sin sustancia… si es que alguna vez la tuvo. Pues, al igual que no hay otra Gioconda que la de Da VInci, no hay otro Dios, dice el cristianismo, que el que colgó de una cruz.

nada y no-nada

febrero 15, 2024 § Deja un comentario

Si Dios es la salida de sí hacia lo otro de sí —hacia aquello que lo niega—, entonces la Creación es la liberación de Dios. Y es así que, haciéndose cuerpo, llega a ser el que es. Al principio era el Sí. Es decir, la no-nada.

hojas de morera

febrero 14, 2024 § Deja un comentario

Si a los gusanos de la seda se les apareciese el niño que juega a cuidarlos y verlos crecer, no podrían evitar la impresión de que han visto a un dios. Por supuesto, se equivocarían. Para esos gusanos, el niño solo puede ser un dios en apariencia, es decir, un ídolo. Puede que aún no hayamos asimilado —por no decir, aceptado— que Dios en verdad no aparece como dios, sino como un apartado de Dios (y por Dios). Que su desmesura es la de su vaciamiento de sí y no la de lo gigantesco.

Alicia en el país de las maravillas

febrero 13, 2024 § Deja un comentario

La experiencia de lo sagrado es consustancial a la existencia. Pues la experiencia fundamental de la existencia es la aparición. Hay momentos en que tu mujer, tus hijos, el amigo… —al fin y al cabo, cualquiera— aparecen como lo que son: fantasmas, seres del más allá, vida que se nos ha dado desde el horizonte de la nada, en definitiva, de un puro haber. Milagro.

Este momento de la sensación verdadera, sin embargo, debe ser preservado. Pues el tiempo es un disolvente implacable. Frente al tiempo somos impotentes: ningún corazón puede soportar tanta verdad. Lo sagrado se da junto con lo profano. En el día a día, tendremos que tratar con el cuerpo de los fantasmas —y el trato no siempre será amable. La reacción se impone a la adoración.

Acaso la principal aportación del testimonio bíblico sea que nada hay más sagrado que la vida. Con la Biblia, lo sagrado se desvincula de las piedras, en definitiva, de lo gigantesco. De ahí la necesidad de marcar la cotidianidad con los signos del don: no olvides. Porque la tendencia es a olvidar. Y de ahí también la razón de ser de la Ley: cuida de lo que te ha sido dado… como si te fuera en ello la vida. Pues te va la vida. Aunque espontáneamente creamos que la vida es mera supervivencia.

mirmecología básica

febrero 12, 2024 § Deja un comentario

El sujeto de la reflexión no es el mismo que el de la creencia. Esto es lo que, en definitiva, hay detrás de la sentencia platónica que dice que una vida reflexionada —una vida que se examina a sí misma— tiene más valor que una vida sin reflexionar. Ambas vidas no juegan en la misma liga.

Ahora bien, la pregunta es por qué no se trata del mismo sujeto. Y la respuesta es simple: el sujeto de la reflexión, sobre todo modernamente, es hijo de la sospecha. En este sentido, no puede evitar interrogarse por lo que está haciendo cuando se dirige espontáneamente a Dios. Esta era, según Martin Buber, la enfermedad de nuestro tiempo, una enfermedad del espíritu. Al sujeto moderno de la reflexión, en el caso de que se apareciese la Virgen, casi inmediatamente se preguntaría si acaso no estará sufriendo una alucinación. Aun cuando siguiese impresionado con la aparición, no podría creer en ella.

Sin embargo, en los abismos de la existencia las apariciones dejan de estar bajo sospecha. Y lo dejan de estar porque tienen un cuerpo humano, demasiado humano. Así, las prisioneras de Bergen-Belsen no dudaron de que se les apareció Satán bajo el aspecto de Irma Grese, el ángel de la muerte. Aunque también es posible que se les apareciese el ángel de la luz bajo la forma de un gesto de bondad. Es cierto que sub specie aeternitatis no hay diferencia entre las torturas indescriptibles de Irma Grese y el abrazo de una madre. Todo son cosas que pasan: acción y reacción. Pero la pregunta es qué visión es más realista: si la de quien contempla la historia como el mirmecólogo las hormigas o la de quien la sufre. Al fin y al cabo, acabamos topando con la ontología. Y ello en nombre de las víctimas.

Así, o lo real es naturaleza muerta —y en este caso, el mirmecólogo tiene razón—; o es la alteridad que nos sale al encuentro (y por eso mismo, exige una respuesta). Si lo primero, entonces el mirmecólogo no es de este mundo —pero el mirmecólogo forma parte del mundo. En cambio, si es cierto lo segundo, entonces el mirmecólogo, sencillamente, se equivoca: no ve lo suficientemente lejos.

Ahora bien, lo anterior equivale a decir que desde la situación de quienes sufren la historia, la aparición de Satán —o, en su defecto, del ángel de la bondad— no es un trampantojo. Pues resulta inevitable ver cuanto es desde la óptica de un combate de dimensiones cósmicas. Al final, tendremos que admitir que hay más verdad en el mito que en los fríos informes del mirmecólogo. Y no porque el mito, precisamente, describa mejor.

