la gran objeción
mayo 2, 2022 § Deja un comentario
No hay esperanza para los malditos de Dios que no suponga un confiar en el poder de Dios, un poder capaz de resucitar a los muertos. Aunque sea un poder impotente sin las manos del hombre. Ahora bien, no parece que esto sea muy distinto a poner los dedos en un enchufe (y aquí lo decisivo es que la central eléctrica proporciona la corriente). Sin embargo, lo es. Al menos, porque esta visión del asunto aún resulta demasiado creíble como para que la esperanza apunte a lo imposible.
eucaristía y espíritu
mayo 1, 2022 § Deja un comentario
Para un cristiano, el pan con el que se comulga es el cuerpo de Cristo. Aquí cualquier antropólogo podrá encontrar vestigios de la convicción de los primeros cazadores: la carne de la presa transmite la fuerza necesaria para seguir con vida. Otro asunto es que, al comer a diario, hayamos olvidado la conexión que nuestros ancestros —y los pobres de siempre— vivían a flor de piel: que un animal tiene que morir para que otros puedan vivir. El sacrificio es la base de la existencia. Y es por ello que el culto eucarístico posee una connotación sacrificial. Inicialmente, el pan eucarístico era, tal cual, el pan de cada día. El pan que se ganaba durante la semana, por decirlo así, se compartía. Ningún miembro de la comunidad pasará hambre. En esto consiste, en definitiva, el milagro de la multiplicación de los panes. De ahí el íntimo vínculo, tal y como leemos en el relato de Emaús, entre el espíritu de la resurrección y compartir el pan, lo cual sería, hoy en día, como compartir el sueldo. Los tiempos han llegado a su final —y al margen de las fechas, para los pobres cualquier tiempo es terminal. Por tanto, nada de lo que suele importarnos, importa. Únicamente, el espíritu de la fraternidad. Sin embargo, donde no hay fraternidad que valga —donde aún confíamos en nuestras posibilidades—, la comunión pasa a ser un acto puramente devocional o psicológico, por no hablar de la mistificación que supone creer que en la sagrada forma se encuentra, vete a saber de qué modo, la sustancia de Cristo. Y de aquí a tomar el nombre de Dios en vano media un paso —y un paso más bien corto.
la sabiduría del tabú
abril 30, 2022 § Deja un comentario
¿A qué obedece el tabú de no matar? Mejor dicho, ¿por qué necesitamos que el mandato se imponga como tabú? ¿Acaso no basta con la ley? Quizá porque el hombre se guía por las apariencias, por lo que le parece que es. Y no sería la primera vez que los otros se nos aparecen como una plaga de ratas.
del ver y la verdad, esto es, de Caín.
abril 29, 2022 § Deja un comentario
Nos preguntamos qué hay de verdadero —de sólido— en cuanto hay o nos ocupa. ¿Acaso que lo que hay es que no hay nada sólido —que todo es un ir y venir? Otra sería la respuesta si por verdadero entendiéramos lo que en verdad tiene lugar. Pues entonces comenzamos a pisar aire. Al menos, porque lo que tiene lugar no se decide de nuestro lado —desde el criterio—, sino desde el lado de la interpelación del aún nadie. Aquello que tiene lugar —aquello que acontece y no simplemente pasa—, y aquí sobra el aquello que, es por defecto la alteridad, lo extraño avant la lettre. Sin embargo, la alteridad no se da en los tiempos del presente indicativo. Su realidad, la de un fue inmemorial —la de un continuo retroceso con respecto a su forma, aunque puede que, por eso mismo, la de un eterno por-venir. Y es que ver es reducir, asimilar, re-presentar. En la representación, la alteridad es tan solo un presupuesto —lo que tuvo que dejarse atrás (y por eso mismo roza la irrealidad). La mente es un lecho de Procusto. De ahí que no sea casual que la primera intervención de YWHW sea una demanda: ¿dónde está tu hermano Abel? Como si se nos quisiera dar a entender que únicamente el semejante se revela como hermano donde topamos con nuestra orfandad.
