antidoceta
octubre 17, 2023 § Deja un comentario
La dogmática cristológica, a pesar de su galimatías conceptual, no deja de ser un modo de hacer frente a la deriva doceta, la herejía que afirma que Dios adoptó el aspecto del hombre y que, por tanto, su humanidad fue una apariencia. Y es que lo que sostiene propiamente la dogmática cristológica no es la encarnación de Dios, sino la del Hijo. Así, lo divino no es “el dios”, sino la relación entre Padre e HIjo, lo cual, y teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, impide que podamos comprender religiosamente la realidad de Dios, como si Dios fuera un ente inconmensurablemente superior. De ser así, no tiene sentido, mientras sepamos qué significa ser un dios, hablar de un Dios-hecho-hombre. Pues de hacerse hombre dejaría de ser dios —al igual que el hombre dejaría de ser hombre si se hiciera lombriz. Por consiguiente, desde la óptica doceta, la encarnación solo puede entenderse como simulacro: como si Dios tan solo se pusiera la máscara del hombre. Dios, sencillamente, no puede dejar de ser Dios.
Ahora bien, que Jesús de Nazaret fuese Dios verdadero y hombre verdadero solo puede entenderse admitiendo que el Padre aún no es nadie sin el Hijo (y viceversa). Y ello porque quiso no ser nadie al margen del fiat de Adán —porque el Padre es esta voluntad. La dogmática exige, por tanto, dejar a un lado la noción de naturaleza … cosa que no hace, sin embargo, la dogmática en su intento de hacerse inteligible en el mundo griego (y de ahí el galimatías). Al fin y al cabo, la revelación que tiene lugar al pie de la cruz (y tras el tercer día) es que Dios tiene cuerpo… lo cual, si se piensa bien, dificulta, cuando menos, que podamos seguir siendo teístas. Si Dios es un Dios hecho carne, entonces no cabe dirigirse a Dios al margen de su cuerpo. Dios en sí mismo —el Padre— es un fantasma, por así decirlo (y un fantasma que clama por volver a tener un cuerpo). Pero quien invoca al espectro de su padre no escuchara otra voz que la que quiera escuchar. Nadie es al margen del cuerpo con el que se identifica… aunque la identificación solo sea posible donde continuamente diferimos del cuerpo con el que, de hecho, nos identificamos.
un hombre arrodillado
octubre 16, 2023 § Deja un comentario
O arrodillado —o en la posición del loto: se trata de las dos posiciones de la profundidad humana. En ambos casos, topamos con la nada —y aquí o se cierran los ojos, o estos acaban saliendo de sus órbitas. Pero entonces ¿ante qué o quién, caemos de rodillas? Esta es la primera certeza creyente: el nadie ocupa el lugar del Dios. Ninguna suposición —ningún saber— sobrevive a la aparición del rostro, el único exceso verdadero. Y quizá por eso mismo la santidad consista en responder a su demanda sin Dios mediante, dándole el pan del que carece. Mientras, y frente a cualquier ilusión, aguardamos lo que cualquier mundo tendrá que rechazar. Pues ante la revelación de la nada como el horizonte de cuanto es, algo —y algo absolutamente nuevo— debe suceder. Con todo, también es cierto que nada asegura que suceda.
back to basics
octubre 15, 2023 § Deja un comentario
¿Cuáles son las implicaciones teológicas de que la cuestión de Dios ya no pueda legítimamente plantearse en relación con el problema de la verdad? ¿Cómo comprender la pretensión de la revelación cristiana… si es que cabe comprenderla de otro modo que el tradicional? Es indudable que gracias a la tolerancia democrática nos hemos liberado del poder eclesial, en el peor sentido de la expresión. Pero no hay plata sin ganga. Y aquí la ganga tiene que ver, me atrevería a decir, con el empobrecimiento del sujeto, un empobrecimiento que no tiene tanto que ver con la liberación del poder eclesial, sino con el hecho de haber tirado, con el agua sucia, al niño del imaginario religioso. Pues difícilmente el sujeto podrá dar cuenta de sí mismo más allá de sus necesidades o proyectos donde carece de un lenguaje que le permita reconocerse como el que se halla expuesto a una desmesura esencial. La subjetividad, por decirlo de algún modo, se ha adelgazado… al no poder comprender que significa la ex-sistencia. Pues existir supone un haber sido arrancados del origen —y por eso mismo un estar frente a un exceso irreparable desde nuestro lado, el que apunta, en última instancia, a una ausencia fundamental. Quizá tuviera razón Alexandre Kojève cuando dijo que probablemente el übermensch terminase siendo, literalmente, un idiota, alguien incapaz de interesarse por algo que no fuese su satisfacción. Quizá quienes nos sucedan serán capaces tanto de bailar sobre un campo de amapolas como sobre una pila de cadáveres —tal y como quizá le hubiese gustado a Nietzsche. Pero lo harán como chimpancés.
pegados a la creencia
octubre 13, 2023 § Deja un comentario
Crees en que hay una conspiración para acabar con la mitad de la población por medio de pandemias periódicas. O que las aspirina lo cura todo. O que tenemos que evitar el espíritu de los bosques. Y no sales de ahí. Porque así lo sientes. Se trata de un resto del viejo sentimiento religioso —o no tan viejo—, aquel por el que creemos estar en manos de poderes que nos sobrepasan o formando parte de un dibujo cuyos últimos contornos se nos escapan.
Sin embargo, Platón diría que, en estos casos, aún vivimos entre sombras, confundiendo lo que nos parece que es con lo que es. Pues mientras permanezcamos pegados a la creencia que se nos impone como se imponen nuestros deseos —aun cuando estemos convencidos de que son nuestros— estamos lejos de la verdad. Y no porque quepa alcanzar la verdad como quien alcanza un objetivo, sino, precisamente, porque quien vive frente a la verdad —a lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede— tarde o temprano caerá en la cuenta de que únicamente podemos buscarla. Esto es, perseguirla o amarla. El problema de permanecer pegados a la creencia es que fácilmente damos por sentado que el puzle se ha completado. Y con ello, cesa la inquietud que, en definitiva, somos.
No obstante, si la verdad no es objeto de una descripción —ni puede serlo— ¿acaso el sentimiento de estar expuestos al misterio y, por extensión, en manos de no podría comprenderse como el correlato corporal de una realidad que nos trasciende por entero? De algún modo esto es cierto. Ahora bien, la realidad que nos trasciende por completo es la de nada —en bíblico, la de un Dios que, desde el principio, no quiso ser Dios sin el cuerpo del hombre. Toda presencia es el resultado de una doble negación —del hecho de que la nada no es. Y por eso mismo, al recrear el carácter retrasado de lo real a través de las figuras del imaginario religioso, al tiempo que lo expresamos, lo traicionamos. Así, quien permanece pegado a la creencia deja a un lado lo que, según mi parecer, constituye el núcleo duro de la experiencia bíblica de Dios, a saber: que con respecto a Dios tan solo cabe la esperanza. Y esto está bastante lejos de haber cuadrado un puzle.
la nada de un puro haber
octubre 12, 2023 § Deja un comentario
Ante la absoluta oscuridad y silencio —ante la imposición de lo que no aparece, ni puede aparecer—, el sujeto ya no es más sujeto de conocimiento. Ninguna grada en la que situarse. Ningún objeto frente a sí —ninguna objetividad que valga. Tan solo es el expuesto. Deviene lo que fue desde un principio. La oscuridad y el silencio más impenetrables son lo arcaico —y como lo arcaico, lo que tuvimos que olvidar, lo siempre retrasado o dejado atrás. Abrazado por lo absoluto —literalmente, por lo absuelto— hasta casi la asfixia, el hombre deja de ser el separado. Sin embargo, tampoco le embarga la sensación de formar parte. Sencillamente, todo él es temor y temblor. Y, de no sucumbir, también un aguardar la aparición. Al menos, porque desde la nada alguien debe aparecer. Aunque sea un algo. Pues cualquier algo será de alguien al aparecer como milagro, como excepción, en definitiva, como dado. Sin embargo, puede que nada surja de la nada —puede que la promesa, el debe suceder, no se cumpla. Pero, en ese caso, habríamos llegado al infierno.
