vendrá la muerte y tendrá tus ojos
noviembre 13, 2021 § Deja un comentario
La muerte, ¿es algo? Desde la atalaya de espectador, donde quienes mueren siempre son los demás, la muerte es un hecho, no algo que aparece, sino un encadenamiento de cosas que pasan. No hay más. Se muere como el pc deja de funcionar (y por eso decimos que el pc se nos ha muerto). Para el observador imparcial, morimos al igual que nuestras mascotas. Sin embargo, dentro la escena todo es muy distinto. La muerte irrumpe como parca. La palabra procede, como sabemos, de la mitología romana. Según se decía, había tres parcas, deidades con aspecto de ancianas, Cloto, Láquesis y Átropos. La primera hilaba, la segunda enrollaba el hilo y la tercera se encargaba de cortarlo (y fue esta última la que, culturalmente, quedó fijada como figura de la muerte). ¿Superstición? Esto es lo que diríamos hoy, desde la grada. Es lo que tiene que, actualmente, solo el espectador desinteresado tenga las llaves de la legitimidad discursiva. No obstante, acaso sea inevitable experimentar los instantes finales como quien se encuentra expuesto a. Incluso diría que cuanto más hayamos vivido —y aquí no se trata de un haber acumulado momentos sensacionales—, más sentimos dicha exposición como la raíz de nuestra existencia.
Ahora bien, ¿a qué nos hallamos expuestos? Aun cuando aquí podamos llenarnos la boca de fantasías consoladoras, lo más crudo o cierto es que a un tiempo sin ti —a un tiempo en el que no cuentas—. De hecho, ante la muerte se nos revela que este no contar fue siempre así. Morimos siendo una invocación. Y a partir de aquí todo es un esperar sin expectativa o nada.
En cualquier caso, el espectador no muere. Tan solo los actores. Pero ¿de qué lado está la verdad? Depende de lo que entendamos por verdad. Si la verdad es lo que en verdad tiene lugar, antes que una adecuación entre nuestras representaciones mentales y los hechos, entonces el espectador, sencillamente, no ve la extrañeza que abraza el mundo o, mejor dicho, no ve al nadie. Pues lo que en verdad tiene lugar —cuanto acontece y no simplemente pasa— es una alteridad imposible (e imposible porque su imposibilidad, su eterno más allá como aún nadie, es la condición de los mundos, incluyendo el sobrenatural). De ahí que soporte más realidad el símbolo que la descripción. Al menos, porque el símbolo apunta a una falta de presencia —a lo impresentable—. Quizá no sea casual que Sócrates o Jesús de Nazaret se fuesen de vacío, aunque el primero serenamente y el otro, abandonándose al que lo abandonó.
sobre los sencillos
noviembre 12, 2021 § Deja un comentario
En la tradición cristiana —y no solo cristiana—, es habitual elogiar a los sencillos —a los niños—. Y, sin duda, este elogio arrastra mucha verdad: al fin y al cabo, la soberbia es un error. Sin embargo, el riesgo de la sencillez, sobre todo hoy en día, es la prepotencia. O dicho de otro modo, el desprecio de cuanto se ignora. Es lo que tiene una época que malcría a sus hijos. Un limpio de corazón, sin embargo, antes irá con la pregunta que con sus opiniones (que, de hecho, y en tanto que opiniones, nunca son suyas).
ligas
noviembre 12, 2021 § 1 comentario
¿Cómo discutir con un niño sobre asuntos que importan —con aquellos hombres y mujeres que juegan en otra liga—? No es posible. Sobre todo, si falta humildad —si se desprecia cuanto se ignora—. Por eso Pitágoras exigía cinco años de silencio a sus discípulos. Y si no se es discípulo, una sonrisa amable. A los niños siempre hay que sonreírles.
una nota a Platón (una más)
noviembre 11, 2021 § Deja un comentario
¿Qué hay? Cosas, decimos. Obvio. Sin embargo, para esta obviedad no hubiera hecho falta ningún Platón. Es cierto que las cosas están (en el) ahí. Pero no permanecen en el ahí —no tienen (el) lugar: pasan, suceden, aparecen como lo que está destinado a desaparecer (y por eso mismo, decimos espontáneamente que no acaban de ser). Por tanto, ¿qué hay —que permanece— en todo cuanto pasa? La respuesta es inmediata: el puro ahí —la simple exterioridad, el haber—. Ahora bien, conviene tener en cuenta que el haber no es cosa, sino el horizonte de cualquier cosa. El ahí es lo invisible de lo visible —y que hablemos de el ahí no deja de ser una impostación, una hypostasis—. El haber, por eso mismo, solo puede ser pensado como el silencio que abraza el mundo —su ruido y su furia—. En términos de Platón: como lo que trasciende el mundo —como lo que retrocede en su aparecer como algo del mundo. Y decir retrocede significa que no hay experiencia del haber como tal, sino siempre de un algo, esto es, de un modo o forma del haber. Para que la hubiera, el mundo tendría que callar —que guardar (el) silencio: pero el mundo no calla.
En este sentido, el haber es lo siempre presupuesto en nuestro percibir el mundo. El mundo es lo apropiado a —y por— una sensibilidad. Y nada hay que sea esencialmente otro o extraño en lo apropiado, salvo lo que damos por sentado (y por eso mismo obviamos). De ahí que el puro haber sea motivo de nuestro asombro (aunque no podamos mantenersnos en él, ante el absoluto ahí: habitamos un cuerpo, y un cuerpo solo atiende a las apariencias, a lo provisional; en este sentido, nos distrae, y a veces duramente). No conocemos el haber como conocemos algo del mundo. En realidad, el haber carece de entidad y, por consiguiente, anda junto a la nada. Es lo que tiene el retroceder.
