nietzscheanas 25

abril 28, 2012 § Deja un comentario

La pregunta no es qué hay ahí, sino que podemos ver ahí. La cuestión de la verdad, por tanto, no se decide en relación con unos hechos que se encuentran ahí para confirmar o refutar nuestra pretensión de verdad. En verdad, no hay hechos últimos del mismo modo que no hay un único mundo. De hecho, hay tantos mundos como visiones del mundo. Podríamos decir que cada visión del mundo engendra los hechos que le interesa ver. Cada visión del mundo se sostiene sobre una posición vital, un interés —una perspectiva, dirá Nietzsche—, la cual decide que pueda valer como hecho, como dato indiscutible. Así, por ejemplo, quienes creen que una montaña sagrada no es en verdad una montaña sagrada, sino una simple montaña que algunos interpretan como sagrada, no están más cerca de la verdad que quienes sí la ven de entrada como sagrada. La interpretación es interior a la visión, como quien dice, una interpretación que se encuentra determinada, según Nietzsche, por lo que nos interesa o necesitamos ver. Toda visión de algo —toda visión del qué— va con el cómo se da ese algo. Así, esa montaña de ahí siempre se da como sagrada o como mera montaña, según sea el trato que mantengamos con ella. Toda visión de algo lleva sobre sí el mundo que la soporta. Toda visión depende de un poder ver y, por eso mismo, de una voluntad de poder. El perspectivismo de Nietzsche no puede comprenderse, pues, como un relativismo vulgar, esto es, como si dijera que siempre caben diferentes visiones de un mismo paisaje. Y es que, al fin y al cabo, no hay paisaje que ver. La cuestión de la verdad es, por consiguiente, la cuestión de quién necesita ver esa verdad como verdadera, a quién le interesa, por ejemplo, ver una montaña como una mera montaña o, por el contrario, como sagrada o intocable. Así, las diferentes visiones del mundo, en tanto que hacen posibles diferentes mundos, son en definitiva inconmensurables. Por eso cuando Nietzsche declara la muerte de Dios no dice que ahora nos hemos dado cuenta de que Dios en verdad no existe, sino que nuestro mundo —nuestra posición vital, nuestro interés— ya no es capaz de Dios.

nietzscheanas 24

abril 24, 2012 § Deja un comentario

Es muy posible que una de las preguntas fundamentales sea la de si un tirano puede ser feliz. Platón, como sabemos, dijo que no. Nietzsche, en cambio, creía que solo él podía serlo, pues la felicidad solo puede realizarse como transgresión. Para un tirano —para la existencia impune— un límite es algo que tiene que superarse y, en este sentido, el tirano no entiende que haya otro más allá que el que debe ser conquistado. Ahora bien, Platón estaba convencido de que un tirano no podía ser feliz, entre otras razones, porque no podía ser en verdad libre. Según Platón no cabe más libertad que la de quien es capaz de gobernarse a sí mismo, esto es, de ejercer un dominio de sí. Y esto solo es posible donde el hombre se distancia de sus inclinaciones más elementales, dirigiendo su vida hacia lo que en cierto modo le supera, hacia esa realidad que en absoluto cabe alcanzar y, con todo, debe ser alcanzada. Una vez llegados aquí podemos preguntarnos quién está en lo cierto, si Nietzsche o Platón. Pero previamente podemos aún preguntarnos si la cuestión como tal es pertinente. De hecho, Nietzsche la rechazaría de plano, pues, según él, la única cuestión que podemos plantearnos con respecto a la verdad es a quién sirve, es decir, a quién le interesa que la verdad sea verdadera. Al fin y al cabo, no hay hechos que nos permitan decidir entre una verdad y otra. Es el interés, la vida en la que nos hallamos inmersos, la instancia que decide qué ha de considerarse como hecho, como ese dato incuestionable que determina qué pueda darse como verdad. Quien cree que un cosmovisión sin dioses es más verdadera porque de hecho no hay dioses, olvida que si lo que hay son simples hechos no es porque de hecho no hayan dioses, sino porque ya no hay dioses que pueda valer como dios. O, por decirlo con otras palabras, si los reyes son de hecho los padres es porque los reyes dejaron paso a los padres.

nietzscheanas 23

abril 24, 2012 § Deja un comentario

Según Nietzsche, los Mill y compañía no fueron lo suficientemente lejos en su explicación de la moral. Su punto de partida —la capacidad de ponernos en la piel de los demás— da por sentado ese sentido de la igualdad que debería, más bien, ser cuestionado para comprender, precisamente, cómo pudo darse algo tan naturalmente extravagante como la moral cristiana. Así, la perplejidad de Nietzsche —cómo fue posible la conciencia, cómo fue posible que la debilidad se convirtiera en virtud— le impide entender esa moral a partir de la igualdad, como si del hecho incuestionable de la igualdad se desprendieran la serie de los compromisos morales. Nietzsche da un paso atrás y se pregunta, más bien, cómo fue posible que la igualdad llegara a ser considerada como un dato natural, como el hecho indiscutible de la vida en común. Cómo fue posible, pues, que el fuerte pudiera empatizar con el débil —que pudiera ponerse en su lugar—. El punto de partida no es, así, la igualdad del género humano, sino el hecho de que el fuerte siente una natural repugnacia por el débil —por su mal olor, su impotencia, su típico ver de reojo—. Nietzsche no contempla la diferencia entre fuertes y débiles —entre la existencia noble y la plebeya— como una diferencia de grado. La contempla como una diferencia cualitativa. La existencia noble es de otra natraleza y, por eso, su límite no puede comprenderse en los mismos términos en que el débil comprende su propia limitación. Para el noble un límite no es en modo alguno un non plus ultra —el sello de una trascendencia inviable—, sino un acicate, un estímulo, una exigencia de transgresión. Así pues, la moral según Nietzsche no se explica por el hecho de la igualdad. El sentido del deber no obedece a que podamos empatizar con un débil que debemos admitir como semejante. De hecho, ocurre lo contrario: es la corrupción de la moral originaria, mejor dicho, la subversión del sentido originario del valor, ese que comprende lo bueno como lo que nos fortalece y lo malo como lo que nos debilita, el que explica el nacimiento de algo tan naturalmente inexplicable como la igualdad. La igualdad se sostiene, por tanto, sobre una gran mentira, sobre una tergiversación de lo elemental. La igualdad nace, en definitiva, de la idea de que hay algo así como una humanidad, cuando lo cierto es que, si la vida no es más que una ciega voluntad de poder, entonces la diferencia entre quien puede y quien no es semejante a la que media entre un hombre invisible y un chimpancé.

