Carmen es una carca (o sobre el poliamor)
abril 2, 2022 § 3 comentarios
Las costumbres cambian. Pero las costumbres, incluso las buenas, tienen que ver con lo impersonal: con lo que se hace, se lleva… Así, entre los jóvenes de ahora, lo más parece que es salir con alguien pero sin que ello excluya poder echar, de vez en cuando, una cana al aire. El discurso —lo que se dice—: si te apetece, ¿por qué no? A mi pareja no le importa. De acuerdo. Esto es, de mútuo acuerdo. Algunos de sus mayores, ciertamente, no terminan de comprenderlo. Unos carcas, responden los chicos (y no tan chicos). Sin embargo, la pregunta no es ¿por qué no?, sino ¿qué significa que no nos importe? ¿A quién no le afecta que su pareja se líe con otro puntualmente? Es decir, ¿qué tipo de yo hay detrás de esta actitud?
A mí no me importa prestar la blackdecker al vecino cuando me la pide. Al fin y al cabo, hablamos de algo que, en tanto que útil, terminará, tarde o temprano, en el container. Pues el destino de lo útil es, precisamente, la inutilidad, el desgaste. Pero sí me importaría prestar a mis hijas para que otros hicieran de padres durante unos días… incluso si ellas me lo pidieran. ¿Debería no importarme? En el caso de que no me importase ¿qué estaría diciendo sobre mi relación con ellas —y, en definitiva sobre mí mismo—? ¿Acaso que mis hijas únicamente satisfacen mi necesidad de tener descendencia? Uno no puede evitar la sospecha de que en las parejas abiertas el otro no ha terminado de entrar. Simplemente, estoy bien con él o ella —o incluso muy bien—, pero puedo vivir sin él o ella. Todo desde la barrera. No parece que haya aquí mucha intimidad. Y puede que no haya intimidad porque no hay intimidación. En el amor, el otro irrumpe como único (y por eso mismo, interrumpe la continuidad de los días). Es lo que tiene la alteridad. Pues, de hecho, tan solo cabe amar lo que, como alter, no podemos poseer (y sin embargo, nos reclama o exige una respuesta incondicional).
Con todo, el amor es tan extraordinario como difícil. No es lo habitual. Mientras, fem el que podem. Es decir, nos dejamos llevar por lo que se lleva… creyendo que es lo más auténtico, cuando se trata simplemente de la novedad, ese simulacro de lo nuevo. Nos equivocamos donde confundimos el amor con la inclinación, por no decir, la excitación —en definitiva, el deseo con el amor—. Es lo que tiene ser unos consumistas. Pues la lógica del poliamor es la del super. Al fin y al cabo, uno es lo que ama. Pero podemos pasarnos toda una vida sin amar nada o a nadie, comprando —y desechando— cosas. Quizá el problema sea que con el tiempo los chicos del poliamor se den cuenta de que las nuevas costumbres no son mejores que las viejas. Toda costumbre es gris (y el amor, denso). Pero entonces acaso descubran el Mediterráneo. ¿Qué pasa si a mi pareja no le importa que me acueste con otros? Literalmente, no pasa nada. O mejor, nada acontece o tiene lugar. Es decir, acontece la nada. ¿A quién quieres engañar diciéndote que es lo más? Será cierto que las mujeres y los hombres se distinguen entre los que están a favor de la búsqueda y los que no. Y, en el fondo, lo que buscamos es la aparición. Aunque lo ignoremos. Ahora bien, donde renuncias a la aparición, el mundo gana. Y al mundo solo le interesa que te reproduzcas.
Nietzsche y Pablo
abril 1, 2022 § 3 comentarios
Probablemente, Nietzsche entendiera el cristianismo mejor que muchos cristianos. Sin embargo, no pudo ser cristiano. Y no tanto porque se embriagara con la figura del übermensch, sino porque, en definitiva, donde la resurrección de los muertos necesita ser traducida para ser modernamente digerible —diciendo, por ejemplo, que la fe en la resurrección es un modo de decir que Jesús sigue vivo en nuestros corazones—, el cristianismo pasa a ser otra cosa. Como dijera Pablo, si los muertos no resucitan, vana es nuestra fe (y puede que no sea casual que vano conecte con vanidad). Ahora bien, lo cierto es que esto de la resurrección cuesta de tragar hoy en día (aunque también antiguamente).
Con todo, es igualmente cierto que, tarde o temprano, deberíamos caer en la cuenta que la fe en Dios o apunta a lo imposible —a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad— o no es fe, sino suposición. Y apunta a lo imposible no a causa de nuestra necesidad de un final feliz, sino en nombre, precisamente, del acontecimiento de lo imposible —la bondad, el perdón del enemigo…— en medio del infierno. Para comenzar a entender, cuando menos, de qué va el asunto de la resurrección acaso no estaría de más tener muy presente el episodio de las madres de El Salvador, aquellas campesinas que dieron su sangre para que pudieran seguir con vida aquellos soldados que agonizaban y que, momentos antes, habían forzado y asesinado a sus hijas en una operación de la Guardia Nacional contra la guerrilla. Evidentemente, esas mujeres ya no tenían vida por delante (y en este sentido, podemos decir que estaban muertas). Quizá el cristianismo no pretenda más que dar fe de lo que este gesto revela acerca de Dios, un gesto que mimetiza, por decirlo así, el que tuvo lugar en el Gólgota. Y lo que revela no es un dios titiritero, sino aquel que no es nadie sin el cuerpo de quienes obedecen su voluntad, aun cuando no pueda ser de otro modo que sin Dios mediante. Esto es, como si no hubiera Dios.
