una nota al pie a la Genealogía

noviembre 25, 2023 § Deja un comentario

Es sabido que Nietzsche acusa al cristianismo de resentimiento. Así, dice el sacerdote: el noble no es lo que parece; es como cualquiera, un pobre hombre; su altura es aparente, una máscara —postureo diríamos hoy. En el fondo, el débil es incapaz de soportar la superioridad del noble. Lo dicho: envidia, resentimiento. De acuerdo. Es evidente que algo de esto hay. Sin embargo, la pregunta no es —o no tanto— qué nos impulsa a rebajar al macho alfa de la fiesta —o la más bella—, sino si es verdad que, ante Dios —un Dios que, estando en las alturas, guarda un silencio que espanta—, todos somos iguales. Y el que lo sea —o no— en modo alguno se decide con respecto a los motivos de una psicología particular. Que en el territorio de los sentimientos todo es mezcla es algo que ya podíamos dar por descontado. Lo que no está tan claro es qué ingrediente pesa más.

de la plata y la ganga: una breve introducción al platonismo

noviembre 24, 2023 § Deja un comentario

¿Qué es el amor de una madre? Pues, en principio, lo que debe ser: ternura, entrega, sacrificio… Sin embargo, cuando nos preguntamos qué hay en el abrazo de una madre, por poco lúcidos que seamos, caeremos en la cuenta de que no solo se manifiesta el amor al hijo. También el amor al vínculo con el hijo. No es exactamente lo mismo. Pues el amor al vínculo tiende a destruir al hijo. La cuestión es qué pesa más en ese abrazo. Pues las proporciones de la mezcla varían según sea el caso.

Con todo, podríamos preguntarnos si podría haber un amor al hijo que no suponga un amor al vínculo con el hijo. Y la respuesta es que no. El amor de una madre solo puede presentarse —llegar al presente— dejando atrás su carácter absoluto o incondicional, esto es, sin tara. En definitiva, el amor de una madre solo puede realizarse a través de su contrario, renunciando a la pureza. El amor puro no es nada en concreto —o dicho de otro modo, es no siendo nada en concreto. El amor puro tiene que negarse a sí mismo, como quien dice, para llegar a ser, precisamente, amor. Por tanto, no hay Amor, con mayúscula, para el hijo. Para el hijo tan solo el amor realizado. Es lo que tiene que el Amor —o el Bien, la Justicia, la Belleza…— solo sea siendo el amor que debe ser.

El Amor es, por consiguiente, idea. Pero no porque sea una quimera, sino porque su realidad solo puede ser pensada como lo que tuvo que desaparecer para que pudiera hacerse presente. Y sin embargo, porque el Amor es lo que debe llegar a ser, en el amor particular de una madre subsiste la exigencia de ser solo amor. Aunque, de hecho, no pueda darse en absoluto.

orar

noviembre 23, 2023 § 1 comentario

Probablemente, quienes se dirigen a Dios se sorprenderían si, de repente, se les apareciese Dios para interesarse por su petición. No puede ser —se dirían a sí mismos. Y no por falta de costumbre, sino porque, en el fondo, no ignoran aquello tan bíblico de que Dios no aparece como dios. Dios en verdad es más que dios… hasta el punto de rozar la irrealidad. ¿En que consiste, por tanto, este dirigirse a Dios que no apunta a un dios? ¿Quizá se trate de un resto del clamor que habita en lo más profundo de cada uno? ¿Acaso quien invoca a Dios no lo hace como el náufrago que arroja una botella en alta mar?

conciencia judía

noviembre 22, 2023 § Deja un comentario

Del antiguo Israel sobrevivieron dos sensibilidades, la mesiánica y la farisaica. La primera espera la aparición, si no de Dios —pues Dios no puede aparecer como tal—, la de su heraldo. Es la sensibilidad de quienes ya no pueden esperar nada del mundo —y por eso mismo claman por un nuevo comienzo. Pues para ellos el mundo es su condena. La segunda, en cambio, no sabe a ciencia cierta qué esperar. Pues vive de la convicción de que la existencia es debida al sacrificio de Dios —a su paso atrás o desaparición en favor del hombre. Es en este sentido que Dios es Padre. Pues es Padre el que deja ir al hijo a quien le dio la vida —el que corta el cordón umbilical que lo une a su madre, aunque aguarde su regreso. En este sentido, toda madre es pagana. De ahí que el centro de la espiritualidad farisea sea la Ley, un tener que responder a la donación —y por ende, el preservar la memoria de la santidad del Padre, lo que el trato, incluso religioso, tiende precisamente a olvidar. ¿Su horizonte? Acaso la bendición —pues quién se la merecerá realmente. Pero también lo imposible. Y es que del fin, al estar en manos de Dios, no podemos tener ni idea.

Así, lo que tienen en común ambas sensibilidades es la fe en el día de la reparación. De no haberla, el nihilismo estaría en lo cierto. Por eso mismo, la posibilidad de que no haya un tiempo más allá de la aniquilación es la sombra de toda fe. Y sin esta sombra, la fe es una mera suposición, el trampantojo con el que se consuela quien no afronta el peso de lo real.

creer y creer

noviembre 21, 2023 § Deja un comentario

La creencia de quien dice que siente que hay Dios no es la misma que la de quien lo confiesa ante el praetor. En el primer caso, hay demasiado psiquismo de por medio como para que el mismo creyente no se sorprendiera si topara con aquel en quien dice creer. Pues aquí no se trata de dar un paso al frente, sino de satisfacer nuestra congénita necesidad de espíritus. En el segundo, la fe apunta a la carne y al hueso del que ocupa el lugar de Dios. Cristianamente, solo vale la fe que equivale a un dar fe. El creyente que se dirige a Dios prescindiendo de la carne y el hueso, se dirige, de hecho, a cualquier dios. Y de estas lluvias los lodos transconfesionales.

lo que resta

noviembre 20, 2023 § Deja un comentario

¿Qué vienen a decirnos los evangelios? Pues que hay vida tras la muerte. O mejor que cabe volver con vida de la muerte. Que la muerte —el Mal— no tiene la última palabra. Ahora bien, esto no debe entenderse inicialmente como si hablásemos de la supervivencia del alma en otro mundo o de la posibilidad de convertirse en un zombi, aunque sea en plan bonachón. Hablamos de lo que queda de Dios donde pisamos los infiernos de este mundo. Y lo que queda son aquellos hombres y mujeres que ofrecen un gesto de perdón a sus verdugos: su violencia no pudo con la llamada a la bondad. Es decir, algo imposible —e imposible porque el mundo no sabe qué hacer con ese gesto, porque no entra dentro de sus posibilidades. Sin embargo, ¿cuál es el futuro de este acontecimiento si es que tiene alguno? Lo ignoramos. Aquí no hay saber, ni siquiera hipotético, sino en cualquier caso un debe suceder en nombre de. La esperanza creyente nunca fue una expectativa razonable. Y puede que sea por eso que incluso con respecto a la verdad de Dios estamos en manos de Dios.

ver objetivamente

noviembre 19, 2023 § Deja un comentario

Aunque no nos lo parezca, un lobo con piel de cordero, sigue siendo un lobo. Y lo sigue siendo porque su conducta es la del lobo. Esta sería básicamente la tesis de los denominados sociobiólogos. Evidentemente, la cultura influye. Pero solo inhibiendo o canalizando una respuesta que en el fondo se encuentra genéticamente determinada. Así, si estamos obligados por el gen a establecer jerarquías entre nosotros, no hay nada que hacer… por mucho que pretendemos suprimirlas. Desde esta óptica, no debería extrañarnos que comencemos a constatar características humanas en los bonobos. Como si la distinción en el fondo fuera de grado.