doxa
abril 28, 2022 § Deja un comentario
No es casual que doxa significase originariamente tanto brillo como apariencia —y de ahí que terminase siendo sinónimo de opinión, de un creer que uno sabe de lo que habla. El lenguaje dice más de lo que dice: tan solo hay aprender a hurgar. Y es que, de entrada, somos reos del aspecto, de las superficies —de su resplandor. Quizá porque en el fondo anhelamos lo sin tara, lo cual no deja de ser el envés del desprecio que sentimos por nuestra deformidad (y de paso por el deforme que la representa). En cualquier caso, el polvo siempre por debajo de la alfombra. Y hay que partir de ahí… si uno pretende desprenderse de su infancia. O, cuando menos, de su confusión. Pues el bien no se encuentra del lado de la pureza.
límite y trascendencia
abril 27, 2022 § Deja un comentario
Solo quien puede seguir avanzando sabe lo que es una frontera. Sin embargo, donde hay una frontera, hay un más allá. Y esto es así por defecto. Ahora bien, hay dos tipos de frontera: la circunstancial y la absoluta. Con respecto a la primera, de hecho no podemos avanzar, pero podríamos… si hubiera una puerta. Aquí el más allá es una prolongación, aunque quizá desconocida, del mundo, y por eso mismo algo de lo que es posible hacerse una idea. En relación con la segunda, no cabe dar un paso al frente. Se trata del non plus ultra de la existencia. Hablamos, obviamente, de la muerte. Y aquí el más allá es inconcebible, al menos honestamente. El más allá de la muerte se nos ofrece como un puro haber —como una absoluta extrañeza o alteridad, que, como tal, no admite representación. Pues se presenta como no siendo (y de ahí que no quepa re-presentarla). La profundidad comienza, me atrevería a decir, con un hallarse expuesto a este más allá. Ciertamente, podríamos creer —o simplemente imaginar— que la muerte es un parto que nos arroja a otro mundo. Pero con ello tan solo habríamos conseguido desplazar la frontera. Pues incluso en el caso de que en ese nuevo mundo no hubiera muerte, de seguir habiendo un yo de por medio, el todo seguiría siendo un no-todo. No obstante, podría darse el caso de que el carácter otro del puro haber fuera únicamente la de una vida que continúa sin ti. Esto es, un tiempo en el que no cuentas, ni puedes contar. Y esto sería Nietzsche.
del perdón y la fe
abril 26, 2022 § 1 comentario
Al igual que, estrictamente, tan solo se puede perdonar lo imperdonable, tan solo cabe creer en lo que humanamente no es posible creer. Pues lo que no es perdón es una simple disculpa. Y lo que no es fe, suposición. Tan solo el daño irreparable exige un perdón. Paralelamente, en la suposición permanecemos a resguardo, en modo alguno ex-puestos a una genuina alteridad, la cual siempre se ofrece como la del aún-nadie. Ni la disculpa, ni la suposición trascienden la inercia. En el caso del perdón y la fe nos enfrentamos, en cambio, a un imposible, a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y donde no nos encontramos expuestos a lo imposible permanecemos en la situación del bonobo, aunque con un poco más de inteligencia. Quizá no sea casual que el perdón y la fe vayan de la mano. Al menos, porque el perdón es un acto de confianza en quien no merece ninguna confianza. La cuestión es, sin embargo, en nombre de qué —o de quién— caben el perdón y la fe.
subsistemas
abril 25, 2022 § Deja un comentario
No hay sociedad o sistema social, salvo como abstracción. Hay subsistemas. El mundo de los negocios, el del poder, el de la política… Está también el mundo de los ascetas, el del homo religiosus, el de los amantes de la verdad. Uno tiene que elegir. O acaso no pueda. Pues nace como nace. En cualquier caso, la virtud está al alcance de cualquiera. Esto es Platón. Otro asunto es el subsistema que domina culturalmente, el que le imprime un sesgo a la época. Y hoy en día ya no es el de la cristiandad. Obviamente. Es el del poder de los negocios. El cristianismo no puede pretender la hegemonia. Tampoco la de servir de complemento. Su posición es la de la resistencia.