MassHegel

febrero 11, 2024 § Deja un comentario

Hegel es difícil. No solo por lo que dice —aunque a esta dificultad, en tanto que inherente al pensar, podríamos estar acostumbrados—, sino por cómo lo dice. Hegel es un idioma que hay que aprender de oído. Por ejemplo, en la Fenomenología dice que en el saber algo consciente se realiza en algo no-consciente y lo transforma. ¿WTF? La idea es más simple de lo que parece: sin duda, el simio es capaz de utilizar un hueso como arma. Pero el simio no comprende —y por eso mismo, no puede anticipar mentalmente— que ese hueso es también un arma.

La consecuencia de esta transformación es igualmente inmediata: en el hombre lo que es nunca es lo que es. Es otra cosa. El lenguaje es siempre metáfora. Y por ende, voluntad de poder. De ahí que acaso el silencio del místico constituya la objeción más seria a Hegel (y a su lector más sagaz, Nietzsche). Y no por el lado de la fusión a la que aspira el místico. Ni tampoco por el de ver a Dios por todas partes. Sino por aquello de dejar que las cosas sean lo que son, no más. La rosa es sin un porqué. Aunque esto es así porque todo se nos da desde una nada de fondo. En el místico, el más es siempre menos. La mística, a pesar de su desbordante retórica, siempre fue un minimalismo.

llegar tarde

febrero 10, 2024 § Deja un comentario

Hacia el final de nuestra vida es posible que nos digamos a nosotros mismos, pongamos por caso, ojalá hubiera viajado más. Esto es, lo que desestimamos, aunque nos resultase enormemente atractivo, se erige con el brillo del ídolo. Sin embargo, de no haberlo desestimado, las cosas hubieran ido más o menos igual. El valor —su aura— es invisible. Y no porque sea una cosa invisible, sino porque solo alcanza el presente como lo que dejamos pasar. Con respecto al valor siempre llegamos demasiado tarde. Perdimos el paraíso.

Sin embargo, perdimos lo que nunca fue. Pues dejamos de ser unos simios una vez caímos en la cuenta del vacío que inunda el mundo.

la ironía del cristianismo

febrero 8, 2024 § Deja un comentario

Quienes permanecemos sentados en el sofá difícilmente podemos evitar leer el anunció de la resurrección como si fuera una burla: hay esperanza para los crucificados de este mundo; al final, Dios los levantará de sus tumbas para que puedan vivir la vida que les arrebatamos. Pues, teniendo en cuenta que hablamos de un imposible, ¿acaso no es como decir que no hay esperanza? ¿Podríamos tomarnos en serio a quien nos dijera que la solución a los problemas de este mundo pasa por la cuadratura del círculo? ¿No nos estaría diciendo, más bien, que la humanidad no tiene remedio? Ciertamente, hoy en día no podemos entender la resurrección ni siquiera como un hecho del pasado. En todo caso, como aquello en lo que creyeron, erróneamente, los primeros cristianos. Pero aquí la cuestión es si cabe entender lo imposible. De hecho, tampoco es que entendieran algo los acomodados de la Antigüedad.

De ahí que la pregunta sea quiénes podrán esperar lo imposible. Y en nombre de qué acontecimiento. No es secundario que el cuarto evangelio muestre la resurrección como el envés de la crucifixión. Pues en el abandonarse a Dios del abandonado de Dios está la clave de lectura del tercer día(y por extensión, de la dogmática cristológica). La esperanza cristiana cristiana está lejos de ser una expectativa razonable. La forma de dicha esperanza es, en el fondo judía, es decir, imperativa: lo imposible debe acontecer porque la bondad tuvo lugar donde no era posible que surgiese ninguna bondad.

Evidentemente, el relato de la resurrección presupone la convicción —una convicción que arraiga en el tuétano de la existencia— de que nos hallamos en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre las fuerzas del Bien y las del Mal. Para los que seguimos apoltronados en el sofá esto es ciencia ficción, algo con lo que conectamos viendo, por ejemplo, un episodio de Star Wars, pero que no podemos tomarnos al pie de la letra. Muchos de los condenados a las cámaras de gas no dudaron, sin embargo, de la existencia de Darth Vader.

Por eso me atrevería a decir que le hacemos un flaco favor al cristianismo donde, con el mejor de los propósitos, intentamos traducir el lenguaje de la resurrección a uno que cualquiera pueda digerir. Como si fuera, pongamos por caso, un modo de hablar de la inmortalidad del alma. Porque no fue un modo de hablar para las víctimas del Imperio.

afectividad moderna

febrero 7, 2024 § Deja un comentario

Da la impresión de que, cada vez más, las parejas más o menos estables son segundas intentos. Por no hablar de aquellas que pretenden confirmar aquello de que a la tercera va la vencida. Sin embargo, diría que caben dos actitudes a la hora de enfrentarse a las nuevas oportunidades: como si fuera la primera vez, esto es, haciendo tabula rasa del pasado; o como náufragos que se avistan en alta mar. El riesgo de la primera es volver a equivocarse. Pues, a menos que el primer intento fuera un error absoluto, lo más probable es que se repita el mismo esquema. Muchos fracasos, diría, tienen que ver con que nos juntamos desde la expectativa del consumidor: me gusta, lo compro; y si no termina de funcionar —o simplemente me canso—, lo devuelvo. Y con estos fardos tampoco es que podamos ir muy lejos.