Sin embargo, un lobo que se diga a sí mismo que no es un lobo —o que no debería serlo— ya no puede entenderse en los mismos términos en que entendemos la naturaleza de un lobo. Desde fuera ciertamente veremos únicamente a un lobo que afirma no serlo. O a un lobo que dice yo pienso que. Pero, aun cuando no veamos a ese yo —aunque no podamos medir la escisión interior —, difícilmente podremos negar que lo haya donde lo que observamos es, precisamente, los intentos de modificarse a sí mismo, comenzando por la ocultación de la tara, de aquello que, en su cuerpo, le avergüenza. Un lobo es cuerpo. El lobo que cree que no es un lobo tiene cuerpo. Y ello a pesar de que no pueda escapar de su dominio.

no es no (pero a veces sí)

noviembre 18, 2023 § Deja un comentario

Decía Hegel que donde la ley penetra en el territorio de lo tácito o el sentido común —donde el Estado pretende dibujar con tiralíneas la frontera, ciertamente borrosa, que separa unos cuantos granos de arena de lo que es un montón— tarde o temprano acaba envenenando el ambiente. Y si no dijo esto, algo parecido. Esto viene a cuento del sí es sí. Hay una chica, poco agraciada, o al menos ella es como se ve, a la que un chico le hace caso. No es que le guste mucho, aun cuando es, sin duda, majete. Tampoco se atreve a decirle que no. Pues teme quedarse a dos velas. Es un no pero sí. Aunque también, un sí pero no. Sea como sea, la zona es densa. Demasiado. Tampoco es una situación, sino la situación.

El caso es que si la relación llega a romper los platos, entonces fácilmente, y digo fácilmente porque la ley le proporciona el relato, esa chica podrá decirse a sí misma que en el fondo era un no —pero que en modo alguno fue capaz de pronunciarlo… porque él la engatusó y ya sabemos quiénes son los brutos). Retrospectivamente, podrá decirse así misma que hubo demasiada violencia de por medio.

Sin embargo, nadie dijo que la seducción fuese químicamente pura. ¿acaso desde el principio no era la pasión? ¿Es preferible una relación contractual, aunque incluya una miríada de cláusulas? Pero ¿qué interés tiene una película que ya sabes cómo terminará?

palabras que los nuestros ignoran

noviembre 17, 2023 § Deja un comentario

No es una anécdota. Es un problema social de primer orden. Y las escuelas —mejor dicho, sus direcciones, incluyendo, sobre todo, las de la administración—, como si oyeran llover. De momento, se dedican a matar al mensajero. Quien crea que la enseñanza mejorará procurando que los chicos desarrollen tropecientas competencias y treballant en equip fuma demasiado. La mayoría de nuestros jóvenes, sencillamente, no sabe leer. Así, tal cual. De ahí que sea incapaz de resumir un artículo de El periódico. La diferencia entre los que saben leer y los que no se acentúa cada vez más —por no decir que ya es abismal. Y se acentúa porque la escuela no sabe —ni quiere— ponerle remedio a este asunto (y digo ni quiere porque no parece que nadie esté por cogerle los cuernos a este toro). Es lo que hay, se nos repite. Vale. Sin embargo, el efecto colateral es que un profesor que pretenda tomarse en serio la enseñanza queda fuera de juego. Forma parte de un equipo cuyo entrenador ha tirado la toalla. Aunque diga lo contrario.

Inevitablemente, no hay alternativa: o nos dedicamos a los que saben leer —y a los que no, ya les pondremos un cinco—; o nos dedicamos a los que encuentran muy costoso leer cuatro o cinco páginas seguidas —y dejamos tirados en la cuneta a los que quieren y pueden aprender. Aun cuando siempre habrá quien, harto de humo, apelará a la tautología: hemos de estimular a los “mejores”, mientras procuramos “levantar” a los que se quedan atrás. Esto sobre el papel está muy bien. De hecho, es irrefutable. Pero dadas las condiciones actuales no es posible. Es como pretender edificar un rascacielos sobre terreno pantanoso.

Llama la atención que una pedagogía cuyo horizonte es la inclusión social haya terminado de facto siendo más selectiva —más elitista— que la tradicional. Mucho más. Con todo, era de prever… una vez comenzábamos a constatar que, de hecho, el proyecto se llevaba a cabo bajando el listón: en la ESO no hacer nada sale gratis (o casi). Por no hablar de que a los disruptivos —a los que bloquean, literalmente, la clase— no puedes ni siquiera sancionarlos: tienes que comprenderlos, hacerles ver, en definitiva, amarlos. No exagero: esta es la instrucción —la orden que viene de arriba. Ciertamente, no se trata de vigilar y castigar. Pero primero el respeto y luego, si se tercia, el amor. Y no hay respeto —autoridad— sin unas pocas dosis de temor. Donde las riendas las lleva el maestro, todo fluye (y para quien está en las trincheras es obvio que esto, precisamente, es lo que piden los alumnos, incluso los disruptivos… o principalmente estos). Lo dicho: fumadores. En cualquier caso, si el lenguaje es la munición de la inteligencia, pues ya nos podemos imaginar qué nos viene encima: una generación de idiotas. Eso sí, la mar de felices con sus tiktok. Y diría que el mundo laboral comienza a notarlo. Por suerte, la IA ya compensará este desaguisado cultural.

Estas son algunas de las palabras que desconocen buena parte de nuestros bachilleres —anotadas durante los últimos días:

gélido

inherente

acecho

coerción

inserto

sustancial

integrar

enguany

supresión

consumado

desasosiego

implícito

concepción

desarraigo

… y una última, aunque sea para nota: estulticia.

contrastes

noviembre 16, 2023 § Deja un comentario

Dice el paganismo: hay dioses por todas partes —o en tono menor, algo más allá de lo prosaico. Dice la Biblia: no hay dioses —en realidad, un solo Dios… del que no hay, de momento, noticia. En cualquier caso, los dioses son entes con los que debemos negociar —y Dios, si es cierto que solo Dios nos puede en verdad, no admite ninguna negociación. Según el paganismo, el poder más real —aquel que no es posible derrotar— es el de lo gigantesco o monstruoso, un poder que tanto provoca nuestro temor como puede también llenarnos de gozo. Y aquí podríamos añadir que cabe creer como paganos de un solo dios. De hecho, es lo más común en quienes aún poseen una cierta sensibilidad religiosa. En cambio, para los patriarcas de Israel el poder de Dios en verdad se manifiesta como una trascendencia que anda rozando la indiferencia, por no decir la nada. No es, ni de lejos, lo mismo.

Algo parecido podemos aún experimentar si caemos en la cuenta de que el cosmos en su exceso no nos tiene en cuenta —a pesar de las vibraciones positivas a las que podemos conectarnos de vez en cuando—: porque no contamos —porque para un cosmos lleno de piedras incandescentes apenas somos algo más que bacterias—, la vida se nos ha dado como excepción… y solo dentro de un plazo. El poder: no hay un más allá para las bacterias. Aquello que nos paraliza —la muerte— es al mismo tiempo fuente de gracia. El orgullo es, ciertamente, un error. Y llegados a este punto quizá convenga tener en mente que la esperanza en la resurrección de los muertos es aquella que surge ante la cuestión mesiánica por excelencia, a saber, qué vida pueden esperar aquellos inocentes que murieron antes de tiempo a causa de nuestra falta de compasión. Y ello en nombre de un Dios que, en su retroceso hacia un porvenir absoluto, nos ha concedido una medida de gracia. Aun cuando no podamos ni siquiera imaginar el cómo, salvo con imágenes delirantes. Pero nadie dijo que Dios, en realidad, tuviera que ver con las posibilidades de la existencia.

ir al gimnasio

noviembre 15, 2023 § Deja un comentario

Es normal. Donde el cristianismo pierde fuelle, su lugar lo ocupa, una vez más, el paganismo. Pues el paganismo es una religiosidad campesina, elemental, espontánea. Ciertamente, hoy en día una sensibilidad pagana difícilmente se concretará como antaño. Hace tiempo que las hadas y los gnomos dejaron de habitar los bosques. Pero tampoco anda tan lejos: en su lugar, la fuerza de los árboles, la energía de las piedras, el destino astral… El paganismo se ha vuelto abstracto. Como nuestra entera existencia. Sin figuras que le ayuden a incorporar la creencia, tiene suficiente con la idea de poder. El problema es que al prescindir de las figuras de lo sobrenatural —ante la imposibilidad de que su creencia se haga cuerpo—, el trato con el mundo irá por un lado —como si no hubiera otro poder que el socioeconómico— y la creencia por otro. Algo parecido sucede con el cristianismo, sin embargo.