nietzscheanas 22

abril 23, 2012 § Deja un comentario

Es sabido que para Nietzsche, no hay conciencia que no sea una mala conciencia, que no repose, de hecho, sobre un esencial odio de sí. Y es que ¿cómo podría un animal distanciarse de sí mismo, dirigirse a sí mismo como si fuera otro, ser un extraño para sí mismo, en definitiva, cómo podría buscarse, si no hubiera recibido de buen comienzo una condena, un juicio de valor inapelable en donde no cabe otro dictamen que la propia falta de valor? ¿Acaso puede haber conciencia donde uno no es más que su buena salud, donde lo incuestionable es que lo bueno es lo que me hace más fuerte y lo malo, lo que me debilita? ¿Acaso no es cierto que la conciencia nace de una corrupción de los valores originarios, aquellos que van con la vida misma y que no tienen otro horizonte que el de superar cualquier limitación? ¿Acaso la inocencia primordial, aquélla que ignora al Dios que se encuentra por encima de la vida, no es, por eso mismo, tan juguetona como cruel? Toda conciencia es conciencia moral y, en consecuencia, mala conciencia, pues, la conciencia de sí no tiene otro apoyo que el resentimiento de los cojos. La conciencia es el índice de la vida deficiente, del defecto, de la tara, pues únicamente quien lleva sobre sí las huellas de una vida en falta percibe el mandato de la integridad. Uno nace para sí mismo, se afirma en su debilidad, en el momento en que acepta el juicio de Dios sobre sí —en el día en que admite un indiscutible tú no vales—. A partir de entonces ya no hay escapatoria: uno ya es lo que Dios hizo de él, un sometido a Dios, un creyente, alguien que necesitará del dictamen divino para seguir siendo él mismo, para ir en pos de sí, para trascenderse. Sin embargo, no termina aquí la vida de la conciencia. Un creyente necesita también que el juicio de Dios constituya la especificidad de lo humano. Un creyente no está en paz consigo mismo, no aceptará su irreparable falta de integridad, hasta que no logra universalizarla, hasta que no haya convertido al noble en una bestia. Cuando lo cierto es que la existencia noble es tan bestial como divina.

nietzscheanas 21

abril 23, 2012 § Deja un comentario

¿Y si fuera cierto que solo la vida noble —la vida que se encuentra del lado de la mera vida, la vida que no reconoce otro límite que aquél que debe ser superado, la vida tiránica— es en realidad una vida pura, inocente, verdadera? ¿Podríamos soportarlo nosotros, los que olemos nuestra debilidad porque la llevamos a flor de piel, los que arrastramos un imborrable disgusto de sí? Necesitamos creer que el no afecta a fuertes y débiles, en definitiva, que la fortaleza es una máscara, que los tiranos no poseen un genuino poder, sino que únicamente pueden en apariencia. Necesitamos saber que la impotencia nos define por entero a los nacidos de mujer. Más aún: exigimos creer que tan solo Dios puede en verdad. La fe es, así, un asunto de vida o muerte. La vida del esclavo —lo que cristianamente diríamos su liberación interior— depende, al fin y al cabo, de que el tirano no pueda ser feliz.

nietzscheanas 20

marzo 13, 2012 § Deja un comentario

Si la vida lo es todo, entonces los hombres más capaces, aquellos que poseyeran, pongamos por caso, un elevado coeficiente intelectual ¿acaso no estarían moralmente obligados a fecundar a cuantas más mujeres mejor? Si la vida está por encima de todo, ¿no deberíamos admitir que el monoteísmo y su exaltación de la debilidad van de hecho contra la vida? Si la vida lo es todo, entonces el poder es la medida del valor. Hay que tomarse en serio las obviedades de Nietzsche para recuperar lo inaceptable de la verdad cristiana.

Protegido: Ejercicio Historia Filosofia

marzo 5, 2012 Escribe tu contraseña para ver los comentarios.