primavera
abril 24, 2022 § Deja un comentario
Basta con apretar el botón de las hormonas para que todo se ponga en marcha. Como si fuéramos títeres. ¿Libertad? ¿Acaso la de verse a uno mismo desde fuera, la que proporciona la reflexión, ese volver sobre sí como quien topa con un extraño? Sin embargo, los resultados de la reflexión difícilmente llegan a ser incorporados. La sensibilidad sigue con la suya. Aun cuando sepas que la inclinación es siempre una reacción, en el día a día te siguen gustando los dulces, por decirlo así. A menos que el cuerpo deje de acompañarte. Es entonces que devienes un irónico: juegas como aquel que no está en el juego —como el que intuye, al menos, que el juego es otro. El extraño que hay en ti toma la plaza. Vives como un desplazado del mundo. El cristianismo añade, con todo, una guinda: como desplazado, sí, pero junto a los desplazados. Y cavando. Al fin y al cabo, la libertad tiene que ver con haber alcanzado el non plus ultra de la existencia. Sin embargo, por eso mismo, hay más allá. Aunque no necesariamente el de otro mundo. Es suficiente con que la vida siga sin ti (y aquí el nihilista tendría razón). En cualquier caso, no pertenecemos al mundo. Y esto es gracia. O lo que viene a ser lo mismo, de agradecer. El resto —lo que pueda venir después— es inconcebible, por no decir paradójico. Como el gato de Schrödinger. Así, o nos hallamos expuestos al misterio —que no a algo aún por descubrir—; o Nietzsche estuvo en lo cierto.
sheol
abril 23, 2022 § 1 comentario
¿Qué pueden esperar los muertos en vida? ¿Aquellos para los que todo es No? ¿Para el que está solo en una celda de aislamiento? Todo es oscuridad para el deprimido. Al resto, las cosas les van más o menos bien. No a ti. No cuentas, no eres nadie. Perteneces al sheol. ¿Dios? ¿Puedes creer que siempre te acompaña y que sufre contigo? Esta creencia ¿no se encuentra cerca del placebo? Que Dios sea un Dios de vivos puede entenderse de dos modos. O bien, que no hay Dios para los muertos. O bien, que Dios no quiere que mueras —y de ahí la esperanza en la resurrección. Sin embargo, teniendo en cuenta que el asunto de la resurrección de los muertos es, cuando menos, problemático, la anterior alternativa es como decir o la tierra es redonda, o soy Napoléon. Y evidentemente, no eres Napoleón. Traducción: o la cruz es un fracaso —y el destino del hombre de Dios es topar con la falta de Dios—, o el crucificado es el Hijo de Dios. Y sin resurrección, lo segundo suena a broma.
pedagogías
abril 22, 2022 § 1 comentario
Parece que ahora se trata de educar en competencias. Nada de memorizar y vomitar. De acuerdo. Sin embargo ¿de qué estamos hablando? Básicamente, de que los chicos, al terminar su formación, sean capaces de entender —y a ser posible, de manera lo suficientemente crítica— un texto que vaya más allá de los cuentos infantiles (o los mensajes de Instagram). Y esto implica ser capaz de plantear buenas preguntas. También, de que estén lo suficientemente familiarizados con el lenguaje de la matemática, de manera que puedan resolver problemas que exijan un planteamiento abstracto. Estas son, grosso modo, las competencias.
