ebionitas
abril 11, 2018 Comentarios desactivados en ebionitas
Los ebionitas fueron, en los primeros tiempos del cristianismo, aquellos que creyeron que Jesús era un hombre de Dios, pero en modo alguno Dios. Los ebionitas —del hebreo ebion que significa pobre— estaban convencidos de que lo que se trataba es de seguir el ejemplo de Jesús, de llevar una vida austera y de cuidar de los miembros más pobres de la comunidad. Muy razonable, sin duda. Aunque también admirable. Sin embargo, Ireneo defendió, frente a la herejía ebionita, que si Jesús siendo hombre no era, en cierto sentido, Dios, entonces no hay propiamente redención. O Jesús es el quien de Dios, o no hay salvación, sino a lo sumo una nueva (o no tan nueva) instrucción moral. Pues tan solo el perdón de Dios —del Dios que no es nadie sin su identificación con un crucificado— puede rescatarnos de nuestro hallarnos en manos del poder de la muerte. En cualquier caso, la ley, por sí sola, no salva. Esto es, no nos liberamos de nuestra condición de culpables —de nuestro tener que matar al otro, aunque tan solo sea a través de nuestra indiferencia— por medio de nuestro esfuerzo moral. Sin embargo, hoy en día tendríamos serias dificultades si tuvieramos que decir de qué nos salva Dios. De hecho, tampoco creemos espontáneamente que tenga que salvarnos. No es casual que actualmente el cristianismo, sobre todo el de las canchas progresistas, sea una variante del viejo cristianismo ebionita, un cristianismo moral. Es como si, en la época en la que nuestra exposición a la desmesura de Dios no se da por descontada, el cristianismo solo pudiera sobrevivir como herejía. O ebionitas o docetas, siendo esta última la opción del cristianismo de corte conservador. Pues en las canchas tradicionalistas es fácil que Jesús se presente como el dios que se puso la careta del hombre para enseñarnos en camino de vuelta a casa.
spe
abril 10, 2018 Comentarios desactivados en spe
Quien tiene fe, tiene esperanza. Y quien tiene esperanza permanece a la espera. La cuestión no es, sin embargo, qué espera el creyente, sino a quién. Pues, el que no puede colmar la inquietud del hombre. Aquel que no cree —el nihilista—, no espera a nadie. El nihilista permanece dentro de los límites de lo tautológico: el todo es todo lo que hay, incluyendo aquí cualquier posible dimensión desconocida. Sin embargo, ante cualquier que realizado, siempre cabe preguntarse si acaso eso es todo. Y si podemos preguntárnoslo es porque, en el fondo, encontramos a faltar un quien, la alteridad que difiere de nuestras imágenes, al fin y al cabo, de cuanto podamos ingerir y, por consiguiente, excretar. Donde tan solo hay un que el todo aún no lo es todo. Pues como saben los amantes, el todo es inerte. Su encuentro es la excepción que constituye la norma del mundo. Y lo que define el encuentro no es tanto el mirar como el ser alcanzado por la mirada del otro. Cuanto pueda haber al margen de su haberse encontrado queda reducido a nada. El encuentro, debido precisamente a su carácter extra-ordinario, se sitúa más allá del todo. Como decía Rimbaud, en verdad estamos fuera del mundo. Dentro del mundo, todo es trato, más o menos amable, un anar fent. De ahí que el encuentro sea el non plus ultra de la existencia, un non plus ultra que, no obstante, se halla fuera de las fronteras del mundo. Y de ahí también que el lenguaje del encuentro no pueda ser prosaico. La prosa apunta a lo que podemos poseer y nadie posee a aquel con quien se encuentra. El encuentro es sencillamente lo sagrado o intocable, la genuina zarza ardiente, lo que debe ser preservado de la extinción. Ahora bien, si la esperanza del solitario —la esperanza de los muertos— es un quien, entonces no hay esperanza que dependa de lo que podamos hacer con nosotros mismos. Estamos en manos del otro, ciertamente. Aunque del mismo modo que el otro está en las nuestras, de nuestra respuesta a su ofrenda. Cuanto es siempre tuvo lugar entre dos. Atenas nunca supo de Jerusalén.
escombros
abril 9, 2018 Comentarios desactivados en escombros
Precisamente, porque con el paso de los días cualquier novedad termina convirtiéndose en material desechable, no debería extrañarnos que lo que se da inicialmente como promesa acabe revelándose como superstición. La cuestión es si esa revelación supone un mayor conocimiento o, por el contrario, un malentendido, aunque se vista con los oropeles de la iluminación.
subjectum
abril 8, 2018 Comentarios desactivados en subjectum
Quien no se plantea las preguntas últimas —quien cree que todo se reduce a cuanto es comestible— no podrá si quiera comprender los grandes textos que se enfrentan a ellas, el legado de quienes nos precedieron. Será, literalmente, un inculto, alguien incapaz de cultivarse a sí mismo —o, mejor dicho, de dejarse cultivar—. Y un inculto no deja de ser un idiotés, alguien que cree ingénuamente que el mundo comienza (y termina) con él. Un idiotés desprecia la herencia que ignora. La pedagogía hipermoderna —incluyendo aquí la de ciertas catequesis cristianas— se equivoca donde olvida que es el discípulo el que debe acercarse al maestro y no al revés (aun cuando, sin duda, el maestro deba tener en cuenta dónde se halla el discípulo). Todo aprendizaje comienza cuestionando la autosatisfacción de la infancia, si es que la hubo. No hay maestro que no sea un pro-vocador, aunque no solo un provocador. Pues, si la provocación del maestro no nos seduce de algún modo, entonces no hay maestría que valga. Como viera Platón, difícilmente podemos elevarnos, si no contamos con el apoyo de eros. De ahí que donde el maestro es reducido a mero instructor de procesos de aprendizaje autónomos, condenamos a nuestros hijos a una existencia sin densidad y, por consiguiente, sometida al dictado de lo impersonal.
lo primero no es lo primero
abril 7, 2018 Comentarios desactivados en lo primero no es lo primero
Israel dijo al pie del Sinaí, una vez Moisés le entregó la Ley, aquello de primero obedeceremos y luego comprenderemos. Y en ello hay mucha verdad, a pesar de hoy en día esto suene a talibán. Pues una pregunta que tarde o temprano deberíamos plantearnos es a qué o, mejor dicho, a quién obedece nuestra entera existencia. Al fin y al cabo, uno es en la fidelidad a un mandato. No hay otra libertad, otra integridad. La cuestión es a qué mandato —a qué voluntad—. La cuestión es, en definitiva, quién es tu padre. Y aquí el punto de partida es un acto de confianza, un acto de fe. Algo parecido podríamos decir con respecto a la verdad. Pues no llegamos primero a la verdad y luego la decimos, sino que primero la decimos, casi jugando con las palabras, dejándonos llevar por su lógica, y luego en todo caso intentamos interiorizarla. Aunque no lo logremos solo por nosotros mismos.