La segunda actitud —la del náufrago— es, en cambio, muy distinta. Y tiene que serlo… en tanto que no hay supermercados en alta mar. Las expectativas son, ciertamente, otras. En alta mar no hay cromos que intercambiar —ningún negocio o trato, tan solo encuentro. Únicamente los muertos pueden ver la vida de los muertos que se resiste a morir —y de ahí que solo ellos puedan rescatarla. Por eso la expresión que mejor refleja el abrazo de los náufragos —¿acaso no es esto el amor?— quizá no sería segunda oportunidad, sino resurrección. Puede que en verdad no haya otra vida —otra alegría— que la de quienes vuelven con vida del sheol. Las otras vidas —las más comunes— son aburrimiento y distracción (y depende de qué pese más podremos decirnos que nos va bien o mal). Aunque lo cierto es que nadie sensatamente puede preferir hallarse en la situación de quienes no tienen otro horizonte que el de la resurrección.

soy una isla

febrero 6, 2024 § 1 comentario

Imagínate que eres el último hombre sobre la tierra. No hay nadie más. Ni siquiera zombies. Vives rodeado de lo anónimo. ¿Puede haber Dios para Robinson Crusoe —para el astronauta que ha perdido el contacto con la nave nodriza y avanza suspendido del vacío y la oscuridad del cosmos? ¿Acaso ese hombre sería algo más que su angustia? Ya no hay llanuras para el solitario —ningún horizonte al que dirigirse, ninguna luz. ¿Qué significaría en su caso invocar a Dios… de poder hacerlo? ¿Escucharía otra cosa que su silencio? Pero ¿es que no fue esta la situación del crucificado? La interpelación de Job ¿no fue más bien un grito lanzado hacia un muro de piedra? La respuesta de Dios ¿sería algo más que el eco de su clamor? ¿Que Ley se desprende de esta trascendencia —la única verdadera? El último hombre ni siquiera podría experimentar la tierra como don —como Creación. Más bien la experiencia sería la de no contar para nada, ni para nadie. Sin embargo, el punto de partida de la existencia creyente —el de su confesión— no es otro que el hundimiento de los cielos. Dios no pertenece a ningún mundo. Concebirlo a la manera de un ente supremo o un arjé supone regar fuera de tiesto. Es probable que aún estemos lejos de comprender la confesión cristiana: el Padre es el Hijo —y el Hijo, su estar expuesto al Padre, su obediencia. Pero, de permanecer fiel, ¿quién podrá dar testimonio del último hombre como Hijo? La fe siempre fue un asunto comunitario. Ninguna redención para el último hombre. No partir de ahí supone seguir con nuestros mapas. Y no hay mapa que valga para este territorio. Resulta obvio que estamos en las antípodas de dios-amigo-invisible de las interioridades naïve.

más angelus

febrero 5, 2024 § Deja un comentario

Ve adonde no puedes ir; mira donde no ves; oye donde nada retumba ni resuena; entonces estarás allí, donde Dios habla.

Angelus Silesius

es sencillamente así

febrero 4, 2024 § Deja un comentario

En la proposición 4.121 del Tractatus, Wittgenstein escribe lo siguiente: lo que en el lenguaje se expresa, nosotros no podemos expresarlo por el lenguaje. Leemos mal donde creemos que Wittgenstein apunta, religiosamente, a algo inefable. Leemos mejor donde entendemos que, con este aforismo, Wittgenstein no hace más que recoger la intuición más profunda de la metafísica, a saber, que el haber en cuanto tal no es nada en concreto. El haber en cuanto tal es no siendo nada en concreto. No cabe señalar el haber en cuanto tal. El haber solo se hace presente como el haber de las cosas. Por eso mismo el haber en cuanto tal retrocede en su hacerse presente en —y como— el haber de las cosas.

Ahora bien, porque retrocede, el haber de las cosas no termina de darse como haber. Pues el horizonte del haber de las cosas es, precisamente, su desaparición. Sin embargo, porque este es su horizonte podemos decir que las cosas participan del acto que las hizo posible, la negación de sí del haber en cuanto tal. Aun cuando comprender esto último suponga entrar en la zona pantanosa de la dialéctica más extrema —por no hablar de lo místico. Al menos, porque el haber en cuanto tal no es algo anterior a su negación de sí… a pesar de que el lenguaje nos obligue a concebirlo como algo anterior. Quizá por eso Heidegger dijera que solo los poetas, al forzar el lenguaje —al saltarse la gramática—, son capaces de dirigirse hacia lo último.

presente indicativo

febrero 3, 2024 § Deja un comentario

La mayoría de las espiritualidades son espiritualidades del presente, desde el epicureísmo hasta el budismo zen. La idea madre es simple. Se trata vivir los hechos más insignificantes, aquellos que tendemos a obviar, como milagro. Mascar un chicle, dirigirse al trabajo, que alguien esté junto a ti… son acontecimientos si sabes verlos a través del prisma de una nada de fondo. Quizá mañana estemos muertos. ¿Ilusión? No me atrevería a decirlo. Pues, en realidad, es así. Todo nos ha sido dado. También el horror.

Sin embargo, ¿es posible vivirlo como quien respira? No. El mundo exige nuestra adaptación y, por eso, nos obliga a reaccionar. Aunque lo cierto es que tampoco podríamos soportar tanta verdad. Ahora bien, que no sea posible no quita que siempre quepan momentos epifánicos. Pues los hay.

