del poeta y las palabras
julio 13, 2022 § 1 comentario
¿Decir te quiero? No es suficiente. O no lo es, donde cabe decirlo. Aunque sea verdad. Las grandes palabras necesitan volver a ser dichas de otro modo. Pues con el uso se desgastan. Como los cuchillos, tienen que afilarse de vez de cuando. De ahí la necesidad del poeta. Pues fue un poeta quien le dijo por primera vez a su amada me has robado el corazón. O aquel que se atrevió a decir, contra el prejuicio religioso, que Dios es nuestro padre.
Mikhail
julio 12, 2022 § 1 comentario
No hay más sufrimiento en el mundo porque hay algunas mujeres y hombres buenos. Mikhail nació en Rusia, pero vive entre nosotros desde hace ya bastantes años. Sobrevive a base de hacer chapuzas, aunque ya tiene unos sesenta largos. Su mujer se suicidó hará unos meses. No pudo soportar la muerte de un hijo a causa de un cáncer. Mikhail de repente se queda solo a las puertas de la vejez y con apenas unos cuatrocientos euros de pensión. ¿Por qué no está en la calle como tantos otros? Porque el dueño del piso en el que vivían decidió que se quedara sin cobrar el alquiler, el cual ya era inusualmente bajo. Así de sencillo. Ciertamente, el dueño, ya jubilado, no lo necesita, aunque tampoco es que nade en la abundancia. Puede que, al fin y al cabo, se trate de la bondad.
dependencia o presencia
julio 11, 2022 § 1 comentario
Es sabido que Schleiermacher, el teólogo prusiano, habló del sentimiento de dependencia como el sentimiento religioso fundamental (Hegel añadió que, si fuera así, entonces el perro sería el creyente par excellence). En los años sesenta del siglo XX, este sentimiento fue desplazado por el de hallarnos en medio de una presencia invisible, lo cual supone un volver a la religiosidad de los espíritus del bosque, aunque en clave de un solo Dios y, además, acogedor. Sin embargo, es posible que Schleiermacher diera en el clavo. Pues donde dejamos atrás el sentimiento de dependencia, ya no hay alteridad que valga. Ahora bien, la cuestión es de qué dependencia estamos hablando. Y no parece que se trate de una dependencia física. En cualquier caso, la de aquel que se encuentra sub iudice ante aquellos que revelan el rostro de Dios. Y esto, ciertamente, es difícil de admitir para quienes aún confíamos en nuestra posibilidad.
el carácter espiritual
julio 10, 2022 § 1 comentario
Hay dos tipos de carácter: el interesado en lo material —ganar dinero, prosperar económicamente…—; el interesado por comprender, por las cosas del espíritu, la trascendencia. Esto siempre ha sido así: entre el tener y el ser. Los del primer tipo están interesados en la acumulación. Los del segundo, en soltar lastre —en el desprendimiento. Para los primeros, no hay otra libertad que la del poder. Para los segundos, la genuina libertad es siempre interior, un estar por encima de lo que nos sucede y no importa. Unos consumen cultura (o religión), en el mejor de los casos. Otros, son cultura. Los que triunfan suelen ser del primeo tipo. En cambio, a los del segundo, el triunfo les da más o menos igual. Sin embargo, los primeros son necesarios para que los segundos puedan, precisamente, dedicarse a lo suyo antes de envejecer (o para envejecer antes de tiempo). Pues, de lo contrario, todos aún iríamos por ahí cazando y recogiendo , dejando el asunto del sentido o la verdad para los ancianos.
el cristianismo en clave normal
julio 9, 2022 § Deja un comentario
Un padre es, para el niño, un dios. Sin embargo, tarde o temprano, se revela como un pobre hombre. Su antiguo poder se muestra como el de un fantasma: un poder en falso, un trampantojo, una impostación. El hijo, entonces, puede hacer dos cosas: o despreciarlo, o rescatarlo. En el fondo, el padre solo nos exige una cosa: quiéreme; pues no soy lo que parece. Es, como sabemos, el primer mandamiento. El hijo es fiel al mandato del padre donde abraza su impotencia —su humanidad—. Y por eso el padre llega a ser el que es.
resistencia y sumisión
julio 8, 2022 § Deja un comentario
A veces me pregunto cómo me sentiría si viviéramos en un mundo donde, desde el principio, a los hombres se nos hubiera educado de tal modo que llegáramos a estar convencidos de que no interesaríamos a ninguna mujer a menos que fuéramos capaces de ofrecer un cuerpo sin tara. Imagino que fácilmente me diría a mí mismo que soy más que un cuerpo. Es verdad que los hombres estamos, socialmente, sometidos a otra exigencia, no menos implacable: la de conseguir signos de poder o, como se dice habitualmente, la de triunfar. Ahora bien, no se tratan de exigencias simétricas, dado que el triunfo depende en gran medida de lo que uno hace con las cosas del mundo, por así decirlo, no del cultivo del propio cuerpo, lo que acaba fácilmente produciendo, al menos, una cierta neurosis: como si el trabajo con uno mismo no tuviera otro horizonte que el de ser degustado. Y ahí radica el problema: la mujer sabe que en realidad su cuerpo, en tanto que excesivamente arreglado, no es sincero (de hecho, la palabra sincera significa, originariamente, sin cera, esto es, sin la cera que las mujeres romanas utilizaban como maquillaje). De ahí el temor a cuál será la reacción del hombre cuando lo descubra. Paralelamente, el hombre lo suficientemente lúcido no ignora que todo éxito es un malentendido, por no decir un fraude. En la intimidad, no puede evitar constatar que no acaba de coincidir con lo que representa. Sea como fuere, en ambos casos estamos hablando de unas dependencias que, sin duda, nos esclavizan, aunque, como ocurre con todo, aquí también haya grados.
Diría que es evidente, o casi, que detrás de todo está la biología. Aunque los cánones de belleza femenina han ido variando a lo largo del tiempo, lo cierto es que los rasgos comunes destacan los signos de la aptitud reproductiva. Igualmente, una mujer espontáneamente siempre se sentirá atraída por los hombres que le dan a entender que tienen el poder suficiente como para garantizar la viabilidad de sus hijos. En cualquier caso, la cultura moldea o canaliza estas tendencias básicas, pero no las suprime.