Así, cristianamente, la verdad —lo que en verdad acontece y no simplemente pasa o sucede— tiene que ver con la vida que podemos esperar tras la muerte. Y esta vida no tiene nada que ver con la superviviencia de espectros puros en un supuesto más allá, sino con una Nueva Creación. Lo dicho: imposible. Ahora bien, donde no cabe la posibilidad de lo imposible —de lo absolutamente nuevo— o, en palabras de Pablo, donde no cabe esperar contra cualquier expectativa, Nietzsche tiene, sencillamente, razón: nada, al margen de un eterno retorno del ruido y la furia (a pesar de que a momentos aún quepa asombrarse del crecimiento de la hierba).
fantástico
marzo 31, 2022 § Deja un comentario
Con el desencuentro hay que contar. La cuestión —acaso la única que importa— es qué hay tras el derrumbe.
Sócrates, Amós, Casandra
marzo 30, 2022 § Deja un comentario
El destino del filósofo —acaso también el del profeta— no es otro que el de Casandra. Dirá la verdad —o mejor dicho, que hay verdad, pero no para nosotros—. Pero nadie estará dispuesto a admitirlo. Para los comunes, lo que nos parece que es, la opinión —el se dice, se hace—. También la satisfacción como horizonte. En modo alguno, la búsqueda.
de lo alto y lo bajo
marzo 29, 2022 § Deja un comentario
Es cierto que uno es, en gran medida, lo que come. También en lo relativo a los asuntos del alma. No creces del mismo modo donde te pasas el día oyendo reggaeton que escuchando con frecuencia a los clásicos. O leyendo tweets en lugar de a Shakespeare. Educar supone, en gran medida, decirlo (y sin complejos). Porque, sencillamente, es así. En el reggaeton no hay silencio. Mientras, puedes hacer otras cosas. Freir unos huevos, por ejemplo. El bonobo que llevamos dentro salta (y está bien que, de vez en cuando, salte). En cambio, en Bach o Shakespeare, las frases apuntan al nadie-ahí. Por eso su canto acaso sea lo único que pueda inspirar la piedad de un dios. Cuando Elisabeth Schwarzkopf entona las primeras notas de Erbarm dich —o el actor declama deformado, inconcluso, enviado antes de tiempo… ya no puedo convertirme en amante— difícilmente cabe continuar con lo nuestro. Pues el resto es silencio. Y nada más real que lo que resta.
todo bien
marzo 28, 2022 § Deja un comentario
La antigua fe —la de la cristiandad— se parece mucho a un todo en orden y muy satisfecho. Dios a veces cambia la sentencia, pero nunca, sus designios. El puzle cuadra. Como satisfechos pudimos dormir en paz. El Rey mantiene las cosas en su sitio. Poco que ver con la primera fe. En la cristiandad, Dios es el pantocrator, el presupuesto de una cosmovisión. Difícilmente, aquel que quiso ponerse en manos del hombre para llegar a ser el que será (y por eso mismo, un Dios cuyo porvenir está en el aire… aun cuando se nos haya hecho un spoiler).
polis y religio
marzo 27, 2022 § Deja un comentario
El esquema del mito se repite religiosamente: pureza-caída-restauración. No solo con la religión, sino también con el romanticismo político. Hitler siguió este esquema. También, Milosevic, Putin o la yihad. La clave: el pueblo alemán, serbio, ruso, creyente… El mismo perro con distintos collares. Hoy en día, la esencia de un pueblo convoca lo que convocaron los antiguos sentimientos religiosos, aquellos que apuntaban al arraigo, a la convicción de un formar parte. La respuesta ilustrada siempre fue, sin embargo, el pacto entre los distintos, la democracia imperfecta, con su especepticismo de fondo con respecto al Bien. Pues el precio de la paz —y la paz en política es siempre una tregua— no es otro que la devaluación de la creencia. La fraternidad, ciertamente, es lo pendiente. Pero la fraternidad nunca fue de este mundo. Debiéramos preguntarnos si acaso el laicismo democrático, a pesar de lo dicho, no estará más cerca del Reino que los regímenes que pretenden realizarlo.
¿existe Dios?
marzo 26, 2022 § Deja un comentario
Dios: o es, o existe. Si es, entonces no es Dios, sino una cosa cuya superioridad es inconcebible por inconmensurable. Si existe, entonces aún no es Dios. Los bonobos, las montañas, las moscas… no existen: son. Tan solo nosotros existimos (y por eso mismo, también Dios, en tanto que absolutamente otro o extraño). Pues existir significa estar en el mundo como arrancados de una alteridad tot court. El bonobo, contrariamente al hombre, no se tiene pendiente a sí mismo. No se pregunta por lo que quiere ser de mayor. Vive sin más. Como la rosa del Silesius. Se mueve como las bolas de billar tras ser golpeadas por el taco. En cambio, el hombre es su inquietud. Y quien dice inquietud dice no terminar de encontrarse en donde se está. El todo nunca será el todo para quien existe. Ni para el hombre, ni para Dios. Al menos, porque el vivir como arrancados supone estar en el mundo como quienes se hallan expuestos a una falta fundamental, precisamente, la de Dios o el otro como tal. Y por eso mismo, Dios existe como el que aún no es nadie sin el fiat del hombre. La existencia del hombre es el envés de la existencia de Dios. Evidentemente, no hablamos de un ente superior. Pero tampoco de una fantasía. En cualquier caso, porque Dios existe pudo llegar a ser en el centro de lo histórico como cuerpo de Dios. Ahora bien, en ese llegar a ser —en el reencuentro entre Dios y el cuerpo de Adán— se preserva la distancia de la alteridad. Y de ahí, el aparente galimatías de la Trinidad.