PS: de lo anterior se desprende que la cuestión de la verdad —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— no llega a plantearse seriamente donde se formula desde la primacía del sujeto del conocimiento, esto es, donde la epistemología deviene ciencia primera.
hacia adelante, hacia atrás
octubre 11, 2023 § Deja un comentario
La verdad supera la ficción. Pero al superarla, la conserva como el único modo de incorporar la verdad. Esto es, de hacerla cuerpo. Quizá Hegel dijera algo parecido.
por fases
octubre 10, 2023 § Deja un comentario
Primero: estás pillado por la idea de que Dios me hizo, de que Dios me quiere, de que Dios me pide que le siga… Y no sales de ahí. El puzle cuadra. Aunque, hoy en día, pocos estén de acuerdo, puedes dormir tranquilo.
Segundo: viene la noche oscura, Getsemaní, Job… Dejas de intimar. La sequedad del corazón. Mientras tanto, con el mazo dando —repartiendo el pan.
Tercero: te abandonas, sin embargo, a ese Dios de la infancia, sin ninguna hipótesis de trabajo. Al Dios que te abandonó. Ciegamente. Pues no entiendes nada. Y seguirás sin entender.
Cuarto: ¿la revelación? Para otros —no, para el inmolado. Esto es, solo para quienes vieron de qué manera moría el hombre de Dios. Como un perro fiel. No hay Dios al margen de ese cuerpo.
verdad y devoción
octubre 9, 2023 § Deja un comentario
Se dice: Dios es misterio. De acuerdo. Ahora bien, esto no deberíamos entenderlo como si Dios fuese un ente enigmático o por descubrir. Ni tampoco como si hablásemos de un ser cuya esencia nos fuese inaccesible —como la nuestra lo es para los topos que escarban la tierra. Si Dios es misterio, entonces ni siquiera podemos decir que exista como existen las rocas o las plantas solo que en otra dimensión En este sentido, la pregunta por Dios permanece —y tiene que permanecer— irresuelta. De hecho, el cristianismo afirma que, con respecto a la existencia de Dios, tan solo cabe señalar a un crucificado en su nombre. Dios existe como cuerpo de Dios. El Padre no es aún nadie sin la fe del Hijo. Y esto no termina de hacer buenas migas con el amigo invisible. Y no porque no quepa dirigirse a Dios, sino porque este dirigirse topa con el muro de las lamentaciones. Es su eco el que escuchamos como respuesta.
Con todo, de quedarnos aquí uno podría perfectamente preguntarse dónde queda el asunto del poder salvífico de Dios. Pues al margen de dicho poder, la cuestión de Dios deviene irrelevante.
BW
octubre 8, 2023 § Deja un comentario
La verdad es que todos nos vemos obligados a hacer más de lo que hacemos correctamente, si queremos hacer algo en absoluto.
Bernard Williams
antenas para Kane
octubre 7, 2023 § 2 comentarios
Hay una escena en El tercer hombre en la que los dos protagonistas contemplan un parque de atracciones desde lo alto de una noria. ¿Y que ven —o habrían visto si…—? Hormigas. Esto es, desde la distancia del dios, no somos más que insectos (y desesperados). No merecemos la vida que nos ha tocado en suerte. El exterminio es impune sub specie aeternitatis. Pero ¿es así? Aquí topamos con la seriedad de la pregunta por la verdad. ¿Desde que lado se decide lo que es? Ya conocemos la respuesta del escéptico: desde ningún lado. Y sin embargo, hay revelación. Incluso para el dios. Pues lo revelado es, precisamente, que no habría nada si la nada no hubiese dado un paso atrás… y permaneciese en ese pasado inmemorial como la eterna amenaza del mundo. Esto es así desde cualquier punto de vista. Al menos, porque no se trata de algo que podamos ver. Tan solo pensar.
los ricos también lloran (o no…)
octubre 5, 2023 § Deja un comentario
Este es el consuelo de los pobres;: que los ricos también lloran. O al menos, como diría Nietzsche, es lo que necesitan decirse. Sin embargo, ¿es posible que sus lágrimas, dejando a un lado la desgracia, sean de cocodrilo? Puede que no sea casual que en la Antigüedad la nobleza estuviera, a ojos del vulgo, emparentada con los dioses. Y no porque se dijera, sino porque era evidente. Pues ¿acaso no es encantador que sus temas de conversación —sus preocupaciones— giren en torno a si la nueva serie de bolsos de Hermés será lo más o si los Rupérez habrán comprado a tocateja su helicóptero como nosotros? Ahora bien, lo que no se tiene tan presente —como tampoco, diría, lo tuvo Nietzsche— es que los antiguos también creyeron que los dioses envidiaban el valor de los mortales. O al menos, el de sus héroes. Y es que no hay comparación entre quien ha sido curtido por mil batallas que aquel cuyo máximo riesgo ha sido subirse al Dragon Khan.
De hecho, es posible que Nietzsche, al ensalzar el carácter noble, no tuviera tan en mente al noble común como al hombre cruel. Por no hablar del psicópata. Sin embargo, si fuera así, entonces la división entre el noble y el esclavo difícilmente podría emplearse para mostrar el polvo que hay bajo la alfombra cristiana. Pues crueles hay en todas partes. Incluso en las iglesias.
follar
octubre 4, 2023 § 2 comentarios
Algo significa algo si puede comprenderse como representación de algo más alto. El origen del significado fue siempre divino. Por ejemplo, una relación de pareja adquiere sentido solo si puede entenderse a sí misma como ejemplificación de un relato ejemplar, por lo común, el que se narra en las películas o novelas románticas. Es a través de estos relatos que sabemos en qué consiste el amor verdadero —qué esperamos de una relación. Perdimos los cielos. Pero aún nos queda Netflix. De ahí que el follar por follar, como suele decirse, siempre resulte decepcionante. Y quien crea lo contrario es que aún sigue siendo un ingenuo. O si lo proclamase a los cuatro vientos, un farsante. Pues, si no hay más, todo está de más.
nada, vacío, Dios, dios
octubre 3, 2023 § Deja un comentario
Con el vacío, nos hacemos una idea de la nada. Con dios, de Dios. En ambos casos, estamos lejos de comprender. Aunque quizá lo que haya que comprender que, con respecto a estos asuntos y desde nuestro lado, tan solo podamos hacernos una idea. De ahí la importancia de aferrarse a los testimonios —a quienes soportaron sobre sus espaldas el peso de la nada o de Dios: ¿qué has visto tú —y nosotros no? Pues únicamente desde sus historias lograremos salir de la autocomplacencia —al fin y al cabo, de la traición.
y se hizo hombre…
octubre 2, 2023 § Deja un comentario
Para hacerse una idea de lo que supuso —y supone— el dogma de la Encarnación basta con imaginarse a Jesús de Nazaret defecando u oliendo mal. También enamorándose —y desenamorándose. Al señalar a Dios, un cristiano señala —o debería señalar— a este hombre, aunque no solo porque oliese mal, obviamente. Más aún: lo señala mientras agoniza colgando de un madero. Y si esto no hace pedazos nuestra infantil idea de Dios, que baje Dios y lo vea.