nietzscheanas 47
abril 6, 2018 Comentarios desactivados en nietzscheanas 47
Quienes saben que significó originariamente la palabra Dios, entienden que la relación del hombre con Dios es análoga a la que pueda mediar entre el hombre y el ácaro del polvo. Un ácaro ni siquiera puede concebir qué pueda ser nuestro mundo. Es verdad que, en el caso de que intuyera nuestra presencia, podría tomarnos por dioses. Pero se equivocaría. Aun cuando seamos superiores estamos lejos de ser inmortales. De ahí que la pregunta no es si existe Dios o no, sino en el caso de existir podría reconocerse a sí mismo como Dios. Pues que Dios sea Dios no depende de que a nosotros nos lo parezca. De hecho, Nietzsche no iba desencaminado cuando veía en el monoteísmo bíblico la raíz de nuestra actual dificultad con Dios. Pues lo cierto es que bíblicamente Dios no aparece como dios. En verdad, es el Dios que se echa en falta. Desde una óptica tópicamente religiosa, resulta desconcertante que los capaces de Dios sean, precisamente, los que no parece que cuenten para ningún dios, los desestimados por el mundo, los sin Dios. No parece, por consiguiente, que YWHW sea homologable a las divinidades tutelares del paganismo. La fe, a diferencia de la suposición religiosa, está a un paso del ateísmo. Ahora bien, si el creyente no cae en él es porque permanece a la espera de Dios, de su definitiva intervención, en última instancia, a la espera de la redención de Dios. De ahí que tan solo puedan encontrarse cabe Dios aquellos que, de tan hundidos en la miseria, no son mucho más que su invocación de Dios. Quienes aún confiamos en nuestra posibilidad no podemos honestamente creer. En cualquier caso, el lugar de Dios lo ocuparán aquellas imágenes de Dios que satisfacen nuestra necesidad de dios. Sin embargo, lo más desconcertante con respecto a este asunto no es lo anterior, sino la confesión que proclama que Dios se hace presente como aquel que fue crucificado en su nombre. Que la caída de Dios en la cruz —que Dios tenga el rostro desencajado del que murió como un apestado de Dios— no nos escandalice ya es de por sí el síntoma de lo alejados que estamos de comprender de qué hablamos cuando hablamos de un dios. Tenía razón Hegel cuando dijo que con el paso del tiempo la verdad termina siendo otra cosa. Por tanto, quizá no sea casual que nuestro fácil ateísmo, como viera Nietzsche, sea el producto lateral del cristianismo. Pues un Dios cuyo quien es un crucificado en su nombre no puede valer como un dios al uso. Una delgada línea une la muerte de Dios en la cruz con la contemporánea muerte de Dios. Sencillamente, un Dios no puede amar a los hombres —sacrificarse por ellos— sin dejar de ser un dios.
TS Eliot
abril 5, 2018 Comentarios desactivados en TS Eliot
Uno de los mejores versos de Eliot, o al menos uno de los más citados, es aquel con el que comienza La tierra baldía, abril es el mes más cruel. ¿Cómo es que nos conmueve? Quizá porque vemos que es sencillamente así, aunque no lo hubiéramos percibido hasta leer a Eliot. Ahora bien, el verso es verdadero, pero no antes de que Eliot se pusiera a escribirlo. Es como si el poeta se sacara de la chistera una verdad que, sin embargo, no podemos evitar reconocer como lo que el poeta simplemente descubre, como algo que siempre ha sido tal y como él nos lo cuenta. Más aún. Intuimos que abril es sin duda el mes más cruel, pero no sabríamos decir por qué. El verso eficaz no deja de ser una promesa de sentido, una palabra que, debido a su impenetrable belleza, reclama ser ensuciada con nuestro comentario. Pues, como el mismo Eliot dijera, no podemos soportar demasiada verdad, permanecer demasiado tiempo ante el secreto. Y lo insoportable es que la cosa sea-ahí, como lo que permanece afuera con independencia de nuestro interés. Sencillamente, lo otro tiene que morir —ser reducido— para quien ha sido arrojado a la existencia, arrancado de la materia. La palabra justa es como la rosa del Silesius: sin porqué. De ahí nuestra necesidad de fundamentarla, de destruirla con nuestras notas al pie.
No obstante, supongamos que Eliot hubiera escrito su verso porque se le murió el gato. ¿Lo leeríamos del mismo modo? Puede que no. En cualquier caso, lo cierto es que él no podría leerlo como quizá nosotros. Para Eliot, el gato siempre estaría por detrás del verso. Sin embargo, abril seguiría siendo en realidad el mes más cruel. El poeta no deja de ser un pastor del ser, por decirlo a la Heidegger. Pues no posee, afortunadamente, el verso que produce. El poeta no descubre nada. El descubrimiento pertenece al lector. Podríamos decir que el poeta crea una verdad que nos lega como des-cubrimiento, como revelación, aunque su creación consista en un jugar con las palabras. Ahora bien, en cualquier caso el poeta crea la verdad del poema, como Dios, a partir de la nada, aunque sus motivos sean espurios. Al menos, porque el valor del verso afortunado reside en que no hay nada detrás de sus palabras. El verso es la cosa. O por decirlo vulgarmente, el lenguaje va a su bola. Una concepción meramente instrumental del lenguaje —aquella que supone que decimos lo que decimos por medio de las palabras— olvida que no hay nada fuera de las palabras. Que el decir puro es lo otro, Nada qué decir, salvo el decir mismo. Sencillamente, cuanto es se nos da como palabra. Y dijo Dios: hágase la luz —y hubo luz. Que creamos que las palabras son como tenedores indica lo lejos que nos hallamos del lenguaje primordial, aquel en donde la cosa es en la palabra. Sin poetas no hay realidad que valga. Únicamente, cosas más o menos comestibles y, por eso mismo, excretables. El poeta hace presente la alteridad de cuanto es en verdad, el carácter intocable de lo otro, su exterioridad radical. Ahora bien, puede que Holderlin no andara desencaminado cuando se preguntaba para qué poetas en tiempos de indigencia. Como si hubiéramos llegado tarde para la redención.