nietzscheanas 55
marzo 25, 2022 § 6 comentarios
¿Qué queda del cristianismo donde ya no sabemos qué hacer con la resurrección de los muertos? Queda Nietzsche. Y no porque Nietzsche fuera simplemente un heraldo del ateísmo, sino porque lo fue al tomarse el cristianismo al pie de la letra… donde ya no era posible creer en el relato de zombis buenos con el que terminan los evangelios. Como si este relato fuera el añadido de un final feliz ex machina que los productores de Hollywood obligan a introducir en aquellos guiones que terminan mal. De hecho, Nietzsche supo leer a Pablo: si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, en definitiva, una insensatez. ¿Un Dios colgando de una cruz? ¿Y por amor a su criatura? ¿Es que hemos olvidado lo que significa ser un Dios? ¿Qué se le revela al apestado de Dios? Que el Padre no está por la labor. Como si no hubiera nadie más allá. Pues, si lo hubiera, como dijera Epicuro, en realidad no da la impresión de que se interese por nosotros. ¿Cómo podría hacerlo si la distancia que lo separa del hombre es análoga a la que media entre cualquiera de nosotros y las pulgas de nuestras mascotas? Sin resurrección, el abandonarse a Dios del abandonado de Dios es un delirio. Al menos, porque es como abandonarse a un nadie-ahí.
Ahora bien, Nietzsche fue posible porque modernamente carecemos de un lenguaje que nos permita comprendernos como aquellos que se hallan expuestos a un alteridad cuya realidad es la de un pasado inmemorial y, por eso mismo, la de un eterno porvenir. Ahora bien, esto es como decir que, como tal, no es. Al menos, porque no hay nada que sea que no se haga presente de una manera determinada. Dice Nietzsche: nada absolutamente otro por encima de nuestras cabezas. En cualquier caso, tan solo falsas representaciones del Otro. Y ciertamente no lo hay, en el modo del presente indicativo (aunque de ello ya se dieron cuenta, antes que Nietzsche, los profetas de Israel). Pero si Nietzsche hubiese leído a Hegel, quizá hubiera comprendido que el haber de una alteridad avant la lettre es, en realidad, lo que solo puede darse dejando atrás —esto es, fuera de los tiempos— su carácter enteramente otro o extraño. Esto es, negándose a sí misma, como quien dice, para llegar a ser en lo otro de sí misma. Dios solo puede darse como cuerpo de Dios (y no precisamente espectral). Y en esto consiste su poder: en su querer vaciarse de divinidad. O también, en su poder renunciar a su poder. De lo contrario, la voluntad de poder estaría por encima de Dios. Al fin y al cabo, la revelación cristiana consiste en un caer en la cuenta de que Dios es, en verdad, no lo que naturalmente imaginamos como divino, sino el cuerpo de un crucificado en su nombre. Y, sin duda, esto está muy cerca de decir que no hay Dios. Pero también lo está —de hecho, es lo que se anuncia— de afirmar que el nadie-ahí llega a ser alguien por la entrega incondicional del hombre de Dios (y por eso mismo, el cristiano confiesa que el crucificado es el quién de Dios, su modo de ser y no tan solo su ejemplificación). Es lo que tiene un Dios que depende del hombre que depende de Dios. No hay Dios al margen del crucificado que se abandona a Dios. Esto es lo que proclama el cristianismo. No, la religión. Y Nietzsche hubiera estado muy cerca de comprenderlo si no hubiera preferido erigirse, según palabras de Lou Andrea-Salomé, en el profeta de una humanidad sin prójimo.
lenguaje y fragmento
marzo 24, 2022 § Deja un comentario
Donde hay lenguaje no puede haber integridad. El otro queda fragmentado, entre el sí y el no —entre, por ejemplo, lo que nos agrada de él y lo que nos disgusta. Intentamos separar las espinas. Pero las espinas van con el pescado. Pues quien dice lenguaje, dice juicio. Cuando decimos algo de algo se olvidan los nombres en favor del significado, el sentido. La cosa pierde su unidad, una vez nos preguntamos qué es. La cosa, en cualquier caso, se presenta como un porvenir o promesa —y, además, increíble. Pero puede que la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— se decida en relación con lo increíble. Quizá no estaría de más releer a Von Hofmannsthal.
buscar la verdad
marzo 23, 2022 § Deja un comentario
Incluso si el mundo fuera un deliro, el amante de la verdad seguiría en la distancia. Nada que le sorprenda. Pues, con respecto a la raíz de tot plegat, cualquier mundo tiene mucho de sombra. Aun cuando no nos lo parezca. Ciertamente, ya se nos dijo que la verdad nos haría libres. Pero lo que quedó en el cajón es a qué precio. Y es que no hay modo de comunicar que los mundos sean un espejismo —y deformado— de lo absolutamente otro, acaso lo único que merece el nombre de lo real, a quienes permanecen alejados de la boca de la caverna. No es casual que los Sócrates sufran el destino de Casandra. O los profetas. Para el resto, siempre las apariencias. A pesar de que baste con aceptarlo para que lo habitual se cargue con el aura de la excepción.
amar la Torá antes que a Dios
marzo 22, 2022 § Deja un comentario
Esto lo dijo Levinas, en un escrito homónimo. ¿Una boutade? No me atrevería a decirlo. Sobre todo, viniendo de quien viene. El amor a Dios siempre es sospechoso de ser una variante del amor a uno mismo. En cambio, quien se encuentra sujeto a Dios es fiel a lo que se desprende de su inaccesibilidad: la vida como milagro y el mandato de preservarla de nuestra impiedad. Es decir, la Torá. Un creyente permanece sine die a la espera de Dios. Bíblicamente, lo decisivo con respecto a Dios siempre fue el mientras tanto.