Dios en los cielos…
octubre 1, 2023 § Deja un comentario
Si Dios, en los cielos, seguiría siendo un misterio —según el dictum de Rahner—, entonces la esperanza, cristianamente hablando, no puede apuntar a una intervención de Dios, sino a la de aquel que ocupa su lugar. O en cristiano, a la de su quién. Estrictamente, el misterio pertenecería al Padre. Pues si incluso en los cielos el Padre seguiría estando por ver es porque del Padre no hay nada que ver. Quizá no sea secundario que para un cristiano no haya otra presencia de Dios que la de su cuerpo.
ya sí, aún no
septiembre 30, 2023 § Deja un comentario
Es posible que tan solo podamos esperar lo que de algún modo ya está sucediendo: el milagro, la aparición. Como también es posible, como dice una sentencia judía, que el mesías ya hubiese venido y nosotros no nos hubiéramos enterado. O también: que haya verdad, pero no para nosotros. Para nosotros su imagen —esto es, la falsificación que la expresa. Todo esto posee, indudablemente, un aire de familia —el aire que recogen los grandes textos de la cultura. Será una lástima que de aquí a unos años —si no, ya— queden muy pocos que puedan si quiera leerlos. A esto lo podríamos denominar empobrecimiento. Lo que equivale a decir que volveremos a ser los chimpancés que fuimos. Aunque con iphones. Será cierto que en el origen está el final.
paráfrasis de Heráclito
septiembre 29, 2023 § Deja un comentario
Por decirlo en breve, un mundo en el que no hubiese mal —ni tampoco pudiera haberlo— no sería bueno De hecho, de habitar ese mundo, aunque fuese como espectros puros, no podríamos evitar la sensación de irrealidad. Si el todo fuese el todo, no habría el todo. Para que haya lo que hay, el puro haber —estricta oscuridad y silencio— tiene que desaparecer en el haber de las cosas. Sin embargo, lo que no aparece —lo que no se hace presente de algún modo— propiamente no es. El puro haber no es nada —y aquí conviene tener en cuenta que una doble negación equivale a una afirmación. Y por eso mismo —porque la nada no es— hay mundo. El mundo es, al fin y al cabo, el resultado de la negación de la nada —de la voluntad de no ser nada. Al principio, hubo el hágase —y un hágase por el cual lo absoluto se dirige, en la negación de sí, hacia lo otro de sí. El único absoluto es el absoluto que es no siendo nada.
En cierto sentido, podríamos entender el pensamiento dialéctico de Heráclito como una prolongación del de Parménides. Como si Heráclito se limitase a estirar el chicle. Ahora bien, al estirarlo hasta rozar la contradicción, el chicle termina por romperse. Ciertamente, decir lo real equivale a decir lo Uno —o eterno, ilimitado, etc. Pero lo real aparece en lo diverso —y por eso mismo lo real no aparece como tal. No vemos el todo-uno… como tampoco lo eterno o ilimitado. De ahí que lo real en sí solo pueda ser pensado. Hasta aquí Parménides.
Sin embargo, porque no hay realidad que no se haga presente, de un modo u otro, lo real en sí propiamente no es. O mejor dicho: es no siendo nada. La condición del mundo es la desaparición o paso atrás de lo real en sí o absoluto. Lo real se hace presente dejando como tal —esto es, en tanto que Uno, eterno, etc— de estar presente. Y aquí comienza Heráclito. Lo real se muestra en aquello que, de algún modo, lo niega. El modo del haber traiciona el haber… al hacerlo presente. Todo es, por consiguiente, tiempo, el paso del ser al no ser —y viceversa. No es casual que Heráclito eligiese la imagen del fuego para referirse al arjé. Pues el fuego avanza consumiendo —negando— aquello que lo hace posible.
abc
septiembre 28, 2023 § 1 comentario
La pregunta por la verdad de nuestras creencias acerca de Dios es uno de los puntos de partida de la salida de sí. El otro es el sufrimiento. Nadie llega a Dios sin haber topado con un Dios en estado de suspensión. Y topar seriamente. Pues Dios en verdad no tiene el aspecto que nos hubiese gustado que tuviera. De hecho, el aspecto de Dios es un hombre de Dios que, habiendo sido abandonado por Dios, se abandona a Dios. Este aspecto es tan inaceptable, religiosamente hablando, que el cristianismo tardo cuatro siglos en admitirlo. Un Dios-en sí está eternamente en el aire.
principio y fundamento —o verdad e imagen
septiembre 27, 2023 § Deja un comentario
En verdad, la mujer que tienes ante ti es un milagro. Pero la tratas como si no lo fuera (y no puedes dejar de hacerlo). En verdad, dependemos de Dios —de su no ser nada o nadie aún. Pues ante Dios en verdad, se decide el sí o el no de nuestra entera existencia. Pero hoy en día creemos que este sentimiento de dependencia, en tanto que apunta a una figura espectral, es un residuo de la infancia. La rosa es sin porqué. Pero no tenemos ningún reparo en cortarla para el sant Jordi. Es verdad que la mujer —o en general, el prójimo— es un milagro; que la rosa es sin razón. Pero solo porque todo cuanto es acontece desde el horizonte de la nada —en último término, de la nada de Dios. Ahora bien, la urgencia de la adaptación nos obliga a alejarnos de la verdad: todo tiene que darse como un posible objeto de dominio. No hay supervivencia sin trato —sin profanación. De ahí que la pregunta sea si es o no posible vivir en contacto con lo que en verdad tiene lugar. O mejor dicho, hasta qué punto es posible. No podemos permanecer ante el milagro sin perecer. Pero tampoco vivimos —a lo sumo sobrevivimos— donde de algún modo no encaramos la verdad, lo que en verdad tiene lugar en cuanto pasa. Y me atrevería a decir que la única manera de encarar la verdad en el día a día —en medio de la dispersión a la que nos fuerza la adaptación— es por medio de aquellas imágenes que al mismo tiempo que la expresan, la deforman.
Ciertamente, resultará difícil vivir a flor de piel nuestra dependencia de un Dios que es no siendo nada —o nadie aún—… a menos que nos encontremos en aquellas situaciones en la que esto se nos revela sin que quepa apelación. Y es que el Dios que en sí mismo es el que no es nada —o nadie aún— en modo alguno puede aparecer como un dios al uso. Mientras no nos encontremos en la situación donde cabe la revelación, nuestra congénita dependencia de Dios solo puede incorporarse a través del imaginario en el que Dios es concebido a la manera de un padre espectral. Si podemos creer en esta representación —si podemos tomárnosla en serio—, entonces estamos cerca de la verdad. Aunque, con respecto a Dios, la distancia entre estar cerca de su verdad y ser abrazados por ella sea insalvable desde nuestro lado. De ahí que el riesgo del imaginario sea el de confundir el dedo con aquello a lo que apunta.
Sin embargo, el problema, hoy en día, es que ya no podemos tomarnos dicho imaginario en serio. Donde irrumpió la sospecha —y en la Modernidad la sospecha prevalece sobre el asombro— no vuelve a crecer la hierba. Y ante el derrumbe del imaginario religioso —ante el tópico que lo entiende como superstición—, diría que no hay otro modo de incorporar la verdad que interiorizando la historia que dio pie a la revelación. Otro asunto es que quienes pertenecen a las canchas cristianas anden entre el imaginario y la historia. Pero al igual que no hay plata sin ganga, nada dura sin mezcla. Esto, sencillamente, es así.