y después
abril 4, 2018 Comentarios desactivados en y después
Tan solo hay que haber estado enamorado una vez para saber que la promesa del encuentro es lo más. Luego, todo pasa a ser otra cosa. En algunos casos, y no a corto plazo, mejor. Pero en otros, es difícil evitar la impresión de que algo —y algo importante— se fue por el desagüe. ¿Podríamos decir algo parecido con respecto a Dios? Quizá. De ahí que algunos sostengan que una eternidad beatífica sería literalmente insoportable. Como si no nos reconociéramos fuera de nuestra búsqueda. Por suerte, Dios en los cielos seguiría siendo un misterio, la ignotum X de nuestro hallarnos en algún lugar. Además, cristianamente, nunca te encuentras con Dios directamente, sino con su quien. Y ya sabemos de que quien estamos hablando, aquel con el que, al menos de entrada, preferiríamos no haber topado.
papá, veo muertos
abril 3, 2018 Comentarios desactivados en papá, veo muertos
Apariciones, haberlas, siempre las ha habido. Solo que, hoy en día, no las entendemos como tales. Así muchos, durante las fases terminales del sueño, o eso creo, sienten como si un hombre, de perfil impreciso, les apretara el cuerpo. En su duermevela, no dudaron de que hubo alguien en la habitación. Pero al despertarse fácilmente se dirán a sí mismos que no fue más que un sueño. Que todo paso dentro de su mente. Los antiguos, sin embargo, hubieran creído que en realidad se les apareció un ser de otro mundo. ¿Se equivocaron? Ciertamente, desde nuestro punto de vista. Los antiguos no tenían ni idea de cómo funcionaba nuestro cerebro. Sin embargo, que nosotros nos expliquemos la aparición en términos de sinapsis neuronales no implica necesariamente que no hubiera aparición. Para los antiguos, las sinapsis del sueño serían, en cualquier caso, la puerta de entrada a otra dimensión. No hay hechos, sino hechos que encajan en los presupuestos de una cosmovisión. Si nosotros damos por descontado que la aparición no es más que una ilusión de nuestra mente es porque partimos del prejuicio de que no hay más allá. Así, en la Antigüedad, hubieron dioses. Ya no para nosotros. Es un error entender el mundo antiguo como si aún creyeran en los reyes magos.
miedos
abril 2, 2018 Comentarios desactivados en miedos
Vamos por ahí ocultando aquello que nos puede. Este es el secreto que nos convierte, literalmente, en sujetos. Se trate de la tara o de nuestro deseo más feroz. Como si no estuvieran en lo más íntimo de cada uno. Aunque, en último término, quizá deberíamos hablar del otro como tal, ese despojo que, de irrumpir en nuestros dominios, nos arroja fuera de la mismidad. Una máscara no deja de ser una coraza. Como dijera Sarte, la existencia supone un tener que matar al otro. Pues no hay otro que valga mientras lo demos por descontado. Al fin y al cabo, siempre nos pudo el miedo a la aparición.
desde fuera
abril 1, 2018 Comentarios desactivados en desde fuera
Visto desde fuera, el kerigma cristiano no deja de ser un absurdo. Que Dios resucitara a un crucificado de entre los muertos y que este fuera, ni más ni menos, que su Hijo, engendrado desde el origen de los tiempos, es algo difícil de tragar para las entendederas modernas. De ahí el esfuerzo numantino de tantos creyentes hoy en día por traducir el mensaje. Como si en el fondo, los primeros cristianos hubieran querido decir, en un lenguaje que ya no puede ser el nuestro, lo que hoy deberíamos poder decir de otro modo. Sin embargo, la experiencia original va con el lenguaje que la acuñó. No es posible traducir esa experiencia sin falsearla. Traducirla supondría reducirla. Como reduciríamos la experiencia de los amantes si dijéramos que esta, en el fondo, no es más que un acuerdo entre quienes se desean intensamente. Quizá se trate de comprender mejor qué proclamaron en realidad los testigos de la resurrección y qué tipo de ruptura supuso, aunque no fuera inmediatamente, con respecto a lo que se entendía habitualmente por Dios. Pues puede que el cristianismo no sea lo que parece, una religión entre otras. Cuando menos, porque un Dios que se identifica con un abandonado de Dios no parece homologable al de la típica creencia religiosa. De hecho, si podemos ser aún honestamente cristianos es porque venimos de la ruptura cristiana. En cualquier caso, el esfuerzo por hacer inteligible el kerigma exige una nueva generación de padres de la Iglesia que demuestren, por decirlo así, que el cristianismo no es una superstición, a pesar de las apariencias. Pues de lo contrario, de aquí nada el cristianismo será objeto de estudio como lo pueda ser actualmente la cosmovisión de los antiguos chamanes.
working
marzo 31, 2018 Comentarios desactivados en working
No podemos permanecer en lo insólito. Vivimos de espaldas a lo que en verdad tiene lugar. A lo sumo, un estremecimiento, antes de caer de nuevo en cuanto sucede. Incluso el exterminio en Auschwitz llegó a convertirse en trabajo.
pessonianas (1)
marzo 31, 2018 Comentarios desactivados en pessonianas (1)
No busques ni creas: todo está oculto.
viernes santo
marzo 30, 2018 Comentarios desactivados en viernes santo
El Mal insiste. E insiste porque cree que Dios está de su lado. Los genocidios —iba a escribir los grandes genocidios, pero no hay genocidio que no sea monstruoso— siempre se perpetraron en nombre de nuestras mejores palabras. De ahí que la tentación sea la de arrancar el mal de raíz. Frente a la venganza, la reconciliación no puede evitar el temor de que aquellos que son indultados vuelvan a la carga. Para que no lo hicieran tendrían que haber dejado de creer en lo que creyeron. Y ya se sabe que el martirio es una vocación. Literalmente. Pero donde apuntamos a la raíz, el mal simplemente cambia de bando. La paz debe pagar el precio de la desmovilización y, por tanto, de la increencia. Ahora bien, un mundo sin fe es un mundo de bolas de billar, un mundo en el que los hombres se limitan a reaccionar, en modo alguno a responder. Existimos así trágicamente, atrapados entre órdenes incompatibles. O paz o verdad. Ciertamente, cabe un cierto equilibrio. Pero este se consigue ignorando nuestra impostura. Pues si hay paz es porque los hombres dejan de tomarse en serio lo que acaso deberían tomarse en serio. A lo sumo creerán que creen, pero no creerán. No parece, por tanto, que haya solución. O al menos una solución que esté en nuestras manos. Como dijera Martin Heidegger hacia el final de sus días, únicamente un Dios puede salvarnos. Sin embargo, debería ser un Dios capaz de comulgar tanto con las víctimas como con sus verdugos. Un Dios, sin duda, desconcertante, por no decir de escándalo.
peccator
marzo 29, 2018 Comentarios desactivados en peccator
Ser amado y, sin embargo, ser incapaz de amar. En esto consiste, la cerrazón del hombre, su clausura sobre sí mismo. Tenía razón el nazareno: el grano tiene que morir para dar fruto. Esta es la ley de la tierra. Acaso la única que nos alcanza.
imágenes de la crueldad
marzo 28, 2018 Comentarios desactivados en imágenes de la crueldad
Imagínate que es tu hija o tu esposa la que cuelga de esa cuerda. Luego pregúntate si es cierto que de lo que se trata, en definitiva, es de alcanzar el nirvana. Y pregúntate también, de paso, cómo los que estaban ahí fueron capaces de contemplar la escena —cómo fue posible que el oficial alemán estuviera preocupado tan solo de que la cuerda estuviera bien ajustada—.