Ex 3
marzo 21, 2022 § Deja un comentario
¿Una zarza que arde sin consumirse? ¿Qué hay tras el suceso paranormal? En primer lugar, aquí no se trata de un fenómeno excesivo, como pueda ser un tsunami o una supercélula, sino imposible. La experiencia de Dios en verdad no se da ante lo gigantesco —pues lo gigantesco es solo circunstancialmente gigantesco—, sino ante lo imposible. Hallarse expuesto a la trascendencia de Dios es, por tanto, encontrarse frente a lo que el mundo no puede admitir como posibilidad. Sin embargo, no es cuestión únicamente de interiorizar nuestro estar expuestos a la posibilidad de lo inconcebible. La imposibilidad de Dios, al fin y al cabo, la amenaza que envuelve el mundo, exige un ponerse en situación. La respuesta del hombre —la de Moisés, como fue la de Abraham— es un aquí estoy. Hablamos, consecuentemente, de una disponibilidad fundamental. YWHW, de entrada, se presenta como el Dios de los patriarcas. Como dando a entender que sin la fe del hombre, Dios no es. O como leemos en el Talmud, si tu crees en mí, yo soy; si no crees, no soy. Dios es el Dios que no quiso ser alguien sin la adhesión de su criatura. Lo decisivo, sin embargo, es lo que viene a continuación: he escuchado el clamor de los que sufren: ve y dile al faraón…. La disponibilidad del hombre es la que lo arroja a un tener que responder —a la responsabilidad para con Abel—. Pero ¿en nombre de quién?, replica Moisés. Esto es, con qué fuerzas cuento. Pero Dios no responde como Moisés hubiera preferido. YWHW dice simplemente soy el que soy —o seré, en traducción acaso más justa—. Esto es, ya se verá. El presente de Dios va ligado, por consiguiente, a su futuro. Un futuro que, sin embargo, dependerá de la respuesta del hombre a su invocación. De Dios, en los tiempos históricos, tan solo lo que se desprende de su extrema trascendencia, el don de la vida y el deber de preservarla frente a las formas de la impiedad. Es lo que tiene un Dios que depende del hombre que depende Dios. No cabe esperar, por tanto, ninguna intervención ex machina. Salvo que sigamos siendo unos fantasiosos. Pero la Biblia, a pesar de lo que nos parezca en un principio, no es un libro de literatura fantástica.
Fedón
marzo 20, 2022 § Deja un comentario
Lo que resulta extraño en el Fedón: que Sócrates y sus amigos diserten sobre la naturaleza del alma horas antes de que se ejecute su condena a muerte. ¿WTF? ¿Acaso en esos momentos estamos para eso? Sin embargo, ¿no es lo que tiene ser lo que uno ama o busca, su inquietud? Que la muerte —la propia— sea lo de menos. Como si lo que importase siempre lo tuviéramos pendiente. Como si, en verdad, no hiciéramos más que obedecer.
monogamia
marzo 19, 2022 § Deja un comentario
Tomando un café, escucho lo siguiente en la mesa de al lado: “la monogamia es una construcción social, no es algo que nos salga de dentro. A Antonio lo veo como el padre de mis hijos, pero no como empotrador.” Diría que hay mucho lío mental por ahí. Es cierto que el “de por vida con una sola pareja” puede vivirse como una prisión. Pero la trampa es creer que el “poliamor” es el remedio, lo más. Basta con que la novedad pierda su brillo como para que vuelva a brillar la posibilidad de un alma gemela, de hecho, otra ilusión. Y de fantasía en fantasía vamos tirando, creyendo que la fiesta está en el piso de arriba. En el fondo, seguimos con lo de siempre: es difícil saber de qué va el juego. Y el juego no va de lo que nos parece que va. Si los amantes se encuentran, y no solo se cruzan, no será porque sufran un chute hormonal, sino porque se abrazan como náufragos. Y esto no es, ciertamente, algo que hagan los bonobos. ¿Constructo social? Claro. Como si lo natural en el hombre no fuera, ya desde los tiempos de Adán, dejar de ser natural.
PS: curiosamente, la conversación termina con un “oye, tía, como me gustaría que un hombre me dijera que me quiere”. Lo dicho: no tenemos remedio.
abstract
marzo 18, 2022 § Deja un comentario
Si Dios es absoluto, entonces Dios es lo abstracto. Pues en ambos casos, hablamos del apartado. Como los que apestan. No en vano Hegel dijo que no hay nada más real que la abstracción.
óptica
marzo 17, 2022 § Deja un comentario
Nada entendemos del cristianismo si no leemos su textos fundamentales desde la óptica de los despreciados por el mundo. ¿Un final de los tiempos? No, para nosotros, los que aspiramos a poder. Para nosotros, siempre más de lo mismo. En cambio, quienes ya no tienen vida por delante, ese final ya llegó. El mundo no da más de sí para los que no cuentan —los incontables—. Y el cristianismo acaso no diga otra cosa que la siguiente: que lo que el hombre espera tendrá lugar tras el día D. Adorno decía que deberíamos aprender a mirar cuanto es desde el punto de vista de la redención. Pero para hacerlo antes hemos de hundirnos en el polvo. Sencillamente, es así.
operarios, al fin
marzo 16, 2022 § Deja un comentario
Las formas —el rito, la institución— son necesarias. Pues, al final, solo nos quedarán las formas, acaso el mayor signo de fidelidad, del querer. Ellas son nuestro andamio. Pues es ingenuo suponer que el sentimiento es todopoderoso. Las formas tienen mala fama. Demasiado judías, decimos. Pero ahí reside nuestro error: en creer que las formas son insinceras, cuando lo cierto es que no cabe, en definitiva, mayor sinceridad. Sin embargo, es cierto que demasiado andamio nos aleja de la tierra. Difícilmente vamos a dar en el clavo con el decir lo que es. No hay plata sin ganga. Y el minero que las separe aún está por venir.