Sin embargo, es igualmente cierto que, como humanos, lo propio es tomar distancia respecto a lo natural. Es decir, no somos el bonobo que somos. No hay ningún bonobo que busque el reconocimiento de los demás. Ciertamente, alguien podría objetarnos que, durante la época de celo, las bestias buscan instintivamente captar la atención del otro sexo. Pero esto nada tiene que ver con la necesidad de encontrar una respuesta a la pregunta por quién soy… que es, en el fondo, de lo que se trata, humanamente hablando. Por eso, el asunto de fondo es en qué dirección debemos tomar distancia de lo natural. Y no parece que esta distancia sea la que debería ser donde el trabajo con nosotros mismos no tiene otra finalidad que la de subrayar la tendencia biológica, asumiendo los patrones culturales vigentes.
La cuestión, sin embargo, no pasa por contraponer sumisión con libertad, puesto que, como sujetos, siempre nos encontramos sujetos a algo. La libertad no consiste en liberarse de todo condicionamiento, al menos, porque esto no es posible. Un pájaro que se dijera a sí mismo que podría volar con más libertad de no darse la resistencia del aire, sencillamente sería incapaz de volar. La cuestión es a qué nos encontramos sujetos, cuál es el imperativo, por así decirlo, que orienta nuestra existencia. Y no es lo mismo encontrarse sometidos al imperativo de tener un cuerpo perfecto que al de, pongamos por caso, dar de comer a los que no tienen pan. Por este motivo, creo que es importante que la escuela insista en la importancia de ir contracorriente, como quien dice, en aras de lo que importa. En este sentido, la escuela es –o debería ser– un espacio de resistencia.
el viejo jesuita
julio 6, 2022 § Deja un comentario
Hay creyentes que llevan pegada a la piel la lección de la madre: Dios cuida de nosotros. Él ha puesto ese árbol para que nos dé sombra, me dijo en su momento Richard Gassis sj. Esto es verdad —todo es don—, aun cuando de hecho no sea así. ¿Hay otro modo de interiorizar la verdad que imaginándola? Solo in extremis —esto es, cargando con las cruces de este mundo. Pero, mientras tanto, quizá baste con la superstición. Sobre todo, si añadimos una cierta ironía, esto es, lo dicho: es así aunque de hecho no sea así.
el poder
julio 5, 2022 § Deja un comentario
Quien detenta un genuino poder no atiende a razones. Le basta con sus motivos. No me gusta, no vale. Dios tendría que mostrarse, por eso mismo, como un dios antojadizo. De hecho, esta fue la convicción de quienes, en la Antigüedad, aun sabían en qué consistía ejercer como dios. Que la voluntad de YWHW sea de piñón fijo —que, como decían los profetas, no quiera otra cosa que justicia para los pobres— es algo que debió de sonar raro, cuando menos, a oídos antiguos. ¿Cómo podría tratarse de un dios? La gran intuición bíblica es que el poder de Dios —el último poder— es el de la renuncia al poder en bruto, aquel que se realiza arbitrariamente. De ahí que Dios en verdad esté por encima de su poder o, por decirlo en nietzscheano, de la voluntad de dominio. Un Dios que coincidiera con el poder sería en cualquier caso, un dios, pero no Dios.
el que calla
julio 4, 2022 § Deja un comentario
Para juzgar no es necesario pronunciar. Basta con callar. Es así que Dios nos juzga con su silencio. Ciertamente, quien deja de hablar —quien abandona la cháchara— parece que guarde un secreto. Aunque el secreto quizá sea que no hay ningún secreto. Y esta es la raíz de la melancolía.
Jorge Luis
julio 3, 2022 § 1 comentario
Decía Borges que un poeta descubre asombro donde los demás solo ven costumbre. Bien. Sin embargo, también descubre que no podemos permanecer en el asombro. Y de ahí la necesidad de la escritura. Por tanto, no se trata propiamente de expresarse —¿quién necesita hacerlo?— como de fijar en la piedra, al modo de un escultor, la palabra que no admite paráfrasis. Pues acaso solo podamos ser fieles a lo que tiene lugar y no tan solo sucede recordándolo como aparición. Permanecer en lo real no es, al fin y al cabo, sentirlo siempre —esto, sencillamente, no es posible—, sino fidelidad. Pero, como dijera Holderlin, ¿para qué poetas en tiempos de indigencia? (Y quizá podríamos añadir ¿para no sucumbir del todo?)
de un café con Xavi Casanovas
julio 2, 2022 § Deja un comentario
La fe no es posible. O mejor, no vive de lo posible. Pues si pudiéramos creer, entonces no creeríamos. La esperanza, de estar garantizada por las posibilidades del mundo, queda reducida a una expectativa razonable: creemos saber qué debemos hacer para mejorar la sociedad. Aunque las cosas se pongan cuesta arriba. Sin embargo, la fe nace cuando ya no cabe ninguna expectativa —cuando topamos con el muro de las lamentaciones, por así decirlo—. No parece que haya un más allá del muro. De ahí que la fe, frente a la mera expectativa, apunte a lo imposible. Ahora bien, no apunta a lo imposible porque ya nos gustaría que la película terminase bien. La cuestión es, por tanto, en nombre de qué o de quién cree quien cree verdaderamente Y la respuesta es siempre la misma: en nombre del perdón de nuestras víctimas. Al menos, porque solo desde ese perdón todo comienza de nuevo. Creer significa creer, en nombre de una bondad que tuvo lugar donde no podía haber ninguna bondad, que el verdugo no pronunciará la última palabra. En este sentido, la esperanza creyente es el envés de un mundo que se encuentra sub iudice, esto es, (de)pendiente de. La fe no es, propiamente, una suposición, sino una respuesta confiada a la invocación que nace de dicho perdón. Pues la fe que no responde apenas se diferencia de la iluminación. O del delirio.
Mediterráneo
julio 1, 2022 § Deja un comentario
Un autor no llega a ser un autor hasta que no encuentra a un buen lector. Pues un autor no termina de saber lo que dice hasta que no se lo dice un buen lector. Es el buen lector el que le permite a un autor leerse a sí mismo. El buen lector encuentra lo, literalmente, conmovedor de una obra —y hay pocas que conmuevan—. Un autor díficilmente llega a conmoverse con lo que lleva pegado a la piel desde que fue engendrado, a la manera de los viejos profetas. O mejor dicho, de conmoverse con el hallazgo, en el fondo lingüístico, la conmoción dura poco. Pues le parecerá, al fin y al cabo, obvio. De hecho, muchos de los escritores que se emocionan con su obra no hacen mucho más que descubrir mediterráneos.