PS: con respecto a la mujer o la rosa, la estrategia será, hasta cierto punto, distinta. En el caso de la mujer: que haya zonas intocables, esto es, sagradas; que no todo en su cuerpo esté a tu disposición. En el de la rosa: que para st Jordi haya rosas que no puedan cortarse, aun cuando ello suponga una pérdida económica. Al fin y al cabo, que haya espacios —o tiempos— que el profanador que somos no pueda pisar. Se trata de preservar la distancia de la alteridad. Hablamos, en definitiva, de la relación entre lo sagrado y la Ley. Aun así, va a resultar muy difícil que lo consigamos donde el antiguo sentido de lo sagrado se ha disuelto como azúcar en el café —en definitiva, donde ya no hay dios que imponga el tabú. Pues el hombre no puede decidir por sí mismo que permanecerá fuera del trato. O no puede decidirlo sin que la decisión se tambalee como un castillo de naipes.
neo-estoicismo
septiembre 26, 2023 § Deja un comentario
Se acusó al cristianismo —y con buenas razones— de promover la resignación. Así, en nombre de Dios había que soportar la desgracia —sea natural o política— porque, de este modo, se ganaban los cielos. Ya se te compensará. La denuncia profética, la cual no podía dejar de clamar a Dios aquello del venga a nosotros tu reino, fue progresivamente apartada por un cultivo, cada vez más acentuado, de la piedad —hoy diríamos de la interiorización. Pues bien, aunque haya mucho de verdad en el estoicismo, ¿no podríamos decir algo parecido de aquellos gurús que a través de libros de autoayuda, aunque cada vez más camuflados, o videoblogs, promueven, precisamente, que la única libertad es la de la indiferencia estoica? No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. De acuerdo. Pero donde nos quedamos solo con la receta sin asumir sus implicaciones hasta el final ¿acaso no seguimos fumando opio? Vuelven los mismos perros aunque con distintos collares. Normal.
la reflexión y la hierba
septiembre 25, 2023 § Deja un comentario
Sócrates fue condenado por impiedad, esto es, por no dar el debido culto a los dioses. También por corromper a la juventud. Ambas acusaciones tienen sentido. Al menos, porque, como dijera Hegel, donde irrumpe la reflexión no vuelve a crecer la hierba. Aunque también podría haber dicho que la hierba que crece es otra. En cualquier caso, no parece que los resultados de la reflexión contribuyan a una mayor cohesión social o política. De hecho, esta cohesión depende de que hayan temas que no se tocan —temas tabú. Y para el filósofo —para quien es su inquietud por lo verdadero, por lo que en verdad tiene lugar en todo cuanto pasa— no hay tema tabú. Como tampoco hay creencia que no sea interrogada. El filósofo, en el fondo, se atreve a cuestionar lo que se da por descontado. Y no como pasatiempo, sino porque lo que está en juego es, precisamente, la libertad —al fin y al cabo, un estar por encima de lo que sucede y no importa. Dicho de otro modo, lo que está en juego es precisamente la individualidad, el no quedar disuelto por lo impersonal: por lo que se dice, se hace, se espera… Y es que nadie llega a ser dueño de sí mismo sin tomar una cierta distancia con respecto a lo que cree, siente, desea… “espontáneamente”. Ahora bien, debido a esa distancia interior, el resultado de la reflexión no va a ser un saber más cosas , sino un saber paradójico. Y es que lo que sabe quien sabe de lo que habla es que nunca terminamos de saber de lo que hablamos cuando empleamos, sobre todo, grandes palabras. Platón se limitará a justificar esta ignorancia. Pues no tiene que ver con una falta de habilidad —Sócrates no es que fuera un incapaz— , sino con el carácter absoluto de la realidad propiamente dicha. Y aquí hay que tener en cuenta que absoluto significa, literalmente, ab-suelto, esto es, lo sin juicio, lo que queda sin decir. Pero este es otro asunto.
la alegría de los gaseados
septiembre 24, 2023 § Deja un comentario
Veríamos el mal como mal si las víctimas no clamasen al cielo —si no fuesen desgarradas por la desgracia. Basta con imaginar a los torturados, a los gaseados, a los que van a ser fusilados a causa de su raza… asumir con indiferencia —o incluso alegría— su tortura, las cámaras de gas, la fosa común. Como si la calamidad no fuera con ellos. Como si estuvieran por encima de las reacciones del cuerpo. Imaginemos, pues, que no hubiese turbación, ni espanto al oler el humo de los hornos crematorios. Ni siquiera cuando las chimeneas esparciesen las cenizas de sus hijos. Como si nada fuese de por sí terrible. ¿Acaso no tendríamos que decir con Nietzsche que no hay hechos morales, sino en cualquier caso, una lectura moral de los hechos?
Ahora bien, si no hubiese nada que fuese intrínsecamente terrible, entonces el bien y el mal difícilmente podrían distinguirse de nuestras preferencias. Y ya sabemos que las preferencias son oscilantes. Decir que Auschwitz fue terrible sería algo parecido a decir que nos repugnan las pústulas de la lepra. Así, o hay lo absoluto, o el nihilista, sencillamente, tiene razón y, en el fondo, todo da igual… aun cuando no nos lo parezca.
Sin embargo, podríamos estirar el hilo —aunque no por simple pasatiempo. Pues lo absoluto —literalmente, lo absuelto o separado— es, al fin y al cabo, la realidad de una alteridad que es no siendo nada. Y porque es así —en definitiva, porque lo absolutamente Otro se da en su negación de sí hacia lo otro de sí, a saber, el cuerpo del prójimo— hay lo terrible. Pues lo terrible es impedir que la nada —o mejor dicho, el aún nadie— lleve a cabo su voluntad, aquella por la cual es no siendo nada. Nunca lo primero fue algo, sino la negación de sí de la nada. La afirmación más originaria —la afirmación anterior a los tiempos y por la que hay, precisamente, tiempos— fue la expresión de una doble negación, por así decirlo. Es posible que el nihilista aún no haya profundizado lo suficiente en el carácter dialéctico de la nada que abraza cuanto es. O por decirlo de otro modo, que se haya limitado a pensar la nada desde su lado y no desde el de la nada.
Kierkegaard y el nihilismo
septiembre 23, 2023 § Deja un comentario
Según Kierkegaard, hagas lo que hagas te equivocas. De acuerdo. Pero ¿por qué? ¿Acaso no es posible acertarla? Claro. Kierkegaard, tampoco rechazaría esta posibilidad. Sin embargo, los tiros del asunto quizá vayan por otro lado. Pues lo que aquí se pone encima de la mesa es la relación entre el momento del instante verdadero —el acierto— y el tiempo. Al menos, porque con el paso de los días incluso el acierto pasa a ser otra cosa: oficio. Y el oficio, desde la óptica del anhelo de verdad, es caída, algo así como un error existencial. Aunque, como caídos, esto tampoco debería sorprendernos. Hay verdad. Pero no para nosotros. A lo sumo, para nosotros el momento de la verdad.
Por eso la pregunta es si cabe un vínculo con el instante verdadero que no sea el de la fidelidad a ese instante que nos fue dado como milagro o excepción. Y una fidelidad en el oficio. Al menos, porque no hay más remedio. Nadie puede permanecer en el instante verdadero. Sin embargo, esto significa que el día a día estará tensado por la memoria y la esperanza. Donde estas falten inevitablemente el instante verdadero se nos mostrará como una mera ilusión óptica. Y de ahí a abrazar el nihilismo media un paso: el valor es un trompe-l’oeil. Ahora bien, faltarán donde entendamos la verdad como tan solo la adecuación entre nuestras representaciones y los hechos a los que apuntan. Esto es, donde dejemos de tener en cuenta que la verdad es también —y quizá principalmente— la irrupción de lo que es en verdad, de lo que tiene lugar y no simplemente pasa. Hablamos, como es obvio, de la escisión que constituye nuestro estar en el mundo —y por extensión, el mundo como tal. De hecho, este sentido de la escisión es lo que se perdió con Giordano Bruno y su comprensión del universo como infinito y homogéneo.
Con todo, porque existimos alejados de lo que es en verdad —porque para nosotros tan solo cabe el instante verdadero— resulta también inevitable que lo que es en verdad se nos (haga) presente como el bien que debe acontecer. Aunque no podamos concebir el cómo. Y esto es Platón. Aunque también, en cierto modo, Israel. Como viera Filón.
2 Tim 2,13
septiembre 22, 2023 § Deja un comentario
La exposición dialéctica de la realidad de Dios —en sí Dios es la negación de sí hacia lo otro de sí, en. definitiva, su voluntad de encarnarse en el hombre de Dios— parece chocar frontalmente con aquello que leemos en 2 Tim 2,13, a saber: Dios no puede negarse a sí mismo. Evidentemente, el autor de la carta no pretendía transmitir los resultados de la alta especulación teológica. Por tanto, lo que dice es muy simple, sobre todo teniendo en cuenta lo que dice justo antes —si fuéramos infieles, él permanece fiel—: Dios es su fidelidad.