los secundarios
marzo 15, 2022 § Deja un comentario
Muchos cristianos creen que la Virgen se apareció en Fátima o Lourdes. Sin embargo, no es lo mismo creer que creer que es verdad. En el primer caso, vas al lugar. O mejor, vives pendiente. Pues ha sucedido algo, literalmente, extraordinario (aun cuando, de hecho, admita diferentes explicaciones). ¿Y quién permanece en su sitio ante la irrupción de otro mundo? De haber fantasmas, ¿acaso no iríamos en su búsqueda? En el segundo caso, sin embargo, todo sigue más o menos igual. Aquí las apariciones están al servicio del sistema de creencias. Se trata de una pieza que nos permite cuadrar el puzle. Es como creer en vampiros y, cuando sales de noche, no llevar una ristra de ajos. No en vano N. Frye decía que los personajes de una novela se dividen entre quienes están a favor de la búsqueda y quienes no, los secundarios.
puro nombre
marzo 14, 2022 § Deja un comentario
En la Biblia, no hallaremos una descripción definida de Dios. Esto es, YWHW no es el referente del concepto de lo divino. De hecho, YWHW es un nombre sin referente y, además, impronunciable. En cualquier caso, Yo soy el que seré, lo cual Dios nos da a entender que el quién de Dios está por decidir. Y quien dice por decidir dice por venir. No es casual que Dios se presente como promesa de Dios. Pero también YWHW se revela a Moisés como el Dios de los patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob. Pues es lo que leemos en el Talmud: si crees en mí, yo soy; si no crees en mí, no soy. Muy extraño, por no decir intragable, para aquellos que parten del prejuicio que hace de Dios un ente por descubrir.
de la bondad y los buenos
marzo 13, 2022 § Deja un comentario
Creer en la bondad no es lo mismo que creer en la fe de las mujeres y los hombres buenos, los cuales, por lo común, terminan mal. Es cierto que muchos corazones limpios confían en la bondad de Dios. Pero confían porque no han estado en el infierno. Como le dijera el que siempre niega a Dios a propósito de Job: este cree en ti porque las cosas le van muy bien. A veces uno no puede evitar la impresión de que estamos simplemente ante una fe genérica en la bondad con el motivo de Dios. Sin embargo, si cristianamente cabe creer en la bondad no es porque esta creencia nos haga sentir mejor —y mejores—, sino porque hubo resurrección, lo cual, dicho sea de paso, pone el asunto de la fe muy cuesta arriba. Y es que sin resurrección de por medio, la creencia en el poder de la bondad deviene, sencillamente, una ilusión. Y la ilusión, sobre todo si es religiosa, es propia de iluminados. De ahí que creer como quien no quiere la cosa que la bondad lo puede todo nos haga olvidar que la fe apunta a lo increíble en nombre de una bondad que se hizo cuerpo donde no podía haber ninguna bondad. Cristianamente, la fe en la bondad es indisociable de un estar convencido de que hay algo así como un combate entre Dios y el príncipe de las tinieblas. Al menos, porque el creyente espera que, al final, la piedad se imponga sobre los poderes de este mundo. Y esto, ciertamente, es difícil de creer en tanto que no es posible creer en la resurrección, ese spoiler, como quien no quiere la cosa. Sobre todo, donde no esperamos ninguna redención, de lo suficientemente bien que estamos.
contempla
marzo 12, 2022 § Deja un comentario
Contemplar. Esto es, permanecer en el asombro, ante el milagro de lo obvio. Y lo que no es asombro es voluntad de poder. Sin embargo, como escribiera TS. Eliot, el hombre no puede soportar demasiada realidad. De ahí que caigamos tan fácilmente en la distracción. Es lo que tiene llevar a un bonobo dentro. ¿Contemplativos en la acción? Posible. Aunque difícil. Pues es difícil lograr la sinceridad del actor. Hay que estar convencido de que lo que importa está por venir. Aun cuando solo por eso hasta el vuelo de la mosca se carga con el aura de la excepción.
no sabría qué decirte
marzo 11, 2022 § 3 comentarios
Por lo común, hablamos por hablar. Esto es, sin tener mucha idea del asunto (pero como si la tuviéramos). La mayoría de nuestras conversaciones son cháchara. Bullshit. De ser honestos, no pararíamos de decir en realidad, no sabría qué decir. El precio a pagar, sin embargo, sería el de la interrupción. El trato difícilmente puede continuar. Y esto es lo mismo que decir que no podemos conversar con el sabio. En cualquier caso, seguirle en el juego de la interrogación (y esta es una de las moralejas de los diálogos platónicos). O en su defecto, hablar de fútbol. Una vez puestos a decir tonterías, mejor hacerlo bien.
el juego de la comba
marzo 10, 2022 § Deja un comentario
El contrataste entre lo que nos parece que es y un saber sobre lo que es no es fácil de precisar. Pues, de hecho, la ciencia sustituye lo que nos parece desde dentro de la escena —el sol se mueve— por lo que nos parece desde las gradas del espectador imparcial —lo que se mueve es la tierra—. Ahora bien, no seguimos hablando de apariencia porque veamos que la tierra se mueve —pues, de hecho, no lo vemos—, sino porque el modelo de Copérnico cuadra matemáticamente con los datos. Mejor dicho, porque ofrece una matemática más simple (y desde los griegos hay más verdad en lo simple que en lo complicado). Sin embargo, bien pudiera ser que la exterioridad fuese contradictoria, esto es, que el mundo fuese el encubrimiento de una alteridad que no admite el concepto, en tanto que anda rozando la nada o el nadie. El sujeto del saber teórico —y aquí la etimología de la palabra teoría resulta significativa— ocupó el lugar de un dios. Sin embargo, lo que ignora dicho sujeto es que Dios en realidad no ocupa ningún lugar. No puede hacerlo, salvo como lo otro de sí —como un desplazado, un excluido, uno que cuelga—. Ni la ciencia, ni por supuesto nuestra sensibilidad pueden hacerse una idea del eternamente aún nadie como tal.