Heidegger y los hambrientos
junio 30, 2022 § Deja un comentario
Estoy releyendo uno de los seminarios que Heidegger impartió durante los años 35-36 en Friburgo. El tema es aparentemente trivial: qué es una cosa (y su asunto es la filosofía de Kant). Sin duda, cristianamente podríamos preguntarnos si tenemos derecho a ocuparnos de estos temas mientras hay tantos que pasan hambre, por decirlo según el tópico. ¿Acaso no es un ejercicio de impiedad? Ciertamente, si la pregunta —qué es una cosa— va con el pasar de largo. Pero me atrevería a decir que alguien, al menos, debería hacérsela tarde o temprano. O mejor dicho, volverla a plantear. Y por aquellos que ni siquiera pueden planteársela. Pues solo cavando pozos sin fondo podremos responder a la pregunta, hoy en día inevitable, sobre la realidad de Dios (aunque la respuesta no será la que, en un principio, esperamos). Es cierto que no se trata de demostrar la existencia de Dios. De hecho, la realidad de Dios no puede concebirse en los términos de algo que existe como existen las focas o las ondas electromagnéticas, aunque sea en otra dimensión. Pero quien crea que no es necesario preguntarse de qué —o de quién— hablamos cuando hablamos de Dios probablemente tenga suficiente con su imagen de Dios. Y aquí también hay impiedad.
antes de tiempo
junio 28, 2022 § Deja un comentario
En la Biblia, un profeta es aquel que denuncia, en nombre de Dios, el status quo. Podríamos decir que anticipa el principio, pues el principio es lo que aún está por realizar. El pueblo de Israel y sus representantes creen vivir conforme a la voluntad de Dios. Pero lo cierto es que la palabra de Dios les resbala. Pues únicamente se encuentra al servicio de su justificación. Desde su óptica, el profeta exagera: no hay para tanto. De ahí su desencaje. El profeta es, en este sentido, un inútil. Que llegue a ver antes de tiempo —o, mejor dicho, a escuchar lo que nadie más escucha— es algo, en realidad, molesto. Como las moscas cojoneras. O como Dios mismo. ¿Acaso no se nos dijo que el publicano arrepentido estaba más cerca de Dios que el piadoso de las primeras filas? Esto es como si se nos hubiera dicho que Dios está con el torturador que ya solo es capaz de arrodillarse ante sus víctimas y no con los obispos o la buena gente de las parroquias que vive tan satisfecha de su fe. Difícil de tragar.
credo quia absurdum (y 2)
junio 26, 2022 § Deja un comentario
¿Qué hay detrás de la sentencia de Tertuliano et mortuus est Dei Filius, prorsus credibile est, quia ineptum est —y el Hijo de Dios murió; es por eso por lo que se cree, porque es absurdo—? ¿Cómo entender lo que escribe a continuación: et sepultus resurrexit, certum est, quia impossibile —y que fue sepultado y resucitado es cierto porque es imposible—? Contra lo que pueda parecernos de entrada, no nos hallamos ante un caso de fideísmo, de una defensa de la irrelevancia del dar razón, sino ante la exposición retórica del nervio de la fe. Ambos, el absurdo y lo imposible, van con el acaecer de Dios en tanto que hallarse cabe Dios equivale a encontrarse bajo la posibilidad de lo imposible, de lo que en modo alguno puede reducirse a expectativa. Y esto es racionalmente así. Al menos, porque la alteridad avant la lettre, cuyo retroceso es la condición de nuestro estar en el mundo, por no decir del mundo como representación, es por definición lo absolutamente extraño o irrepresentable. El ejercicio de la razón o termina siendo dialéctico, o no se ejerce hasta el final. Ciertamente, sostener que lo Otro es, por defecto, lo que, como tal, no admite una imagen o presencia es como decir que la alteridad no es nada; que su haber es el de un eterno haber sido. Pero el cristianismo, contra las lecturas habituales, no sostiene lo contrario, aunque tampoco se limite a constatarlo. Más bien, con una audaz vuelta de tuerca, proclama que Dios se hace presente como alguien por la demencial fidelidad del hombre de Dios. O también que el Padre no es aún nadie sin el fiat del Hijo. En definitiva, que o Dios tiene cuerpo, o no hay Dios (y de ahí su coqueteo con el nihilismo). La fe, al fin y al cabo, consiste en creer que, en tanto que el todo aún está por decidir, la encarnación no caerá en saco roto. Y esto no es algo en lo que quepa esperar solo desde nuestro lado como quien da por hecho que la película acabará bien.
críticos
junio 25, 2022 § Deja un comentario
En esto de las letras, hay críticos y criticones. Los primeros son capaces de reconocer el valor de una obra a pesar de sus taras —y quién no anda cojeando de algún pie—. Los segundos, en cambio, no se sienten satisfechos si no las descubren. Es como aquellas chicas que necesitan señalar el defecto de la más bella, pues no podrían soportar que fuese perfecta. Así, el crítico que se limitase a destacar los versos fallidos de una Dickinson o un Rilke ¿no haría, por eso mismo, el ridículo? ¿Es que el logro de un poeta no es el de conseguir, de vez en cuando, las palabras exactas después de tantas derrotas? Como la vida misma. ¿O es que no hubo también barro en la vida de muchos santos? Aquí, como en tantos otros asuntos, de lo que se trata es de la proporción.