Ahora bien, el prejuicio dominante es que estos objetivos se pueden alcanzar reduciendo contenidos. Y esto es, en parte, así: no es necesario acumular ingentes cantidades de saberes. No obstante, lo que solemos escuchar es que los contenidos no importan. Y esto no es así. Es imposible leer un texto de una cierta complejidad sin haber integrado en cierta medida algunos saberes fundamentales. O al menos, no cabe hacerlo críticamente. Es como si en la facultad de periodismo no se impartieran asignaturas relacionadas con la historia, la socio-política o la economía: los estudiantes aprenderán a maquetar un periódico o a destacar los titulares de un telenotícies, pero serán incapaces de escribir un artículo. De ahí que tengamos que escuchar que, dado que los contenidos apenas importan, cualquiera puede impartir cualquier materia. Esto quizá valga para primaria. No, para secundaria. Ciertamente, cualquiera puede dar clase de lo que sea. Pero, si es cualquiera, lo hará mal. Sencillamente, no podrá responder a las preguntas de los alumnos más interesados en aprender. Tampoco será capaz de inducirlas. De hecho, el dato es que los chicos cada vez más esperan que alguien —y alguien que sepa de lo que habla— les explique algo interesante y que, por eso mismo, vaya más allá de lo que pueden encontrar en la wikipedia. Alguien, en definitiva, que les abra los ojos. Y es que los alumnos no dejan de ser humanos.
Más aún: se nos dice también que la escuela ha de preparar a sus alumnos para la vida. De acuerdo, también. Pero no se les preparará donde se deje a un lado la formación del carácter. Pues la vida tiene mucho de cuesta arriba. Sin embargo, ¿qué carácter saldrá de aquellas escuelas en las que, siguiendo fil per randa los nuevos vientos pedagógicos, la cultura del esfuerzo ha sido estigmatizada? Y quien dice cultura del esfuerzo, no dice, por supuesto, aquello de que la letra con sangre entra. Hace años que nadie va por ahí. ¿Es posible que alguien crea honestamente que se puede aprender algo serio jugando, como quien dice? De entrada, el juego puede estar bien. Pero tarde o temprano, uno debe coger el toro por los cuernos. Y entonces el juego es otro. A menos que no se trate de un toro, sino de un torito de peluche.
De ahí que dé la impresión de que la educación actual no tiene otro propósito que el de no traumatizar a los chicos, aun cuando se pongan sobre la mesa objetivos más ambiciosos. Ciertamente, no se trata de traumatizarlos. Pero si un chico se traumatiza porque ha suspendido mates, pongamos por caso, a pesar de haber estudiado mucho, el problema no está en el profesor de mates, sino en el chico. También hay que aprender a levantarse. Y no lo conseguiremos si la estrategia es bajar el listón. Al fin y al cabo, educar es forzar —hay que acostumbrarse a nadar contracorriente, aunque la educación no consista solo en eso—… evitando, eso sí, que se rompa la maquinaria. La escuela es un espacio de maduración. Y no puede haber maduración donde no tensamos un poco la cuerda. Donde los retos son fácilmente asumibles, hasta el punto de que aprobar salga prácticamente gratis, seguimos en la infancia. Me atrevería a decir que la escuela deviene una estafa en el momento que un chico que, por ejemplo, suspende los ejercicios de mates termina sacando un notable… vete a saber con qué criterios.
ariel
abril 21, 2022 § Deja un comentario
Cuando alguien dice “esto lo tengo clarísimo” es que aún no se ha hecho las suficientes preguntas.
inhumana pureza
abril 20, 2022 § Deja un comentario
La pureza es inhumana. De ahí que Israel nunca se tomara muy en serio la creencia en la inmortalidad del alma (pues la perennidad de los espectros no tiene que ver con nosotros). ¿Un amor sin sexo? ¿Acaso no valdría con cualquiera? Pero ¿quién, entonces, podría soportarlo? El amor se hace. Y las almas no tienen manos. Ahora bien, las manos, tarde o temprano, alcanzan el barro. No hay plata sin ganga. Por suerte. Ciertamente, seguimos aspirando a la pureza de la divinidad —a un amor sin tara. Pero ¿quién podría soportar ser un Dios? Ni siquiera Dios pudo tolerar ser solo Dios.