misterium
marzo 9, 2022 § Deja un comentario
Si Dios es el misterio del mundo —el factor pendiente que mantiene el mundo en la indecisión—, entonces Dios no es un ente que esté, literalmente, por descubrir. Y si Dios no es algo misterioso, entonces estaremos de acuerdo en que ni siquiera podríamos decir que hay Dios. Un Dios que existe, no existe, como decía Bonhoeffer. Israel, sin embargo, lo comprendió antes (y a través de siglos de sufrimiento). No en vano Dios es la promesa de Dios. Su haber no es el del presente indicativo. Un creyente permanece a la espera. Y mientras tanto, un tener que responder al que ocupa su lugar, el sin Dios. Ahora bien, lo que Israel ni siquiera imaginó es que la promesa de Dios —su tener lugar— se realizaría en un crucificado en su nombre. ¿Quieres ver a Dios? Ahí lo tienes, colgando de un madero. Es posible que aún no hayamos comprendido la audacia cristiana. De ahí que no sea secundario que la crisis del cristianismo tenga que ver con que ya no sabemos qué hacer con la resurrección de los muertos. Y es que sin resurrección de por medio, la declaración cristiana está muy cerca del ateísmo.
de buen rollo
marzo 8, 2022 § Deja un comentario
Hoy en día, el esquema religioso, al menos en la cancha cristiana, dice más o menos así: hay un Dios que cuida de nosotros porque nos quiere… solo que pasamos; la transformación consistiría, por tanto, en aprender a mirar el mundo con los ojos de la bondad de Dios (y obrar en consecuencia). Bien. Mejor, necesario. Sin embargo, este mensaje no se diferencia mucho del que presentan otras cosmovisiones (y quizá por eso mismo muchos cristianos de a pie den por hecho que las diferentes religiones promueven más o menos lo mismo). ¿La religión verdadera? Aquella(s) que transforma(n) nuestro corazón en un corazón puro.
Sin embargo, la confesión creyente parte de la cruz —de su elevación—. Y es que la fe comienza con el fracaso del hombre bueno. No parece que el mundo esté por la labor. Los verdugos ganan. Siempre. De ahí que, como dijera Pablo, sin resurrección, vana es nuestra fe. El riesgo de una pastoral que se limite a promocionar la bondad pasando de puntillas sobre la resurrección —o entendiéndola como una variante de la resiliencia— es el de acabar siendo una versión de los libros de autoayuda con la excusa de Dios. Esto es, que le falte seriedad. Ciertamente, el acontecimiento de la resurrección no es fácil de digerir. En realidad, nunca lo fue. Y este es el problema. Pero, en cualquier caso, a los que ya tienen una edad, no se les puede vender la moto de que el amor todo lo puede. Pues sin resurrección de por medio, esto, sencillamente, no es verdad.
disyuntiva
marzo 7, 2022 § Deja un comentario
O el mundo está sub iudice. O formamos parte de un puzzle que no terminamos de comprender ni comprenderemos. Entre el Yin y el Yan. Eternamente. Y quien dice Yin y Yan, dice Bien y Mal. Aquí no hay más que el fluir. Para los desgraciados, acaso una reencarnación para recuperar. Aquí el nombre —Juan, Ibrahim, Malena…— es lo de menos. Se trata de purificar la cosa que se sirve de nuestra conciencia. No fue esta, sin embargo, la convicción de Israel. La injusticia que clama al cielo —literalmente— no se contenta con algo menos que con lo imposible. Quizá Nietzsche estuviera en lo cierto al decir que Oriente estaba preñado de nihilismo. Pues la paz que no tenga en cuenta a las víctimas de nuestra impiedad puede que no sea más que una versión espiritualizada del dicho que cada palo aguante su vela.
Lear, again
marzo 6, 2022 § Deja un comentario
La madurez lo es todo, escribió Shakespeare en King Lear. Has visto demasiadas historias como para saber cómo terminan en realidad los cuentos. Tienes más presente el final que los tráilers. Nada parece digno de confianza. Pero es entonces cuando puedes preguntarte qué hay más allá del No. Y lo que hay es increíble, aunque cierto. Quizá no haya otra realidad que la imposible, la que ningún mundo, ni siquiera el sobrenatural, puede admitir como su posibilidad. Pues lo imposible es la condición del mundo.
emocionante
marzo 5, 2022 § Deja un comentario
Cuando nos sometemos a los sentimientos, a las emociones o a los estados de ánimo, en realidad no nos abandonamos a nosotros mismos, sino que nos ponemos en manos de quien gobierna reacciones y emociones.