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nietzscheanas 19

febrero 21, 2012 § Deja un comentario

Puede que el hombre aún exija una respuesta —puede que aún se pregunte si el mal tendrá o no la última palabra—, pero sabe que no puede esperarla. Todo en la historia es un eterno retorno de lo mismo. La historia no tiene, pues, un final porque tampoco tuvo un principio. Donde hay eternidad no puede haber Dios. Y donde no hay Dios, el amor y el odio no se distinguen del movimiento más espontáneo de la vida, la cual como sabemos solo se perpetua a lomos de la muerte.

meditaciones cartesianas (4)

febrero 6, 2012 § Deja un comentario

De un email que responde a una pregunta de Elena T:

Dir que els principis de la raó, aquells que s’expressen en els axiomes de la matemàtica, són vertaders suposa dir que el que afirmen es correspon amb el món. La raó està constituida per una sèrie de principis (normes, lleis,” exigències”) que tenen la forma d’enunciats. Per exemple, “la recta és la distància més curta entre dos punts”, el teorema de Pitàgoras o la ‘evidència’ de que “si A és condició de B i B de C, aleshores A ho és de C”. També pertany a la raó l’exigència de que tot sigui, a la fi, una i la mateixa cosa. Doncs bé, el fet és que no podem pensar, concebre res que no s’ajusti a aquests principis o exigències. Puc concebre un món on quan plogui, la terra no es mulli (perquè, posem per cas, l’aigua s’evapori abans de tocar-la) però no un món on, posem per cas, no hi hagi, a la fi, una i la mateixa cosa. Descartes plateja l’objecció de que el món sigui diferent a cóm estic obligat a concebre’l. Ell la resol dient que un Déu com el que ara ha demostrat en l’exercici del dubte metòdic no pot enganyar-nos i, per tant, no podem ni tan sols suposar que aquest Déu ens hagi obligat a concebre un món conforme a uns principis que no s’ajusten a la realitat. Ara bé, l’argument de Descartes és feble: podem dir que Déu podria haver-ho fet, no amb la voluntat d’enganyar-nos, sinó pel nostre bé com quan els pares no els hi diuen tota la veritat als seus fills. Per això deiem a classe que la força de l’argument cal trobar-la en una altra banda. Si els principis de la raó es corresponen amb el món —si és veritat, per exemple, que “tot és, a la fi, una i la mateixa cosa” i no tan sols un principi que estic obligat a ‘donar per vertader’ però que ben bé podria no ser-ho— és perquè no pot haver un món que no es correspongui a aquest principi. Un món on les coses no fossin, a la fi, una i la mateixa cosa, fora un món on allò últim fora una irreductible diversitat de coses. Però la diversitat és sempre diversa en relació amb alguna cosa. És a dir, la idea d’una diversitat irreductible a aquella cosa en relació amb la qual és diversa, fora senzillament inintel.ligible. Així doncs, la idea d’un món que no es correspongui amb les exigències de la raó és absurda. Ara bé, si podem dir que els principis de la raó —si les matemàtiques— es corresponen amb el món no és només pel que t’acabo de dir, sinó també perquè prèviament Descartes ha demostrar que hi ha un afora, una realitat exterior al jo, un no-jo. Aquesta exterioritat no és altra que la d’un Déu infinit. (És evident que tot això no acaba de quadrar, ja que si Déu és la infinitud del no-jo, cóm pot haver-hi un món a part de Déu? És per això que Spinoza “arreglarà” a Descartes dient allò de que Déu i món són el mateix. I, de pas, que la consciència del jo, l’esperit, és la consciència de Déu.)

Protegido: 1D : apuntes sobre la libertad

enero 19, 2012 Escribe tu contraseña para ver los comentarios.

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no apto para menores (o Aristóteles es así)

enero 5, 2012 § Deja un comentario

http://db.tt/YVENAEkv

Protegido: exercise 1D

diciembre 27, 2011 Escribe tu contraseña para ver los comentarios.

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ultra Platón

noviembre 5, 2011 § Deja un comentario

Comprender a Platón es comprender que hay Belleza –o Justicia o Verdad…– porque la Belleza –o la Justicia o la Verdad…– no se dan por entero. Esto es, porque siempre tenemos una belleza –o una justicia, o una verdad..– a medias, podemos decir que hay Belleza –o Justicia o Verdad–. Justo lo contrario de lo que se dice por ahí (y dijeron en su momento los sofistas), a saber, que no hay ni belleza, ni justicia, ni verdad… porque cada uno tiene su sentido de la belleza, la justicia, la verdad… Al fin y al cabo, todo es cuestión de estricta lógica. Si la realidad es lo que se pone de manifiesto de un modo u otro y nada se pone de manifiesto, si no es en relación con un punto de vista o sensibilidad, esto es, relativamente, entonces la realidad en sí misma siempre permanece en cierto sentido más allá de su manifestación. O lo que viene a ser lo mismo: si vemos la realidad –la Belleza, la Justícia, la Verdad…– es porque la realidad en sí misma es invisible, esto es, no se da, no se halla presente. Como si el hombre tan solo pudiera encarar lo real donde lo real ha sido dejado atrás, encubierto, olvidado… por el acontecimiento mismo de lo real. Como si solo pudiéramos habitar este mundo de cosas dándole la espalda a lo real, confundiendo, pues, las cosas con la realidad que representan. Lo real en sí mismo –lo real con independencia de su manifestación– es idea, la idea misma de lo real. O por decirlo de otro modo, de lo real en sí mismo tan solo poseemos una idea. Esta idea, sin embargo, no es solo un contenido mental, una idea que nos hacemos nosotros a la vista de las cosas que nos traemos entre manos, lo que se dice, una abstracción. De hecho, la idea es una exigencia o paradigma cuyo carácter es, precisamente, el de algo objetivo, inmodificable, exterior. Si las cosas bellas se muestran como bellas, es decir, nunca por entero, sino siempre relativamente es porque, al fin y al cabo, deben ser esa belleza que no acaban de encarnar. Si podemos decir que las cosas bellas no terminan de ser bellas es porque deberían serlo, porque solo pueden mostrarse como bellas mientras sigan apuntando a una belleza indiscutible, incondicional; porque, en definitiva, se encuentran en cierto modo sometidas al patrón de una belleza absoluta. Y porque esto es así, la Belleza, con mayúsculas, la idea misma de lo bello, se nos da como la posibilidad siempre abierta de cuestionar las bellezas particulares como la encarnación perfecta de lo bello. O por decirlo sin piedad: si podemos ver cosas es porque aquello que son las cosas en última instancia, esa cosa última a la que se reducen todas las cosas, no es, en realidad, una cosa, sino la posibilidad siempre posible de una cosa última, estrictamente, la idea de una cosa última, la idea de algo absolutamente uno, en platónico, la idea misma de Ser. Si podemos ver cosas, si las cosas se encuentran ahí como siendo lo que parecen, es porque siempre podemos preguntarnos por eso que son en última instancia.