Balbín
junio 24, 2022 § 2 comentarios
Ha muerto José Luis Balbín. Muchos crecimos, como adolescentes, viendo La Clave. Y de ello nace un profundo agradecimiento. A veces, me preguntan, si he percibido, a lo largo de los años, diferencias entre generaciones. Suelo dudar. Pues la adolescencia siempre ha sido la misma enfermedad. Sin embargo, dejo de hacerlo cuando tengo en cuenta el contexto. Y ya sabemos que uno es, en buena parte, su circunstancia. No es que ver La Clave fuese mayoritario entre nosotros cuando éramos, más o menos, quinceañeros. Pero tampoco era un programa de frikis o solo para los de letras. Su prestigio era indiscutible. Diría que el factor diferencial tiene que ver con que los intelectualmente inquietos lo tienen más difícil para alimentar su inquietud. ¿Cuál es la oferta? Instagram, el Rubius, Ibai, la Play… una maquinaria —y muy engrasada— cuyo efecto es la reducción de la inteligencia. No hay comparación entre La Clave y las chorradas del Ibai, pongamos por caso. Es como alimentarse solo de chips: al final, el cuerpo lo nota. Estamos ante una crisis social a la que asistimos como impotentes. Quítales los móviles a los jóvenes durante una mañana y su reacción será el de un adicto a la heroína. ¿Mejores? No me atrevería a decirlo. Un buen número de chicas y chicos acceden a la enseñanza universitaria ignorando que significan palabras como coherente o importunar. No exagero. Incluso uno está tentado de creer que detrás hay una voluntad de convertir a nuestros jóvenes en estúpidos. Basta con echarle un vistazo a la ley Celaá. ¡Balbín citando a Tocqueville en un programa de televisión! Hoy en día, no es que fuera imposible: es que estaría, sencillamente, vetado.
canciones de amor
junio 23, 2022 § Deja un comentario
¿El amor? En las canciones, lo obvio: una fuerte atracción. Sin embargo, lo cierto es que, en muchos casos, lo que hay —lo que pesa más— es resignación, un tener que aceptar la tara del otro por miedo a quedarse solo o sola (¿aún no tienes novio?). No hay sentimiento que sea químicamente puro. De ahí que, en Israel, la cuestión metafísica —qué es, qué hay por debajo de las apariencias— no llegara a plantearse. Para Israel, lo que es —el último decir— se decidirá más allá del presente. Y no porque lo decidamos. No es casual que el imperativo —amarás— admita una lectura temporal: terminarás amando. Pues, bíblicamente, lo real o unívoco es siempre pensado en clave de esperanza.
Jean Paul
junio 22, 2022 § Deja un comentario
Sarte, en su momento, distinguió entre la mujer necesaria y la contingente. Imagino que Simone de Beauvoir hizo de tripas corazón —aunque quizá, en vez de corazón, intelecto. No sé si llegó a decir que a la mujer contingente le dirigimos palabras que seríamos incapaces de pronunciar ante la necesaria, palabras que, al estar cargadas de emoción, nos parecen más verdaderas. Sin embargo, no lo son. Que creamos que somos dueños del significado —que basta con sentirlo para garantizar la referencia— no deja de ser una ingenuidad.
pensamiento mágico
junio 21, 2022 § Deja un comentario
Hay algo de pensamiento mágico en el postureo habitual. Ponerse la camiseta de Kurt Cobain no te convierte en Kurt Cobain. En cualquier caso, expresa un deseo de ser como él. Pero ¿quién de entrada no adopta una postura en su intento de configurarse? De ahí que Pascal escribiese aquello de que, en ausencia de fe, al menos arrodíllate. Al fin y al cabo, el pensamiento mágico consiste en creer que el predicado alcanza al sujeto. Sin embargo, nunca es así. Cuanto vale suele tener un alto precio. Pero solo los necios, como decía Machado, confunden precio y valor. De hecho, el creyente difícilmente dirá de sí mismo que es un ejemplo de fe. A menos que confunda la fe con el me gustan las cosas de Dios.
del milagro y la dieta
junio 20, 2022 § Deja un comentario
Dice Pier Paolo Pasolini: quiero volver a consagrar las cosas en la medida de lo posible, quiero volver a mitificarlas […]. Vivimos en una cultura que ya no cree en los milagros, […] intentar transmitir ese sentido de lo milagroso que cada uno de nosotros experimenta al mirar la aurora, por eiemplo: no ocurre nada, el sol se eleva, los árboles se ven iluminados por el sol. Para nosotros, tal vez, es esto lo que ha de llamarse milagro. Tal cual. Por eso, la primera pregunta acaso no sea en qué o quién crees, sino si eres capaz de asombro. Ahora bien, el asombro conecta con una nada de fondo. Porque la nada es retrocediendo —o por decirlo en hegeliano, no siendo— nada más real que las presencias, siempre fugaces. Desde esta óptica, todo es aparición. Y esto equivale a decir que la aparición lo es todo —que no representa nada oculto, salvo que no hay nada oculto o que lo oculto es la nada. Todo se nos da —todo es don— desde el horizonte la nada. Otro asunto es que, a efectos de la superviviencia, tengamos que reducir cuanto aparece a cosas más o menos manipulables. Y esto es caer. Sin embargo, donde no conservamos un resto de lo sagrado —y sagrado significa intratable— acabamos siendo reos de la voluntad de dominio. Aunque vivamos satisfechos con nuestras compras. O por eso mismo. Como ilustrados, creímos haber superado la superstición. Y, sin duda, la Ilustración nos liberó de unos cuantos temores infundados. Pero quizá aún ignoremos que el precio de tirar el agua sucia fue el de un notable adelgazamiento.
decimos Dios
junio 17, 2022 § Deja un comentario
Decimos Dios y, automáticamente, viene a nuestra cabeza la imagen de un abuelo espectral. O algo así. El efecto, sin embargo, es que, con ello, nos alejamos de Dios. Y esto al margen de las sensaciones que pueda provocarnos la imagen de Dios. O por eso mismo.
La imagen pone a Dios en la casiila correspondiente por mucho que, más tarde, añadamos que Dios es un misterio. Dios en verdad no pertenece a ninguna dimensión oculta. Su trascendencia es la de los tiempos, no la del espacio. De hecho, quien experimenta la realidad de Dios a flor de piel, por lo común, se queda sin imágenes de Dios (y por extensión sin palabras). Ahora bien, no porque esta experiencia sea equivalente a la de un fenómeno paranormal, sino porque la única imagen de Dios, cristianamente hablando, es la de un crucificado en su nombre.