Carmine di Martino
sano escepticismo
marzo 4, 2022 § Deja un comentario
Como sabemos, Hume fue un escéptico. A pesar de su defensa de la empiría frente a la hybris del racionalismo, estaba lejos de confiar en las sensaciones. Mejor dicho, lo que dijo es que con respecto a ellas solo cabía confiar. No podemos ir más allá de lo que nos parece que es, de la suposición. La inducción no conduce a ninguna certeza. Si creemos lo contrario es porque hasta el momento la generalización nos ha ido bien: de momento, el Sol sigue saliendo por el horizonte (y así nos pasamos de rosca creyendo que esto siempre será así). Bertrand Russell propuso una parodia del principio de inducción: el pavo se equivoca si da por sentado que quien lo engorda día a día lo seguirá haciendo de por vida (en realidad, no se equivoca; lo que ignora es que la fecha de caducidad ya está impresa). En clave humana, damos por hecho que nuestra madre nos quiere… y que no dejará de querernos. O que somos quienes decimos ser. La idea de fondo es que si creemos pisar tierra firme es porque creemos que la hay. De lo contrario, la existencia se nos haría insoportable. Sin embargo, lo que no es de recibo es que algunos apologetas aprovechen el viento a favor para colar la legitimidad de la fe en Dios. Como si no pudiéramos dejar de creer —como si la creencia viniese de fábrica—. Ahora bien, una cosa es creer en lo que vemos y otra, muy distinta, confiar en un Dios fuera de campo. Aquí la creencia es excesiva. Pues no se trata de algo que, hoy en día, demos por descontado. Para Hume, la experiencia del mundo se basa en creencias compartidas, en modo alguno en lo que suponemos por nuestra cuenta y riesgo. No obstante, lo cierto es que la fe en Dios nunca se basó en la suposición del creyente, sino en la imposibilidad, precisamente, de suponer que hay un titiritero espectral que, desde las alturas, supervisa, de un modo a menudo desconcertante, nuestra existencia. El defensor habitual de la fe riega fuera de tiesto donde da por hecho que la fe y las creencias juegan en la misma liga.
estar por encima de uno mismo
marzo 3, 2022 § Deja un comentario
El ideal del dominio de sí —la posibilidad de estar por encima de lo que te sucede y no importa— ¿acaso no implica mirar como si fueran bonobos a quienes aún se limitan a reaccionar? Ciertamente, este es el riesgo, sobre todo si de lo que se trata es de comprender de qué va el juego —o, como decía Platón, de observar cuanto pasa como si fuéramos un dios, esto es, desde arriba—. Sin embargo, nos alejamos de caer en esta tentación donde lo decisivo no es comprender, sino dar de comer a quien carece del pan de cada día. Pues aquí todos nos situamos en la misma línea de salida, si es que salimos alguna vez.
inferno
marzo 2, 2022 § Deja un comentario
¿Qué significa infierno? Pues que no hay esperanza. Mejor dicho, no la hay para ti. Otros, en cambio, viven una buena vida, como si tú no existieras. Son dioses (y están en este mundo, aun cuando alejados, como corresponde a un dios). A ti te abandonaron cuando naciste. Y no hay consuelo. Acabarás cerca del perro. Eres, sencillamente, desechable, un resto, una malformación. Nadie se acordará de ti cuando hayas muerto. Y el mundo te lo hace saber. Hay Dios porque hay los sin-Dios-que-los-ampare. Por eso, Dios no habita en los cielos, sino en los pozos sin fondo de este mundo. Quizá Marx fuera más consecuente con el cristianismo que muchos de los que pasan por cristianos. Pues donde se da a Dios por descontado, a la manera de un espectro hinchado de bondad, nos olvidamos de que, en relación con el verdadero Dios, el que no aparece como dios, tan solo nos tenemos los unos a los otros. A Dios rogando, y con el mazo dando, como suele decirse en castizo. Aunque Marx, ciertamente, se quedara solo con lo segundo.
qué será
marzo 1, 2022 § Deja un comentario
Un serial killer ¿es un psicópata? ¿O un pobre desgraciado? Depende de cómo se nos cuente la historia. Como en aquellas películas con un giro final que revela lo equivocados que estábamos al creer lo que creímos. Pero también nuestras representaciones pueden formar parte de un juego de espejos. Un sueño dentro de un sueño que, a su vez, pertenece a otro sueño… como dijeron los escépticos. Y así no habría un final —una solución—. ¿De qué lado esta la verdad, entonces? No puede estarlo de la imagen verdadera. Pues no hay imagen o representación que no pueda ser discutida. Acaso, del lado de la lógica. Pero sus resultados no dicen nada al decirlo todo. Como viera Platón, un hombre bueno no puede deducirse de la idea de Bien. De ahí que la pregunta no sea la de Atenas —qué es—, sino la de Israel —qué terminará siendo—. Aunque la respuesta permanezca, nunca mejor dicho, en el aire.
hacerse una idea
febrero 28, 2022 § Deja un comentario
¿Cómo hacernos una idea de lo que fue sentirse bajo el poder de un dios? ¿Acaso imaginando que somos observados por los dioses como un entomólogo examina —y disecciona— a sus insectos? La cruz, por sí sola, sería la confirmación —una más— de que estamos solos. A un dios, por defecto, no le interesan los bichos. Salvo por curiosidad. En este sentido, debería, cuando menos, sorprendernos que la fe cristiana apunte a un Dios que no quiso ejercer como tal sin las manos del hombre —a un Dios cuya voluntad fue la de negarse a sí mismo para poder tener un cuerpo—. O quizá no tanto, si tenemos en cuenta que a partir del Dios cristiano, el hombre comienza a situarse en el centro o, como suele decirse hoy en día, a empoderarse. Y de ahí a prescindir de Dios media un paso. Así, podríamos decir que el hombre logró finalmente ocupar el lugar de Dios por la gracia de Dios o, si se prefiere, por haber reemplazado a los dioses por un Dios hecho carne. Ahora bien, esto sería cierto de no ser porque lo que da pie a la fe no es nuestra exposición a un poder sin medida, sino el que un abandonado de Dios ofrezca en nombre de Dios un perdón imposible. Todo comienza —o termina— entonces para el verdugo. Si el hombre cree haber ocupado el lugar de Dios es porque, tras ese perdón, siguió con la suya, esto es, arrojando a las cunetas de la historia a los que sobran. Sin embargo, por eso mismo, el lugar que ocupa no es el de Dios, sino el de los dioses. Pues el lugar de Dios, si es que se trata de un lugar, es aquel en el que no hay nadie. O mejor dicho, aquel en el que hay el aún-nadie.