Melloni
marzo 27, 2018 Comentarios desactivados en Melloni
Ayer por la noche, Alexis Bueno, jesuíta y, sin embargo, amigo, me dijo algo que es muy cierto a propósito de Javier Melloni y su deriva hacia un hinduismo teñido de cristianismo, a saber, que su ashram no deja de ser un hospital para espiritualidades enfermas (aunque diría que Alexis no empleó este adjetivo).
Enseguida me vino a la cabeza el libro de Constantin Noica sobre las enfermedades espirituales de nuestra época, libro muy recomendable por otra parte. La tesis de Noica es que el sujeto moderno es incapaz de captar el carácter trascendente de lo real. Podríamos añadir que su sed de trascendencia ya no puede saciarse con los recursos de la tradición cristiana. Es como si el cristianismo se hubiera quedado con una verdad que ya no encuentra un soporte en el antiguo imaginario. El hombre y la mujer contemporáneos, al tachar dicho imaginario de superstición, no pueden incorporar, literalmente, la carga de verdad del kerigma cristiano. Es como si se nos pidiera amar a una mujer sin la mediación del deseo, algo ciertamente posible, pero improbable. No es casual que el romanticismo decimonónico se preguntara por el mito que, tras la crítica ilustrada a la religión cristiana, pudiera sostener una sensibilidad abierta a lo que le supera. La búsqueda de un mito verdadero es la búsqueda de quien es consciente de que la racionalidad moderna produce una escisión entre el alma —la conciencia de sí— y el cuerpo, la sensibilidad. Esta búsqueda, en definitiva, no deja de ser la de una integridad. Pues en ausencia de mito, el hombre no puede vivir en la verdad. O como decíamos, difícilmente puede incorporarla, hacerla cuerpo.
De ahí la deriva hacia las tradiciones orientales de tantos que hoy en dia se preguntan por el porqué de tot plegat. Es en este sentido que decíamos el ashram de Javier es algo así como un lugar de reposo en donde se da de beber al sediento. Y no lo digo en un sentido peyorativo. Al contrario. Es como si Javier, paradójicamente, se ocupara más del cuerpo que del alma, cosa que está muy bien. Pero con todo sigue siendo innegable que el árbol de Buda no es la cruz. Que la cruz no es tan solo una vía de purificación. Que el Dios cristiano es un Dios que no tiene otro quien que el crucificado y no el océano al que los ríos van a parar.
Ahora bien, un cristianismo sin devoción —un cristianismo que no tenga en cuenta el cuerpo de la clase media, por decirlo así— es un cristianismo condenado a ser minoritario. El cristianismo nunca fue fácil. O como decía Bonhoeffer, la gracia no sale gratis. Pero el consuelo cristiano necesita recuperar aquellas mediaciones impuras, como quien dice, que aunque falsifiquen la verdad, hagan posible que podamos acceder a ella desde la situación en la que nos encontramos, la cual se encuentra muy lejos de comprender siquiera de qué hablamos cuando hablamos de Dios. Pues, como sugeríamos antes, primero tenemos que enamorarnos de una mujer para que, tras la crisis del deseo, podamos amarla (o dejarnos amar por ella). Al menos, esto es así, por lo común. Tampoco decimos que, de entrada, tengamos que hacernos espirituales para posteriormente hacernos cristianos. Pues, Dios siempre nos coge a contrapié, estemos donde estemos.
De hecho, no hay acceso a Dios desde nuestro lado, esto es, al margen de la iniciativa de Dios, la cual, sin embargo, no cabe comprender como la de un deus ex machina. Pero sin el caldo de cultivo de una devoción popular resulta cuando menos difícil que podamos ir más allá. Quizá, al fin y al cabo, se trate de poner de nuevo en el centro de la pedagogía cristiana las vidas de los santos y no la experiencia íntima de un sujeto que, sin la exterioridad de esas vidas, solo ilusoriamente puede creer que ha topado con Dios. Pues no deja de ser verdad que cristianamente cuando hablamos de Dios comenzamos diciendo aquello de había una vez un hombre que…
lord Chandos
marzo 26, 2018 Comentarios desactivados en lord Chandos
No hay arte sin obsesión, decía Pavese. Y es cierto. Pero no toda obsesión garantiza el arte. Hay, pues, verdad. Pero no podemos terminar de verla en lo concreto. El predicado no alcanza la cosa.
hecha la ley, hecha la trampa
marzo 25, 2018 Comentarios desactivados en hecha la ley, hecha la trampa
Parece que el Estado tendrá de nuevo que hacer trampas para que, por ejemplo, puedan pagarse las pensiones. Como en el caso de un contable responsable: que tiene que manejar una doble contabilidad. La doble contabilidad no es tan solo el truco del rufián. Es lo que tiene un mundo complejo. Como dijera Max Weber en su momento, las sociedades modernas nos obligan a diferenciar entre una ética de la responsabilidad y una ética de la convicción. El corte, ciertamente, no es nítido. Una actúa como contrapeso de la otra. Sin embargo, si se trata de mantener esto en pie habrá que lidiar con el barro. Por eso siempre un político tendrá algo entre las manos de lo que pueda ser acusado. Aquí la Ley, al ser instrumentalizada como arma arrojadiza por la lucha partidista, adquiere otra dimensión que la originaria. Tampoco puede ser de otro modo. O al menos eso parece. Pues la Ley no puede en modo alguno amparar la trampa sin traicionarse a sí misma. En cualquier caso, no parece que podamos resolver el dilema de lo político apelando, por ejemplo, al amor, como suelen hacerlo quienes permanecen en su cielo con las manos impolutas. El amor no es una solución a la complejidad del mundo. De hecho, cuando se cuela por sus rendijas, no podemos evitar la impresión de que en realidad no es de este mundo.