Al fin y al cabo, difícilmente podemos hablar de la experiencia de Dios sin referirnos a la experiencia de Dios. Pues, desde una óptica cristiana, si cabe experiementar a Dios es porque primero Dios quiso experimentar, por así decirlo, nuestra humanidad. Y quiso experimentarla porque, desde un principio, no quiso ser Dios sin el fiat del hombre. Donde olvidamos esto último nuestra experiencia de Dios se decide solo desde nuestro lado. Y lo que se decide solo desde nuestro lado no puede comprenderse como experiencia. A lo sumo como un chute de sensaciones. Por no decir como un trampantojo.
un café con Miquel
junio 16, 2022 § Deja un comentario
La interioridad, hoy en día, es sobre todo intimidad. Hay intimidad porque creemos que nadie será capaz de leernos —de leer el texto que somos. Hay intimidad porque perdimos de vista a nuestro padre. Y de ahí que la intimidad termine coincidiendo con el incurvatus in se. Al fin y al cabo, un padre es aquel que sabe leernos —que decide lo que acabaremos diciendo de nosotros mismos. ¿Dios? Para muchos, un analfabeto.
Sin embargo, puede que los lodos de hoy en día vengan de las lluvias cristianas. Al menos, porque el Dios cristiano es aquel que le devolvió la pregunta a su criatura: ¿y tú quién dices que soy yo? El cristianismo no es tanto la religión del Dios-Padre como la del Hijo. O mejor, es la de Dios-Padre porque antes fue la del Hijo (aun cuando este antes se debiera a la voluntad de un Padre que, desde el principio, no quiso ser alguien sin el Hijo). Ciertamente, en la cruz estuvo en juego el destino del hombre. Pero porque también estuvo en juego el de Dios. No hay Padre sin la fidelidad del Hijo. Pero al igual que el Hijo es quien es por el reconocimiento del Padre.
Donde el padre deviene una figura espectral, como en Hamlet, el hijo no sabe qué hacer con el mandato imposible —por trágico— del padre. Hamlet se encuentra lejos de Abraham. Y es que Hamlet no quiso cargar con el peso muerto de Dios. Dios sigue más allá de cualquier presente donde se estrechan nuestras espaldas. Y por eso vamos dando tumbos en el territorio pantanoso de la intimidad. O como decíamos, incurvatus in se. ¿El hombre, entonces? Dice Miquel Vilanova: una obra de arte en un planeta deshabitado. Pues eso.
íntimo, demasiado íntimo
junio 14, 2022 § Deja un comentario
Que Dios se experimente, por lo común, como una especie de amigo invisible le hace un flaco favor a la fe. Pues fácilmente termina por enmascarar nuestra congénita exposición a Dios, a su desmesura. Así, creemos que contamos donde damos por sentado que Dios nos escucha en la intimidad. Como si estuviéramos en el centro del cosmos… cuando, de hecho, no lo estamos. ¿Acaso no se nos insistió en que los únicos que dan testimonio de Dios son, precisamente, los descentrados, los que habitan en las periferias, los incontables? Dios se encuentra al servicio de nuestro narcisismo, una vez dejamos atrás la dimensión cosmológica, muy presente en Pablo, del amor de Dios —de su sacrificio. Y, modernamente, no parece que podamos hacer otra cosa que dejarla atrás. Como dijera Jakob Taubes, la creencia es indisociable de la cosmología (y la cosmología moderna no admite un universo dividido en dos planos cualitativamente diferenciados).
Por suerte, la fe supera la creencia, en el sentido hegeliano de la expresión superar (aquel que señala que en la superación se conserva de algún modo lo superado). Y la supera críticamente, esto es, a través de una crisis brutal. De ahí su catolicismo, su universalidad. No es casual que el sentimiento de Óscar Romero, durante las semanas anteriores a su asesinato, fuera el de un alma seca: no siento la presencia de Dios por ningún lado; soy incapaz de orar. Y no es casual porque lo decisivo con respecto a la fe es qué hacemos a partir de ese momento. La mayoría, dejarlo estar. ¿Óscar Romero? Dar el pan de cada día a los que no tienen pan… esperando lo que, por sí mismo, ya no era capaz de esperar. Al fin y al cabo, en esto consiste la fe.
De anima
junio 13, 2022 § Deja un comentario
Porque hay alma, el mundo es un espectáculo. Muchas veces, un drama. Sin embargo, el alma desaparece donde el cuerpo duele de más. Entonces, del alma solo queda un clamor. O un abrazo. Y ambos son muy físicos —muy corporales.
identidad de género
junio 11, 2022 § Deja un comentario
Está de moda: lo que tu dices de ti mismo es un producto social (y por tanto, un artificio). Incluso —se vocea en la cancha pública— que creas que eres hombre o mujer obedece a un estereotipo cultural. Podríamos aceptarlo hasta cierto punto. Pues es cierto que los modos de ser hombre o mujer varían según las épocas. Sin embargo, esto es así dentro de ciertos márgenes. Hay lo biológico. La chimpancé no está programada como el chimpancé. Estamos, sencillamente, ante algo que nos viene de fábrica, por así decirlo. ¿Somos menos libres por nacer con un género determinado? No me atrevería a defenderlo, aun cuando es indiscutible que, socialmente, el trato entre hombre y mujer está lejos de ser un trato entre iguales.
Es verdad que la conciencia supone una salto cualitativo con respecto al chimpancé. Y es que, en tanto que autoconscientes, tenemos un cuerpo (y no solo somos cuerpo, como es el caso de los chimpancés). Podemos decir yo soy ese cuerpo porque el yo continuamente da un paso atrás con respecto al cuerpo con el que se identifica. Mi cuerpo está, de algún modo, frente a mí. Y por eso puedo tratarlo, embellecerlo, modificarlo. No hay chimpancés que pretendan cambiar de aspecto —no hay chimpancés que sean un problema para sí mismo y, por eso, deban resolverse.
La idea de que deberíamos elegir nuestra identidad, incluyendo el género, sin estar condicionados por nada es absurda. Pues, de hallarnos bajo una absoluta indeterminación, no seríamos nadie. Una decisión que no estuviese influenciada por ningún motivo no sería nuestra decisión: sería un tirar una moneda al aire, pura aribitrariedad. Quizá esta decisión, por arbitraría, podría provocar en nosotros las sensación de libertad. Pero al precio de estar sometidos a las consecuencias de nuestra decisión.