(Sustitúyase, de paso, Belleza por Dios y tendremos un bonito tratado de teología platónica. Y, así, es posible que acabemos diciendo aquello tan bíblico de que Dios es, en el fondo, la posibilidad siempre abierta de impugnar al dios de la religión como una representación adecuada de Dios.)

cuestiones socráticas

octubre 27, 2011 § Deja un comentario

Solo sé que no sé nada, dijo Sócrates. Y, sin embargo, Sócrates según cuentan sí que supo de qué iba el juego. ¿Se trata de una boutade? No creo. ¿De qué, entonces? Pues de que no parece que quien sabe vivir pueda decirnos, ni decirse a sí mismo, en qué consiste ese saber. Como si supiéramos siempre menos de lo que en la práctica sabemos. Como si uno no pudiera poseerse a sí mismo desde un saber acerca de sí mismo. En cualquier caso, si el saber propio de quien sabe vivir siempre acaba concretándose como ignorancia es porque aquello que exige ser conocido –aquello que debemos encarar, la verdad de las cosas que nos traemos entre manos–, sólo nos es accesible como el objeto de una interrogación.

nietzscheanas 18

julio 16, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 18

Un nihilista es aquel que ya no espera nada extraordinario de la vida. Para el que ya no cree en nada todo no es más que la eterna reiteración de lo mismo. Nada otro se revela, pues, entre lo que nos traemos entre manos. Las cosas simplemente pasan y la única diferencia entre ellas reside en el grado de satisfacción que nos aportan. Algo extraordinario es simplemente algo sensacional. Y lo cierto es que las cosas no pueden darse de otro modo una vez la antigua distinción entre lo natural y lo sobrenatural ha dejado de ser obvia. Un creyente, por el contrario, siempre aguarda que vuelva papá —o que aparezca el príncipe o la vestal—. (Con todo, lo que distingue a los creyentes es qué hacen mientras tanto. O mejor dicho: qué creen que deben hacer.)

nietzscheanas 17

julio 13, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 17

La era de la técnica es la era en la que todo lo que es posible, debe hacerse. Esto es: la era en la que nada es sagrado, en la que no hay límite que no deba ser franqueado. Donde no hay Dios que temer —donde el único Dios que podemos admitir es el dios-amiguito o aquel que coincide con los efluvios de una energía cósmica—, difícilmente habrá una frontera moral que sirva como el non plus ultra de la existencia humana. Así, si fuera posible detener genéticamente el envejecimiento celular, tarde o temprano, alguien lo hará. Ahora bien, no hay que ser muy listo para ver que no todos los hombres podrían gozar de esta inmortalidad. Del mismo modo que Adán se separó del mono, el superhombre se separará del hombre. Los hombres normales seremos, sin duda, chimpancés para aquellos que consigan vivir diez mil años. Otra cosa, sin embargo, es que los superhombres sean en verdad algo menos que el hombre. En este sentido, no es causal que en el antiguo Egipto se imaginaran a los dioses como bestias —y, así, un dios tan solo sería algo incomparablemente más fuerte que el hombre—, pues quien sabe que no tiene que morir, no puede estar más allá de sí mismo. Un inmortal no es más que un amasijo de inclinaciones. Por tanto, no es del todo ridículo suponer que la casta de los superhombres sea una casta de dioses aburridos que solo sean capaces de jugar… como si la vida les fuera en ello. Esto es, al fin y al cabo, lo que tiene la evolución tot court: que no puede haberla sin que el hombre le entregue el alma al diablo.

nietzscheanas 16

mayo 7, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 16

La historia de Occidente en tres pasos —o cómo nuestro mundo ha llegado a ser el que es—:

a) de entrada, como es obvio, vivimos de nuestro espejismo. La vida que nos traemos entre manos nada vale por sí misma, sino solo en relación con lo que, según parece, sí vale en verdad, a saber, la vida que viven los dioses —hoy diríamos la vida de nuestras estrellas mediáticas—. Así, por ejemplo, el trato que podamos tener con esa chica —o ese chico— vale la pena, si puede comprenderse como un calco más o menos afortunado del amor mítico, es decir, de las grandes pasiones que vimos en las películas de nuestra infancia. Un amor que no represente ni siquiera por aproximación el amor verdadero de laspelículas’, difícilmente podrá ser vivido como tal. Nadie se ilusiona con un simple contrato o desempeñando la rutina de un oficio. Es así que el típico derecho a roce no suele ir muy lejos. A menos que el otro sea un simple rascador, una cosa entre otras, quienes juegan este juego, tarde o temprano, se van a preguntar qué significa lo suyo, pues nadie puede admitir fácilmente ser una cosa entre otras. De entrada, pues, la vida que vivimos en el más acá encuentra su medida en el nivel del más allá. La vida de buen comienzo vale solo con respecto a lo que, en cierto modo, se sitúa fuera de la mera vida.