Con todo, la espiritualidades del presente no suelen ser las de las expoliados hasta de su humanidad. No pueden serlo. Pues el presente de los sobrantes es irrespirable. De ahí que la espiritualidad bíblica apunte a un futuro increíble: que el león coma hierba. La Biblia no proporciona una espiritualidad entre otras, aun cuando, ciertamente, podamos encontrar acentos comunes, al menos porque la tradición bíblica parte de la experiencia del don. Y para verlo basta con tener en cuenta que, bíblicamente, ni siquiera Dios admite el presente indicativo.

Raimon

febrero 2, 2024 § 1 comentario

Ayer, tomando un café en Caspe, se me apareció Dios. Una vez más. Era Raimon, el indigente del lugar —y como indigente no estaba mentalmente muy fino. Me habló de sus padres, de su infancia. Una completa desgracia. A la calle. ¿Deliraba? Quizá. Pero se non è vero, è ben trovato: podría perfectamente no estar delirando. La situación tuvo algo de insoportable. ¿Cómo podía soportar dejarlo ahí y seguir con lo mío? Y luego dirán que Dios es el amigo que siempre nos acompaña (y nos ama con locura). ¿Sí? No lo parece, en el caso de Raimon. Sin embargo, ¿quién podrá dejar todo atrás y sacar a los Raimon de la sima en el que se hallan? No es una cuestión de valor. O mejor dicho, el valor no es lo que viene primero. Es posible que nunca caigamos en la cuenta de lo que supone confesar que la voz de Dios es la de quienes sufren en sus carnes su trascendencia. Y esto es lo vertiginoso. Al menos, para quien haya sido rozado por el aliento de Dios —y Dios padece halitosis. Quizá no sea casual que los elegidos —desde los profetas hasta los santos— no sean, precisamente, aquellos que, de entrada, proclaman lo a gusto que se encuentran sintiéndose cerca de Dios.

noche oscura

enero 31, 2024 § Deja un comentario

Todo creyente debe pasar por Getsemaní. ¿Cómo, si no, llegará a la fe? ¿Acaso quien topa con Dios no topa, de entrada, con un muro de silencio? El cristiano ¿acaso no confiesa al crucificado como Hijo de Dios? Si Jesús es proclamado como Dios es porque Dios se reveló como el cuerpo que cuelga de una cruz. Y esto no deja de las cosas de Dios como estaban. Es posible que aún estemos lejos de caer en la cuenta del alcance de la proclamación cristiana.

del deber

enero 30, 2024 § Deja un comentario

El deber moral no contiene ninguna promesa. De ahí su incondicionalidad. Ya sabemos: hay que respetar al otro por respetarlo. Sin embargo, detrás hay una metafísica, por así decirlo. Y es que no podemos hacer más que respetar al otro… en tanto que su alteridad es inalcanzable. Pues el respeto preserva la distancia de la alteridad. El otro, en cuanto tal, es un fantasma —en sí mismo, un nadie, un intratable , un continuo diferir del aspecto que nos muestra y con el que nos vemos obligados anegociar. Las máximas morales —el no robarás, el no matarás…— pretenden la incorporación en el día a día de lo que en el día a día damos por obvio —y por eso mismo obviamos.

Con todo, Israel no pudo —ni quiso— prescindir de la promesa. Tampoco Kant, aunque él la concibiera como postulado de la razón práctica. El porqué es, en el fondo, simple: donde nos encontramos or entero sometidos a la demanda del otro —a la llamada de los nadie— resulta inevitable esperar que la fiesta terminará a favor del justo. Aunque ello suponga el fin del mundo. Esto es, lo imposible.

del imaginario

enero 29, 2024 § Deja un comentario

La crítica ilustrada al imaginario religioso tiró al niño —casi literalmente— con el agua sucia. Pues no podemos incorporar la verdad, entendida como aletheia, sin el apoyo de las imágenes. Así, pongamos por caso, es un milagro que haya alguien ante ti. Desde el fondo de la nada, el otro, en verdad, es siempre una aparición . Sin embargo, en el día a día, no lo parece. En el tiempo diario, prevalece el trato —y en última instancia, todo trato es un mal-trato, incluso de mediar las buenas formas. De ahí la importancia de preservar en quien tienes frente a ti una zona intocable o sagrada: no olvides que su vida no te pertenece. O también, y según cuenta la tradición, la violencia no alcanzó el corazón de María. Pero esa realidad queda oscurecida por la María de carne y hueso. Para que esa pureza se haga presente necesitamos representárnosla como inmaculada. Sin embargo, este el riesgo: que la imagen termine ocupando el lugar de la María de carne y hueso, de la historia que hay detrás. Y de ahí a parecer unos iluminados media un paso. Por no decir, unos estúpidos.