En cualquier caso, y como decíamos, esto es normal. Pues una vida ajetreada en un mundo secularizado no puede tener continuamente presente lo que se encuentra por encima o en las profundidades. Para que fuera así, deberíamos ocuparnos por nuestra cuenta y riesgo. Pero carecemos de tiempo. De ahí que nos baste con decirnos a nosotros mismos que hay algo más allá. Y si pretendemos compensar la enorme dispersión del día a día, siempre podremos comprar un curso de yoga o de piedras mágicas durante el fin de semana. Es como ir al gimnasio para quitarse de encima el sobrepeso… mientras seguimos alimentándonos en el McDonald’s. En el fondo, se trata de satisfacer una necesidad. Así, el individuo moderno anda en busca del sentido como quien busca el agua con la que saciar su sed. O un nuevo iphone. Nada que ver con un estar expuestos al exceso de Dios, un exceso que en verdad no apunta a lo gigantesco —algo así como un más de lo mismo—, sino a la elevación de un crucificado. Pero ¿quién podrá siquiera vislumbrarlo hoy en día?

conatus essendi

noviembre 14, 2023 § Deja un comentario

No hay afirmación inocente. Por ejemplo, la tesis de Spinoza —todo ente tiende a perseverar en su ser, conatus essendi— parece elemental, por no decir una obviedad. Sin embargo, basta con que nos preguntemos qué es lo que no dice —y, en la misma línea, podría haber dicho. Y lo que no dice es lo que, siglos antes, Tomas de Aquino defendía sin pestañear, a saber, que todo cuanto es anhela el bien. No es exactamente lo mismo.

cruz y revelación

noviembre 13, 2023 § Deja un comentario

¿Hubo revelación para el crucificado? No, ni pudo haberla. Pues él es el revelado. Para el crucificado, un Dios al que le dio por callar. Pues tampoco podía hacer otra cosa… si es que su palabra colgaba de una cruz.

catástrofe y revelación

noviembre 12, 2023 § Deja un comentario

Si es cierto que la revelación solo tiene lugar donde los cielos se hunden, entonces nada de lo que hayamos podido creer o hacer antes tiene mucha importancia. Quiero decir que hasta el momento de la verdad, no hay nadie justo. A lo sumo, fariseísmo. Tan solo Dios da la justicia. Y en cristiano esto equivale a decir que la absolución o la condena —la fraternidad o el infierno de la soledad— dependen de la repuesta a la demanda de un crucificado. Ahora bien, es difícil que alguien comprenda el evangelio cristiano sin escandalizarse. Pues, el mensaje es que las rameras, los traficantes de drogas, los pederastas… —aquellos que despreciamos con asco— pueden dar un paso al frente y la buena gente quedarse atrás. El fin del mundo, para la sensibilidad apocalíptica, siempre supuso un nuevo comienzo para los rotos . O si se prefiere, para los podridos por dentro.

cuerpo y alma —o del haber y lo sagrado

noviembre 11, 2023 § Deja un comentario

La mujer que tienes ante ti —el hombre, incluso el árbol, la piedra, el ácaro…— es un milagro. Y lo es porque desde el horizonte de la nada —de un haber que en sí mismo es no siendo nada en concreto y, por tanto, haciéndose presente a la inteligencia como lo que desaparece del campo de visión—, todo es acontecimiento. Y quien dice acontecimiento dice sagrado. Pues la mujer que aparece ante ti como si fuera, literalmente, un revelación es intocable. Y no porque, de hecho, no puedas tocarla, sino porque su carácter milagroso o excepcional retrocede al tocarla. Tocar es, en cualquier caso, profanar.

Sin embargo, el mundo nos obliga al trato —a la profanación. El cuerpo de esa mujer —de ese hombre, del árbol, la piedra…— tiene que ser tratado. Esto es,utilizado. Y ya sabemos que el destino de lo útil es lo inútil —el container. Así, la verdad permanece oculta tras el tratamiento —la aparición, tras las apariencias. La escisión entre lo que contempla el alma y lo que necesita un cuerpo se impone, por consiguiente, como un dato. No hablamos de una opinión entre otras, sino de lo que la razón, tarde o temprano, debe admitir. Es por ello que Platón decía que el territorio del alma es el de la verdad —el mundo verdadero. Y que, por eso mismo, el cuerpo es una cárcel. Pues en la cárcel las ventanas son muy estrechas. Por no hablar del cielo abierto.

(Al fin y al cabo, estamos apuntando a la sensibilidad religiosa. Pues el asunto principal de la religión es cómo permanecer conectados a la revelación en medio de un mundo que solo admite el (con)trato.)

avatar

noviembre 10, 2023 § Deja un comentario

¡Soy así, soy así!… te dices a ti misma tras maquillarte. ¿Por qué insistes en decírtelo? Porque sabes que no eres así —que por debajo del brillo hay bastante suciedad. Por eso, seguirás siendo una esclava de tu temor: que se descubra el pastel, tu olor animal. No quieras ser lo que a los otros les gustaría que fueses: tu avatar.

edad

noviembre 9, 2023 § Deja un comentario

Ya no te seduce el canto de las sirenas. Prefieres su silencio. Aunque, como decía Kafka, no puedas soportarlo. Pero ¿acaso el poeta no dijo también que toda belleza es terrible?

(Y cuando comprendes esto —cuando lo vives a flor de pìel— ¿podrás evitar que el habla común te parezca un hablar por hablar, el aullido del simio que llevamos dentro?)

¿hay dioses?

noviembre 8, 2023 § Deja un comentario

Obviamente: el poder de un cosmos indiferente. Ante el despliegue de las galaxias, por así decirlo, apenas somos algo más que polvo. Para Adán, fue evidente que el fuego caía del cielo. O que el estallido de un volcán obedecía al poder de un dios. Así, funciona nuestra mente. De ahí que Prometeo, al darnos el poder del fuego —un poder arrebatado—, nos liberase de la sujeción a la divinidad —y de paso, del temor que la acompaña. Ningún dios puede estar de nuestra parte. Como nosotros no podemos estar de parte de los ácaros del polvo. Por eso resulta desconcertante para un sensibilidad espontáneamente religiosa que Israel proclamase en su momento que la extrema trascendencia de Dios es el envés de su piedad. Como si esta se revelase en su retroceso o paso atrás —aunque ello no quita que, retrocediendo, Dios se dirija hacia un futuro absoluto. En el caso de Prometeo fue un dios el que nos liberó de los dioses. En el de Yavhé, el Dios. Sin embargo, a pesar del aire de familia, el mito de Israel no constituye una variante del de Prometeo. Pues el mensaje de Israel es que lo que nos puede en verdad no es el temblor de la tierra o la fuerza devastadora del huracán, sino la ausencia de Dios. O por decirlo de otro modo, que la realidad de Dios se manifieste como la de un Dios por-venir.

piedras conscientes

noviembre 7, 2023 § 1 comentario

Imaginemos que la tierra se hubiera vuelto inhabitable para nosotros, los humanos, y que, sin embargo, pudiéramos implementar nuestra mente en los animales o, incluso, en lo inorgánico. ¿Seguiría habiendo humanidad? Sí… sobre el papel. Aunque no los reconoceríamos como tales. De hecho, Adán tampoco nos admitíría entre los suyos. Y es que, en tanto que conscientes de nuestros límites, somos la posibilidad de ir más allá —de trascender nuestra naturaleza. Esto es, la posibilidad de lo in-humano —o si se prefiere de lo sobrehumano. No hay nada que, con el tiempo, no pase a ser otra cosa.

(Con todo, si al final fuéramos piedras conscientes —en un mundo en donde no habría otra violencia que la del cosmos— ¿seguiría habiendo quien esperase la resurrección de los muertos?)

dialéctica y escatología

noviembre 6, 2023 § Deja un comentario

Difícilmente comprendemos de qué va el cristianismo donde lo reducimos a un modo de proporcionar, con la excusa cristológica, los buenos sentimientos. La esperanza cristiana no puede prescindir del horizonte escatológico sin transformarse en una variante de las espiritualidades del más allá: como si todo se decidiese post mortem. La convicción de que estamos en medio de un combate entre las fuerzas del mal y las del bien pertenece a los orígenes. Sin ella el cristianismo pierde su nervio inicial. Y es que la esperanza creyente apunta a un reset de dimensiones cósmicas, de hecho, a una nueva creación. Ciertamente, la metanarrativa cristiana ya no encaja en nuestro mundo —como tampoco, sus alternativas. Sin embargo, podríamos preguntarnos si es que puede encajar dentro de los límites de una tópica. Pues el significado de las figuras de la escatología cristiana solo se revela como adecuado a la situación ahí donde caen los cielos.