Con todo, si las cosas pasan en vez de permanecer, no es porque en ellas haya algo así como un déficit de ser, sino porque el desaparecer va con el haber. O por decirlo de otro modo: si las cosas no terminan de ser lo que parecen —si no acaban de ser lo que se les exige o debieran ser— es porque son plenamente. Nada permanece porque permanece la nada. O mejor, porque la nada se ofrece como aparición. Aquí, sin duda, estamos cerca de caer en el nihilismo. Pero también de percibir la existencia como milagro.
Hijo de Dios
noviembre 10, 2021 § Deja un comentario
El título cristológico Hijo de Dios se presta a una serie de interpretaciones, que no serían, estrictamente, intercambiables, a pesar de su aire de familia. Por un lado, con dicho título podemos referirnos a aquel hombre que está imbuido de la misericordia de Dios —o en clave pagana, de su poder—. Por otro —y aquí el marco sería propiamente ontológico—, a un engendrado de Dios que adopta un aspecto humano. Desde esta óptica, la filiación sería algo así como una emanación: el Hijo es del Padre como la luz solar es del Sol. O si se prefiere, como un desprendimiento de Dios: como si el Padre se despojase de sí mismo en la persona del Hijo. La primera opción da pie al cristianismo progresista, por decirlo así, el cual a veces da la impresión que no sabe qué hacer con el reconocimiento del crucificado como Dios. La segunda es más típica del conservador. Sin embargo, donde nos quedamos con una en detrimento de la otra, fácilmente caemos en las herejías de los primeros tiempos, esos malentendidos razonables. Así, o bien, Jesús de Nazaret fue un hombre de Dios, pero no Dios; o bien, fue un dios paseándose por la tierra, pero en modo alguno un hombre (aunque se hubiera revestido de humanidad).
No obstante, entre ambas alternativas se sitúa la confesión creyente, la que reconoce en el crucificado al quién de Dios, su modo de ser. Pues lo que presupone la dogmática trinitaria es que el Padre no es nadie —y no lo es porque no quiso— sin el Hijo (y viceversa). Ahora bien, esto es lo mismo que decir que el Hijo, mientras cuelga desesperadamente de su cruz, se encuentra expuesto a un Padre que no podrá, en tanto que aún no es nadie sin la fe del Hijo, hacer nada por él. De ahí que, con el abandonarse a Dios del abandonado de Dios, Dios vuelva a tener un cuerpo —un quién en el que reconocerse—. Al fin y al cabo, una de las moralejas de la resurrección, acaso la principal, es que el crucificado regresa a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo (aun cuando aquí podríamos preguntarnos cómo entender este regreso… si es que ya no podemos admitirlo como hecho; pero este es otro asunto).
inmortales
noviembre 9, 2021 § 2 comentarios
Creer que Dios puede garantizar nuestra inmortalidad le hace un flaco favor a Dios. Pues quizá estaban más cerca de saber qué significa estar ante Dios aquellos viejos creyentes de Israel que daban por sentado que la bendición tenía que ver con una vida larga y próspera, y no con alcanzar la vida eterna. Si Dios es el absolutamente extraño u otro, lo extraño del mortal es el inmortal. La muerte es el sello de nuestra impotencia y, consecuentemente, de un hallarse ex-puestos. De hecho, el asunto de la otra vida solo comienza a hacerse un hueco en Israel bajo el horizonte de una justicia imposible, esto es, a partir de la pregunta por la vida que, en nombre de Dios, pueden esperar aquellos que murieron antes de tiempo a causa de nuestro odio o pasotismo. La convicción de fondo es que lo que Dios ha dado no puede quitarlo el hombre. Ahora bien, para Israel se trata de una vida de carne y hueso, no de la que puedan vivir unos cuantos espectros puros. La pregunta no apunta, por tanto, a los cielos, sino a una recreación del mundo, una recreación que, dicho sea de paso, en modo alguno puede concretarse como expectativa razonable —como ideal—. Nada que ver, por tanto, con el anhelo de inmortalidad.
amistades de ultratumba
noviembre 8, 2021 § 1 comentario
El problema del Dios-amigo es que, fácilmente, deja de inquietarnos. Ahora bien, un Dios que no nos saque de quicio no vale como Dios. Aunque, ciertamente, no solo nos desquicie.
herederos
noviembre 7, 2021 § Deja un comentario
¿Qué significa, en lo que respecta a los asuntos de la fe, ser hijos de nuestra época? En general, haber desestimado, por supersticiosas, las viejas devociones. Sin embargo, aquí aún seguimos siendo elementales. Pues fácilmente acabamos sustituyéndolas por su actualización: que si los chancras, la conjunción estelar, una vibración nutricia… Como dijera Nietzsche, el ateísmo es lo más difícil. El peso de la Modernidad lo soporta quienes, ante la aparición de un dios, no pueden evitar decirse a sí mismos que ese dios no es más que un ente sobrecogedor (y aquí hay más herencia cristiana de lo que el ilustrado se imagina; al menos, más que en aquellos que creen actualizar el cristianismo por medio de categorías orientales). En cualquier caso, no somos áun modernos donde seguimos entendiéndonos como seres dependientes.