Jean
marzo 24, 2018 Comentarios desactivados en Jean
«Lo que el público te reprocha, cultívalo. Eso eres tú.»
Jean Cocteau
diálogos de la torreta
marzo 23, 2018 Comentarios desactivados en diálogos de la torreta
Lo triste es que todo pasa. El tiempo es, como sabemos, un feroz destructor. Hay caída, pues caer es caer en el tiempo. Como decía Hegel, con el paso de los días, la verdad termina siendo otra cosa. Ahora, mientras tomo un café en la Torre, escucho cómo una chica que no llega a los veinte les habla a sus amigas de su abuelo, judío perseguido por el nazismo. «Parece que fue uno de los más buscados por Hitler», dice. «Muy fuerte, tías. No sé por qué, pues nunca me lo han contado». Lo sorprendente, o quizá no tanto, es que no se lo preguntara a sus padres. ¿Muy fuerte? No lo parece. El abuelo se jugó la vida y la nieta no sale de Instagram, por decirlo así. De lo denso a lo hueco. Si todo pasa —si no hay algo así como un juicio final—, entonces todo lo sólido se disuelve en el aire, como dejó escrito el viejo Marx. De ahí la importancia de la memoria, mejor dicho, del memorial. Pues quizá no tenemos otro deber que el de preservar el carácter sagrado —y sagrado significa intocable o innegociable— de ciertas vidas. Y obrar en consecuencia, obviamente.
relacional
marzo 21, 2018 Comentarios desactivados en relacional
Las fórmulas de la fe no son proposicionales en el sentido habitual de la expresión. Esto es, no pretenden representar hechos como cuando decimos, pongamos por caso, que hay vida en Marte. Quien se dirige a alguien diciéndole creo en ti no dice nada que pueda verificarse del mismo modo que podemos verificar que hay un coche aparcado sobre la acera. En este sentido, quien confiesa su fe en Dios no expresa una suposición que tenga que ser confirmada con los datos de la experiencia —como quien supone que hay una civilización desconocida en las profundidades abisales de los océanos—, sino que responde a la entrega de un Dios que, en cualquier caso, no aparece como dios. De ahí que las fórmulas de la fe deban comprenderse como el destilado de una historia, de un diálogo entre un Tú absoluto —un Tú que no es nadie sin la respuesta incondicional del hombre— y el hombre. Sin nadie en verdad otro —sin una alteridad que valga como tal—, el credo deviene sencillamente ininteligible, por no decir inaceptable. Las fórmulas de la fe son relacionales, de tal modo que fuera de ellas no hay Dios que pueda ser verificado como Dios. Aunque tampoco humanidad.
no deja de ser curioso
marzo 20, 2018 Comentarios desactivados en no deja de ser curioso
No deja de ser curioso que la época del narcisismo exacerbado —la época sin prójimo— sea aquella en donde el hombre se experimenta como un extraño. Como si el mundo no fuera con él. Tampoco deja de ser casual que prefiera lo virtual a lo real. Es lo que tienen unas mónadas que se quedaron sin la armonía preestablecida a la que apelaba Leibniz con la intención de salvar, in extremis, nuestro solipsismo. El otro es tan solo, para el sujeto que ocupa el lugar de Dios, la imagen que provoca una reacción, en modo alguno aquel que exige de nosotros una respuesta y una respuesta sin excusas. Ya no nos encontramos bajo ninguna demanda. Estaría bien recuperar la sabiduría de antaño, para al menos ver qué perdimos por el camino.
back to basics
marzo 19, 2018 Comentarios desactivados en back to basics
Tarde o temprano, deberíamos caer en la cuenta de que lo real es lo que no vemos. No la cosa invisible, sino aquel otro que no podemos ver en absoluto. Pues su ser es su falta. Todo presente es símbolo, el resto de una unidad perdida. Sencillamente, vivimos de espaldas a la verdad.
Galilea
marzo 18, 2018 Comentarios desactivados en Galilea
Jesús de Nazareth pasó por ser un farsante, salvo para quienes le siguieron. De hecho, las escrituras parecían avalar el diagnóstico. De Galilea no puede salir ningún profeta. Galilea era el territorio de la chusma. Y ya se sabe que la chusma es incapaz de elevarse a la altura de Dios. Es como si hoy alguien nos dijera que hay un quillo de Lavapiés que dice hablar en nombre de Dios. No creo que le prestásemos mucha atención. Así pues, difícilmente captaremos el alcance del kerigma cristiano, mientras sigamos creyendo que Jesús se paseaba por Galilea con la túnica impoluta. Un Dios encarnado —un Dios que reconoce a Jesús como su quien, un Dios que aún no es nadie sin la entrega del hombre— es un Dios que se hace mierda, por decirlo así. Pues la entrega del hombre a un Dios que no puede hacer más que guardar silencio, aun cuando ese silencio exprese el clamor de Dios por el hombre, es una entrega sin Dios mediante. Como si no hubiera Dios. Como si solo pudiéramos abandonarnos a Dios donde hemos sido reducidos a la mínima expresión de lo humano, a nuestra condición de criaturas. Y es que lo que queda del hombre donde ha sido depojado de cualquier aparente dignidad es, sencillamente, un resto, materia excremencial, aunque un resto que aún es capaz de invocar a Dios o, mejor dicho, que solo es capaz de ello. De hecho, Jesús muere hecho una mierda. Que cristianamente confesemos que ese mierda es el quien de Dios no deja de ser un escándalo para quienes aun se imaginan a Dios como un ente que permanece inmaculado en las alturas a la espera de la purificación del hombre.
principia
marzo 16, 2018 Comentarios desactivados en principia
Muchos cristianos, aun hoy en día, no salen de su creencia. Su fe es inmutable: Jesús es el Hijo de Dios y resucitó de entre los muertos. Creen en Dios como aquel que cree que sus padres son quienes dicen que son. Sin embargo, cuando sucede la desgracia su fe se tambalea seriamente, hasta el punto de que algunos caen en el ateísmo, como es el caso del teólogo Bart D. Ehrman. ¿Cómo puede ser que un Dios bueno permita que pasen estas cosas? Y el papa Francisco calla (y hace bien). Quizá aún no han caído en la cuenta de que el punto de partida de la fe no es nuestra necesidad de Dios, sino el Gólgota. El cristianismo, de hecho, comienza donde termina el ateísmo.