obviedades

enero 28, 2024 § Deja un comentario

Creo que nos equivocamos al dar el cristianismo por obvio, aunque hoy en día se trate de una obviedad entre otras (y sin destacar). La existencia cristiana es, de hecho, una demencia —una desproporción. No me refiero —es obvio— a la práctica del cristianismo burgués o woke. De hecho, lo obvio es lo siempre obviado. Basta con suponer, aunque tampoco es que tengamos que esforzarnos demasiado, que lo normal es llevar una vida a resguardo de los excluidos. Y digo normal, no solo porque sea lo habitual, sino porque suponemos que este hallarse a resguardo ha sido normalizado por una creencia del tipo que cada uno aguante su vela (y si se quiere, podemos añadir unas dosis de karma). Pues en este contexto, imaginemos que hubiera quienes no pudieran soportar que hubiese hambrientos a causa de nuestro pasar de largo. Y que, en consecuencia, se dedicaran en cuerpo y alma a darles el pan de cada día. Como si no hubiera más. ¿Acaso no los veríamos como exagerados? Aunque también cabría que, con su ejemplo, nos sacaran del quicio del hogar. Y en ese caso habríamos sido contagiados por su delirio.

lo serio

enero 27, 2024 § 1 comentario

El mayoritario desprecio actual por lo que la Biblia tienen que decirnos sintoniza con la frivolidad con la que los más o menos acomodados encaramos la existencia. Y es que nada serio tiene lugar dentro de los muros de la ciudad —y menos, si permanecemos en el mundo virtual de un consumo sin medida. Para Israel, la cuestión última y, por eso mismo, decisiva fue la del destino del justo sufriente. Sin embargo, Israel no la planteó como una cuestión especulativa —esto es obvio—, sino como aquella en relación con la que se decide el sí o el no de nuestra entera existencia. ¿Y quién será capaz, y más actualmente, de creer que esto es en realidad así? Ningún espectador puede encarar dicha cuestión seriamente.

No me refiero —o no solo— al sentimiento de compasión —pues incluso el espectador puede reaccionar compasivamente. Me refiero a la convicción de que estamos condenados donde abandonamos al abandonado de Dios. Pero, como decía, ¿quién podrá hoy en día encarnar esta convicción? Puede que aún no hayamos comprendido que el exceso de la divinidad nada tiene que ver con lo gigantesco—o, si se prefiere, con el fondo nutricio del cosmos—, sino con el abismo que se abre a nuestros pies una vez vivimos a flor de piel que el justo no cuenta para nadie. Y parece que ni siquiera para Dios. El ateísmo de Israel —su impugnación de los dioses—, a diferencia del que comienza a dar sus primeros pasos en Grecia, arraiga antes en el clamor de Job que en la abstracción de lo divino.

El problema es que la rebelión de los esclavos de Egipto —una rebelión con la que simpatizó Lenin y que conecta con el convencimiento de que tan solo la Ley, el deber de dar de comer al hambriento, constituye la máxima expresión de la devoción creyente, al menos porque, ante Dios, tan solo nos tenemos los unos a los otros— no admite una traducción política. O al menos, una traducción que prescinda del temor de Dios. Puede que el comunismo fuese precisamente, esto: un quedarse con la Ley sin admitir que la Ley se desprende, en definitiva, de nuestro hallarnos expuestos a un Dios que anda rozando la nada.

No es casual que sea en el Talmud donde podemos leer aquella sentencia que dice que todo está en manos de Dios menos el temor de Dios, temor que apunta en primer lugar al eterno porvenir de Dios y no a la imagen, tan común en su momento por inevitable, de un terrible padre espectral. Sin embargo, hace tiempo que dejó de inquietarnos la ausencia de Dios. Y acaso este sea el mayor síntoma de la trivialidad del individuo moderno. Ya dijo Marx que, con el capitalismo, todo lo sólido se desvanece en el aire. Y quien dice lo sólido, dice lo serio.

el momento crucial

enero 26, 2024 § Deja un comentario

El cristianismo woke suele pasar de puntillas por el Gólgota. Así, entiende que el creyente, a diferencia del crucificado —aunque gracias a la fidelidad del crucificado—, ya sabe como termina la película. De ahí que suponga que, de tener que beber ese cáliz, podrá hacerlo a la manera del mártir, esperando un final feliz. Es lo que tienen los spoiler.

Sin embargo, lo que acaso no tenga en cuenta el cristianismo woke es que beber ese cáliz significa que cualquier saber anterior queda en suspenso —por no decir que salta hecho pedazos. Jesús no murió como un mártir. Bajo el peso de la oscuridad más impenetrable, todo mapa se desdibuja. En el momento crucial, la fidelidad a Dios se mantiene sin Dios mediante. Difícilmente, el creyente puede seguir dando por descontado lo que dio por descontado. Colgando de un madero en nombre de Dios, Satán parece detentar la última palabra. Fuiste un iluso. Por tanto, la esperanza de crucificado —el abandonarse a Dios del abandonado de Dios— fue una esperanza sin expectativa. Y por eso los primeros cristianos llegaron a confesar lo que confesaron. Aun cuando tuvieran que pasar tres días para que cayeran en la cuenta.

un resumen

enero 24, 2024 § Deja un comentario

El Padre no existe, pero es real. Dios, en cambio, existe. Pero como Cristo. Esto es, solo como cuerpo de Dios. Tengo la impresión de que únicamente quien comprende este acontecimiento —mejor dicho, quien lo ha incorporado al cargar con la cruz de los crucificados— alcanza la madurez creyente. Otro asunto es que la devoción común necesite recurrir a la imagen de un padre espectral, el cual no deja de ser una variante del ángel de la guarda de la infancia. El problema de esta devoción es que prescinde de la Encarnación. Ciertamente, sin devoción, la fe no va más allá de la mera intelección, perdiendo por el camino su carácter confesional (y uno siempre confiesa ante aquel que le reclama, precisamente, su adhesión). La devoción es, sin duda, fe hecha cuerpo. Sin embargo, una cosa es la devoción del niño y otra la de quien, a costa de algunos momentos de gracia y muchos golpes, espera lo imposible.