Sin embargo, la pregunta es si la concepción que el individuo moderno tiene de sí mismo no será, en cierto modo, un error. Ciertamente, hizo bien en liberarse de la opresión eclesial, tan de la mano de la injusticia política. Pero quizá haya tirado al niño con el agua sucia. Pues, al fin y al cabo, estamos más cerca de la verdad una vez entramos en la vejez que mientras seguimos colgados de Instagram creyendo que valemos por los likes que conseguimos amontonar (es un decir). Y no porque haya un dios que nos esté esperando, se supone que para abrazarnos, —de haberlo, no sería aún Dios—, sino porque no hay respuesta a nuestra invocación del Otro que no sea increíble. Pues acaso la fe suponga un permanecer en la invocación sin poder imaginar, salvo con figuras imposibles, una réplica. Y, por supuesto, obrar en consecuencia. Con respecto a la verdad de Dios, seguimos en manos del Dios que no quiso darse como dios.
hogar y verdad
noviembre 5, 2021 § Deja un comentario
La familiaridad anula lo que de otro hay en el otro: su extrañeza deviene invisible. Ninguna aparición en el hogar. La costumbre es enemiga de la verdad (pues la verdad es lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede). La mejor manera de percibir al otro es en el instante de su aparición: vino y se fue. No hay otro que no sea un ángel. Aunque su cuerpo permanezca junto a nosotros.
y una más, de Pluto
noviembre 4, 2021 § Deja un comentario
Como otro o ab-suelto, lo real es en su des-aparecer —en su retirarse o paso atrás donde se muestra a un punto de vista (y por eso mismo en relación con, es decir, relativamente). Ahora bien, si tenemos en cuenta que lo real es también lo que aparece, esto se halla muy cerca de decir que lo real no es. Al final, pura dialéctica: es absolutamente otro en la medida en que, siendo, no es —no aparece—. Más aún: si las cosas, según Platón, participan de lo real —lo hacen presente—, entonces podríamos decir que no terminan de ser, precisamente, porque son. Y es que lo real va, como decíamos, con su desaparición —con su fuga—. Así, en nombre de lo real —en nombre de lo eterno—, nada hay más allá de lo corpóreo, caduco o histórico. Para la filosofía no cabe, por consiguiente, un final de los tiempos.
una de Pluto
noviembre 3, 2021 § Deja un comentario
El Bien es real (y no solo una idea en nuestra mente). Porque es lo mismo decir lo Real que decir el Bien. O también, porque decir lo Real es lo mismo que decir lo que debe ser. Lo real es, por tanto, exigencia, mandato, Ley… (o en términos de Platón, paradigma). Y es que si todo pasa —si nada termina de ser lo que aparentemente es— será porque se encuentra bajo la exigencia de ser por entero lo que, en un momento dado, muestra ser.
al igual que
noviembre 2, 2021 § Deja un comentario
Del mismo modo que a los antiguos les pareció obvio que había dioses, hoy en día nos parece obvio que no los hay (ni siquiera uno). De ahí que un dios necesite ser supuesto. Sin duda, lo consideramos un progreso: ya dejamos atrás la infancia. Pero la base sigue siendo la misma: lo que nos parece. Con todo, lo cierto es que, de haber un dios, difícilmente sería para nosotros algo más que un ente superior con el que lidiar. Ahora bien, este descrédito del ente superior ya lo encontramos en la Biblia. No en vano, venimos de ahí.
de profundis
noviembre 1, 2021 § Deja un comentario
El cristianismo no apunta a lo oculto —a un tesoro que haya que desenterrar—. Dios no está por descubrir. Cuanto tenía que decirnos ya lo dijo en el Gólgota: Yo no soy sin tu cuerpo. De ahí que, de mirar a los cielos, perderíamos el tiempo. En los cielos no hay nadie —y menos alguien dispuesto a sacarnos del pozo—. Pero solo porque la víctima se quedó sin Dios pudo ver a su verdugo como criatura y perdonarlo. Como si hubiera ocupado el lugar de Dios, siendo apenas un resto o, si se prefire, un espíritu. Pues solo podemos perdonar lo imperdonable desde las alturas de una cruz (aunque ahí lo que queda del hombre ya no sea del hombre). Incluso la vida de quien cayó en manos de Satán es sagrada para el inocente que cuelga de un madero. Todo comienza de nuevo donde acaba el mundo (está es, de hecho, la dura lección del Apocalípsis). Y el mundo, sin duda, acaba para quienes ya no tienen vida por delante a causa de nuestra impiedad. Al fin y al cabo, la única pregunta que importa es aquella que tan solo los muertos pueden responder.
Halloween
octubre 31, 2021 § Deja un comentario
¿Cómo pudimos creer que un Dios llegara a interesarse por nosotros? ¿Porque adoptó un aspecto humano? Eso no basta. También nos disfrazamos en Halloween. ¿Porque hubo hombres buenos que tuvieron de su lado el poder de un Dios? De hecho, esta fue la vía cristiana. En cualquier caso, creer que Dios es bueno porque así lo siento tiene más que ver con nosotros que con Dios… y, por tanto, con un haber olvidado qué significa ser un Dios. Y es que un Dios es, por defecto, un monstruo —un inconmensurable: como el hombre con respecto a las pulgas—.
nihilismo y experiencia de lo divino
octubre 30, 2021 § Deja un comentario
Por lo común, y en ciertas canchas, se asocia la experiencia mística al nihilismo. Dios, al fin y al cabo, no es nada en concreto. Sin embargo, no hay que ser muy místicos para entender el nihilismo como la experiencia más cercana a la del primer hombre ante el exceso de lo natural, sobre todo, cuando la falta de sentido es vivida a flor de piel: tú, sencillamente, no cuentas; no eres nadie. El paso de la nada al nadie es, de hecho, muy corto. No es necesario apuntar a lo oculto para sentir religiosamente el mundo. Basta con la desmesura de un cosmos sin fin. Todo éxito es ridículo. De ahí que podamos preguntarnos cómo fue que, en un momento dado, llegáramos a imaginar que un dios pudiera tenernos en consideración. ¿Es que no pecamos de narcisismo al creer que un dios podría interesarse por nuestros sacrificios? Por no hablar de la idea gnóstica de que hay en nosotros una chispa divina… La magia, ese intento de capear técnicamente el temporal ¿no fue acaso más honesta? Nuestra época, tan tecnológica, ¿no representará, por eso mismo, el regreso de los magos? En cualquier caso, no hay fe que no atraviese los lager donde el nihilismo se impone como una revelación.