del lenguaje fundamental
marzo 14, 2018 Comentarios desactivados en del lenguaje fundamental
El lenguaje jurídico acaso represente el acontecimiento fundamental del lenguaje. No es casual que tradicionalmente se entienda el enunciado como juicio. Pues de entrada no sabemos qué nos traemos entre manos —qué es lo que tenemos enfrente—. Todo se nos da como mezcla. No hay sentimiento puro. Así, pongamos por caso, el abrazo de un madre. Tanto consuela como ahoga. De ahí la necesidad de decantar la ambigüedad de un lado u otro. Al menos, porque la mezcla es inhabitable. Decir es, por tanto, juzgar. Y de ahí también que, en el decir, lo no dicho —lo negado por el decir— constituya la perenne amenaza de cuanto existe. El beso, al rozar el rostro, respeta la alteridad. Pero también busca devorarla. Te comeré a besos. Al fin y al cabo, puede que la provisionalidad sea el síntoma de la caída. En la lengua de Adán, antes de su desprecio, decir el nombre era decir lo que es. Ya no es ciertamente así. Una vez, fuimos arrancados de la pura presencia, nada termina de ser lo que parece. En este sentido, el hebreo preserva, quizá como ninguna otra lengua, el carácter imposible del presente. Pues desde su marco todo se comprende a partir de la disyuntiva entre lo cumplido y lo que está por cumplir. No es casual que, para el viejo Israel, el presente sea un tiempo atravesado de promesa. Quien dice, por ejemplo, aquí hay amor en verdad dice espero que al final aquí no haya más que amor, que en definitiva desaparezca el odio que soterradamente sigue ahí. Tenía razón Nietzsche cuando dijo que no nos libraremos de Dios hasta que no nos libremos del lenguaje. Pero lo que probablemente no tuvo en cuenta es que donde nos libramos de Dios, no puede seguir habiendo mundo. Y es que, mientras haya mundo, luz y oscuridad van de la mano como las dos caras de lo mismo. No hay que estar muy familiarizado con las paradojas de la dialéctica para entender que si todo fuera luz, sencillamente no habría luz. De ahí que, donde olvidamos la dimensión de la promesa, la realidad que produce el juicio sea, precisamente, un castillo de naipes, por no decir, un delirio.
minería básica
marzo 13, 2018 Comentarios desactivados en minería básica
¿La filosofía? Hurgar en la perplejidad.
seguir con vida
marzo 12, 2018 Comentarios desactivados en seguir con vida
Vivir de acuerdo con lo importa acaso sea lo único que importa. No es fácil, sin embargo, distinguir lo que importa de lo que parece importarnos en medio del ruido diario. Aunque puede que baste con que nos digamos me moriré al levantarnos por la mañana. Con todo, cabe dar un paso al frente y caer en la cuenta de que lo que importa no tenga que ver con nuestra vida, sino con la de aquellos que ya no tienen vida por delante a causa de, cuando menos, nuestra indiferencia.
el azar y la necesidad
marzo 11, 2018 Comentarios desactivados en el azar y la necesidad
Venimos del polvo y volveremos al polvo. ¿Materialismo? Quizá. En cualquier caso, si esto es cuanto hay, no le debemos la vida a nadie. O estamos en deuda, o no lo estamos. Más allá incluso del ser o no ser. Y no parece que lo estemos. Aunque puede que este sea nuestro error. Un error, sin embargo, comprensible. Pues no es fácil caer en la cuenta de que la vida se la debemos a aquel que quisimos perder de vista.
a menos que
marzo 10, 2018 Comentarios desactivados en a menos que
El hombre que mata a su semejante ensombrece su existencia para siempre. No sobrevive a su víctima, aunque siga en pie. El hombre, sin embargo, es esta posibilidad. Que el hombre no siga con vida aun cuando continue con vida es la prueba del nueve de que no somos un simple cuerpo. Aunque tampoco solo un alma. El hombre se salva donde salva su cuerpo. Pero no salvará su cuerpo donde únicamente cuide de su cuerpo. De ahí que no haya redención que valga, si los muertos no resucitan. Ahora bien, esto está muy cerca de afirmar que no hay redención o, si se prefiere, que no la hay para los culpables y, por consiguiente, para la inmensa mayoría de nosotros. Pues como mínimo seremos acusados de nuestro pasar de largo. Massa damnata. La muerte pronunciará la última palabra. A menos que acontezca lo imposible, lo cual supondría inevitablemente el fin del mundo. Pues lo imposible no es lo aún por explicar, sino lo que el mundo no puede admitir como su posibilidad. De hecho, nuestra increíble esperanza es que los muertos resuciten en nombre de un Dios igualmente imposible. En realidad, la vida nos ha sido dada desde la im-posibilidad de Dios. Dios nunca fue una posibilidad del mundo. Ni siquiera del sobrenatural. Hay mundo porque Dios dio un paso atrás. La fe es a la religión lo que la mecánica cuántica a la física newtoniana, algo que en modo alguno podemos integrar y que, con todo, sigue ahí. Eppur si muove. Dios en los cielos seguiría siendo una ignotum X, la imposibilidad que, sin embargo, es y en relación con la cual todo es. O mejor dicho, en relación con la cual el todo es el no-todo.
ataraxias
marzo 9, 2018 Comentarios desactivados en ataraxias
Aun cuando fuera verdad que tan solo cabe encontrar la felicidad por medio de la ascesis oriental seguiríamos teniendo pendiente la redención. Un mundo de seres dopados de felicidad sería un mundo sin alteridad. En ese mundo la alteridad de Dios se revelaría como la de aquel Tú al que apunta el clamor de las víctimas del pasado. Mejor dicho, la alteridad de Dios se revelaría en ese clamor, cuando menos porque, al fin y al cabo, el Tú de Dios se hace presente en dicho clamor como el de aquel que, desde su impotencia —su no ser aún nadie sin la fidelidad del hombre—, nos invoca a una entrega sin excusas.
cristianismo y platonismo
marzo 8, 2018 Comentarios desactivados en cristianismo y platonismo
El cristianismo no es un platonismo. Ni siquiera para el pueblo. Pues lo que hay detrás de la experiencia cristiana no es la imperfección o degradación de cuanto es, sino la acusación que nos dirigen las víctimas de nuestro pasar de largo. El cristiano no está descolocado porque haya engordado un par de quilos o porque, con el transcurso de los años, su antigua solidez, si la hubo, se haya desvanecido en el aire. La norma no es la perfección del paradigma, sino el tener que responder a una demanda, en el doble sentido de la expresión. Sin embargo, el dictum de Nietzsche dio en el clavo, si tenemos en cuenta en que se convirtió el cristianismo con el paso del tiempo.