Aquí podría objetarse que no se trata de tirar una moneda al aire, sino de dejarse llevar por lo que no quiere o desea. Ahora bien, ¿quién dijo que nuestro deseo es, en realidad, nuestro? Todo deseo es un implante, como quien dice. Otro asunto es hacer lo que uno quiere. Al menos, porque el querer siempre cuenta con un motivo, el cual nos es dado. Nadie elige sus motivos. Carga con ellos. Así, desde esta óptica, la libertad en tanto que hacer lo que uno quiere consiste en asumir nuestros motivos hasta el final. En última instancia, lo que en el fondo queremos es lo que quiere nuestro padre de nosotros (y aquí la cuestión es quién es tu verdadero padre, quien decide lo que vales). El querer es, en este sentido, una respuesta incondicional a una demanda que, viniendo de arriba, hacemos nuestra, un atarse al mastil en nombre de lo que importa. Que, por lo común, confundamos el querer con el desear es el síntoma de que actualmente ya no sabemos qué hacer con la figura del padre, salvo obviarla, ignorando, de paso, que donde el padre deviene un nadie acabamos siendo su reflejo especular. Esto es, otro nadie.
¿Soy más libre porque, habiendo nacido hombre, pueda decirme a mí mismo que soy mujer —recrearme como tal—… porque así lo siento o me apetece? Si lo creyera entendería que no hay otra libertad que la del consumidor (y esta libertad es, ciertamente, ilusoria). Tenía razón Marx. El mercado termina infectando el conjunto de las relaciones sociales (y aquí podríamos añadir: hasta la relación con uno mismo). Como también Kojéve acertó al decir que el superhombre, el resultado de la muerte de Dios, sería antes un idiota que un clon de Zaratustra.
disminuidos
junio 9, 2022 § 3 comentarios
Es una pena… Pero algo que observo en las nuevas generaciones de estudiantes es la tendencia a despreciar cuanto ignoran o les frusta… porque no terminan de comprenderlo. Sobre todo, si el asunto es de letras. Se trata de una actitud general, obviamente. Es lo que tiene una cultura que les ha hecho creer que son lo más —que ya han desembarcado cuando lo cierto es que apenas han salido del puerto. ¿El resultado? Un empobrecimiento mental —una prolonganción de la infancia. A mis alumnos, cuando me comentan que Platón o Shakespeare son unos plastas, se supone que tras haberlos ojeado, suelo decirles que no me están hablando de Platón o Shakespeare, sino de ellos. Otra sería su oportunidad si en vez de concluir lo que concluyen, se dijeran a sí mismos que aún no están a la altura de Platón o Shakespeare. Al fin y al cabo, la educación es política. Y la cuestión de la política es quién manda. Pues bien, donde manda el estudiante —donde él decide qué vale y qué no— no hay modo de crecer. O por decirlo de otro modo, de dejar de ser, literalmente, unos idiotas. Y el problema de seguir siendo unos idiotas —el problema de no tener otra munición que la que nos proporciona el Rubius— es que, tarde o temprano, la vida nos pasa por encima. Por lo común, duramente. Y es que, como leemos hacia el final de la Apología, una vida examinada posee más valor, en el doble sentido de la palabra, que una vida sin examinar.
pascaliana
junio 8, 2022 § Deja un comentario
Decía Pascal que todo el mundo quiere ser feliz. Incluso los que se ahorcan. También decía, no obstante, que los males del hombre comienzan donde no sabe estar a solas en una habitación. Esto es, donde siente la necesidad de distraerse. Pues en la distracción nos dispersamos —nos disolvemos en lo anónimo. Ciertamente, no podemos soportar demasiada realidad (Eliot dixit). Y de ahí la distracción. Pero donde no hay más que distracción seguimos siendo unos bonobos.
escenas cotidianas
junio 7, 2022 § Deja un comentario
Él todavía no ha vuelto —murmura ella hacia sus adentros. Por eso el todo no puede ser el todo. ¿Es esta la esencia de la religión?
el hogar
junio 6, 2022 § Deja un comentario
Una casa, de saber leerla, nos dice mucho. Una casa, como un ciudad, es un refugio. Sus muros —sus murallas— hacen posible un mundo habitual en el que las piezas encajan, un mundo previsible hasta cierto punto y al que podemos acostumbrarnos como si no hubiera nada más allá. Lo familiar nos mantiene al margen de la presencia de lo extraño —de la perseverante resistencia de lo real. No fue casual que en la ciudad, los dioses se convirtieran en estátuas —o en un reflejo especular de la intimidad. Nada que ver con la exposición, espiritual en tanto que física, a la que nos obliga un desierto. O una cruz.
lugares comunes
junio 3, 2022 § Deja un comentario
Si no te preguntas por la verdad de lo que espontáneamente crees —por lo común, tópicos—, entonces pregúntate por qué necesitas creer en lo que crees. No estamos, aunque lo parezca, ante un asunto especulativo. La cuestión de la verdad se sufre antes de que lleguemos a pensarla. Y se sufre en los Gólgotas de este mundo, allí donde cualquier encaje de piezas salta por los aires.
decir clásico es decir conservador
junio 1, 2022 § Deja un comentario
La convicción de los de letras es que, a pesar de nuestro prejuicio ilustrado, Platón no ha sido superado —los clásicos, en general. O lo ha sido en el sentido hegeliano de la palabrar superación, a saber el de conservar en su seno aquello que supera. Como las marcas de la crucifixión. Creer lo contrario es no saber de lo que se habla. De ahí la importancia de leer a Platón, de comprender qué dijo —y de paso, también la Biblia. Pues somos, en gran medida, el resultado de lo que se coció en la Atenas del siglo V a.C. Nuestras preguntas —nuestra inquietud, nuestra enfermedad— no es exactamente la misma que la de los aborígenes del Mato Grosso.
Actualmente, está de moda estudiar otras tradiciones. ¿Por qué limitarse a nuestros clásicos? ¿Acaso los esquimales no tienen poetas que exigen igualmente nuestra atención? ¿No es pecar de eurocentrismo destacar solo a los nuestros? Más aún: ¿acaso no tenemos derecho a elegir una identidad? Como si la Universidad tuviera que presentar, a la manera de un puesto de venta ambulante, los diferentes productos para que los estudiantes pudieran decidir qué quieren ser de mayores.