No obstante, también podríamos preguntarnos si es posible que triunfe el bien. Y no porque sospechemos que el no tendrán la última palabra, sino porque no podríamos evitar la sensación de irrealidad. ¿Acaso no buscaríamos una punta de negatividad? ¿Hasta qué punto seríamos capaces de soportar un mundo feliz? En verdad, no hay luz sin oscuridad (y viceversa). No hace falta haber leído a Heráclito para entender que donde todo fuese luz, no habría luz. Los topos no pueden ver la luz… y por eso no escarban a ciegas.

Ahora bien, de lo anterior no se desprende que la esperanza cristiana sea un completo absurdo. Pues si es cierto que solo deviene inteligible en los límites del mundo, entonces antes que una expectativa o ideal es un confiado clamor: en nombre de la bondad, la desgracia debe terminar. Aunque no podamos hacernos una idea del cómo. De ahí esas imágenes imposibles. Y para imágenes imposibles la del regreso de un resucitado. Quizá no sea casual que el Nuevo Testamento termine con la palabra maranatha.

rompetechos

noviembre 5, 2023 § Deja un comentario

La creencia es una programación de la mente, una manera de ver las cosas, un enfoque. Pocos se preguntan si aquello en lo que creen, —aquello que sienten como verdadero es, precisamente, tal y como lo creen o sienten. De oca en oca y tiro porque me toca. Tan solo a través de la razón podemos ir más allá. Aunque lo que la razón descubre no es algo que el creyente pueda asumir como quien no quiere la cosa. El mapa va a ser muy distinto. También cabe, sin embargo, otro trayecto —otro método—: es el del sufrimiento. Y si se trata de una alternativa es porque, en ambos casos, se pasa por la crisis de la perspectiva. Y la crisis no es un bache. Tras ella, nada vuelve a ser como antes (y si no, es que no fue una crisis). Pues no es que después de la crisis coloquemos una cosa en lugar de otra, sino que no podemos poner cosa alguna.

vida debida

noviembre 4, 2023 § Deja un comentario

No solo la vida como don desde la desaparición de Dios —esto es, no como algo que podamos pensar—, sino también como debida a un Dios que quiso darnos la existencia —y aquí la actitud básica es la de un sentirse agradecido, de un reconocerse a uno mismo como debido a. Hace unos años, Richard Gassis, jesuita en Loyola, me dijo, señalando a un árbol, que Dios había puesto ese árbol para que nos diera sombra. Me impresionó profundamente la naturalidad con la que lo dijo… aun cuando me resistiera a admitirlo. Sin embargo, es así. O mejor dicho, aunque de hecho no sea así —ni pueda serlo—, en verdad lo es. No entendemos el imaginario religioso —la verdad que soporta— mientras sigamos creyendo que se trata de una superstición. Ciertamente, lo es para quien no sepa leerlo. Pero solo a través del imaginario podemos incorporar la verdad. Y quien dice incorporar, dice hacer cuerpo. El amante no se equivoca cuando dice que su amada le ha robado el corazón. En realidad está más cerca de la verdad —de lo que en verdad acontece y no simplemente sucede— que aquel que se limita a poner encima de la mesa la analítica que certifica un chute hormonal. Pues todo acontecimiento es vertical. Probablemente tiramos al niño con el agua sucia una vez quisimos comprendernos como si no fuéramos más que chimpancés solo que un poco más listos.

la historia como drama cósmico

noviembre 3, 2023 § Deja un comentario

La crisis posmoderna del metarrelato va con la crisis del sentido cristiano de la existencia., el cual fue, en su origen, apocalíptico Y no solo porque ya no se sepa que hacer con Dios salvo considerarlo como un asunto interno —un asunto excesivamente personal—, sino porque impide que podamos comprendernos como aquellos que se encuentran en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre las fuerzas del bien y las del mal. Los restos de esta sensibilidad quedan para la ciencia ficción —para las diferentes entregas deStar Wars. Sin embargo, quienes vieron el rostro impasible de los ángeles de la muerte antes de entrar con sus hijos en las duchas de Auschwitz no tuvieron duda alguna de que, aunque de hecho no fuera exactamente así, en verdad estaban formando parte de un drama de dimensiones cósmicas.., en donde lo que estaba en juego era la victoria de la bondad sobre la impiedad. El cristianismo pierde su nervio —por no decir sus vocaciones— donde queda reducido a un cultivo de los buenos sentimientos con la excusa de Dios.

hiatus: de Platón y la sofística (y 3)

noviembre 2, 2023 § Deja un comentario

Cuanto hemos dicho de la belleza, podríamos también decirlo de lo justo o el bien. Y, en definitiva, del haber —el ser— en general. De hecho, que podamos decirlo tampoco es anecdótico. Pues no es posible pensar el haber en cuanto tal sin tener en cuenta lo que debe ser. Esto es, lo bello, justo, el bien… Al fin y al cabo, como veremos, ser y deber ser son dos caras de una misma moneda.

Es evidente que no cabe decir que, como tal, el haber sea en el mismo sentido en que decimos que las cosas son. Nada es que no aparezca. Cuanto es real se hace presente de un modo u otro —y por eso mismo, siempre relativamente, esto es, en relación con un punto de vista. Ahora bien, lo cierto es que, como dijimos, el haber en cuanto tal —el puro haber— no se hace sensiblemente presente, esto es, no admite un punto de vista. El puro haber —el ahí en cuanto tal— no se puede ver ni tocar. Pues de hacerse presente se haría presente como nada. El puro haber es oscuridad y silencio… absolutos. Al fin y al cabo, existir significa haber sido arrancado de la nada. De ahí que la nada se revele como el fondo inescrutable de la existencia. E inescrutable porque en la nada no hay nada que escrutar. Es lo que nos distingue de los bonobos. Estos no existen, son. Tan solo el hombre se encuentra a sí mismo como el que se halla expuesto a la nada —a la oscuridad y silencio de un puro haber. La nada es la imposible posibilidad del mundo. Es imposible porque no se trata de una posibilidad del mundo. Más bien, su posibilidad, de realizarse, implicaría el fin del mundo. Y es posible porque, al proceder de la nada de un puto haber —estrictamente de su negación—, el mundo es lo que es bajo la amenaza de una completa aniquilación.

Todo esto tiene bastante de obvio… si se piensa bien. Y aquí hay que tener en cuenta que lo obvio es lo que tiene que ser obviado… si queremos evitar la parálisis que provoca la reflexión. De ahí que una vida reflexionada, aquella que cuestiona precisamente lo obviado, no puede evitar vivir en un cierto estado de suspensión. Como se supone que vive un dios: en el aire, esto es, en suspenso.

Si hay cosas es porque, en definitiva, hay el haber, aunque en sí mismo, no sea nada en particular… ni pueda serlo. En cierto sentido, podríamos decir que el haber como tal se hace presente como lo que tiene que desaparecer o dar un paso atrás para que haya mundo. De ahí que el mundo sea aparente, en el doble sentido de la palabra. O dicho de otro modo, todo cuanto es o hay se encuentra sometido al tiempo —y por eso mismo, a la desaparición— porque participa del puro haber, por decirlo a la platónica, esto es: porque el haber se realiza en el haber de las cosas; porque el haber de las cosas representa o encarna el haber en cuanto tal. Así, el puro haber, el haber en cuanto tal, es no siendo, es decir, no mostrándose como tal, sino como el haber de las cosas. El haber de las cosas sería la forma del haber —el modo del haber…, un modo sin el cual no hay ningún haber. Por consiguiente, las cosas son no terminado de ser lo que parecen o muestran ser… precisamente porque son. Porque las cosas participan del haber en cuanto tal —y en tanto que pertenece al haber en cuanto tal el revelarse como lo que tiene que desaparecer en cuanto tal para que haya aparición—, nada es o hay que no tenga como horizonte la desaparición, en definitiva, el no-ser.