Ahora bien, esta fidelidad —y ahora nos desplazamos al territorio del comentario—, no debe entenderse como la necesidad que va con una determinada naturaleza. Como si dijéramos que una foca no puede, por definición, dejar de serlo. Pues la naturaleza o modo de ser de Dios es lo que Dios quiso tener pendiente desde el principio. La fidelidad de Dios es expresión de la voluntad de Dios —de la voluntad que es Dios en sí. Y esa voluntad —su fidelidad— no puede llevarse a cabo sin una renuncia a ejercer el poder a la manera de una divinidad al uso. La fidelidad a Israel traduce, por tanto, la fidelidad de Dios a su voluntad o promesa. Pues Dios en verdad, como leemos en otro texto de Pablo, es el Dios que quiso arrodillarse ante el hombre para que el hombre fuese de nuevo capaz de Dios.
el juego de las siete diferencias (aunque con una basta)
septiembre 21, 2023 § 1 comentario
Creer —y creerlo a flor de piel— que nos hallamos bajo el poder de Dios o no. Esta es la cuestión. Y lo que nos separa de la Antigüedad es que nuestro sentimiento fundamental ya no es el de la dependencia. El síntoma es que, modernamente, esta creencia, en tanto que vivida, ha pasado a entenderse como patológica. Al menos, porque va con el temor de Dios. ¿Y acaso no está enfermo quien teme a los fantasmas? ¿La salida? Pasar de la epidermis a la idea. Y así en vez de experimentarnos como quienes se hallan bajo el poder de Dios —o de los dioses— pasamos a suponerlo. Así vemos cuanto nos rodea —y subrayo el vemos— como si hubiera un Dios que nos ampara.
Decía Julien Green que Dios no habla, pero que todo nos hablaba de Dios. Sin embargo, ¿de qué Dios? ¿Del benevolente? ¿O acaso de uno indiferente a nuestra suerte? ¿Desde que lugar se decide la respuesta? Pues eso: hipótesis. Aunque esté avalada por un fuerte sentimiento. Ciertamente, esta modifica la percepción de cuanto nos rodea —y de paso nuestro estar en el mundo. Pero ello no quita que el centro esté ocupado por el sujeto de la percepción. Yo creo —dice el creyente—. Sin embargo, ¿acaso hoy en día no lo dice como quien está convencido, por los motivos que sean, de su suposición? ¿Es que el yo creo no fue inicialmente una confesión ante el que colgó de una cruz en nombre de Dios? La fe ¿cabe proclamarla donde no hay ningún rostro que nos la exija —donde ya no escuchamos la pregunta que nos dirige el crucificado: y tú que dices de mí? Puede que no sea secundario que la Biblia siempre que trata sobre el encuentro entre Dios y el hombre hable de desquiciamiento. Literalmente.
los atributos de Dios
septiembre 20, 2023 § 1 comentario
Según la teología tradicional —o quizá mejor, tradicionalista— no cabe diferenciar entre Dios y sus atributos. Pues de hacerlo, Dios se encontraría más allá de su misericordia, pongamos por caso. Esto es, no terminaría de coincidir con su carácter misericordioso… lo cual implica decir que Dios, en sí mismo, no termina de ser lo que es. Así, de diferenciar entre Dios y sus atributos, la posibilidad de dejar atrás su misericordia —la posibilidad de convertirse en un Dios sin piedad— estaría anclada en la realidad de Dios… con lo que Dios, estrictamente hablando, no sería bueno: la bondad de Dios permanecería frente a Dios. Para quienes diferencian entre Dios y sus atributos, la libertad de Dios debe comprenderse como la posibilidad de ser de otro modo, una posibilidad que permanecería siempre abierta. Dios es misericordioso porque quiere serlo. Y si tiene sentido decir que quiere serlo es porque podría decidir no serlo. Se entiende, por tanto, que la teología tradicional, en tanto que nunca pondrá en cuestión que Dios sea amor, no esté dispuesta a admitir que Dios pueda renunciar a la misericordia. Desde su óptica, la libertad divina se realiza como un compromiso originario con la misericordia, la benevolencia, la justicia…. Esta libertad consistiría, por consiguiente, en el acto por el que hizo suyas la misericordia, la benevolencia, la justicia… Y por eso mismo podemos decir que son de Dios. En este sentido, Dios es libre porque pudo decidir no ser misericordioso, justo… —y no porque aún podría decidirlo.
Ahora bien, si la libertad de Dios consiste en haberse atado a lo que, desde nuestra óptica, son sus atributos, entonces el riesgo de Dios es que podamos prescindir de Dios. Pues, bastaría con creer que existimos abrazados por una benevolencia de fondo. Hasta podríamos decir que de estas lluvias, los lodos de las espiritualidades sin Dios. Así sería lo mismo decir que Dios es amor que decir que el amor de Dios es Dios. Dios es un amor que desciende, decía Rahner —aunque no solo decía esto, por supuesto. Es verdad que, en principio, no parece que esta convicción suponga ningún riesgo para Dios. Al menos, porque podríamos decir que esto, en realidad, es lo que Dios quiso: que, al renunciar a la posibilidad de la ira, dejáramos de tenerlo en cuenta… como Dios. Pues un Dios es, por defecto, terrible. Sin embargo, el problema de prescindir de Dios para quedarnos solo con sus atributos —el problema de dar por descontado que Dios no puede dejar a un lado su misericordia… porque quiso atarse a ella— es que difícilmente podremos comprendernos sub iudice, esto es, como aquellos que se encuentran bajo la demanda, en el doble sentido de la expresión, de los abandonados de Dios, los únicos que, según la Biblia, son capaces de Dios. Ciertamente, podemos sentir compasión hacia ellos. Pero el hallarnos sub iudice va más allá del sentimiento de compasión… en tanto que donde solo hay sentimiento de compasión todavía seguimos demasiado centrados en nosotros mismos.
Más aún: una vez creemos que Dios se identifica hasta el final con sus atributos, va a resultar muy difícil confesar que el crucificado es el quién de Dios y no aquel que ejemplifica los atributos de Dios, su esencia o modo de ser. Me atrevería a decir que los tiros de la Encarnación no van por ahí. Pues lo que confiesa el cristianismo es que Jesús no fue un hombre de Dios —o el más destacado si se prefiere—, sino el modo de ser de Dios. Cristianamente, el amor de Dios no es independiente de su in-corporación. Si la Encarnación revela el amor de Dios es porque la voluntad de hacerse cuerpo es originaria. Ahora bien, si esto es así, entonces Dios en sí mismo carece de esencia. En tanto que voluntad de salir de sí hacia lo otro de sí —su voluntad de ser alguien—, Dios, estrictamente el Padre, aún no es nadie con anterioridad a la adhesión del Hijo (y por eso mismo, en el Gólgota no pudo hacer más que guardar (el) silencio). Cristianamente, los atributos de Dios se dan en el Hijo. El crucificado, no representa la Palabra de Dios, sino que es la Palabra de Dios. Y esto no parece hacer muy buenas migas con la idea de que no cabe diferenciar a Dios de sus atributos. De hecho, el Padre no podría identificarse con el Hijo si no difiriese del mismo. Aunque el precio de este diferir sea, precisamente, su kénosis.
verdad y milagro
septiembre 19, 2023 § Deja un comentario
La mujer que tienes ante ti es un milagro. Aun cuando se esté hurgando la nariz —aun cuando te resulte desagradable en un momento dado. Y lo es porque surge de la nada. Vamos a traducirlo: porque el horizonte de cuanto cabe ver y tocar es la nada. La rosa es sin porqué, que decía el Silesius. Y aquí quien ofrece una explicación a cambio demuestra no haber entendido de qué va este asunto.