NB: ¿qué añade a todo esto el cristianismo? Por decirlo rápidamente, un mito para los pobres. Tras la irrupción del cristianismo en la antigüedad greco-romana, los pobres poseeran su propia historia ejemplar y, por eso mismo, su vida, como la de los nobles, podrá tener un cierto valor. No es casual, pues, que hoy en día un madurete repartidor de pizzas pueda creer con facilidad que su vida no ha fracasado: situado en las postrimerías del cristianismo, aún dispone de unas cuantas variantes del mito cristiano, películas del tipo el-repartidor-enmascarado-que-salva-al-mundo-del-ataque-alienígena. Estas películas son impensables en una cultura para la que el paria es simplemente un infrahumano, alguien que en modo alguno podrá realizar las posibilidades de lo humano.

b) deviene la catástrofe, literalmente, la caída del cielo. Dios no puede tener lugar en un universo homogéneo y ciego, en donde la antigua división entre un inmaculado más allá y el imperfecto más acá llega a ser impertinente. Dios, por consiguiente, ha muerto. La vida del Dios ya no es una vida real. No hay más vida que la nuestra y, como acabamos de ver, nuestra vida, por sí misma, carece de valor. Un Dios muerto es un Dios que solo tiene que ver con los apuros del creyente. El nihilismo —la falta de valor de la mera vida, el eterno retorno de lo mismo— se revela, al fin y al cabo, como el destino mismo de Occidente, del mismo modo que, tarde o temprano, cae en la depresión quien creyó durante demasiado tiempo en los cuentos de hadas.

c) si todo vale por igual —y, por tanto, nada vale en verdad—; si no hay nada de valor que merezca un sagrado respeto y, por tanto, que se muestre como algo intocable, entonces el principio formal de la vida moral —el no todo lo que puede hacerse, debe hacerse— ya no puede justificarse. En su lugar encontrarmos el propio del dominio técnico del mundo: si es posible, debe hacerse. De este modo, si es posible modificar nuestro código genético para vivir mil años como si tuviéramos veinte, se hará; si es posible multiplicar hasta el infinito las capacidades del cerebro humano, se hará. Ahora bien, esto significa que un hombre abandonado a la lógica de una evolución es un hombre sin definición moral. El tabú, la prohibición cuya transgresión nos sepulta en la vergüenza, solo afectará, en el mejor de los casos, a grupos concretos de individuos, pero no a la especie. O como dijo el mismo Nietzcshe: donde muere Dios, muere también el hombre, pues es obvio que el hombre de los mil años ya no será uno de los nuestros. Seguirán, sin duda, habiendo hombres, pero el hombre será dejado atrás como lo fue en su momento el mono. Un hombre sin Dios es un hombre que se supera a sí mismo ad infinitum. Ahora bien, no todos podrán seguir la vía de esta superación. Donde muere Dios —el Dios que nos hermana en la tara—, se hace de nuevo evidente que no somos iguales: unos podrán llegar a ser algo más y otros no. El porvernir del hombre no es, por tanto, un hombre ideal, sino un ser que ya no podrá reconocerse en quien le engendró: un Frankenstein, un Terminator, un superhombre. Pero se trata de la misma historia de siempre —del eterno retorno de lo mismo—, pues ¿acaso el padre del hombre no fue un chimpancé?

nietzscheanas 15

mayo 3, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 15

La cuestión de la felicidad del tirano fue antes platónica que nietzscheana. De hecho, se trata de la vieja cuestión acerca de quién está vivo en verdad. Y sabemos también cuál fue la respuesta de Platón: un tirano no puede ser feliz en modo alguno; un tirano siempre está solo. Precisamente porque nada le impide realizar su deseo, el tirano no puede ir más allá de sí mismo. Un tirano es incapaz de llevar, así, una vida elevada. Otra fue, sin embargo, la respuesta de Nietzsche. Para este anticristo, la vida del impotente, la vida del esclavo, al tratarse de una vida que no coincide consigo misma —al ser, propiamente, una vida avergonzada de sí misma—, no puede estar en verdad viva. Si el impotente —el sacerdote— cree lo contrario—si cree que la salud, la inocencia, la belleza del noble es, en el fondo, una impostación— es porque, al fin y al cabo, no puede soportar no ser como quienes denuncia. O inocencia o resentimiento. La cuestión sigue, ciertamente, en pie. Y debe seguir en pie… si el cristianismo ha de ser algo más que una religión para niños.