el despojo de Dios
abril 16, 2022 § Deja un comentario
Jesús murió en la cruz como un apestado de Dios. La crucifixión transformaba el cuerpo de un hombre en un despojo. Nada que ver con la serena muerte del asceta. Deberíamos imaginar el rostro del crucificado como el de un enajenado, con los ojos fuera de las órbitas. Esto es, soportando el peso del mal. Y quien lo soporta no puede menos que repugnarnos. Como un saco de vísceras. Hay que tener mucho estómago para confesar que ese carne es la de Dios. O mucha humildad para aceptar su perdón. ¿Cómo pudo el que fue abandonado de Dios morir abandonándose a Dios? ¿Acaso esa fe no fue la de un muerto, la de quien ya no podía esperar nada del mundo? ¿No es cierto que, por eso mismo, su último aliento, el que nos da la fe, lo entregó regresando de la muerte, aun colgando, con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo? Es posible que la única pregunta que importe sea qué tienen que decirnos los muertos. O mejor, ese muerto. Aunque, obviamente, no nos lo parecerá donde seguimos tan satisfechos de nosotros mismos (y puede que también de nuestra fe).
desde el otro lado
abril 13, 2022 § Deja un comentario
Decimos: lo real, en su darse, desaparece en su carácter otro. Pero ¿Qué es lo Otro en sí mismo o para sí mismo? Por lo dicho, aún nada o nadie. De lo Otro como tal solo podemos hablar desde nuestro lado. ¿La alteridad? Un eterno porvenir. Quizá la pregunta por la esencia del Otro no tenga otra respuesta que la de aquel que ocupa su lugar. Y acaso entonces el Otro se revele como un quién cuyo cuerpo se halla frente a sí (y colgando).
carne
abril 11, 2022 § Deja un comentario
Según Platón, somos almas (y el cuerpo, una cárcel). No eres el cuerpo que habitas. La cuestión es que el bonobo que llevamos dentro no lleve las riendas, que no impida nuestra aspiración más honda. Israel, en cambio, nunca concibió lo humano en estos términos. La persona es carne, la unidad de cuerpo y alma. La única escisión que cuenta es la que separa a YWHW del hombre. De lo que se trata, en definitiva, no es de mantener el bonobo a raya, sino de modificar la sensibilidad… si es que esto es posible solo desde nuestro lado. Traducción: que no te guste lo que no importa; que, al final, llegues incluso a aborrecer todo lo que supone alimentarse de viento.
Felicitas
abril 3, 2022 § Deja un comentario
Dices: no soy feliz. ¿Acaso no tuviste éxito? ¿Fracasaste en el amor? A papá ¿todavía no le gustan tus dibujos? Quisiste ser un héroe. Pero te has dado cuenta de que la vida únicamente reparte oficios. Felicitas fue la diosa romana de la prosperidad. Pero los dioses siempre mienten. Te alcanzó la suerte. Y, sin embargo, no fue suficiente. ¿En qué consiste saber vivir? ¿Qué sabe quien ha alcanzado la dicha? ¿Quizá que lo que nos hace felices no es algo que podamos poseer, sino tan solo amar? Y quien dice amar, dice perseguir. Puede que no haya otro espíritu que el de una búsqueda sin término. ¿A qué altura te expones? ¿Cuál es tu inquietud? Memento mori. Que no te pueda lo que no importa. El todo nunca fue el todo. Dices que tu existencia es gris. ¿Pero es posible que lo sea porque aún crees que tan solo las chuches te harán feliz?