the absolute sound
octubre 29, 2021 Comentarios desactivados en the absolute sound
La filosofía puede pensar lo absoluto —lo enteramente otro o extraño. Pero no puede, literalmente, incorporarlo a la existencia. Para el filósofo, la alteridad de lo real permanece en el plano de lo abstracto. De ahí que su inquietud termine en una variante del escepticismo socrático: hay más, pero no para nosotros. Ni siquiera cabe decir que se trate de algo en concreto —de algo que pudiéramos ver si llegásemos a cruzar la puerta. En realidad, no puede darse como tal, pues precisamente se da como lo que no se da en su mostrarse a una sensibilidad.
Sin embargo, quien posee una sensibilidad religiosa no quiere renunciar a integrar, al menos hasta cierto punto, lo absoluto o, si se prefiere, lo último. Quiere estar ante Dios, aunque sea sin Dios. En este sentido, el creyente no puede evitar ir en busca del icono, del rostro cargado con el poder de la bondad —al fin y al cabo, en busca de la aparición del ángel. Tan solo el ángel nos salva del infierno de una existencia sin prójimo. Nada nuevo puede haber —nada que interrumpa el eterno retorno de lo mismo—, salvo la aparición. Aun cuando, por defecto, lo absolutamente nuevo no pueda durar. Pues de lo contrario, fácilmente llegaríamos a acostumbrarnos a su presencia. No hay aura que resista la fuerza de la costumbre.
Con todo, es posible que el creyente ignore que el ángel aparece, no como el que nos deslumbra, sino como aquel que pide que lo descolguemos de su cruz. Un ángel más que seducirnos, nos repugna. Al menos, de entrada.
¿salva la fe?
octubre 28, 2021 § Deja un comentario
Uno de los leitmotiv de los evangelios es aquello de que tu fe te ha salvado. Ciertamente, Jesús, como taumaturgo, es movido por la compasión. Pero la eficacia del milagro depende de la confianza del leproso, el tullido, el padre de la muerta… ¿Hablamos de un Dios que exige que se le implore el favor que podría condecer espontáneamente? Quizá da esta impresión. Sin embargo, la idea de fondo es, más bien, que Dios no puede hacer nada sin la adhesión del hombre. Y una adhesión que se dirige, antes que a Dios, a quien ocupa su lugar —a quien carga con el peso de su trascendencia—. Como si al fin y al cabo, no solo estuviera en juego la humanidad del hombre sino también la realidad de Dios. Como si no tuviera otras manos que las nuestras.
resurrección e inmortalidad
octubre 26, 2021 § Deja un comentario
Es sabido que las apariciones del crucificado fueron vistas desde diferentes marcos interpretativos o lenguajes. Básicamente, o bien, se trataba de una exaltación —a la manera de los héroes griegos—, o bien de una resurrección stricto sensu. En cualquier caso, nada que sorprendiera en exceso desde dichos marcos. ¿Acaso Elías no fue igualmente llevado en carro de fuego a los cielos? Como también es sabido, al final se impuso el lenguaje de la resurrección, cuyo marco es apocalíptico. En este sentido, la resurrección anunciaba un reset de dimensiones cósmicas: todo volvía a empezar de nuevo (y se supone que bajo el reinado de Dios, un reinado muy terrestre). Jesús fue, sencillamente, el primero en regresar con vida del sheol. Sin embargo, da la impresión que, al retrasarse el reset, el cristianismo histórico terminó decantándose de facto por el lenguaje de la exaltación y, con ello, por una fe a la griega: tras la muerte, y en el mejor de los casos, iremos a parar a los cielos como almas puras. Ciertamente, se sigue recitando el credo. Pero en los funerales no es raro escuchar que el muerto nos está esperando en la otra dimensión junto a Dios. La pregunta es si esta expectativa no traducirá, en el fondo, una falta de esperanza en la redención del mundo. Aunque otro asunto, y no secundario, es si acaso esta desesperanza no tendrá que ver con que ya no podemos tomarnos muy en serio el acontecimiento de la resurrección, esto es, con nuestra dificultad para leerlo bien. No en vano dijo Hegel que incluso la verdad termina siendo con el tiempo otra cosa.
amor y perdón
octubre 25, 2021 § Deja un comentario
El amor, frente al mito romántico, es un fruto tardío. Casi diría que surge del perdón de lo imperdonable (y como decía Derrida, solo cabe perdonar lo imperdonable; lo que no, exige tan solo una disculpa). Acaso no haya vínculo más fuerte que el que nace de un haber sido perdonado. Esto es, entre heridos. De ahí que el amor solo pueda ser narrado como historia de amor. Y esta no termina con las perdices. Más bien, comienza.
una esperanza para los caídos
octubre 25, 2021 § Deja un comentario
¿Qué pueden esperar en nombre de Dios los que sufren la desgracia? ¿Qué futuro para los desdichados? ¿Un Dios que cuelga de una cruz? Pero entonces, ¿no estamos cerca de abortar cualquier esperanza? Los pobres ¿acaso no esperan un mesías, a alguien que, con el poder de un dios, los saque del callejón sin salida en el que se encuentran? Sin duda. Pero ¿qué mesías acaba en el Gólgota? ¿Fue Jesús de Nazaret un fake? Ciertamente, y según la confesión cristiana, la resurrección —que no la cruz— fue la respuesta de Dios al sufrimiento. Ahora bien, lo fue en tanto que se anunció como el prólogo de un final de los tiempos. Sin embargo, el libro aún está por escribir. Y quizá sea por está razón que la fe en la resurrección haya terminado siendo un modo de hablar de la inmortalidad del alma, algo así como una variante de en los cielos ya te compensarán. Opio del puro. Nada que ver, por tanto, con el reset de dimensiones cósmicas que presagiaban las apariciones.