no para todos

enero 23, 2024 § Deja un comentario

Es posible que los evangelios no sean para todos. Quiero decir que no será una buena nueva para quienes no aspiren a la redención —y con ello digo también que difícilmente entenderán de qué va el asunto quienes lo lean acomodados en el sofá. Los evangelios son una respuesta a la pregunta sobre qué pueden esperar los hundidos en la miseria, sea mundana o moral. Pues incluso el genocida arrepentido obtiene con la cruz una segunda oportunidad. Y esto es, ciertamente, un escándalo.

definición de nihilismo

enero 22, 2024 § Deja un comentario

Nihilismo significa el Mesías no vendrá —no habrá redención para los desesperados. Es decir, lasciate ogni speranza. El mundo es, sencillamente, un infierno para los que sobran.

Con todo, hay una una variante: el Mesías ya vino, pero no supimos reconocerlo. Se nos indicó la salida. Pero no supimos cómo dirigirnos a ella. Esta sería la variante cristiana —aun cuando esta posee una raíz judía que Kafka de algún modo recupera. Y aquí no basta con apelar a la resurrección. O al menos, no basta donde apelamos fácilmente a ella. Pues de entrada es como si dijéramos que el mundo tiene remedio siempre y cuando la tierra no sea redonda.

caricia

enero 21, 2024 § Deja un comentario

Hoy, mientras acariciaba a mi hija mayor mientras se despertaba, me decía: aquí, un milagro, una vida que me ha sido dada desde el horizonte de la nada. Todo es aparición. Ciertamente, alguien podría decirme que no hay más que reacción a estímulos; que la revelación del milagro es solo eso: un subproducto de la mente, una ilusión. Sin embargo, precisamente porque el background es la nada, hay milagro. La vida es una excepción desde una nada que es en su negación de sí… como vieran los idealistas alemanes a través de una especulación que roza lo delirante —y, antes que ellos, Plotino, Jakob Böhme o Isaac Luria. Así, a quién se dedica a calcular desde la grada —y por tanto, a quien no ve más que bolas de billar chocando entre sí— quizá habría que recordarle que el ser se dice de muchos modos.

y si no fuera verdad (2)

enero 20, 2024 § Deja un comentario

Uno comienza a comprender por qué, según la Biblia, los capaces de Dios son los abandonados de Dios, una vez se coloca en esa situación en la que no parece que haya nadie ahí que se preocupe por ti: eres despreciable. Como alguien que siempre huele mal (y por eso mismo produce arcadas en quienes se le acercan). Esto es, sin madre. En ese momento, arranca la pregunta del vértigo —y arranca desde el tuétano: ¿no habrá nadie que me quiera? Si la respuesta es Jesús desde los cielos, entonces no saldremos del mundo virtual que nos aísla de la realidad. Aunque pueda ser consolador. ¿Es el cristianismo, por tanto, un trampantojo? Lo sería si la respuesta a la pregunta del mal oliente fuese únicamente el wishful thinking de muchos sermones. Pero no lo es porque hubieron —y siguen habiendo— los Francisco de Asís . Es decir, aquellos que, bajo un cielo de plomo —y por eso mismo, en nombre de Dios, esto es, en su lugar—, terminaron abrazando a los de las pústulas. No estás solo. El problema es que los franciscos no llegan a todos. Y de ahí que la pregunta sea si habrá o no un más allá de lo que nosotros podemos hacer. De lo contrario, no hay más que buena o mala suerte —buen o mal karma.

y si no fuera verdad

enero 19, 2024 § Deja un comentario

Supongamos que efectivamente los dioses existieran y que, como dijera Epicuro, jugasen —o experimentasen— con nosotros: que fuéramos sus ratas de laboratorio. Supongamos que el horizonte de la historia no fuese un final feliz. Que el cosmos fuese el efecto del azar y la necesidad. Que los gestos de bondad fuesen, no un anticipo, sino una excepción. O mejor, algo que se da junto con la impiedad, como la luz se da con la oscuridad. Al final, tan solo el triunfo de los más crueles.

Pues bien, esto no fue lo que se imaginó el crucificado en el Gólgota. Fue lo que sufrió hasta llorar sangre. Todo lo que proclama el cristianismo comienza con esta constatación.

de muros

enero 18, 2024 § Deja un comentario

La pregunta por el lugar de Dios —por el lugar de la experiencia de Dios— solo tiene sentido donde Dios, precisamente, ha abandonado el lugar en el que, espontáneamente, se encontraba. Esto es, la pregunta por sí sola ya supone un rechazo del paganismo, de la religión natural, en definitiva, de la convicción de que vivimos en medio de poderes invisibles. Ningún pagano se preguntaba por el lugar de los dioses. En cualquier caso, por la debida forma de tratarlo. Al fin y al cabo, la pregunta por el lugar de Dios va con la de la teodicea y, por eso mismo, con el presupuesto de que el poder divino no va contra nosotros… lo cual, paganamente, es mucho presuponer.