Sin embargo, en el día a día la mujer que tienes ante ti no aparece como tal, sino como cuerpo tratable —o mejor, como el cuerpo con el que debes tratar de un modo u otro. Es obvio que vivimos de espaldas a lo que es en verdad. De algún modo, la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— se ubica más allá. La superstición acierta al hablarnos de los cielos en donde todo es a salvo del tiempo, definitivamente real. Pues es lo mismo decir de la mujer que tienes ante ti que es un milagro que decir que es una diosa, a saber, en verdad intratable. Quizá no terminemos de comprender la superstición religiosa mientras creamos que dice algo distinto a lo que decíamos antes: que vivimos de espaldas a la verdad. De ahí que con respecto a la verdad no valga el saber, sino tan solo la revelación. Al menos, porque lo sabido es lo que fácilmente damos por descontado —lo que es fácilmente obviado y, por eso mismo, pre-supuesto. El mundo solo es posible en donde la verdad es, precisamente, dejada atrás. Únicamente a través de las figuras de la imaginación podemos recuperar la verdad, aunque no sin malentendidos de por medio. Pero el destino del imaginario en la Modernidad es el de Casandra, la cual, como sabemos, fue condenada a que nadie la creyese cuando dijera la verdad.
asimetrías básicas (2)
septiembre 18, 2023 § Deja un comentario
Una relación asimétrica —la de Fausto y Margarita, por ejemplo— no puede funcionar. Pues no admite ningún más allá del momento de la sensación verdadera, por decirlo a la manera de Peter Handke —ningún porvenir. El mundo, sencillamente, no sabrá cómo encajarla. ¿Hablamos de una ilusión? No necesariamente. Pues solo a través de las relaciones asimétricas, de ser afortunadas, puede irrumpir la eternidad —e irrumpirá como lo que pone en suspenso, precisamente, la costumbre que erosiona cuanto es. Mundo y verdad nunca hicieron buenas migas. Y de momento, gana el mundo. Aunque a costa de pagar un alto precio. No sé por qué, pero siempre he visto mucha tristeza en los parques de atracciones.
Indiana Jones
septiembre 17, 2023 § 3 comentarios
Imaginemos que fuese cierto que existiera un dios que se preocupase por nuestra suerte o que simplemente jugase con nosotros. ¿Acaso no investigaríamos más? ¿Es que no intentaríamos contactar con él como los mediums con sus fantasmas? ¿Cómo tomarse en serio a quien dice que cree que hay un dios y, con todo, no busca la manera de topar con él, aun a riesgo de enloquecer? Que la relación con el dios se decida solo del lado de la interioridad —que tengamos suficiente con el coloquio interior— ¿acaso no demuestra, más bien, que estamos lejos de creer en lo que decimos creer? ¿Qué creyente hoy en día posee el espíritu de Indiana Jones?
No salimos de este impasse donde añadimos que no toparíamos con el dios, de topar, como quien topa con un alienígena —o encontrarlo como quien descubre el arca perdida. Pues un dios —se dice— es gigantesco, al igual que somos seres gigantescos para las lombrices… si es que intuyen, cuando menos, nuestra existencia. De hecho, si ellas llegaran a topar con nosotros morirían al instante… (y esto es, dicho sea de paso, lo que solía darse por descontado antiguamente a propósito del encuentro entre los hombres y los dioses, a menos que ellos se rebajaran adoptando nuestro aspecto). Ahora bien, si no salimos del impasse por lo que acabamos de decir es porque el carácter inalcanzable de Dios en verdad no tiene que nada ver con lo gigantesco, sino con su esencial falta de sustancia. Un ente cuyo único exceso o superioridad sea la de lo desmesurado sigue siendo, literalmente, más de lo mismo. En sí, Dios no es aún nadie. De hecho, esta es la única trascendencia: la de un Dios que solo puede darse como su porvenir —como su llegar a ser alguien. Como sabemos, este fue el hallazgo de Israel tras el exilio —el que provocó, precisamente, el desencantamiento del mundo. Y de ahí a confesar que Dios no tiene otro quién que el de un crucificado en su nombre media un paso. Aunque sea un paso de gigante.
cartoon
septiembre 16, 2023 § Deja un comentario
Dice el creyente: Dios es creador. Pero difícilmente admitiría como dios a un extraterrestre que hubiese creado el cosmos por puro entretenimiento. O simplemente para experimentar. Sin embargo, el creyente podría objetar que Dios es más que creador. Ahora bien, ¿puede ser este más algo más que un además? Difícilmente. Pues nada hay por encima del principio. Por tanto, el creador es lo más. Por consiguiente, al decir que Dios es algo más que creador, con la intención de hacer frente a quien dijera, que en ese caso, Dios no sería distinguible de un demiurgo espectral, lo único que habríamos conseguido es marear la perdiz. A menos que este algo más fuese un no ser nada. Como si la creación de Dios consistiera precisamente en negarse a sí mismo como Dios. Dios crea, por tanto, de la nada al convertirse a sí mismo en nada. El en-sí de Dios no es una para-sí, como en el caso del hombre, sino un para-lo-otro-de-sí. Pero en este caso, ya no estaríamos hablando, obviamente, de un demiurgo espectral.
la cosa de la educación
septiembre 15, 2023 § Deja un comentario
En educación se suele hablar de la necesidad de integrar a quien, de entrada, está fuera del juego que se juega en las aulas. Que nadie se quede atrás. Y esto está bien. O más que bien. La pregunta, sin embargo, es cómo hacerlo. Y aquí —diría— caben dos tácticas. La primera es la que podríamos denominar maternal. Hablamos de ir a recoger al alumno ahí donde ha sido abandonado: que note que el maestro está por él; que quiere que salga del pozo. Y creo que este modo de proceder funciona, sobre todo, en grupos reducidos y para aquellos que se encuentran sepultados por su debilidad, en definitiva, por la convicción, vivida a flor de piel, de que no van a poder. Sin embargo, me atrevería a decir que no termina de funcionar con aquellos que, creyéndose unos outsiders, desafían el sistema. Son los provocadores. Y haberlos, haylos. En este caso, diría que el procedimiento a seguir tendría que ser más paternal que maternal: aquí venimos a aprender cómo se hacen puentes; por tanto, si no quieres seguir el hilo, estás fuera. El provocador ha de sentir que esta, de hecho, fuera por no tomarse en serio un juego que es serio. Y lo más probable es que se sienta así, siempre y cuando, estando efectivamente obligado a asistir a clase, vea que el grupo sigue como si él no estuviera… pero que, con todo, puede subirse al carro si se pone a ello. Pues le estamos esperando. Porque el grupo siempre gana, es cuestión de que el clima sea, precisamente, el de vamos a hacer las cosas bien —y no el de esto es can pixa. El problema es que el grupo esté formado en su mayoría por provocadores. Pero este es otro asunto.
deseo de dios —o de diosa
septiembre 14, 2023 § 2 comentarios
Hay algo de análogo entre la relación del antiguo creyente con Dios y la que mantiene con la mujer que desea aquel que no se cree digno, por jorobado, de esa mujer. Pues automáticamente el jorobado siente que esa mujer es una diosa de cuyo favor depende por entero. Sin embargo, lo que el jorobado ignora es que, debido a su desprecio de sí, nunca podrá admitir la entrega de la mujer que desea: ella, sencillamente, no puede amarlo. Evidentemente, se trata de un error. Pues esa mujer, a pesar de su brillo, también anda como el dromedario, soportando el peso de su joroba. Aunque nos lo parezca, no es en verdad divina. Estricto oropel.