Con todo, si es cierto que el crucificado vuelve a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo —si es cierto que el abandonado de Dios que se abandona a Dios revela un Dios que no quiso ser Dios sin la fe del hombre—, entonces la resurrección no apunta tanto al día D como al mientras. De este modo, la pregunta por la esperanza deja a un lado el horizonte de la cosmovisión para convertirse en una pregunta dirigida a cada creyente. ¿Qué espera el pobre? Sencillamente, te espera a ti. No hay deus ex machina que valga como Dios. En cualquier caso, aquellos que ocupan, aunque a contrapié, el lugar del mesías. Esto es, lo siguen.
depende
octubre 24, 2021 § Deja un comentario
Si la religión se basa en el sentimiento de dependencia —si este es el reverso de nuestra fragilidad—, entonces la religión no tiene cabida en un mundo donde el hombre entiende cualquier dependencia como contraria a su libertad. Otro asunto —y este sería el asunto que el cristianismo pone religiosamente encima de la mesa— es que la verdadera dependencia no se dé con respecto a una potencia inconmensurablemente superior, sino en relación con lo inferior, en concreto, frene a un Dios caído en desgracia. La cuestión, sin embargo, es cómo entender esta dependencia. Pues, desde la cruz, difícilmente podemos entenderla análogamente a la que experiementa un hijo con respecto a su padre todopoderoso (desde la óptica del hijo). Quizá como aquella aquella en la que se decide, paradójicamente, el sí o el no de nuestra entera existencia. Esto es, el seguir incurvatus in se o de pie. Aunque este de pie sea un de rodillas. Pues el hombre solo logra elevarse por encima de sí mismo ante el extraño o absolutamente otro, en última instancia, respondiendio a su acusación. De ahí que, cristianamente, la extrañeza del extraño no resida en un rasgo gigantesco, al menos, porque lo gigantesco no tiene nada de extraño, a pesar de que, ciertamente, pueda impresionarnos, dado que no es más que lo que quisiéramos para nosotros mismos, sino en lo que dejamos atrás por despreciable, el excremento del que quisimos separarnos para devenir alguien, aquel que se convirtió en invisible a causa de que no pudimos ni verlo. Sin embargo, acaso no haya otra liberación que la que pasa por abrazar al desestimado. O mejor dicho, en dejarse abrazar por él. El problema es que no se trata de algo que podamos preferir como quien no quiere la cosa.
palabra crucis
octubre 23, 2021 § Deja un comentario
Que el crucificado se revele como palabra de Dios no deja de ser algo curioso —por no decir, irónico—, al menos desde fuera. Pues lo que conduce a la revelación del elevado sobre el Gólgota como palabra hecha carne es, precisamente, el silencio de Dios. Puede que, cristianamente, no haya otra mística que la de la cruz, la cual, como decía Metz, nos deja los ojos bien abiertos. Y no solo de estupefacción.
un café con Miguel Ángel (y 3)
octubre 22, 2021 § Deja un comentario
Muchos cristianos aún siguen dirigiéndose a Dios como si no hubiera habido encarnación. Esto es, como si Dios siguiera siendo el dios de la religión, aquel que puede seguir siendo divino sin necesidad del hombre. Pero lo cristiano es pedirle a Dios por Dios, esto es, por el Reino —no hay otra oración, por decirlo así, que el padrenuestro—, habiendo incorporado, sin embargo, que Dios no tiene otro rostro —otra entidad— que el de un apestado de Dios que se entrega a Dios.
juego de palabras
octubre 21, 2021 § Deja un comentario
Si la Palabra se hizo carne, entonces la última palabra no es una palabra, sino un gesto. O un silencio elocuente.
dilema crucis
octubre 20, 2021 § 1 comentario
Si los relatos de la resurrección se entienden como un modo de referirse, ya superado, a una experiencia interior, entonces el cristianismo terminará disolviéndose en las inmensas aguas del océano gnóstico-oriental: triste destino para aquellos a los que se les encomendó ser la sal de la tierra. Pero si, por contra, se insiste en que se trató de un hecho histórico, como la batalla de Jena pero en plan paranormal, entonces el cristianismo cae en un irrelevante ridículo. Por no hablar de que el Dios que se revela en la cruz no casa con el deus ex machina que levanta a los muertos de sus tumbas.
Ciertamente, en los inicios, fue inevitable concebir la resurrección como un prodigio ex maquina. Sin embargo, tras una lenta digestión de cuatro siglos, el cristianismo llegó a la convicción de que el Padre —el absolutamente otro y, por eso mismo, eternamente por ver— no es nadie sin el cuerpo del Hijo. Y esta convicción no es, estrictamente hablando, religiosa. Al fin y al cabo, la dura lección de la dogmática trinitaria es que Dios no tiene otro rostro que el de un crucificado en su nombre, el cual, en su muerte, regresa a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo. Dicho de otro modo, el que la resurrección fuera un hecho sobrenatural para quienes sufrieron las apariciones, aun cuando para nosotros el hecho sea que algunos creyeron ver al resucitado, hizo posible la revelación de Dios como el abandonado de Dios que se abandona a Dios. De ahí que la esperanza en la resurrección coincida, en definitiva, con la de una nueva creación, algo así como un volver a empezar, aunque está vez sin orgullo de por medio. Nada que ver, a pesar de lo que se cree, con la vida posmortem de unos cuantos espectros puros.