Por eso, todo cuanto es incluye dentro de sí a su contrario. Nada se nos da en una estado químicamente puro. No hay, por ejemplo, amor sin celos. No hay entrega o sacrificio-por-el-otro que no vaya con la necesidad de tenerlo. La cuestión es en qué medida se dan lo uno y su contrario —qué ingrediente pesa más. Y esta es una cuestión decisiva… si de lo que se trata es de la felicidad, esto es, del saber vivir. Al menos, porque la felicidad dependerá de que sepamos ver, precisamente, qué pesa más, en definitiva, de que sepamos calibrar —discernir, juzgar, sopesar— la situación. Por tanto, nos equivocamos donde creemos que nuestra felicidad depende de topar con lo que no tiene tara —donde creemos, en definitiva, que nuestra felicidad dependerá de que se realicen nuestras fantasías. Toda fantasía es evasión —un encerrarse en un mundo virtual. De ahí que Sócrates dijera que la infelicidad —el daño que provocas y, por eso mismo, te provocas— es, en el fondo, ignorancia. No supimos de qué iba el juego. Los bonobos tampoco lo saben. La diferencia entre ellos y nosotros es que nosotros podemos saberlo.

En el fondo, Platón interpretará dialécticamente la sentencia de Parmenides. La nada, ciertamente, no es. Y el puro haber no es nada —pues tan solo es lo particular o concreto, cuanto muestra una forma. Ahora bien, si esto es así —que lo es—, entonces hay mundo porque la nada no es. Dicho de otro modo: porque el haber del puro haber incluye en su seno la negación de su carácter absoluto o incondicional. Hay mundo porque lo absoluto es la negación de lo absoluto. O por decirlo con otras palabras, lo absoluto posee un carácter doblemente negativo: la nada no es. Y sabemos que una doble negación equivale a una afirmación. El fundamento del mundo es la nada negándose a sí misma. De otro modo: lo que es se hace presente de una forma u otra (y aquí no decimos nada que no sepamos por defecto). Sin embargo, este lo que —el haber en cuanto tal— es la nada siendo no nada de un puro haber. Y esto es lo que cuesta de ver. De hecho, es lo que no cabe ver en nuestro trato con las cosas.

Paralelamente, hay mundo —hay el haber de las cosas— porque el envés de la negación de sí es untiene que haber algo. De ahí que ser y deber ser —esto es, el Bien— vayan de la mano. Y de ahí también que Platón dijera que la idea de Bien está más allá del ente —de cuanto posee entidad. El hiato entre el puro haber y el haber de las cosas —que lo real en sí trascienda el ámbito de lo sensible— se salva, por tanto, por el movimiento negativo de la nada hacia lo otro de sí. La nada es no siendo… nada. El fundamento del mundo —de las cosas— no es una cosa, sino un deber ser, en definitiva, el Bien como exigencia de ser por entero lo que no acaba de ser por entero.

Quizá no sea casual que quienes aceptan el reto de la reflexión —quienes andan en busca de la verdad— no terminen de adaptarse al mundo. Pues la reflexión exige un distanciarse del mundo. Al menos, de vez en cuando. Y quien se distancia de las apariencias fácilmente queda fuera de juego. Pues una vez lo anterior es interiorizado por la conciencia, el mundo —la vida que nos ha tocado en suerte—, al menos hasta el punto en que esto es posible, se revele como ficción, una ficción de la que, sin embargo, no podemos escapar. Pues no hay mundo verdadero —o más verdadero que este—, aunque haya verdad. Porque la verdad no es para nosotros —para nosotros tan solo las cosas que la expresan, esto es, la verdad a medias o hasta cierto punto—, no hay mundo más verdadero que el que nos ha tocado en suerte. Y es que lo que siempre tiene lugar frente a lo que simplemente pasa —el haber en cuanto tal— es no siendo nada en concreto. De ahí que la ironía del filósofo sea el único modo de tomarse en serio la existencia: como el buen actor que asume seriamente su papel… sabiendo que solo tenemos papeles que representar. La sinceridad no pasa por desprenderse de la máscara —pues de hacerlo no veríamos a nadie—, sino por no tomarse demasiado en serio a uno mismo. Y ello en nombre de lo que importa.

De hecho, la raíz de la libertad interior entendida como dominio de sí —de un estar por encima de lo que te sucede y carece de importancia… aunque te parezca lo contrario— es la conciencia de que, en el fondo, el mundo es lo que es debido a la exigencia que se halla incrustada en la nada del puro haber, aquella por la que cuanto cabe ver y tocar se encuentra sometido al principio del deber ser por entero lo que no acaba de ser… ni puede acabar de ser. De hecho, para sobrevivir a la catástrofe —al hundimiento del sentido de tot plegat—, hay que tener la musculatura, en definitiva mental, de un dios. Al menos, porque la cuestión de la libertad es, en definitiva, la cuestión del poder: que no te pueda lo que te sucede y carece de importancia… Y aquí es donde podemos equivocarnos, creyendo que se trata de un poder hacer impunemente cuanto uno desea —del poder de la invisibilidad: nadie te ve, nadie te juzga. Sin embargo, este poder tiene los pies de barro. Como viera Platón, como mujeres y hombres no podemos modificar lo que sucede —o solo circunstancialmente—: no somos dioses. Únicamente podemos estar por encima (y quien dice por encima, dice en el aire o en suspenso). Y esto ya es mucho. Acaso lo único que nos acerca a un dios.

todo Platón en una sola frase

noviembre 2, 2023 § Deja un comentario

Hay verdad, pero no para nosotros. Para nosotros la verdad realizada.

agnosticismo cristiano

noviembre 1, 2023 § Deja un comentario

Por lo común, se dice que un agnóstico es aquel que no se pronuncia con respecto a la existencia de Dios: puede haber Dios… o no. Y aquí la cuestión es parecida a la que podríamos plantearnos sobre la posible existencia del Yeti. Sin embargo, que quepa suspender el juicio en relación con el asunto Dios es un síntoma de nuestra situación. Así, que nos dé igual que haya o no un Dios, da por sentado que, de haberlo, tampoco nos cambiará la vida. El Dios sobre cuya existencia nos interrogaríamos sería algo así como un arjé o un superarquitecto. Por eso mismo su descubrimiento sería simplemente sensacional: como si de repente supiéramos que nuestro mundo es el resultado del experimento de unos marcianos. Ahora bien, el exceso al que nos enfrentaríamos en este caso sería un más de lo mismo.

Sin embargo, desde la óptica bíblica, la trascendencia de Dios no puede comprenderse como la de algo —o alguien— gigantesco. Como si Dios fuese un ente superior, cuya superioridad fuese tan solo un en mayor medida (y esto seguiría siendo así aun cuando admitiésemos que no tenemos patrón para medir la diferencia). Bíblicamente, un Dios que existe, no existe (Bonhoeffer, dixit). El exceso del Dios que se revela en el Gólgota no es el de un ente superior: es el de un Dios que, en tanto que omnipotente, desciende hasta identificarse con un crucificado en nombre, precisamente, de Dios. El exceso de Dios es el de un Dios crucificado.

Con todo, hay un agnosticismo cristiano, el que apunta, precisamente, a la esperanza. Y es que no hay saber con respecto a cómo terminará el asunto. La fe siempre fue, principalmente, un acto de confianza en nombre de.

el Hijo

octubre 31, 2023 § Deja un comentario

La fe que salva no es la podamos tener por nuestra cuenta y riesgo, aunque estimulados por la comunidad, sino la de Jesús en el Gólgota. Si cabe creer es porque él creyó antes que nosotros —y por nosotros, esto es, en nuestro lugar—… donde no era posible ninguna fe. Ahora bien, el inmolado ignoró el significado de su fe —lo que revelaba acerca de Dios. Jesús no dijo de sí mismo que era el Hijo de Dios… sin el cual el Padre no puede hacer más que guardar un silencio elocuente, aunque sangrante. El carácter salvífico de su fe sería un trampantojo de haber sido consciente de ello. El significado de la cruz no pertenece al crucificado. De hecho, porque el momento de la fe es en cualquier caso crucial, la entrega creyente siempre tendrá lugar sin Dios mediante. Esto es, en aquellas situaciones en las que no podremos sentir que haya un dios de nuestro lado. Mientras tanto, un tener presente —un cultivar— lo que aún no se ha hecho presente. O no del todo. Y puede que gracias a Dios.

el Padre

octubre 30, 2023 § Deja un comentario

¿Quién es el Padre tras el Gólgota? El Hijo. Jesús es el quién del Padre, su modo de ser, su esencia. El Padre es —se hace presente como— la carne de aquel hombre de Dios que permaneció fiel a Dios a pesar de experimentar hasta el tuétano el abandono de Dios. Antes de su hacerse hombre, el Padre es la voluntad de reconocerse en el Hijo del Hombre. Esto es, en sí el aún nadie. El Hijo del Hombre como Hijo de Dios: esta es la convicción cristiana. Al igual que no hay alma —no hay conciencia de sí— con independencia del cuerpo con el que se identifica —y por eso difiere continuamente del mismo—, tampoco hay Padre sin el Hijo. Cristianamente, Dios no es solo el Padre. Como tampoco únicamente el Hijo. En el caso de que Dios fuese tan solo el Padre, entonces o bien Jesús sería a lo sumo su representante. O lo que sería peor, el Padre adoptando un aspecto humano. Pero no es esto lo que proclama el cristianismo.