el científico y el creyente (y 2)
febrero 27, 2022 § Deja un comentario
Por tanto, cristianamente hacemos trampas donde, a la manera del deísmo ilustrado, sustituimos el primer motor por un Dios-arquitecto. Pues, aun cuando nuestro mundo obedeciera al diseño de una inteligencia superior —aunque el cosmos no fuese el resultado del azar—, de topar con ella todavía no habríamos topado con Dios. En realidad, una inteligencia superior formalmente no se distingue de la que pudiera tener un extraterrestre. Y frente al extraterrestre, como frente a los antiguos dioses, la cuestión no es la de Moisés ante YWHW —qué debo hacer ahora si ahí arriba tan solo hay un Dios que aún no sabe quién es—, sino la de cómo lidiar con un poder desbordante. Y es que, según la confesión cristiana, no topamos con Dios hasta que no topamos con aquel que fue levantado en su nombre.
el científico y el creyente
febrero 26, 2022 § Deja un comentario
La ciencia trata de las cosas y sus relaciones, incluso donde las cosas, como dentro del marco de la mecánica cuántica, se entienden como un campo de probabilidades. La ciencia es incapaz, sobre la base de sus presupuestos, de comprender la realidad de Dios como la del aún-nadie. Sin embargo, la fe no se opone a la ciencia. En cualquier caso, a su pretensión de monopolizar el discurso sobre lo real.
eraser
febrero 25, 2022 § 6 comentarios
Es evidente que el tiempo erosiona cuanto toca. Todo pasa. O, como dijera Heráclito, nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. Esto en el fondo significa que no cabe permanecer en la verdad. Así, por ejemplo, es cierto que difícilmente podemos amar a quien, de algún modo, no admiramos, y no tanto por sus logros como por su modo de ser. Sin embargo, también es cierto que, con el paso de los días, lo admirable que pueda haber en el otro acaba deshaciéndose como azúcar en el café. La costumbre impone su ley. La ilusión termina convirtiéndose en oficio. Por tanto, ¿deberíamos admitir que cualquier ilusión fue, en realidad, un espejismo? No, necesariamente. Pues hay verdad en el encuentro de los amantes, pongamos por caso. A diferencia del simple intercambio de cromos —te cambio belleza por seguridad o inteligencia por sexo—, algo tiene lugar en el encuentro. Al menos, porque el encuentro preserva la distancia de la alteridad. Que cuanto nos traemos entre manos acabe siendo cosas que pasan no desmiente lo que tuvo en verdad lugar. Ningún acontecimiento es del mundo. O como decía Rimbaud: [como amantes] estamos fuera del mundo. La fidelidad, al fin y al cabo, supone un permanecer junto al acontecimiento, aunque sea a través de las formas. Y quizá no pueda ser de otro modo. Pues solo formal o ritualmente, lo sagrado se mantiene en pie. En cualquier caso, en nombre, precisamente, de lo que tuvo lugar en medio de cuanto simplemente pasa, la existencia permanece abierta a una resolución que no está en nuestras manos (aunque tampoco solo en las de un Dios). Consecuentemente, no hay alternativa: o permanecemos a la espera de lo increíble, o Nietzsche tuvo razón. Pues nihilismo significa que el tiempo gana —que nada cabe esperar que no sea la eterna disolución de lo verdadero; que cualquier acontecer fue, en definitiva, un trampantojo—.
sobre el poder de Dios
febrero 24, 2022 § Deja un comentario
Es verdad que la frase de Bentué, una paráfrasis de la de Pablo, apunta al centro de la revelación. Ahora bien, la revelación cristiana es sumamente desconcertante para quien sepa qué significa ser un dios. De ahí la importancia de averiguar qué hay más allá del efecto sugerente de las grandes sentencias para, cuando menos, hacernos una idea de lo que estamos hablando. Pues la tesis cristiana no tiene nada de religiosamente obvio. Cuando nos referimos a un Dios impotente… ¿es que no caemos en una contradictio in terminis? Así sería en el caso del ídolo —de lo que se nos muestra espontáneamente como divino—. No lo es, en el caso de un Dios crucificado. La gran intuición cristiana con respecto a Dios acaso sea la que sostiene que el mayor poder reside en aquel que, siendo sumamente poderoso, renuncia a su poder. Y es que, de lo contrario, el poder de Dios estaría por encima de su voluntad. Sencillamente, hay más poder en quien renuncia al poder que en aquel que no puede hacerlo.
De hecho, el Dios bíblico es el Dios que no quiso ser Dios sin el fiat del hombre. De ahí que, en sí mismo, no sea aún-nadie donde el hombre le da la espalda. Adán tiene que encarar de nuevo a Dios para que Dios pueda reconocerse de nuevo en Él y, por eso mismo, volver a ser el Dios que quiso ser desde el principio. Y encarar a Dios supone encarar su silencio —su impotencia—, siéndole fiel hasta el final. Como hizo Jesús en la cruz. De ahí que la obediencia a Dios suponga obedecerle sin Dios mediante, en la noche oscura del alma. Es lo que tiene un Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. En cualquier caso, que la humillación de Dios pertenezca a la esencia de Dios, por así decirlo, hace saltar por los aires el prejuicio religioso. Y es que en la fidelidad a la voluntad de Dios —en la respuesta del hombre al clamar de Dios por el hombre— no está en juego solo el destino del hombre, sino el ser o no ser de Dios. Y esto no es algo que religiosamente podamos admitir como quien no quiere la cosa.
palabra de mártir
febrero 23, 2022 § Deja un comentario
El cristianismo no ha hecho más que comenzar.
Alexander Men
de rodillas
febrero 22, 2022 § Deja un comentario
La fe de Israel es un acto de resistencia. Del pobre contra el poderoso. Pues arrodillarse ante el ídolo equivale a hacerlo ante aquellos hombres y mujeres que lo representan: los arios, la bestia rubia, Nabucodonosor.