Ahora bien, esta esperanza resulta tan increíble como el hecho mismo de la resurrección. No es casual que Pablo hablase de una esperanza sin expectativa. Y para, al menos, intuir por dónde van estos tiros, basta con preguntarse en nombre de qué —o mejor dicho, de quién— el cristiano espera lo que el mundo no admite como posibilidad. Sencillamente, un cristiano es aquel que, habiendo visto y oído lo que vio y oyó —y esto tiene que ver con las historias de redención que tienen lugar en el sento del infierno, comenzando por la del Gólgota—, no puede creer que el No tenga la última palabra. Aun cuando no logre concebir, salvo a través de imágenes inverosímiles, cómo acabará imponiéndose el Sí.
Moltmann (1)
octubre 19, 2021 § 2 comentarios
Escribe Moltmann en El Dios crucificado: la cruz expulsa los elementos sincréticos del cristianismo. Traducción: expulsa los elementos gnósticos o pseudo-orientales, tan de moda actualmente. Pues el Gólgota revela cualquier ideal que se decida desde nuestro lado como ridículo. Al fin y al cabo, la teología debe, acaso en primer lugar, enfrentarse a la pregunta que el crucificado le dirige a Dios: ¿por qué me has abandonado? Y esto para saber de quién hablamos cuando hablamos de Dios. De no hacerlo, fácilmente caerá en las procelosas aguas de la devoción, en el peor sentido de la palabra, aquel que nos arroja, precisamente, al onanismo espiritual.
un café con Miguel Ángel (2)
octubre 18, 2021 § Deja un comentario
No da la impresión de que haya alternativa al status quo. ¿El futuro? Más de lo mismo. O peor. La concentración del poder es cada vez mayor (y así, aumentan las desigualdades). Quizá ya no haya capitalismo, sino algo parecido a un neofeudalismo del capital. Ninguna alternativa concebible, salvo la naïve. Sin embargo, nada nuevo bajo el Sol. Israel ya vivió una situación parecida bajo el yugo de diferentes imperios. Su pregunta no fue qué ideal debería orientar nuestro activismo, sino a quién responder… y luego Dios dirá. Esto es, hay que sacar a esos niños que viven como ratas en el metro de Moscú. ¿Y después? Lo inconcebible: que el león coma hierba. Si Dios —y el hombre— quiere.
uno fariseo, otro publicano (y además Maslow)
octubre 17, 2021 § Deja un comentario
¿Es posible que los cristianos de misa sean, en su mayoría, los fariseos de la parábola de Lucas (Lc 18 9-14)? ¿Acaso no se sienten tan satisfechos con su fe (y de paso, consigo mismos)? Maslow nos da una pista. Primero, hay que cubrir las necesidades básicas: comer, vestirse, un hogar… Tan solo en la cúspide de la pirámide encontramos las necesidades espirituales. De ahí que quizá no sea casual que los cristianos más cercanos a la Iglesia —o los más sensibles a las cuestiones de fondo— hayan sido, por lo común, aquellos a los que nos sobra. Para los que tienen de menos, el cristianismo solo puede ser mesiánico (y esto significa que, en términos de Maslow, las necesidades espirituales de los pobres son muy básicas, muy corporales). Pues están convencidos —y convencidos a flor de piel— de que únicamente un enviado de Dios podrá sacarlos del pozo.
Pero los profetas siempre acabaron mal, apedreados, precisamente, por los representantes del dios que garantiza el orden natural. Entonces ¿qué esperanza les queda a los desgraciados, al margen de la revolución (y esta vez sin ninguna intervención ex machina)? ¿Un Dios crucificado? Ahora bien, esto ¿no está muy cerca de decir que no hay esperanza para los excluidos? De no haber habido resurrección, esta sería, sencillamente, la dura lección del Gólgota. Por eso, la fe en la resurrección sigue siendo decisiva, hoy en día como antiguamente, para la supervivencia del cristianismo en cuanto tal. Como dijera Pablo, de no haber habido resurrección, la fe sería una estupidez (o si se prefiere, un chute de opio). Sin duda, puede sobrevivir como una espiritualidad entre otras, pero en ese caso ya no sería cristianismo, sino algo parecido a una creencia oriental con temas cristianos. No obstante, el problema que plantea la resurrección, y no solo modernamente, es que resulta increíble (y aquí, con la intención de salvar los muebles, no vale traducirla como si los apóstoles hubiesen querido decirnos simplemente que Jesús sigue vivo en nuestros corazones). En consecuencia, el cristianismo riega fuera de tiesto donde pretende hacer las paces con la Modernidad antes de tiempo, esto es, sin aportar una crítica —y una crítica frontal— a los presupuestos que la hicieron viable. Y es que, tarde o temprano, el creyente tiene que caer en la cuenta de que no hay otro Dios que el imposible.