De hecho, la respuesta a la pregunta de la teodicea —la que en primer lugar encontramos en el libro de Job— conduce a una mayor abstracción: hay bien —hay donación— porque hay Dios; pero al igual que hay mal porque hay Dios. Ahora bien, al admitirlo damos por sentado que Dios no es el ente supremo —y de ahí lo de la mayor abstracción. Pues el creyente experimenta a Dios como el Dios que se encuentra, por así decirlo, más allá del todo —y no solo por encima de nuestro mundo. El haber de Dios es el de un Dios cuya presencia es la de su ausencia o, mejor dicho, eterno porvenir (y digo eterno porque Dios no puede darse como solo Dios). Incluso en los cielos, decía Rahner, Dios sigue siendo un misterio. Lejos estamos, por tanto, de la presencia de poderes invisibles que actúan en medio de nosotros.

Así, sorprende que muchos cristianos continúen planteándose la pregunta de la teodicea. Pues la pregunta presupone un dios-ente o ex machina —y cristianamente no es aún nadie sin su cuerpo. De hecho, cristianamente ya se nos dio la respuesta. ¿Qué hace Dios? Desde arriba, nada —o mejor dicho, dejarse caer hasta colgar de un madero. Pero ¿ese colgado es Dios? Sí. Pero solo porque Dios no es solo Dios. ¿Y esto nos salva del Mal? Según Pablo, in spes modus… —y porque hubo resurrección.

Tenía razón Hegel al decir que la mayor abstracción es lo más concreto. La abstracción de Dios conduce al cuerpo de Dios. Y no porque Dios adopte un aspecto humano —como si hubiese decidido saltar el muro que nos separa de la dimensión en la que habita. En realidad, no puede adoptarlo en tanto que, en sí mismo, no es nadie aún.

demos

enero 17, 2024 § Deja un comentario

En democracia, la mayoría gana. Pero la mayoría no suele tener mucha idea sobre aquello de lo que se trata. Un voto refleja unas preferencias. Difícilmente un saber. Y las preferencias van y vienen. Por no hablar de lo poco que cuesta dirigirlas, esto es, manipularlas. Uno podría creer que la manipulación es bienvenida… si es cuestión de orientar a las masas hacia lo correcto. Sin embargo, lo correcto —si es que cabe hablar en política de lo correcto— suele difuminarse una vez el principal interés de quien ejerce el poder es mantenerse en el poder. De ahí que la demagogia —al fin y al cabo, la seducción publicitaria— sea el envés de la democracia. Los referéndums, como sabemos, los carga el diablo. Y es que no es posible resolver situaciones complejas por medio de consultas realizadas con preguntas que cualquiera pueda entender.

Evidentemente, las soluciones totalitarias, tampoco se libran de la demagogia. Al contrario, la acentúan al no contar con ningún contrapeso real. Entre Escila y Caribdis anda, por tanto, el juego de lo político. No me extraña que haya quienes crean que deben alejarse del mundo para no perder el equilibrio —o no perderlo demasiado.

rebeldes

enero 16, 2024 § Deja un comentario

El liberalismo político, al desestimar la noción de bien como categoría política, no deje otro espacio que el de la rebelión para aquellos en los que el Bien se revela, espontáneamente, como liberación: no podemos seguir viviendo como perros. Al decantarse por la meritocracia como vía de ascenso social —al fin y al cabo, un trampantojo—, el liberalismo no nos libra de la violencia: la desplaza extramuros. Quizá no sea casual que la imagen promocional del liberalismo político sea la de una ciudad multicultural, limpia de pobres.

es eso

enero 15, 2024 § Deja un comentario

La pregunta es si hay un más allá de la cruz —si hay vida, más allá del hundimiento de los cielos. Esto es, qué esperanza para aquellos a los que el mundo condena como sobrantes. Pues, de no hacernos esta pregunta, probablemente sigamos encerrados en nuestra ilusión.

Como sabemos, la respuesta cristiana es la resurrección de los muertos. Sin embargo, esta respuesta ¿acaso no está muy cerca de decir, sencillamente, que no hay esperanza?

cosas del habla

enero 14, 2024 § Deja un comentario

Que nos despidamos con la palabra adiós es significativo. Pues a Dios le debemos nuestro encuentro. Ahora bien, de hilar más fino, quizá nos demos cuenta de que este debido a Dios es el resultado del adiós de Dios.

ontología y epistemología

enero 13, 2024 § Deja un comentario

Si nada es que no aparezca —si lo real es apariencia de lo real—, la ontología no puede desligarse de la epistemología. Pues el aparecer implica alguien para quien se manifieste lo real (y por tanto preguntarse cómo es posible la afirmación de algo como algo). Pero colocar la epistemología —el discurso sobre las condiciones del saber— como fundamento del mundo conduce de nuevo a Parménides: lo racionalmente inconcebible es, sencillamente, imposible.