Kant

mayo 2, 2011 Comentarios desactivados en Kant

elchinodeKonisberg.pdf

nietzscheanas 14

mayo 1, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 14

O Platón tiene razón y, entonces, aquello que divide a los hombres es la reflexión. O la tiene Nietzsche y, en ese caso, la diferencia pasa por quien puede y quien no. Nuestros prejuicios cristianos nos impiden ver lo obvio: que no somos naturalmente iguales. En Platón, la falla es cultural. O, por decirlo rápidamente, la única aristocracia es la del espíritu. Así, los hombres se dividen en simples y elevados. Los primeros creen saber, mientras que los segundos, al ignorar quienes son, no paran de buscarse. Por eso mismo, los primeros permanecen donde están —como las bestias—, mientras que los segundos, al no coincidir con ellos mismos, existen excéntricamente, más allá de sí mismos. Para Nietzsche, en cambio, la distinción es, en el fondo, biológica, brutal. Si el espíritu es una fuerza, no hay más espíritu que el de la Tierra. Cualquier apelación al espíritu de un divinidad evanescente —es decir, de una divinidad cuyo rostro no sea el de una alimaña— es en verdad un intento de colar como dignos de un dios los latidos de una vida endeble. Existen, pues, los fuertes y los débiles como existen los hombres y los monos: solo los segundos necesitan una moral, una sacerdote que les de gato por liebre.

(Con todo, es posible que la verdad sea un asunto aún demasiado judío. Puede que la más dura compasión no sea un (re)sentimiento, sino aquel intento de responder a la exigencia imposible, por sobrehumana, de amar al prójimo. Puede que seamos iguales solo porque, ante el Dios del séptimo día, somos y seguiremos siendo los mismos culpables de siempre.)

ejercicio Nietzsche (2)

abril 30, 2011 Comentarios desactivados en ejercicio Nietzsche (2)

Redacción tipo:

Nietzsche_MartaAragones.pdf

ejercicio Hume

abril 30, 2011 Comentarios desactivados en ejercicio Hume

Redacción tipo:

redaccio_Sendra.pdf

ejercicio Nietzsche

abril 30, 2011 Comentarios desactivados en ejercicio Nietzsche

Redacción tipo:

nietzsche_Masso.pdf

nietzscheanas 13

abril 30, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 13

¿Qué significa declarar que Dios ha muerto? Pues que el antiguo ideal, aquel que habitaba indiscutiblemente por encima de nuestras cabezas, solo puede mostrarse como la ilusión del hombre. Esto es, que ya no es posible creer honestamente en la realidad de un divinidad que dote de sentido a nuestra existencia. Que toda fe acaba por revelarse como mala fe. Ciertamente, en un mundo donde la antigua división entre lo natural y lo sobrenatural ha pasado a ser impertinente, no hay dios que pueda valer como Dios. Para la sensibilidad antigua, el mundo del más acá es un mundo en todo se da más o menos, esto es, nunca plenamente. Así, nuestra libertad es siempre una libertad en cierta medida, nuestros amores, en cualquier caso, más o menos verdaderos, nuestro identidad algo tambaleante. Y si eso es posible —si es posible que, con todo, haya una cierta libertad, un cierto amor, una cierta identidad— es porque se da por descontado que el más allá se encuentra poblado por divinidades que son verdaderamente libres, cuyo amor es verdadero, cuya identidad es fuerte. Para la sensibilidad del hombre antiguo, si la vida que nos traemos entre manos vale algo es porque puede comprenderse como una imitación más o menos conseguida de lo que vale en verdad, a saber, la vida de los dioses. Cuando un chico y una chica llevan, pongamos por caso, quedando un día sí y otro también para tomar unas cocacolas es muy posible que en un momento dado se pregunten qué significa en verdad lo suyo. Si significa algo será porque representa algo que vale en verdad la pena, a saber, una pasión como la de los dioses, una pasión de verdad, hoy diríamos, una pasión de película. Dios ha muerto significa, pues, que ya no podemos creer que ese amor exista en efecto, en un inaccesible más allá, como el patrón incuestionable de nuestras amoríos, como el ideal que les confiere un cierto valor. Sin embargo, puesto que los hombres no podemos encontrar la medida de nosotros mismos en nosotros mismos, ya que de entrada no somos más que un amasijo de instintos; y puesto que los hombres no podemos soportar la falta de valor de la existencia o, lo que viene a ser lo mismo, una vida en donde todo valga por igual y, por tanto, en donde nada valga en verdad, en vez de dioses tenemos “estrellas mediáticas”, ídolos. Así, hoy en día creemos, con la misma ingenuidad religiosa de antaño, que nuestra pasión valdrá algo si se asemeja a la que mantienen, por ejemplo, Iker y Sara o William y Kate. La diferencia con los tiempos antiguos —y por eso Nietzsche tiene razón cuando dice que no podemos ya creer honestamente en ninguna divinidad— es que las “estrellas mediáticas” tarde o temprano mostrarán su fallo humano, su debilidad, su mal olor. Los tabloides —esa prensa nihilista— están ahí para recordarnos lo ridículo de nuestra creencia en cualquier divinidad. Y aquí no vale decir aquello de “para mí, Dios existe”, pues un Dios cuya existencia se decide por entero en el espacio de la subjetividad es, en todo caso, una hipótesis de trabajo —un supuesto más o menos útil—, pero en modo alguno un Dios que pueda hacerse valer como Dios. De hecho, que Dios solo pueda valer en privado no refuta el diagnóstico de Nietzsche. Más bien lo confirma. Un Dios que, expulsado de un cielo indiferente, se refugia por entero en el corazón del hombre, no es un Dios cuyo mandato pueda someter por entero al hombre, es decir, un Dios cuya voluntad decida de una vez por todas lo humano del hombre. That’s all.