la discontinuidad
marzo 7, 2018 Comentarios desactivados en la discontinuidad
Para una sensibilidad religiosa, esto de la vida va de un tener que conectarnos a la fondo nutricio del cosmos como quien pone los dedos en un enchufe, es un decir, para cargarse de energía, se supone que positiva. Como si al fin y al cabo todo fuera cuestión de saber hacerlo o de tener la suficiente paciencia. Pues la conexión cuesta (o está cuesta arriba). Da igual si hablamos de una inmolación en el altar de la divinidad de turno, como en la Antigüedad, o de una ascesis, una dieta espiritual. En cualquier caso, hay que pagar un precio, hay que sacrificarse. No tengo claro que los tiros cristianos vayan por ahí, a pesar del aire de familia. Pues, lo que confesamos cristianamente es que, del lado del hombre y con respecto a Dios, no hay nada que hacer, salvo responder a la caída libre de Dios, a su sacrificio. Si somos capaces de Dios, de aquel otro que no es nadie sin la entrega del hombre, no es porque propiamente seamos capaces, sino porque la cruz nos ha hecho capaces o, si se prefiere, ha restaurado nuestra capacidad originaria, anterior a la caída. Hay una discontinuidad —un hiato— entre el esfuerzo religioso del hombre y Dios, discontinuidad que no podemos superar con nuestras propias fuerzas. El beso que Francisco de Asís le da al leproso no es el éxito, literalmente la salida de sí, del hombre de Dios. La intención de Francisco fue honestamente religiosa. Él quería, sin duda, vencerse a sí mismo en nombre del Dios que se la hacía presente en el cuerpo del leproso. Francisco quería alcanzar a Dios. Pero en el momento de la verdad, la pústulas repugnantes del leproso constituyen un non plus ultra para el hombre. La discontinuidad destruye al hombre, al menos al hombre que confía en su posibilidad, incluso cuando esta se supone garantizada por una divinidad tutelar. El momento de la discontinuidad es el de Getsemaní. Y en Getsemaní, Dios guarda silencio. Como si no hubiera Dios. En el caso, de Francisco, como si el leproso no ocupara el lugar de Dios. Como si la llamada inicial —la que impulsa a Francisco a dar el primer paso— no fuera de Dios. Getsemaní supone el fracaso del hombre religioso en su intento de alcanzar a Dios o, cuando menos, de estar de su lado. Supone el fracaso de la creencia. Y donde fracasa la creencia, tan solo queda la fe, la confianza, el esperar lo imposible, lo que el mundo no puede admitir como su posibilidad. Pues el mundo es mundo en tanto que tiene pendiente la extrema alteridad del Otro como tal. Lo imposible es, sencillamente, la irrupción del enteramente otro como aquel que se hace cuerpo en el hombre por el fiat del hombre. Ahora bien, ese fiat el hombre solo puede pronunciarlo bajo el silencio de Dios, esto es, sin un sentido que garantice a priori su entrega. Todo cuanto tiene que ver con Dios en verdad, se da sin Dios mediante. El gesto de Francisco es en el mundo, pero no pertenece al mundo. Si entendemos el gesto de Francisco solo desde nuestro lado, entonces podríamos hablar, quizá, de un gesto admirable, de lo que el hombre es capaz, aunque sea ciegamente (o en su caso, tapándose las narices), pero en modo alguno revelaría nada de Dios. En ese caso, seguiríamos dentro de los lindes de la religión. Dios permanecería en la dimensión oculta a la espera del esfuerzo ascético del hombre. Pero ese dios tiene que ver con el poder que satisface nuestra necesidad de amparo o plenitud, no con el Dios que clama por el hombre desde su impotencia. Para comprender el alcance del gesto de Francisco, hay que situarse también del lado del leproso. Pues si hubo beso, no es solo porque Francisco respondiera a la invocación del que apenas es un resto de hombre, sino porque ese resto se dejó caer en los labios de Francisco, por decirlo así. Ahora bien, si se dejó caer es porque Francisco se le acercó hasta donde pudo, cayendo de rodillas sepultado por su debilidad, a la espera de una redención. La caída del leproso en labios de Francisco es la respuesta a su caer de rodillas, a su oración. En su oración —la oración de Getsemaní—, Francisco se encuentra por entero en manos del leproso. El yo de Francisco es el otro. Ciertamente, el leproso volvió a la vida —se hizo hombre, recuperó la humanidad perdida— por el gesto de Francisco. Pero el beso aconteció no solo por la iniciativa de Francisco, aunque tampoco solo por la del leproso. Hubo beso porque Francisco respondió a la invocación del despojo humano hasta morir como aquel que no fue capaz. Pero también, y quizá sobre todo, porque ese despojo pudo de salir de la prisión de su cuerpo, regresar al mundo, por la entrega incondicional de Francisco. El leproso vuelve a la vida porque Francisco muere oliendo las pústulas del leproso, pero sin alcanzarlas. Aunque del mismo modo que con la vida del leproso —con su dejarse caer en los labios de Francisco— Francisco resucita de entre los muertos. Comprender ese beso solo desde el lado del hombre o solo desde el lado del leproso es no comprender nada. Podríamos decir lo mismo con respecto a lo que tuvo lugar en la sima del Gólgota.
los raros
marzo 4, 2018 Comentarios desactivados en los raros
La sociedad tolerante hace de nuestra inicial incapacidad de amar una incapacidad legítima. No es causal que el amor sea hoy en día el tema de muchos. Nuestro tiempos fantasean con el amor. Y uno fantasea con lo que le falta. Pues el efecto lateral de colocar la libertad en el centro de la vida política y personal es el de la devaluación de la fidelidad. Nadie o casi nadie quema las naves por nadie (o por nada). Así, el amor, en tanto que reducido a sentimiento más o menos intenso, deviene una opción entre otras como la ropa que nos ponemos encima. El individuo de la sociedad tolerante no se comprende a sí mismo en relación con su compromiso (o lo tiene muy difícil). Pues no hay compromiso que no obedezca a un mandato que viene de lo alto, como quien dice. Y la obediencia tiene, hoy en día, mala prensa. Ciertamente, no cualquier obediencia vale como expresión de una genuina libertad. Pero eso no quita que la libertad, más allá de un poder hacer lo que uno desea, sea inseparable de un atarse al mástil, al menos durante un largo trecho. En realidad, la libertad en relación con el propio deseo no deja de ser un simulacro. Al fin y al cabo, nadie elige su propio deseo. Un deseo es un implante y un implante con fecha de caducidad. No hay que haber acumulado mucha experiencia para saber que el deseo desparece cuando logramos cuanto deseamos. No ocurre lo mismo con lo que amamos. Pues, con respecto a lo que reclama nuestra entrega, cuanto más cerca, más lejos. No hay amor sin vasallaje. De hecho, siempre fue más o menos así. Desde Platón, la libertad como elevación —como obsesión por lo que nos supera— no tiene expresión política, salvo utópicamente. Esto es, no es posible que una sociedad tolerante esté integrada por amantes. Una sociedad que colocara en el centro de la vida política lo que debe ser amado o buscado —una sociedad que tan solo admitiera una concepción de la vida buena— terminaría siendo, a nuestros ojos, una sociedad tiránica. Sin duda es preferible políticamente una sociedad tolerante a otra que no lo sea. Pero el precio que tenemos que pagar por ello es el de un adelgazamiento del sujeto. La libertad de una sociedad tolerante es, sencillamente, la del consumidor. De ahí que tan solo unos pocos pueden llegar a ser lo que aman. Pero, porque su compromiso carece de legitimidad epistemológica, por decirlo así, es fácil que los veamos como talibanes. O al menos, como unos raritos.