un café con Miguel Ángel (1)
octubre 16, 2021 § Deja un comentario
No hay algo así como un encuentro de las almas donde olvidamos el cuerpo. Todo comienza con el cuerpo y termina con el cuerpo. Pero no porque tan solo haya cuerpo. Hay alma, aunque esta, como un continuo diferir de la máscara con la que nos identificamos, en modo alguno pueda entenderse como una especie de fantasma interior. Ahora bien, porque hay alma el cuerpo de los comienzos no es el mismo que el del final. En los inicios, el cuerpo se dirige al otro con ilusión, en el doble sentido del término. Al principio, el otro, inevitablemente, se presenta como un ídolo, por decirlo así. Prevalece la necesidad, el tener que comer. Al final, sin embargo y en el mejor de los casos, el alma, ese indigente, coincidirá con el cuerpo. Pues los amantes solo se encuentran en realidad como cuerpos derrotados, esto es, una vez se impuso el desencuentro. En la derrota, sin embargo, aún cabe un último gesto, el de la caricia o el abrazo, al fin y al cabo, el de un perdón sin palabras. Pues aquí una palabra más estaría de más. O por decirlo en cristiano, sin otra palabra que aquella que se hizo carne. Se trata de un volver a empezar con las cicatrices de la cruz. Aunque tampoco nos quede mucho tiempo por delante. O por eso mismo.
neo-evangelización
octubre 15, 2021 § Deja un comentario
Quizá el problema de la nueva evangelización, tan cercana al viejo gnosticismo, es que, convierte a Dios en algo así como un poder subyacente de cuya fuerza podríamos participar… de hacer lo debido. Esto es, en una especie de arjé con un componente moral. Evidentemente, dentro de este marco, el credo cristiano deviene ininteligible. Pues el Padre difícilmente seguirá siendo aquel que no tiene otro rostro que el del Hijo (y por eso mismo un extraño en cuanto tal). Para la nueva evangelización, la realidad de Dios es independiente de la respuesta del hombre a su invocación. Sin embargo, que Dios tenga carne significa, al fin y al cabo, que Dios en sí —esto es, como Padre— es el Dios que aún no es nadie sin el fiat de ese cuerpo en el que quiso reconocerse desde el inicio (y del que fue apartado). De ahí que el Dios cristiano esté en las ańtípodas del titiritero espectralen el que muchos todavía creen. Aun cuando también del dios-fuente-de-energía-positiva de la nueva evangelización. En cualquier caso, el gnosticismo, sea cual sea su capa, convierte a Dios en un dato, aunque necesitemos esforzarnos para descubrirlo. Como si se tratara de un tesoro por desenterrar. Y puede que sea a causa de este como si que el gnosticismo`nos parece profundo, cuando lo cierto es que convierte a Dios en una obviedad… dado que es racionalmente obvio que tiene que haber algo así como un primer principio. Sin duda, para una sensibilidad religiosa no basta con saberlo. Al menos, porque su pregunta es a qué nos obliga dicho primer principio, ritual o moralmente hablando, si de lo que se trata es de la plenitud. Ahora bien, el horizonte de la fe cristiana no es tanto la plenitud como la redención. Y quien dice redención dice absolución. Pero ¿quién creerá, hoy en día, que nos encontramos sub iudice ante los que no cuentan?
¿amar a los enemigos?
octubre 14, 2021 § Deja un comentario
Se nos dijo, amarás a tu enemigo. Sin embargo, basta con imaginar al nazi que coloca la soga en el cuello de tus hijos, al hutu que los mata a machetazos mientras duermen, al marine que está a punto de ametrallarlos en My Lai… para comprender que no estamos ante un mandato moral. No estamos fuera de juego donde no somos capaces de amarlos. Más bien, está más cerca de lo monstruoso que de lo humano. De hecho, no es secundario que, en judío, el deber moral, antes que como norma, se revele como promesa. El horizonte de la Ley mosaica es, en definitiva, el imposible futuro de Dios como el imposible futuro del hombre. E imposible en tanto que inconcebible salvo como ilusión. De ahí que la promesa solo pueda realizarse como una especie de reset cósmico que en modo alguno podemos esperar solo desde nuestro lado. Aunque tampoco solo desde el lado de Dios. La esperanza creyente no la sostiene ningún saber. Ni siquiera hipotético.
una fábula cristiana
octubre 13, 2021 § 1 comentario
No soy Dios sin ti —dijo Dios de buen principio—. Pues quiero tener tu rostro. Pero aquel a quien apuntaba la intención divina pasó de largo. Dios devino un nadie. Más adelante, hubo quien se tomó en serio lo que Dios quiso para sí mismo (y para el hombre). Pero Dios ya había muerto como dios. Nadie ahí arriba que pudiera rescatarlo de la desgracia. En cualquier caso, alguien ahí abajo —o mejor, entre el cielo y la tierra como quien cuelga— que logró rescatar a Dios de entre los muertos, aunque sin saberlo. A partir de entonces, Dios volvió a tener un cuerpo.
Dios y los poderosos
octubre 11, 2021 § Deja un comentario
Hay que entender antes qué significó que la divinidad estuviera del lado de los poderosos para comprender el alcance la revelación bíblica. Así, no solo que Dios fue la excusa que legitimó durante siglos el ejercicio del poder, sino también que a lo que les va bien —las buenas familias— suelen ser más sensibles a los asuntos espirituales. A los pobres, la superstición. De ahí que sea sumamente desconcertante un libro como el de Job. Al menos, porque una de sus moralejas es que nadie se acerca a Dios sin antes sufrir el abandono de Dios (y el Dios al que se acerca Job no es, precisamente, el Dios que los amigos de Job, los cuales representan la típica sensibilidad religiosa, dan por descontado). Por no hablar de la identificación de Dios con aquel que colgó de un madero en nombre, precisamente, de Dios. Esto es, en su lugar.