PS: con todo, lo que no supo ver Nietzsche es que el Dios bíblico se revela, de hecho, como la inviabilidad de lo sobrenatural. Que el derrumbre del cielo comienza con Yavhé, ese Dios imposible. En este sentido, si el hombre se encuentra sometido a la voluntad de Dios no es porque le muestre cómo debe ser para aproximarse, cuanto menos, a la plentiud, sino porque debe responder al mandato de Dios que se encarna en el clamor de los abandonados de Dios. Y para poder responder, el hombre no tiene que ser así o asá, sino encontrarse en la situación en la que, precisamente, no puede ya ser de ningún modo, la situación propia de la pobreza de espíritu. Por tanto, Dios no se nos da como un modo de ser que debamos imitar. El Dios bíblico se nos revela —hay que recordarlo, una vez más— como aquel que no admite predicados, ni siquiera el de la bondad. La bondad de Dios no debe comprenderse, estrictamente hablando, como predicado de Dios, sino como don de Dios. La bondad de Dios es un modo de dar fe de un encontrarse ante Dios viviendo una vida inmerecida, esto es, en la situación de quien goza de una medida de Gracia. Dios —el Dios bíblico— es Señor y, por tanto, aquel que somete por entero al hombre. Quien puede responder a Dios, quien se encuentra sometido a su voluntad, no es nadie que pueda ya confiar en su posibilidades, aquellas indicadas, precisamente, por los ídolos que habitan en el cielo. Quien puede responder a Dios no puede ya identificarse con un determinado modo de ser: es un cualquiera, alguien sin valor, un nadie, un sin-dios. Por tanto donde muere Dios muere ciertamente el hombre, el cual, por defecto siempre tiene necesidad de ídolos. Ahora bien, para el creyente lo que viene después del hombre no es tanto un hombre sin medida, esto es, un superhombre, sino un hombre que no es más, pero tampoco menos, que el espíritu mismo de Dios. Pero este ya es, por descontado, otro tema.

nietzscheanas 12

abril 28, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 12

Como es sabido para Nietzsche la cuestión de la verdad no es la cuestión de un criterio para la verdad. O, por decirlo de otro modo, ante una supuesta verdad la pregunta no es “y ¿cómo sabremos que es verdadera?”, sino “¿por qué necesitamos creer en esa verdad?” Así, por ejemplo, cuando el sacerdote afirma que todos somos en verdad iguales ante Dios, no tiene sentido preguntarse por aquel hecho que podría confirmar esa verdad —pues no hay hechos que pudieran confirmarla… o refutarla—, sino solo por cuál pueda ser su interés para que las cosas sean así. Nietzsche se pregunta, pues, por la verdad de la verdad, por aquello que hace que el hombre sea un animal preocupado por la verdad. Al fin y al cabo, si los hechos son irrelevantes con respecto a la la verdad es porque en verdad no hay hechos últimos que pudieran decidir de qué estamos hablando en cada caso. Cuando decimos, por ejemplo, que es verdad que la nieve es blanca es porque damos por sentado que hay ahí nieve blanca. Sin embargo, la pregunta es ¿para quién hay nieve ahí? Fácilmente, podríamos responder: para cualquiera que tenga ojos. Sin embargo, un físico cuántico no verá nieve donde cualquiera ve nieve… sino unas pocas partículas elementales dandanzo en un inmenso vacío. Y si esto —a saber, que nada último se decide en el territorio de los hechos— ya es verdad con respecto a nuestras verdades objetivas, cómo no va a serlo igualmente con respecto a las morales. No hay verdad, pues, sin perspectiva. O lo que es lo mismo: una verdad no responde a los hechos, sino a nuestro interés para que esa verdad sea verdadera. Tras una verdad no hay un hecho decisivo, sino solo una decisión, muchas veces inconsciente, con respecto a qué vamos a considerar como decisivo. No es causal que algunos hayan entendido que Nietzsche extrae con ello las últimas conscuencias del giro cartesiano, el que nos obligó, precisamente, a reconocer que nuestras afirmaciones sobre el mundo, antes que con el mundo, tienen que ver con un yo que inevitablemente tiene que pensarse a sí mismo cuando piensa el mundo.

nietzscheanas 11

abril 26, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 11

Donde el ideal se revela como ilusión —y esta es la convicción básica del nihilismo—, la vida deja de ilusionarnos. ¿Qué pasión podría vivir una mujer, si ya, de entrada, estuviera convencida hasta el hipotálamo que la cenicienta es una patraña? ¿A quién puede ilusionarle un vínculo meramente contractual, una relación que no re-presente, al menos por aproximación, lo que vale en verdad por encima de nuestras cabezas, a saber, la historia ejemplar, el mito, el ideal? No es casual que Nietzsche dijera aquello de que junto con Dios, muere también el hombre, pues nadie será humanamente capaz de abrazar la vida donde la vida deja medirse con un ideal que, por defecto, se ubica inmaculadamente más allá de lo tangible. Sin embargo, la cuestión es si acaso la verdad más verdadera no será aquella palabra que puede habitar, precisamente, un cielo sin imágenes. Si Nietzsche hubiera sido más judío, probablemente no habría jugado tan en corto. Quizá el problema del nihilismo sea no haber comprendido lo suficientemente bien que solo un Dios que se niega a sí mismo —un Dios cuyo único rostro es el de un hombre dejado de la mano de Dios, un Crucificado— puede dotar al hombre de valor suficiente como para soportar la caída de los cielos. Al fin y al cabo, la diferencia entre el coronel Kurtz —esa figura de lo sobrehumano— y un creyente es que el primero no llegó a oir la voz imperativa de Dios en el sacrificio mismo de Dios.