Aquí la libertad del jorobado pasa, como es obvio, por liberarse de su deseo. Por lo común, esta liberación exige un sacrificio: hay que apartar ese amor por un amor más grande. Kierkegaard. Con todo, probablemente solo se librará de su deseo cuando acepte, no ya que todos deambulamos como jorobados, aunque esto sea cierto, sino que ningún éxito importa, ni siquiera el que procede del sacrificio, para un Dios que anda rozando el nadie. Todo comienza a partir de esta revelación.
Así, difícilmente comprenderemos un texto como la Biblia hasta que no caigamos en la cuenta de que solo un Dios que quiso desaparecer para que fuera posible el mundo nos libera de nuestra espontánea dependencia de los dioses. Como si no hubiera otro padre que aquel que nos abandonó antes de tiempo —aunque por eso mismo haya historia. Pues ninguna historia es posible donde aquel que creemos que es nuestro padre sigue ahí, tutelando nuestra existencia. O mejor dicho, como si lo hiciese. A veces pienso que donde creemos que hay un dios que maneja los hilos, garantizando de paso el sentido de tot plegat, no estamos tan lejos del nihilismo. Al menos, porque no puede haber nada en verdad nuevo —ninguna alteridad— donde damos por descontado el amparo de un dios. A lo sumo, la novedad, ese simulacro de lo nuevo.
esto de la experiencia de Dios
septiembre 13, 2023 § 4 comentarios
Mientras sigamos confiando en las posibilidades del mundo —mientras sigamos creyendo que somos alguien, que tenemos derecho a la admiración— no hay experiencia de Dios que valga. En cualquier caso, suposiciones acerca del significado de tot plegat o la sensación de hallarnos bajo un sí de fondo (y poco más). Difícilmente, puede haber hoy en día quienes experimenten a flor de piel el sentimiento de depender por entero de un poder que nos sobrepasa sin capacidad de negociación. Dios en verdad es intratable. Y no porque sea terrible como pudo serlo un Moloch, sino porque para experimentar la realidad de Dios —tal es la convicción de la tradición bíblica— hay que haber tocado fondo, como suele decirse, encontrarse en la situación del expulsado: no cuentas para nada ni para nadie (y ciertamente, cuando has sido reducido a un despojo de ti mismo no estás para tratos). Esta fue, como sabemos, la situación de Job, una situación desde la cual la bendición y la maldición se revelaron como los dones que se desprenden de la extrema trascendencia de Dios —de su retroceso hasta un pasado anterior a los tiempos (y por eso mismo, hacia un porvenir absoluto). Es en este sentido —y solo en este— que podemos decir que Dios es terrible. El vértigo va de la mano de la lucidez de quien se enfrenta a la verdad de Dios.
Tan solo aquel que topa con la realidad de un Dios que, en sí mismo, anda rozando la nada de un puro haber —la que se manifiesta como el silencio que abraza por igual los hornos crematorios que la sonrisa de un niño — puede decir que ha comenzado a experimentar a Dios. Tan solo la imposible posibilidad de la nada nos puede en verdad. Y digo imposible porque Dios en sí no es una posibilidad del mundo. No puede serlo, en tanto que su irrupción supondría, precisamente, la aniquilación del mundo. Luego algunos modernos dirán que esto del temor y el temblor tiene que ver con una visión demasiado negativa de Dios. Quizá. Pero ¿es posible que hayan sustituido a Dios, una vez más, por una imagen a medida de Dios? La convicción de que vivimos bajo la gracia de Dios es inseparable del temor y el temblor. Ya Bonhoeffer nos advirtió sobre el riesgo de abaratar la gracia, el cual coincide con el de tomar el nombre de Dios en vano. En cualquier caso —o por eso mismo—, la bondad lo es todo. O mejor, más que todo. Pues en tanto que, al ofrecerse como acto imposible en medio del horror, revela el todo como aún-no-todo. Y es que en el todo impera el No.
Ahora bien, ¿por qué decimos que ha comenzado a experimentar a Dios y no simplemente que lo ha experimentado? Es sabido que el budismo se detiene en la nada. No hay más allá. En cambio para Israel —y por extensión para el cristianismo— la nada no es nada sin albergar en su seno la voluntad de tener un cuerpo. Y es que nada es si no es en relación con aquello que lo niega. Porque hay mundo, la nada persiste como aquello que tuvo que dar un paso atrás para que hubiese mundo —y tiene que darlo continuamente para que siga habiendo mundo. Hay un puro haber —un haber sin mundo. Pero, en cuanto tal, se muestra al pensamiento —y a quien sufre la extinción del mundo— como el fondo inescrutable, en tanto que inevitablemente obviado, del haber del mundo.
El problema del nihilismo —y acaso del budismo— es no haber reflexionado lo suficiente sobre el poder de la nada. Pues la nada es en su retroceso en favor de cuanto existe. Adán tuvo que negar a Dios en nombre de Dios para que Dios pudiera llegar a ser alguien amb cara i ulls en el centro de lo histórico. Hay un más allá de la nada. La creación es el más allá de Dios, su donación. Pues Dios, como aún nadie, es su donación de sí en lo otro de sí —su kénosis. De ahí que la experiencia de Dios sea incompleta donde tan solo topamos con su silencio. En lo relativo a la fe, todo comienza con ese silencio. Pero no termina ahí. Pues lo cierto es que la experiencia de Dios por parte de Israel va con el experimentar la Ley —el deber de la fraternidad— como sagrada, es decir, como intocable. Al menos, porque la voz que clama por el pan de cada día es aquella que se desprende de un Dios que, en sí mismo, no es aún nadie —la voz que ocupa el lugar del dios que imaginamos una vez somos sepultados por el silencio de Dios. De ahí que, tanto judía como cristianamente, la experiencia de Dios culmine con el reconocimiento del mesías —el primero en dar un paso incondicional hacia los abandonados de Dios en nombre del Dios que guarda (el) silencio— como Palabra de Dios, la única que supera su silencio. En consecuencia, cristianamente no parece que podamos decir que creemos en Dios mientras no nos adhiramos a la fe del mesías de Dios, en definitiva, a su absurda esperanza.
Ahora bien, si la fe pende de un hilo es porque el reconocimiento del verdadero mesías, de darse, solo es posible tras su muerte. El mesías tuvo que morir —y morir bajo el peso de la impiedad— para que, a través de su fe, Dios pudiera darse en el presente como cuerpo de Dios. Al rechazar, modernamente, esta necesidad, dando por sentado que presupone un Dios-sediento-de-sangre como si fuese una versión de Moloch aunque con un punto de misericordia, lo que damos a entender es, más bien, que seguimos lejos de haber comprendido la revelación que tuvo lugar en el Gólgota. Y seguimos lejos porque aún permanecemos anclados en la concepción religiosa de Dios, aquella según la cual Dios posee la entidad de cuanto existe al margen de su encarnación.
Con todo, nadie dijo que la fe fuese algo que pudiéramos tener como quien posee una ilusión —o mejor dicho, es poseído por ella. De hecho, la ilusión, en el doble sentido de la palabra, acaso sea lo único que, espiritualmente, podemos tener desde nuestro lado. Y la esperanza creyente, en tanto que apunta a lo imposible en nombre de Dios, nunca fue una ilusión.
mesianismo a la Buber
septiembre 12, 2023 § Deja un comentario
Con razón han dicho nuestros sabios que todos los tiempos establecidos para la venida del mesías han pasado, solo falta el regreso (…). A veces, soñando despierto, veo al mesías que lleva el cuerno del carnero en los labios y no sopla. ¿Qué es lo que espera? No que conjuremos los poderes, sino que como niños descarriados volvamos a nuestro padre.
Martin Buber, Gog und Magog
mesianismo
septiembre 11, 2023 § 1 comentario
No puede entenderse el cristianismo si no es a partir del judaísmo. Digo esto porque los intentos de actualizar el credo cristiano recurriendo a categorías propias de las religiones orientales terminan confundiendo las churras con las merinas. Esto es, diciendo una cosa por otra.