Sin embargo, quien se hace estas preguntas no parece que se haya preguntado antes si es cierto que la identidad se elige como quien opta por una chaqueta azul en vez de gris. Evidentemente, seríamos muy distintos si hubiéramos nacido en el Congo en vez de en Europa. Pero es un error creer que la libertad consiste en escoger entre diferentes opciones sin estar condicionado por nada. Pues quien ejerciera esta libertad no sería nadie. Y un nadie solo puede elegir tirando una moneda al aire. Donde recurrimos al azar, no hay propiamente elección —no hay voluntad—, sino en cualquier caso selección arbitraria.
Es difícil evitar la impresión de que quienes reniegan de Platón en favor, pongamos por caso, de las tradiciones orales de Papúa Guinea, las cuales poseen, sin duda, un notable valor, se aproximan a lo denso de la existencia desde la expectativa del consumidor. Demasiado hinchados de narcisismo como para intuir, cuando menos, que lo denso exige otra munición que la que proporciona la curiosidad o el barniz cultural. Al menos porque nuestra densidad es, precisamente, nuestra (y lo nuestro no vino de ayer). Es verdad que no pecan de eurocentrismo. Pero solo porque siguen centrados en sí mismos.
qué más
mayo 31, 2022 § Deja un comentario
Al final, cuando apenas quedan instantes, un gesto de bondad. En el mejor de los casos. De tus hijos, tu esposa. O incluso de la enfermera o el compañero de habitación. O de aquel desconocido con el que recibirás la ducha de Zyklon B. La bondad lo es todo. Nos iremos con la bondad que recibimos. No hay aquí saber. Tampoco reacción. Solo apertura. ¿Lo anterior? Apenas un alimentarse de viento. ¿Lo último? Un beso —una caricia— sobre las manos vacías. Y ese es el milagro.
haciendo niños
mayo 29, 2022 § 1 comentario
En la enseñanza, se observa desde hace unos cuantos años una tendencia a la infantilización, por así decirlo. El dato es que los adolescentes tienen muy poca resistencia a la frustación —y de paso, sus padres. Por lo común, creen que tienen derecho a lo mejor —léase a la mejor nota— sin haber pagado el precio. Difícilmente pueden tolerar que el profe les diga que, de momento, no están a la altura —que su ejercicio es mediocre. La respuesta de los pedagogos oficiales es bajar el listón. Como si el objetivo fuera, a pesar de lo que se proclama, evitar la frustación. Pero esto, sencillamente, no es serio. Aprender no es fácil. Hay que picar piedra. Ciertamente, no se trata simplemente de seleccionar. Hay que ayudar al alumno a ponerse en pie. Pero esto no se consigue si él no quiere. Y hoy en día es complicado que quiera. Pues todo a su alrededor le invita a la distracción —a una gratificación inmediata. Por no hablar de que creer que son el centro. La cuestión es qué debe hacer una escuela ante la dimisión de una buena parte del alumnado. Una escuela es, en gran medida, un clima. Y da la impresión de que los vientos actuales provocarán, si no lo han provocado ya, un cambio climático. Donde no hacer nada sale prácticamente gratis, aprobar ya no significa nada. Resultado: los chicos y chicas siguen siendo unos niños en una edad en la que deberían dejar de serlo. Es lo que tiene ceder ante el malcriado —el que le demos nutella en vez de verdura… porque nos monta un pollo cada vez que ve una zanahoria en el plato.
Yo, robot
mayo 29, 2022 § Deja un comentario
Si vemos a los autómatas como humanos es porque antes vimos a los humanos como autómatas.
de reyes y dioses
mayo 28, 2022 § Deja un comentario
La figura tradicional de la familia real cumplió, como es sabido, una función religiosa. Hasta las revoluciones modernas, un rey fue, sencillamente, el representante de dios. Ahora bien, esa representación estuvo lejos de ser simplemente nominal: un rey estaba efectivamente por encima del bien y el mal. Su voluntad era ley… a pesar de que tomase a un dios por excusa. De ahí que resultase natural la creencia en otro mundo. Pues la convicción de que hay seres superiores era palpable en el día a día al encontrar una traducción social. Un rey encarnaba la divinidad como hoy en día una modelo de pasarela encarna el patrón occidental de belleza. Por tanto, no debería extrañarnos que la proclamación cristiana resultase, originariamente, tan provocativa. Pues que el representante de Dios —aquel que, en vez de ejemplificarlo, ocupó su lugar— fuese un abandonado de Dios y no el César, esto es, que Dios no sea aún nadie sin su cuerpo y no, precisamente, el de un noble es algo que, a oídos antiguos, debió de sonar a risa. Por no decir, inaceptable. ¿Acaso no era obvio que un dios no podía morir, y menos como un perro?
Nietzsche, al hacerse eco del carácter paradójico del credo cristiano, estuvo más cerca de comprender el cristianismo que muchos de los cristianos que tienden a creer, aunque sea con la mejor intención, que el cristianismo y el budismo, en el fondo, dicen algo parecido. Pues no es casual que solo de las lluvias cristianas surgieran los lodos de la Bastilla. O por decirlo de otro modo, los de una igualdad por defecto. En algún momento tendríamos que pararnos a pensar si acaso el cristianismo no estará agonizando de éxito. Al menos, porque da la impresión de que una vez subidos al piso del ideal igualitario, que no aún al de la fraternidad, podemos prescindir de la escalera cristiana que lo hizo posible. No hay democracia cristiana como puedan haber teocracias. La democracia tiene que dejar a un lado la confesión. En cualquier caso, las democracias modernas se inspiran en valores cristianos. Pero evidentemente no se trata de lo mismo. Por suerte. Es cierto que, cristianamente, permanecemos ante Dios, sin Dios. Ahora bien, esto no significa que podamos pasar de Dios. Pues donde nos quedamos solo con el sin Dios, el factum de la igualdad deviene un trampantojo. O si se prefiere, una nueva excusa para la voluntad de dominio.