nietzscheanas 10

abril 19, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 10

¿Amar al enemigo? Pero ¿se puede estar vivo sin un enemigo al que combatir, sin nada que negar? ¿Acaso puede alguien amar la vida sin amar la salud, la belleza, la fuerza y, por tanto, sin enterrar el excremento que la amenaza? ¿Acaso no debe alguien encarnar lo excrementicio para que podamos, precisamente, reconocernos en el amor a la vida? No es casual que el amor al enemigo sea siempre un amor de quienes ya están muertos, de aquellos que ya no tienen tiempo por delante. Deberemos, pues, admitir que el amor al enemigo solo puede darse como amor terminal, como un amor propio de los últimos tiempos.

nietzscheanas 9

abril 13, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 9

¿Cómo fue posible un Dios que renunciara a su divinidad? ¿Quién puede confiar en un Dios castrado? La impotencia de Dios ¿no es acaso una contradicción en los términos? ¿Cómo pudo fracasar Dios? Si un Dios es, por defecto, la fuerza, aunque se trate de la fuerza de la bondad, ¿cómo es que al descender a los infiernos de este mundo no fue capaz de transformarnos? ¿Puede creer honestamente quien cree en un Dios crucificado? ¿Acaso un Dios que muere en la Cruz puede seguir siendo verdadero? Un Dios que exige nuestra compasión, un Dios que nos exige amar al débil, al enfermo, al tarado, ¿no es acaso un Dios contrario a la vida? ¿Cuesta tanto darse cuenta de la monstruosidad del cristianismo? ¿Es tan difícil comprender que nadie en su sano juicio puede admitir un Dios de esta calaña?

nietzscheanas 8

abril 12, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 8

¿Y si fuera cierto que el fuerte —el noble, el bello— estuviera, en verdad, satisfecho de sí mismo? ¿Y si la vida que puede —la vida que se encuentra bajo el sol del mediodía— fuera de hecho una vida cualitativamente distinta que la de quienes se encuentran a una cierta distancia de sí mismos, en la sombra, avergonzados de su modo de ser? ¿Y si la distancia que separa ambas existencias fuese la misma que la que distingue al hombre del mono? ¿Y si quienes saben que no hay nada —ni nadie— que se les resista fuesen los únicos que viven en verdad una vida inmaculada? ¿Y si estuvieran en lo cierto quienes dan naturalmente por sentado que el vencido no tiene más derecho a la existencia que un animal tarado? ¿Y si Megan Fox no fuera un pobre chica, como quisiera hacernos creer el sacerdote, sino aquella que mira con feliz desprecio la vida de oficio de tantas mujeres de carne y hueso? ¿Y si no hubiese mayor libertad que la de quienes viven invisiblemente, como si cualquier posible estigma no fuera con ellos?

 

Megan fox and armani

 

 

 

 

 

 

 

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Hume no fue un sucio relativista a pesar de las apariencias

marzo 23, 2011 Comentarios desactivados en Hume no fue un sucio relativista a pesar de las apariencias

pues eso

2 sobre 2

febrero 5, 2011 Comentarios desactivados en 2 sobre 2

Redacción de Claudia Ylla. Las correcciones en rojo.

Descartes_Dualisme ànima-cos

about renato

enero 16, 2011 § Deja un comentario

Descartes

pauta pregunta 3

noviembre 26, 2010 § Deja un comentario

pues eso

voluntad de poder

noviembre 24, 2010 § Deja un comentario

Proclamar el amor universal a la humanidad es, en la práctica, dar preferencia a todo lo sufriente, enclenque, degenerado… Para la especie, es necesario que perezcan el enclenque, el débil, el degenerado: pero el cristianismo recurre precisamente a ellos, en tanto que fuerza conservadora, reforzando así ese instinto ya de por sí poderoso en los seres débiles, de cuidarse, de preservarse, de sostenerse mutuamente. ¿Qué son la virtud y la caridad en el cristianismo, sino la reprocidad en la conservación, esa solidaridad de los débiles, esa traba a la selección?

F. Nietzsche

sacrificio

noviembre 23, 2010 § Deja un comentario

Acaso Nietzsche no quiso decir otra cosa, a saber, que los valores no son superiores a la vida. Ningún valor, pues, puede exigir el sacrificio de la vida. La vida no se encuentra sub iudice. Simplemente, es lo que sucede. Y en este sentido no vale más ser fiel que traidor; prisionero de un campo que colaboracionista. Ciertamente, desde la óptica de la vida más primaria, no cabe la diferencia moral. Las amebas al unirse ¿se aman o se odian? ¿Se abrazan o, por el contrario, se devoran? En cualquier caso, un valor no sería más que la reacción histérica de la criatura que no puede admitir las reglas del juego. Sin embargo, tendremos que darle la razón a Nietzsche, si queremos comprender el alcance de un Dios crucificado.

Platón: the final cut (…y tres)

noviembre 16, 2010 § Deja un comentario

alcachasnohayquienlopare

Platón, sigue el delirio: segunda parte (de tres)

noviembre 14, 2010 § Deja un comentario

elcachas ataca de nuevo

Platón: primera parte

noviembre 13, 2010 § Deja un comentario

elcachas_2010

Hot Sócrates

octubre 25, 2010 § Deja un comentario

Hot_Socrates2004

Hard Parménides

octubre 13, 2010 § Deja un comentario

Parménides

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