Sin embargo, no tiene sentido hablar de Dios donde pasamos de largo de la cuestión sobre el poder de Dios. Y aquí el cristianismo se distingue de la expectativa típicamente religiosa. Desde la óptica cristiana, el poder de Dios no es efectivo sin el mazo del creyente. Pues un Dios que quiso desde el principio depender del hombre que depende de Dios no es un Dios que actúe ex machina. De ahí que la esperanza cristiana no termine de casar con las expectativas, los objetivos, la relación entre medios y fines. Hay que hacer lo que hay que hacer en nombre de —y no porque lo que debemos hacer resulte eficaz.

Otro asunto es que no podamos evitar imaginar que la voluntad de Dios se realizará apocalípticamente, esto es, tras el hundimiento de los cielos (y como intervención ex machina). Pues el progreso del mundo no conduce a la redención. Pero lo cierto es que, al margen del imaginario que hace posible su incorporación , seguimos sin tener ni idea sobre el cómo se realizará la esperanza. Al igual que también es cierto que, desde nuestro lado, lo más razonable es creer que el mundo no tiene remedio —que una nueva humanidad es, sencillamente, imposible. Y quizá sea por eso que quien cae en la cuenta la radicalidad de la proclamación cristiana entienda que esta se encuentra más cerca del nihilismo que de la ilusión religiosa.

ir, pero difícilmente volver

octubre 29, 2023 § 1 comentario

La mayoría vive pegada a su creencia —a su hipótesis— porque así lo siente. Como la mayoría vive pegada a su deseo. Hay tres modos de distanciarse de cuanto se siente verdadero o deseable, en definitiva, de la ilusión: por el paso de los días, por un sufrimiento indecente o a través de la reflexión. El primero conduce a la sabiduría del anciano —al texto sapiencial. El segundo, a otra vida aquí en la tierra, sea la del zombi o bien la del transformado. El tercero, es el propio de quien pretende situarse en la grada del dios. El problema, en este caso, será incorporar lo que se contempla sub specie aternitatis. Pues el cuerpo tiende a pasar las visiones de la razón. De ahí el memento mori de los filósofos. Como si la reflexión tuviera que apoyarse en la meditación para que, como la lluvia fina y constante, calara en la piel.

de la cháchara y la cópula

octubre 28, 2023 § Deja un comentario

Toda afirmación es cháchara, un hablar por hablar. Basta con tener en cuenta que nada se nos muestra en estado puro. Nada termina de ser lo que nos parece que es. No hay amor —no hay entrega— que no incluya su contrario. La trampa reside en la cópula. Pues afirmar —esto es así o asá— supone un juzgar antes de tiempo. Y quien juzga antes de tiempo se equivoca. No acabamos de saber de qué se trata en cada caso. Sin embargo, preferimos ilusionarnos, creyendo que la cópula garantiza que lo que vemos es tal y como nos gustaría que fuese. Incluso hubo unas dosis de inercia donde, siendo incapaz de orar, Óscar Romero siguió multiplicando el pan de cada día para dárselo a los que no tenían pan.

De ahí que Israel acaso diera en el clavo resistiéndose al presente indicativo. Hasta el punto de que, con respecto a Dios, prevalece el será —el porvenir. ¿Qué es —qué revela— el gesto de Romero? En principio, la santidad. Pero ya se verá. Esto es, Dios dirá —juzgará. No poseemos la balanza que nos permita dar con la medida. La diferencia entre el escepticismo socrático y el de Israel reside en que este último apunta a una última palabra —a un juicio final. Sin embargo, proceden de la misma constatación.

El brillo nos seduce. Y al seducirnos, nos ciega. El lenguaje —el ir más allá de la denominación por medio de la cópula— siempre fue un modo de prescindir de Dios. La confusión de lenguas se halla inscrita en el seno de cada lengua. Con todo, si no le hubiéramos dado la espalda a Dios, seguiríamos siendo unos monos, los cuales, como sabemos, son capaces de utilizar los colores como nombres, pero no de copular, de ver una cosa como otra. Y quizá por eso mismo, el lenguaje, al alejarnos de Dios, contiene la posibilidad simbólica de un regreso. Aunque, desde nuestro lado, siempre nos quedaremos a medio camino.

más allá de

octubre 26, 2023 § Deja un comentario

En tanto que mujeres y hombres, no podemos dejar de preguntarnos qué hay más allá de lo que nos parece que es. Ciertamente, todo se nos muestra o aparece. Nada es que no se haga de algún modo presente. Y por tanto no da la impresión de que podamos responder a la pregunta por lo real más allá de su revelarse a la sensibilidad o a la razón. Sin embargo, la razón es al menos capaz, en su uso dialéctico, de caer en la cuenta de que lo que trasciende el aparecer —en definitiva, lo que, en definitiva, aparece en cualquier aparecer— no pueda dársenos, precisamente, en los términos de un aparecer, sino en los de una falta fundamental. Y no es lo mismo encara la existencia dando por sentado que no hay más que cuanto podemos ver y tocar que sabiendo —y a menudo, a través de mucho sufrimiento— que si no hay más que cuanto podemos ver y tocar es porque hay un más.

Es verdad que podemos pasar del asunto y vivir como si no estuviéramos expuestos a este exceso —y a lo que se desprende de él. Pero en ese caso cuanto hacemos o dejamos de hacer sería indistinguible del movimiento de las bolas de billar. Aunque estas se desplacen alegremente por la mesa… lo cual, si lo pensamos bien, tampoco es que esté de más.

extraer consecuencias

octubre 25, 2023 § Deja un comentario

Bíblicamente, no cabe esperar la aparición de Dios. En verdad, Dios no aparece como dios. Tampoco podría hacerlo sin que desapareciese el mundo. Solo esporádicamente, Israel concibió el por-venir de Dios — su irrupción o advenimiento, en definitiva, el cumplimiento de la promesa— en los términos de la intervención un deus ex machina. En modo alguno podía haberlo concebido… si es cierto —que lo es— que Dios, en sí mismo, carece de concepto. Y quien dice concepto dice esencia o modo de ser. En lugar de Dios, el Mesías —el Hijo de Dios. El cristianismo dará un paso al frente al entender que el Mesías no fue tan solo un heraldo de Dios, sino el quién de Dios, su modo de ser. Cristianamente hablando, la esencia de Dios estuvo en el aire hasta el Gólgota.

De ahí que la esperanza no apunte al regreso de Dios, sino al del Hijo del hombre como Hijo de Dios. Sin embargo, ¿quién podrá creer sinceramente en este regreso? ¿Regresará el Cristo para poner un punto y final a los tiempos? ¿De verdad? La esperanza creyente nunca fue una expectativa. No podemos creer en el regreso del Cristo como quien cree que hay vida en Marte. Pero, precisamente por eso, el cristiano debe creer en ello. Esto es, no puede dejar de confiar en que habrá un nuevo comienzo. La cuestión es en nombre de qué —o de quién. Y obviamente no habrá respuesta donde sigamos instalados en el hogar.

hiatus: de Platón y la sofística (2)

octubre 24, 2023 § Deja un comentario

El haber de lo que vemos y tocamos es lo que siempre damos por descontado en el ver y el tocar. Esto es, el presupuesto fundamental de la experiencia es que las cosas que percibimos son, están ahí. Con respecto al hecho de estar-ahí, la rosa y el cerdo son lo mismo. Las diferentes cosas que hay tienen en común el hecho de que son. De momento, todo muy obvio.