quién soy
mayo 27, 2022 § Deja un comentario
A diferencia del bonobo, vas en busca de ti mismo. Y así le preguntas a papá: dime quién soy; ¿qué me aplaudes, cuáles de mis dibujos te gustan más? O también te dices: yo quiero ser como ese —y por eso lo imitas. ¿Quieres ser un triunfador? ¿Un bohemio? ¿Un arquitecto ilustre? Da igual. Eso no importa. El espejo nunca miente: la más bella es otra. Como escribiera la Dickinson: joven de Atenas, se fiel a ti mismo —el resto es perjurio. Sin embargo, esto es lo que más cuesta: desprenderse, de lo que, estando en ti, no te pertenece (aunque, en un primer momento, creas que sí). De hecho, el hombre va realizando muy lentamente sus posibilidades últimas (Rahner, dixit). ¿Y qué sostiene el cristianismo? Que aquel que te reconocerá como el que eres es el que no cuenta: el desahuciado, el pobre —ese excremento— es tu señor, tu padre. Duro de admitir. Pero puede que sea así. Pues la cuestión es quién es tu verdadero padre —quién decide tu condena o absolución. A quién responde, en definitiva, tu entera existencia (y no solo a quién quieres parecerte… a pesar de que, inicialmente, no hacemos más que copiar). No hay vocación sin invocación.
Biblia y no-dualidad
mayo 26, 2022 § Deja un comentario
El horizonte de la no-dualidad es el de la disolución, me atrevería a decir. Bajo este paradigma no nos encontamos expuestos a la desmesura de una alteridad cuya realidad es, ciertamente, paradójica. Pues la realidad del puro haber de Dios, por así decirlo, es en tanto que no es —traducción aparece en tanto que como tal no aparece. Percibimos el haber de las cosas. Pues todo haber es el haber de algo. Pero no vemos, obviamente, el estar-ahí de las cosas. Es lo siempre dado por supuesto —o dejado atrás en cuanto tal. Basta con imaginar que de repente se hiciera la más absoluta oscuridad y silencio —algo de por sí imposible, pues de darse dejaría de haber mundo: todo haber es, como decíamos, el haber de algo— para hacernos una idea de lo que supone estar expuestos a la desmesura del puro-haber.
Ciertamente, hay aquí un aire de familia con las tesis de la no dualidad. Al menos porque el fondo de lo real —el puro-haber— es, precisamente, paradójico: es-no-siendo. Y de ahí que cuanto es en concreto esté preñado a la vez de sí y no. En definitiva, esto es el tiempo, el fluir. El aparecer va con el desaparecer —la luz con la oscuridad: si todo fuera luz, no habría luz. Sin embargo, el sí y el no, según la experiencia bíblica de Dios, no se encuentran en el mismo plano (y aquí, diría, reside la gran diferencia con respecto a las espiritualidades de la no-dualidad). Es lo que encontramos en el libro de Job o en Isaías. Aunque tanto la bendición como la maldición —la gracia y el horror— obedezcan a la radical trascendencia de Dios, en nombre de la bendición originaria, —de la vida que nos ha sido dada—, el verdugo no puede tener la última palabra. El tiempo aquí no es un eterno fluir, sino un mientras tanto. El horizonte de la existencia no es la disolución, sino un final de los tiempos en el que se decidirá la redención o la condenación —una existencia sin prójimo. Como si estuviéramos en medio de un combate entre ángeles y demonios. La cuestión, en definitiva, es a qué nos obliga la trascendencia de Dios —cuál es el mandato que se desprende del desplazamiento de Dios hacia el futuro de Dios… que es también el del hombre. Bíblicamente, se trata de la voz que nos convierte en rehenes del que sufre nuestra impiedad.
No diría que se trate de lo mismo. Desde la óptica de la no-dualidad, de entrada, somos los que ignoran. Desde la bíblica, culpables, en el sentido de que somos los que debemos responder a nuestras víctimas, a su demanda… en el doble sentido de la expresión. Según la no-dualidad, Jesús de Nazaret fue un hombre de Dios —o, si se prefiere, un maestro espiritual entre otros. Para los cristianos, en cambio, el cuerpo de Dios. Pues Dios no quiso ser alguien sin la fe del hombre. No hay Padre sin Hijo. Y viceversa. Dios, bíblicamente, es un Dios in fieri. De ahí que la historia de la redención sea la historia de Dios. Desde los esquemas de la no-dualidad, lo divino es un fondo.
para qué poetas
mayo 25, 2022 § Deja un comentario
El poeta, ya anciano, es incapaz de escribir un buen verso. Si fuera un Píndaro diría: se me ha ido la inspiración —las musas me han abandonado. Si fuera uno de los modernos diría: las neuronas ya no me funcionan como antes. No se trata de lo mismo, aunque en ambos casos podamos hablar de la finitud. En el primero, todo es visto —vivido— desde la disyuntiva entre lo alto y lo bajo, siendo que lo alto, lo superior rige lo que se encuentra por debajo. En el segundo, todo se ubica en el mismo plano. Sin duda, el moderno podría decir que le han abandonado las musas. Pero sería un modo de hablar. Lo que no puede hacer es vivirlo. Como dijera Holderlin, para qué poetas en tiempos de miseria.
cuerpo y sentido
mayo 24, 2022 § Deja un comentario
Casi da igual la creencia que nos proporciona un encaje en este mundo —un hacia dónde. Para esto están, precisamente, las creencias. La cuestión, sin embargo, es que tienen qué decirnos los muertos, esos desencajados, aquellos que a causa de nuestra injusticia ya no tienen vida por delante (y por eso mismo, ya no puede seguir suponiendo). ¿Qué han visto ellos —si es que han visto algo— que nosotros aún no hemos visto (y quizá no veremos nunca)? En definitiva, la pregunta es si hay vida más allá de la muerte en vida. ¿Qué puede esperar el barbero de Auschwitz después de rasurar a sus hijos antes de que entraran en las duchas… sin que tuviera el valor de acompañarlos? La respuesta cristiana es que no la hay por defecto. Más bien, por defecto lo que hay es el sheol, un territorio de fantasmas. Si hay vida más allá es porque hubo quien volvió con vida de la muerte —y una vida nueva que, con todo, conserva los estigmas de la cruz. Se trata de la vida que ofrecen como perdón a sus verdugos, un perdón que no es solo del hombre, aunque tampoco solo de un dios que permanece en las alturas. Para los resucitados el sentido no es una hipótesis: es su cuerpo (y un cuerpo que, estrictamente, no es suyo, sino el del Dios que quiso no ser nadie sin ese cuerpo).