mito y verdad cristiana
marzo 3, 2018 Comentarios desactivados en mito y verdad cristiana
La verdad sin un mito que la acompañe no moviliza las voluntades. Y quizá sea este el problema del cristianismo hoy en día. Pues, el imaginario que sostuvo el kerigma en los orígenes ya no puede ser el nuestro. De ahí que el sujeto cristiano sea actualmente un sujeto dividido. Pues fácilmente, en sus oraciones sigue dirigiéndose a un espectro que ya no puede tomarse en serio. De ahí que o bien mantenga su devoción a costa de la verdad, o bien apueste por la verdad a costa de su devoción. Por suerte, el sí o el no se decide, como siempre, ante aquellos que no tienen vida por delante.
evidence
marzo 2, 2018 Comentarios desactivados en evidence
Quizás alguien se pregunte con razón por qué si a los seminaristas no se les enseña un conservadurismo simplista sobre el NT, luego, cuando son sacerdotes, no transmiten a los fieles en su predicación unos enfoques más matizados. La excusa más corriente es que puede crear confusión entre los fieles, algo que cada vez se entiende menos, porque justamente ahora es cuando hay más católicos con formación universitaria y puede que se animen al ver que la Iglesia, pasado ya el peligro, es capaz de cambiar su forma de pensar ante las pruebas. Un factor importante puede ser que para transmitir a los fieles opiniones bíblicas matizadas de forma constructiva (y no incomprensible y perturbadora) hacen falta más esfuerzo e imaginación de lo que muchos predicadores están dispuestos a hacer. Lo anodino es casi siempre más fácil y pervive ahí aunque la Iglesia enseñe lo contrario.
Raymond Brown
pole position
marzo 2, 2018 Comentarios desactivados en pole position
Desde el punto de vista bíblico, lo primero no es el pedirle a Dios por Dios, sino el clamar de Dios por el hombre. Si Dios llama al hombre —y ya sabemos cómo lo llama— es porque lo ha perdido de vista. Y al perderlo sufre, como quien dice, una brutal crisis de identidad. Es como si nos mirásemos al espejo y no viéramos a nadie. O como el padre que ha perdido a su hijo, que ya no tiene vida por delante… salvo que su hijo resucitara. Ese hombre no sería mucho más que un lamento. De ahi que la posibilidad de Dios dependa de la respuesta del hombre a su voz, la cual escuchamos en el grito de quienes sufren, precisamente, la realidad de un Dios sin imagen.
esto del creer
marzo 1, 2018 Comentarios desactivados en esto del creer
En lo más profundo, somos una invocación. Y esta es la raíz del sentimiento religioso. Podríamos decir que hoy en día quien posee una cierta sensibilidad hacia lo trascendente va en busca de algo más que el ver y el tocar. Sin embargo, a diferencia de cuanto podamos suponer religiosamente, la fe cristiana no reposa en nuestra búsqueda de Dios, sino en la necesidad de responder a la entrega de Dios, a su humillación. Pues no solo somos una invocación, sino también, y quizá sobre todo, un tener que responder a una invocación. El creyente no es tanto aquel que implora a Dios, sino aquel que carga con el desgarro de Dios, con el peso de un Dios en caída libre y obra en consecuencia. En el fondo, el sí o el no de nuestro estar en el mundo se decide en relación con esa voz interior que nos llama desde el más allá de nosotros mismos, aquella que nace de las gargantas de la sed. Pues la voz que nos reclama, en tanto que debida a Dios, no es la del un ente espectral, sino la de un Dios que aún no es nadie sin la respuesta del hombre, la de aquel que, tras nuestro desprecio, tiene pendiente, precisamente, su quien. De ahí que escuchar la voz de Dios sea lo mismo que escuchar el lamento de quienes no parecen contar ni siquiera para Dios. La realidad de un Dios en falta encuentra su correlato objetivo en quienes echan en falta a Dios, los sin Dios. Tarde o temprano deberíamos caer en la cuenta de que lo más íntimo se encuentra extramuros. La creencia no es, por tanto, un gabán que podamos tanto ponernos encima como quitarnos. El creyente es su creencia, esto es, su fidelidad a una llamada insoslayable. Su yo es, en definitiva, otro. Y un otro que no es mucho más que su clamar por Dios.
comienzos
febrero 28, 2018 Comentarios desactivados en comienzos
Suele decirse que la filosofía comienza con el asombro, un asombro que, como cabe esperar, coquetea con el nihilismo: ¿por qué hay algo ahí en vez de nada? Sin embargo, este asombro contiene unas buenas dosis de extrañamiento. Comenzamos a tensar la cuerda cuando dejamos de encontrarnos en donde estamos. Como si la condición de las apariencias fuera una falta fundamental. De hecho, esta sería la marca de la existencia. Las focas no existen. Son. Tan solo nosotros fuimos arrancados de aquello que ignoramos y no podemos dejar de ignorar. La vida pende del hilo del misterio, no de la cosa misteriosa, pues que haya algo que no terminemos de entender es circunstancial, sino de una ignotum X impenetrable al conocimiento, al fin y al cabo, de una ausencia que no puede resolverse como presencia, al menos mientras sigamos siendo un alguien. De ahí que el horizonte de nuestra estar en el mundo sea un no saber. La cuestión quizá sea a qué nos obliga esta paradójica ignorancia. Esto es, donde se encuentra el centro. Pues, ciertamente, no podemos estar centrados en nosotros mismos sin caer en la estupidez.