¿Cabe preguntarse, sin embargo, por el haber en cuanto tal? ¿En qué consiste ser al margen de los diferentes modos de ser? Ciertamente, hay el haber. Sin embargo, el haber en cuanto tal, es decir, con independencia de su hacerse presente en el haber de las cosas, no es nada en concreto. Basta con imaginar que, de repente, desapareciese el mundo. ¿Acaso, de seguir existiendo, no estaríamos expuestos a la oscuridad y el silencio más absolutos —a un ahí sin forma? Si tan solo es lo que se hace presente bajo un aspecto u otro, entonces el haber en cuanto tal —y porque es en cuanto tal, es decir, al margen de su hacerse presente— estrictamente hablando no es. Sin embargo, es innegable que hay cosas. ¿Cómo entender, por tanto, que haya cosas y, a la vez, que no haya el haber en cuanto tal? ¿Es posible que haya cosas porque, precisamente, no hay el haber en cuanto tal —porque este no se hace presente a una sensibilidad? ¿Cómo entender, al fin y al cabo, este porqué? Vamos a enfrentarnos a estas preguntas a través de la idea de belleza, a la cual Platón recurre con frecuencia… lo que no es casual, como veremos.

Hay cuerpos bellos —cuerpos que vemos o reconocemos como tales. ¿Qué es lo real de un cuerpo bello en tanto que bello? Si lo real es, por defecto, lo que se hace presente bajo un determinado aspecto, entonces lo que se hace presente en un cuerpo bello en tanto que bello es, precisamente, la belleza. Ahora bien, lo cierto es que este hacerse presente es siempre relativo a un punto de vista o momento dado. Un cuerpo bello nunca es absoluta o incondicionalmente bello, esto es, bello desde cualquier óptica o sensibilidad. En ningún caso, un cuerpo bello será bello por entero. Tan solo hasta cierto punto o medida. Ahora bien, si únicamente es lo que permanece invariablemente por debajo del cambio, entonces ningún cuerpo bello termina de serlo en verdad Y lo que no termina de ser en verdad, estrictamente hablando no es. Hablando en propiedad, ningún cuerpo bello es bello, sino que se nos muestra como si lo fuera.

Así, cuando decimos de un cuerpo que es bello, en el fondo lo que decimos es que en ese cuerpo aparece la belleza —la muestra, revela o representa. Platón dirá que el cuerpo bello participa de la belleza como tal. De ahí el carácter ambivalente de las apariencias. Por un lado, el aparecer es, en cualquier caso, el aparecer de lo real: la belleza aparece o se hace presente en los cuerpos bellos. Y por eso podemos decir, aunque solo hasta cierto punto, que un cuerpo bello es, precisamente, bello. Pero por otro, la belleza nunca aparece de manera incondicional, sino siempre como copia imperfecta (la expresión es de Platón) —como el eco o reflejo de una belleza absoluta. Es como si la belleza solo pudiera manifestarse dejando atrás su carácter absoluto o sin resquicio. El mundo aparente, por tanto, es aparente en un doble sentido. Es aparente porque en él aparece o se muestra lo que es en verdad. Pero también es aparente —y aquí por aparente entendemos ilusorio— porque en el aparecer de lo que es en verdad, no aparece como tal lo que, al fin y al cabo, aparece o se revela. No es casual que la palabra revelación posea una doble acepción. Por un lado, apunta al descubrir. Como quien aparta un velo. Pero por otro, significa volver a velar. Podríamos decir que la belleza como tal desaparece o da un paso atrás en su aparecer como cuerpo bello.

En consecuencia, hay belleza. Pues de lo contrario no podríamos reconocerla en los cuerpos más o menos bellos. Pero la belleza en cuanto tal no es visible —no se hace presente a una sensibilidad. La belleza en cuanto tal o absoluta tan solo puede ser pensada… como la condición de los cuerpos bellos. En este sentido, la belleza es idea. Ahora bien, se trata de una condición que no es solo formal, como creyeron los sofistas, sino también —y sobre todo— real . Hay belleza y no solo una definición formal de belleza—y por eso mismo, vacía de contenido. Sin embargo, que haya belleza y no solo una definición formal de belleza nos obliga racionalmente a admitir un hiato entre lo absolutamente real y su hacerse presente en lo sensible. En este sentido, Platón dirá que lo real trasciende el ámbito de cuanto podemos ver y tocar. Y no puede dejar de hacerlo. Como sabemos, la manera de expresar el carácter trascendente de lo real será por medio de la imagen de los dos mundos.

Sin embargo, llegados a este punto alguien podría preguntarse por qué hay cosas y no tan solo idea. La respuesta, de haber entendido lo anterior, es inmediata: nada es real que no se haga presente de un modo u otro; sin embargo, el hacerse presente de lo real va con la pérdida de su carácter absoluto… o realmente real, por decirlo así. Así, la belleza, pongamos por caso, solo puede mostrarse o hacerse presente relativamente, esto es, en relación con un punto de vista o manera de ver. Por eso un cuerpo bello solo es aparentemente bello —y aquí hay que tener en cuenta el doble sentido de la palabra apariencia.

Es verdad Platón en el Timeo responde a la cuestión contando una historia: el mundo que habitamos fue creado por una divinidad artesana —un demiurgo— como copia del mundo real y sobre la base de una materia prima que se resiste a adoptar la forma de la idea —y de ahí que las cosas sean copias imperfectas de la idea. Sin embargo, el Platón de la madurez —el de El Sofista— ofrecerá una explicación más racional, la que hemos desarrollado aquí: lo real —es decir, el lo que de lo que aparece— solo puede hacerse presente dejando atrás su carácter absoluto o incondicional. Hay cuerpos bellos porque hay belleza. Pero el haber de la belleza en cuanto tal es lo que tuvo que desaparecer en su hacerse presente como cuerpo bello. Es como si el darse de la belleza fuera con su negación de sí. O por decirlo a la manera de Heráclito: el sí va con el no —la aparición con la desaparición del carácter absoluto de lo que aparece.

experiencia e interrogación

octubre 24, 2023 § 1 comentario

Decimos: Dios es misterio. De acuerdo. Pero muchos se dirigen a Dios como si fuera el poderoso vecino del ático del que nunca sale, viviendo nosotros en el sótano… en un rascacielos sin ascensor. En cualquier caso, hablaríamos de un vecino misterioso. Pero su misterio sería anecdótico o provisional —al fin y al cabo, un trasunto imaginario del misterio tot court. Que Dios sea el misterio que abraza el mundo, por decirlo a la Jüngel, significa que la experiencia de Dios es inseparable de la cuestión de Dios. Así, quien soporta sobre sus espaldas el peso de Dios no puede evitar preguntarse dónde está Dios. Y preguntárselo ante Dios. Ahora bien, y teniendo en cuenta que Dios no es el vecino enigmático, este ante Dios equivale a un permanecer a la espera de Dios. Como Abraham.

Por consiguiente, si Dios es misterio y no solo un enigma que podamos resolver, aunque fuese post mortem, entonces la revelación de Dios no puede darse como la aparición del vecino del ático. Como si este se presentase de repente en el sótano que habitamos para invitarnos a su fiesta. Dios permanece más allá de cualquier dios. De hecho, esto es lo que proclama el cristianismo: que Dios se revela, contra pronóstico, en el rostro agonizante de un apestado de Dios que muere invocando a Dios. Así, Dios no tiene otra esencia o modo de ser que el del abandonado de Dios que se abandonó a Dios. Pero solo porque Dios —estrictamente, el Padre— no quiso ser alguien sin la entrega del hombre de Dios.

esto de la verdad

octubre 23, 2023 § 2 comentarios

No es posible decidir sobre la verdad desde nuestro lado. Desde nuestro lado no cabe ir más allá de lo que nos parece que es. Y aquí es cierto aquello de tans caps, tans barrets. Donde no hay amor a la verdad, prevalece el griterío, la cacofonía, el ruido y la furia. En definitiva, la demagogia. Twitter.