Sin embargo, desde el lado del ser en cuanto tal, esto es, en su carácter absolutamente otro, lo imposible se revela a la razón dialéctica como lo más real. Y no hablo de un mundo “imposible” —pues si hablamos de mundo ya hablamos de lo posible en tanto que concebible—, sino de la nada siendo no siendo. Esto es, de la negación de sí de la nada… en el seno de la nada. El arjé, en consecuencia, no sería algo, ni tampoco número o proporción, sino un acto que no admite descripción en tanto que es anterior a los hechos (o si se prefiere a los tiempos). De ahí que su lenguaje sea el del mito de los orígenes (y por eso mismo, el mito, porque da que pensar, hay que saber leerlo). No en vano Hegel dijo que difícilmente llegaremos a comprender tot plegat de seguir concibiendo lo primero como sustancia en vez de como sujeto. De ahí que la mejor introducción a Hegel acaso sea el prólogo del cuarto evangelio.

gustos

enero 12, 2024 § 1 comentario

No cabe demostrar la superioridad de Shakespeare sobre Megan Maxwell al igual que no cabe demostrar la superioridad del bien —el perdón, la bondad, la justicia…— sobre el horror. Lo ves o no lo ves. Aunque tampoco es que se vea desde cualquier punto de vista. Según la imagen platónica, uno tiene que ascender. No todo se encuentra en el mismo plano.

Ahora bien, es posible que nuestro criterio sea el que es porque estamos diseñados como estamos diseñados —y esto con independencia de si este diseño está o no determinado biológicamente. Es el viejo dilema: el Bien ¿es bueno porque el dios lo quiere; o lo quiere porque es bueno? Es posible que con el tiempo los desvaríos de los personajes de Shakespeare se vuelvan incomprensibles —¡o Mozart, insoportable! La pregunta es qué significa que esto pueda ser así. Quizá que la humanidad carece de esencia. Aunque también puede significar que todo pasa. Incluso lo verdadero. Pues, como decía el antiguo Israel, es posible que el Mesías ya haya venido y nosotros, sencillamente, hayamos pasado de largo.

contrastes

enero 11, 2024 § Deja un comentario

¿Quieres saber quién fue Mozart? Escucha a Salieri. Y probablemente comprendas, si sabes verlo, que la diferencia entre el casi sí y el es insalvable. Salieri va con el freno de mano. Todo está en su lugar. Mozart, no sabe lo que es una rienda. Hay alegría, soltura. Mucha. Pero la nota es la justa —no puede ser otra. No hay método que conduzca de Salieri a Mozart. Salieri es un muy buen músico. Mozart, siendo músico, es otra cosa.

lo común

enero 10, 2024 § Deja un comentario

El hombre, la mujer comunes creen que serán felices si tienen dinero, poder, éxito. Esto es, creen todo pasa por el tener que da el no tener qué preocuparse por el cuesta arriba, la amenaza, el no ser nadie. Sin embargo, el error consiste en creerlo —y en vivir conforme a esta creencia. Pues la búsqueda del poder que ahorra cualquier no revela nuestra inseguridad, en definitiva, nuestro miedo. Pues ¿acaso no es más feliz quien saber serlo tomando unas olivas frente al mar —quien no tiene necesidad de caviar? El que tiene de más, probablemente, podrá decirse a sí mismo que tiene asegurado su porvenir. Quizá viva tranquilamente de compra en compra y tiro porque me tica. Pero no será feliz. Pues vive anclado en su temor a perder su éxito, ese malentendido.

Péguy

enero 9, 2024 § Deja un comentario

Puesto que no están heridos, no son invulnerables. Puesto que no les falta nada, no se les da nada. El amor mismo de Dios no cura aquello que no tiene llagas. El samaritano recogió al hombre porque estaba postrado en la tierra. La Verónica limpió el rostro de Jesús porque estaba sucio. El que no está caído, no será recogido; el que no está sucio, no será jamás limpiado.

Charles Péguy

salmo 127

enero 8, 2024 § Deja un comentario

En el salmo 127 podemos leer los siguiente: si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. ¿Nos lo creemos? No digo que no podamos decirlo —pues aún cabe suponerlo, aunque sea por nuestra cuenta y riesgo—, sino si podemos proclamarlo con las palabras que nacen del estómago. Pues una cosa es defender una idea —o simplemente tenerla— y otra caer en la cuenta de lo que decimos. Y no caemos en la cuenta mientras el cuerpo no acompañe. Así, sabemos, pongamos por caso, que vamos a morir. Pero no nos limitamos a tomar nota donde el médico nos dice que apenas nos quedan tres meses de vida. En ese momento, caemos en la cuenta. Es como si, de repente, se nos abrieran los ojos… para ver lo que siempre estuvo ahí y, sin embargo, obviamos. El saber se ha hecho cuerpo.

Algo parecido podríamos decir con respecto a la creencia en Dios. Y es que cuando los autores bíblicos insisten en que solo los excluidos son capaces de Dios no dicen otra cosa que esta: que solo ellos pueden incorporar qué significa vivir bajo un Dios cuya trascendencia equivale a su desaparición o eterno porvenir.

Cherteston, enorme

enero 7, 2024 § Deja un comentario

(…) la filosofía o es eterna o no es filosofía. La costumbre moderna de decir: «Ésta es mi opinión, aunque puedo estar equivocado», es completamente irracional. Si admito que puedo estar equivocado, es que no es mi opinión. La costumbre moderna de decir: «Todo el mundo tiene su propia filosofía; ésta es la mía y la que me conviene», es una costumbre que sólo revela debilidad mental. Una filosofía cósmica no se construye para que se adapte al cosmos. Nadie puede poseer una filosofía privada más de lo que puede poseer un sol privado o una luna privada.

GK Chesterton