de la devota superstición
octubre 10, 2021 § Deja un comentario
¿Dirigirse a Dios como al ángel de la guarda de nuestra infancia? No toca, dice el ilustrado (e incluso siendo —o creyendo ser— aún cristiano). Sin embargo, de no permanecer fieles al niño que llevamos dentro, ¿cómo echar en falta a Dios cuando se revele su verdad, la de aquel que trasciende los cielos hasta la desesperación? ¿Cómo dirigir el llanto a un Dios cuya presencia es la de su ausencia si ya nos convencimos a nosotros mismos de que no podía haber ahí ningún dios? ¿Acaso la fe no fue siempre un invocar a Dios por Dios (y obrar en consecuencia)? Y es que donde fuimos adultos antes de tiempo difícilmente cabe una segunda ingenuidad.
sabiduría y secreto
octubre 9, 2021 § Deja un comentario
Un sabio es aquel que conoce nuestro secreto: que, en el fondo, no somos nadie —pues fuimos hechos a imagen de Dios—, apenas unos náufragos que buscan abrazarse para no hundirse… aunque, en el día a día, vayamos ocultándolo. Como si supiéramos nadar. De ahí su poder: él es el único que puede poner el dedo sobre la llaga, descubrirnos. Sin embargo, se trata de un poder que difícilmente ejerce, salvo sobre sí mismo o sus amigos-discípulos. Y de ahí también que, para quien sabe de qué va el juego, el mundo sea una feria de vanidades. Esto es, un alimentarse de viento.
ad aeternum
octubre 8, 2021 § Deja un comentario
Es posible que, de alcanzar la inmortalidad por nuestros propios medios, más que derribar un muro, hubiéramos cerrado una puerta. Como el feto que hubiese conseguido permanecer para siempre en la matriz.
de la fe infantil a la fe adulta
octubre 7, 2021 § 1 comentario
Cuando niños, al rezar el padrenuestro, nos dirigíamos a Dios como podíamos dirigirnos al ángel de la guarda: que me vaya bien el examen de mates. Et cetera. De adultos, quizá lo sigamos rezando… pero para pedirle a Dios por Dios. Puede que la vida sea un viaje del niño al adulto… para volver, en definitiva, al niño. Solo que, con la segunda ingenuidad, Dios tendrá un rostro (y un rostro que acaso, como mujeres y hombres sensatos, preferiríamos no ver).
no hay cielos (aunque tampoco infiernos)
octubre 6, 2021 § 1 comentario
De habitar un mundo perfecto —un paraíso— no podríamos evitar la sensación de que nos hallamos en un mundo irreal o fantasmagórico. Como si estuviéramos en un sueño.Pues donde hay luz, hay oscuridad (y no hay que ser un Heráclito para darse cuent). Donde todo fuese luz, sencillamente no habría luz. Ergo, no pueden haber cielos que valgan. Pues, se supone que en los cielos no cabe la oscuridad. En este sentido, quizá no sea casual que la esperanza bíblica apunte a una nueva humanidad, aquí en la tierra, y no a un más allá de espectros puros. Por no hablar de que, según el cristianismo, incluso en los cielos, de haberlos, Dios, como tal, seguiría estando por ver.
a vueltas con el ser
octubre 5, 2021 § Deja un comentario
El bien y el mal ¿pueden desligarse de lo que nos parece bien o mal? ¿Fue Auschwitz el índice de un mal absoluto? Difícilmente podemos evitar verlo así. Pero ¿lo fue en realidad? Desde la óptica de un dios que nos viera como nosotros vemos a los insectos ¿acaso Auschwitz podría ser algo más que un dato natural? ¿Cómo deberíamos juzgar que dos amebas devengan una? ¿Como un acto de amor o, por el contrario, como canibalismo? La violencia sin piedad se ejerce y se sufre. Pero ¿es malvada? No hay hechos morales, decía Nietzsche, sino interpretaciones morales de los hechos (y aquí Nietzsche deviene un discípulo exaltado de Hume). ¿Hay Bien o tan solo perspectivas? Pero ¿acaso la pregunta por el Bien no es esta la pregunta por lo absoluto —por lo que se ab-suelve de cualquier aparecer—? La cuestión nos obliga, hoy como siempre, a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos de lo real.¿Desde qué lugar se decide la cuestión? ¿Desde las gradas de un espectador imparcial —del dios que nos observa como el entomólogo, la mantis religiosa—? Quizá. Pero el espectador, ¿puede ver lo que ven quienes forman parte de la escena —y sobre todo la sufren—, a saber, la nada (o el nadie) que sostiene el mundo? Para el entomólgo no hay espera —no hay Otro que valga—, ninguna pregunta que vaya más allá de la curiosidad. Contamos con una variante: ¿hubo realidad antes de que surgiese la conciencia? Ciertamente, es lo que damos por descontado. Sin embargo, ¿puede haber realidad sin aparición? ¿Acaso lo real no es lo que de algún modo se muestra? Cierto. No obstante, la desaparación o retroceso de lo absoluto es lo que va con su revelación. De ahí que lo absoluto —el Otro, el Bien…— sea pasado irrecuperable o eterno porvenir. En modo alguno, presente. Por consiguiente, hay Bien —u Otro—, pero no para nosotros. O mejor, el Bien —lo que debe ser— es un debe haberlo. Los hechos ancestrales serían, en este sentido, algo así como la imagen del carácter inevitablemente ancestral de lo absoluto.
android
octubre 4, 2021 § Deja un comentario
El Dios que tiene pendiente su quién ¿no será una especie de robot, un dios hierático, por parálisis, hasta la desesperación? Por otro lado, ¿podemos seguir diciendo que la resurrección confirma la identificación de Dios —estrictamente el Padre— con el crucificado donde Dios no procede, ni puede proceder, ex machina?