Ciertamente, nuestros tiempos sintonizan mejor con dichas religiones. Al menos, porque desde el principio se decantaron por lo abstracto en vez de por el santoral. Nos resulta más fácil suponer que lo último o definitivo es algo así como un océano en el que terminaremos disolviéndonos como muñequitos de sal que un cielo repleto de espectros. Sin embargo, la tradición bíblica nunca reposó sobre aquello en lo que espontáneamente podemos creer. En realidad, implica su crisis.
Y es que la experiencia de Dios de Israel, sobre todo tras el exilio, no se deja articular por las categorías del presente. La invisibilidad de Dios no es la propia de lo que esta velado por las apariencias. Como si bastase correr el velo para ver lo que hay detrás. De hecho, la revelación, a diferencia del desvelamiento, es un volver a velar. Pues la revelación supone caer en la cuenta de que la invisibilidad de Dios es la de un Dios por-venir —de aquel Dios, el único en verdad, que, en sí mismo, tiene pendiente, precisamente, ser alguien. De ahí que en un momento dado Israel no pudiera concebir su experiencia de Dios si no era en relación con su representante, el mesías. No hay presencia de Dios, al margen de aquel que ocupa su lugar. Por eso me resulta más profunda la convicción de que lo que decide nuestra relación con Dios es la fe en la fe del mesías que la idea, en el fondo más racional de lo que parece, de que de lo que se trata es de conectarse a algo así como un fondo nutricio. O a la nada.
verdad y devoción
septiembre 10, 2023 § 1 comentario
Una cosa es la verdad a la que apunta el cristianismo y otra la devoción. En la devoción no hay espacio para la pregunta por la verdad: se da por descontada. Hay Dios —y un Dios con el que puedo comunicarme y confiar. El devoto simplemente se limita a circular por el territorio trazado por el código religioso. Y desde este código, todo cuadra, incluso lo que no. La crisis de la devoción es el comienzo de la fe. Pues la fe solo puede darse como el paso hacia un Dios que nos alcanza como nadie-ahí. Nada sabemos acerca de Dios porque de Dios no hay nada que podamos saber —ni nosotros, ni los ángeles. Pues Dios, en sí, es el silencio y la oscuridad que cubre cuanto es. Más allá de Dios, únicamente el Dios-hecho-cuerpo. Ver el rostro de Dios es ver los ojos desencajados de quien topa con la nada de Dios —con su retroceso o negación de sí en favor de lo otro de sí. Tan solo esos ojos, cuando nos miran, tienen el poder de arrojarnos fuera del quicio del hogar. La revelación únicamente se nos da en los Gólgota de este mundo. Todo cuanto quepa decir cristianamente de Dios comienza sobre la cima de un calvario. Ningún dios sobrevive a la cruz de Dios —ni siquiera el de la cristiandad. El creyente que no recorre el mismo camino que recorrió el crucificado, antes que creer, creerá que cree. Aun cuando sea buena gente —lo cual, sin embargo, ya es mucho. La fe, como la revelación, tienen su momento. Y un momento que no va a depender de nosotros. Tras la revelación, ya nada volverá a ser lo mismo. Ni siquiera la nada.
va de Feuerbach
septiembre 8, 2023 § Deja un comentario
Hablar de Dios como proyección del hombre solo es posible cuando previamente hemos reducido la alteridad de Dios a idea de lo absolutamente otro. Esto es, cuando el punto de partida de la existencia ya no es un hallarse expuesto a la desmesura de una genuina alteridad. Ahora bien, esta desmesura no es la de lo gigantesco —de hecho, lo gigantesco, en tanto que proporcional, no supone nada verdaderamente otro—, sino la del haber de Dios, un haber que anda rozando el nadie-ahí. Tan solo este nadie nos supera en verdad. De ahí que bíblicamente, la experiencia de Dios vaya de la mano del silencio que cubre por igual la bendición y la maldición —los campos de exterminio como los de amapolas. Un Dios que se revela como su por-venir —un porvenir que no admite otras imágenes que las increíbles por imposibles— en modo alguno puede entenderse como una proyección del hombre. Más aún cuando lo que se desprende de la experiencia de un Dios-por-venir es la respuesta de Israel al descenso de Moisés del monte Horeb: primero obedeceremos y luego ya veremos. Como si con respecto a Dios el asunto no fuera Dios, sino la Ley que nos obliga a la fraternidad de los huérfanos, el mandato que se desprende, a la manera de un aliento, de la extrema trascendencia de Dios.
Las tesis de Feuerbach —hijas, en definitiva, de la sospecha cartesiana—son, por tanto, tautológicas. Pues donde partimos de nuestra representación de Dios a la hora de preguntarnos por la realidad de Dios —como quien pretende verificar una hipótesis— ya presuponemos lo que vamos a concluir, a saber, que cualquier realidad es función de las condiciones de posibilidad del conocimiento, en definitiva, del sujeto del saber. En este sentido, me atrevería a decir que Feuerbach no acabó de comprender a su maestro. Y es que Hegel fue muy consciente de que para evitar el subjetivismo —al fin y al cabo, para dar cuenta de lo que aparece en el aparecer— hay que pensar lo real desde el lado de la alteridad. Aunque tras este viaje terminemos reconociendo que no hay alteridad que no implique su negación de sí. De hecho, a veces no puedo evitar la impresión de que la Lógica es una exégesis del prólogo al cuarto evangelio. Pero este es otro asunto.
hasta que llegó su hora
septiembre 7, 2023 § Deja un comentario
El rostro es la expresión del alma, decimos. Y lo decimos porque ya quisiéramos que fuese así. De ahí que, en los dibujos animados, la bruja sea fea. Pero no tiene por qué ser así. Y esto es lo inquietante. Que no haya signos definitivos. Un psicópata puede tener perfectamente la mirada azul de Henry Fonda (véase Hasta que llegó su hora). Y es que lo real no es lo que quisiéramos que fuese —y damos por descontado que es—, sino más bien lo que se nos escapa sin remedio, una esencial falta de coincidencia con la apariencia. Lo real, en tanto que desajustado, es de por sí inquietante. Y no hay inquietud si no es en relación con lo inquietante o, cuando menos, su posibilidad. Es la costumbre —incluso la religiosa— la que nos impide situarnos, precisamente, ante el exceso de lo real. Sin embargo, frente a la irrupción de lo real cualquier hogar se revela como un hogar de paja.
eterna
septiembre 6, 2023 § 1 comentario
¿La eternidad? La vida continúa y tú ya no estás. ¿Hay un más allá? Al menos, el de un mundo que seguirá sin ti. Este es el vértigo. Los cielos están repletos de nadies —de fantasmas. Pero el fantasma, no siendo ya alguien, clama por volver a tener un cuerpo. No sé si la eternidad esté llena de ojos —que decía Celan. Pero, cuando menos, está llena de voces. A este más allá el antiguo Israel lo denominaba sheol. Y no parece un lugar agradable. Ahora bien, no deja de ser curioso que donde hay sheol la redención consista, precisamente, en volver a tener un cuerpo.
pater noster
septiembre 5, 2023 § Deja un comentario
Ningún padre termina su obra. Esta es la tarea del hijo, más allá de lo biológico. El problema de Hamlet fue que su padre se convirtió en fantasma. De ahí que no supiera qué hacer. Mejor dicho, fueron sus sospechas las que transformaron a su padre en un casi nadie, apenas un residuo de lo que fue. Con todo, lo que acaso Hamlet no comprendiera —y por extensión, el sujeto de la Modernidad— es que el padre solo es real mientras siga siendo un padre de ultratumba. La resistencia de Hamlet a obedecer el mandato del padre —un mandato por defecto imposible— fue el síntoma de haber olvidado que existir significa, precisamente, un hallarse expuestos a lo irreductiblemente extraño. El mundo moderno se equivocó al prescindir del fantasma —al convertirlo en el contenido de una experiencia visionaria. La genuina alteridad nunca fue palpable.