El único modo de acercarse a lo que en verdad tiene lugar más allá de lo que nos parece que sucede es a través de la razón. Pues únicamente la razón nos permite situarnos del lado de lo real o, como suele decirse, trascender las apariencias. Y las trasciende en tanto que en el ejercicio de la razón no hay algo así como un punto de vista. Literalmente. La razón no ve nada, sino que deduce lo que en verdad tiene lugar a partir de la idea misma de lo real, la cual no podemos obviar o pasar por alto. Pues solo sobre su base cabe la experiencia. La razón únicamente atiende a lo necesario. Aunque lo necesario sea que lo necesario tiene que desaparecer para que haya mundo. O aunque el resultado del implacable ejercicio de la razón sea, precisamente, el reconocimiento de una irracionalidad de fondo.

Sea como sea, la única forma de situarse del lado de lo real es partir de la idea misma de lo real para ver lo que se desprende necesariamente de ella. En modo alguno fue una boutade que Sócrates, ese campeón de la racionalidad, terminase admitiendo, frente a la prepotencia de quien cree saber, que lo único que sabía era que no sabía nada. Y es que lo que no vamos a comprender fácilmente, estando situados del lado de lo real, es el paso de la idea de lo real a la existencia de lo particular. No en vano, en el Timeo, Platón se verá obligado a poner un demiurgo de por medio para garantizar el paso… lo cual, sin embargo, supone claudicar frente a la historia, esto es, frente al mito. A menos que la idea de lo real-absoluto incluya en su seno la negación de lo absoluto. Esto es, que lo primero sea el negarse a sí mismo, por así decirlo, de lo absoluto. Y esto fue lo que acaso comprendió el último Platón en su intento de fundamentar la ignorancia socrática.

cuencos

octubre 22, 2023 § Deja un comentario

El hombre moderno es impermeable —por emplear el afortunado término de Charles Taylor— a la trascendencia. Puede que haya algo así como una dimensión oculta poblada de seres superiores. Pero no la reconoceremos como normativamente superior. Poco queda del antiguo sentimiento de dependencia que caracterizaba al creyente. Hoy, cualquier dependencia sería circunstancial. Ciertamente, nuestro orgullo —nuestra vana ingenuidad— puede hacernos ignorar de quién dependemos en realidad. Pero, sea como sea, lo que espontáneamente vivimos a flor de piel es que la superioridad del dios está para ser vencida. No es casual que el Renacimiento bebiera de fuentes griegas.

De ahí que la pregunta sea —una pregunta de raíz bíblica— ¿quién será aún capaz de Dios? Aunque la pregunta última que se planteó Israel fue si Dios sería capaz del hombre. Esto es, si podría apiadarse de sus hormigas hasta el punto de sacrificarse por ellas. Pues de permanecer en las alturas, la humanidad estaría condenada al ruido y la furia. La necesidad de una redención no se entiende si no partimos de ahí. Ahora bien, esta posibilidad, para quien sepa que significa ser un dios, roza lo delirante. No hay teología natural que, de algún modo, no pacte con el paganismo.

hiatus: de Platón y la sofística (1)

octubre 21, 2023 § Deja un comentario

Hay un hiato entre el sentido y su realización. No hay justicia, belleza, amor o bien… que se realicen a la perfección. Siempre, hasta cierto punto o medida. Esto es, no sin ciertas dosis de su contrario. De ahí que siempre quepa discutir el carácter justo de una decisión justa. Esto es sencillamente así. Y no tiene que ver con nuestra falta de pericia o habilidad. Tiene que ver con la estructura misma del hacerse presente de lo real.

Un sofista —y nosotros mismos, espontáneamente— diría que, porque no podemos superar la perspectiva, no hay justicia, belleza, amor o bien…, sino diferentes opiniones sobre lo justo, la belleza, el amor, el bien… Ciertamente, los diferentes pareceres con respecto a lo justo, lo bello, el amor, el bien… se apoyan sobre sus definiciones formales. Estas definiciones son lógicamente incontestables. Pues negar, por ejemplo, que la justicia consista en darle a cada uno lo que se merece sería, de hecho, irracional. Pero precisamente porque estas definiciones son incontestables desde la óptica de la razón, no significan nada en concreto. Es como cuando decimos que está lloviendo… o no. Nadie podrá negarlo, sin caer en contradicción. Pero al igual que nadie podrá hacerse una idea de qué tiempo está haciendo. Así, de la definición de lo justo no se desprende qué se merece cada uno. La concreción de lo justo dependerá, en cualquier caso, de la sensibilidad —de lo que por lo común nos parezca justo. Ahora bien, con respecto a lo que nos parece… siempre cabe cambiar de punto de vista. En lo relativo a los asuntos de la polis no podemos ir, por consiguiente, más allá de lo que nos parece que es.

Con todo, que discutamos sobre lo justo o bueno —que, en estos casos, la discusión tenga sentido— presupone lógicamente que tiene que haber una solución, es decir, que cabe demostrar que un punto de vista es el correcto. En definitiva, que es posible determinar que el aborto, pongamos por caso, es un crimen —o lo contrario. El sofista sabe que esto no es posible. Pero también sabe que aquellos a los que seduce su retórica no lo saben (o cuando menos, discuten como si lo ignorasen). Y es que si puede seducir a quienes lo escuchan es porque estos dan por descontado que tiene que haber un opinión verdadera. El sofista, en el fondo, no deja de ser un prestidigitador.

Platón hilará más fino. La tesis de fondo será que si hay justicia —o belleza, o bien…— es, precisamente, porque no la hay. Ahora bien, esto nos obliga a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos del haber. Y quien dice haber, dice ser. El punto de partida es que hay cosas. Sin embargo el que haya cosas —el haber al margen de su hacerse presente como el haber de las cosas— no se hace presente como tal. Pues de hacerlo —de percibir un puro haber— nada se nos haría presente. Esto es, lo que se nos haría presente es la nada, la oscuridad y el silencio más absolutos ahí.

paralelismos

octubre 20, 2023 § 3 comentarios

Si es cierto que, como viera Sócrates, lo único que podemos saber es que no tenemos mucha idea de lo que significan nuestras grandes palabras —que hay un hiato insalvable entre el sentido y su realizacíón; si es verdad que Getsemaní nos espera para desmentir nuestras ilusiones, entonces o bien el nihilista tiene razón o bien todo comienza a partir de entonces. Y me atrevería a decir que no salimos de elcorteinglés mientras no caigamos en la cuenta de lo que en defintiva es algo así como la ley de la gravedad de la existencia.

Gaza

octubre 19, 2023 § Deja un comentario

Un hombre quiere matar a otro hombre. Va a hacerlo. Esto es enorme. ¿Cómo es posible? ¿Quizá porque el otro ha sido reducido a cucaracha —a la mala hierba que hay que arrancar de raíz? Es cosa, ya no, un interlocutor. Se ha cancelado el habla. ¿Hay alguna manera de evitarlo? Un enemigo común. Pero ¿qué enemigo puede valer para la humanidad? ¿Acaso un ángel exterminador? Si el dios hubiese querido que nos amásemos los unos a los otros ¿no hubiera sido más fácil presentarse como un Moloch que no admite negociación —como el extraterrestre más o menos espectral que busca la aniquilación del género humano —aunque de hecho nunca terminase de apretar el gatillo? ¿No será el dios-amor una trampa mortal para los hombres?

the philosopher

octubre 18, 2023 § Deja un comentario

El que anda entre escandalizado y asombrado por el campo de batalla viendo los cadáveres alrededor. No ignora que el siguiente será él. La primera escena de Terminator 2: unos niños columpiándose y luego un montón de cenizas. Todo es cuestión de perspectiva, sí. Pero la perspectiva es un desde donde. Y verlo todo desde elcorteinglés no es una buena perspectiva. De hecho, es la del bonobo. Y aquí me atrevería a decir que, más allá del bonobo, caben dos: o ver cuanto es sub specie aeternitatis a la manera de Spinoza; o como propuso Adorno, desde la óptica de la redención. La primera es la de sabio. La segunda, la del santo. Aunque, cuando topamos con uno, no podamos evitar la sensación de estar ante un delirante.