Carmen es una carca (o sobre el poliamor)
abril 2, 2022 § 3 comentarios
Las costumbres cambian. Pero las costumbres, incluso las buenas, tienen que ver con lo impersonal: con lo que se hace, se lleva… Así, entre los jóvenes de ahora, lo más parece que es salir con alguien pero sin que ello excluya poder echar, de vez en cuando, una cana al aire. El discurso —lo que se dice—: si te apetece, ¿por qué no? A mi pareja no le importa. De acuerdo. Esto es, de mútuo acuerdo. Algunos de sus mayores, ciertamente, no terminan de comprenderlo. Unos carcas, responden los chicos (y no tan chicos). Sin embargo, la pregunta no es ¿por qué no?, sino ¿qué significa que no nos importe? ¿A quién no le afecta que su pareja se líe con otro puntualmente? Es decir, ¿qué tipo de yo hay detrás de esta actitud?
A mí no me importa prestar la blackdecker al vecino cuando me la pide. Al fin y al cabo, hablamos de algo que, en tanto que útil, terminará, tarde o temprano, en el container. Pues el destino de lo útil es, precisamente, la inutilidad, el desgaste. Pero sí me importaría prestar a mis hijas para que otros hicieran de padres durante unos días… incluso si ellas me lo pidieran. ¿Debería no importarme? En el caso de que no me importase ¿qué estaría diciendo sobre mi relación con ellas —y, en definitiva sobre mí mismo—? ¿Acaso que mis hijas únicamente satisfacen mi necesidad de tener descendencia? Uno no puede evitar la sospecha de que en las parejas abiertas el otro no ha terminado de entrar. Simplemente, estoy bien con él o ella —o incluso muy bien—, pero puedo vivir sin él o ella. Todo desde la barrera. No parece que haya aquí mucha intimidad. Y puede que no haya intimidad porque no hay intimidación. En el amor, el otro irrumpe como único (y por eso mismo, interrumpe la continuidad de los días). Es lo que tiene la alteridad. Pues, de hecho, tan solo cabe amar lo que, como alter, no podemos poseer (y sin embargo, nos reclama o exige una respuesta incondicional).
Con todo, el amor es tan extraordinario como difícil. No es lo habitual. Mientras, fem el que podem. Es decir, nos dejamos llevar por lo que se lleva… creyendo que es lo más auténtico, cuando se trata simplemente de la novedad, ese simulacro de lo nuevo. Nos equivocamos donde confundimos el amor con la inclinación, por no decir, la excitación —en definitiva, el deseo con el amor—. Es lo que tiene ser unos consumistas. Pues la lógica del poliamor es la del super. Al fin y al cabo, uno es lo que ama. Pero podemos pasarnos toda una vida sin amar nada o a nadie, comprando —y desechando— cosas. Quizá el problema sea que con el tiempo los chicos del poliamor se den cuenta de que las nuevas costumbres no son mejores que las viejas. Toda costumbre es gris (y el amor, denso). Pero entonces acaso descubran el Mediterráneo. ¿Qué pasa si a mi pareja no le importa que me acueste con otros? Literalmente, no pasa nada. O mejor, nada acontece o tiene lugar. Es decir, acontece la nada. ¿A quién quieres engañar diciéndote que es lo más? Será cierto que las mujeres y los hombres se distinguen entre los que están a favor de la búsqueda y los que no. Y, en el fondo, lo que buscamos es la aparición. Aunque lo ignoremos. Ahora bien, donde renuncias a la aparición, el mundo gana. Y al mundo solo le interesa que te reproduzcas.
Nietzsche y Pablo
abril 1, 2022 § 3 comentarios
Probablemente, Nietzsche entendiera el cristianismo mejor que muchos cristianos. Sin embargo, no pudo ser cristiano. Y no tanto porque se embriagara con la figura del übermensch, sino porque, en definitiva, donde la resurrección de los muertos necesita ser traducida para ser modernamente digerible —diciendo, por ejemplo, que la fe en la resurrección es un modo de decir que Jesús sigue vivo en nuestros corazones—, el cristianismo pasa a ser otra cosa. Como dijera Pablo, si los muertos no resucitan, vana es nuestra fe (y puede que no sea casual que vano conecte con vanidad). Ahora bien, lo cierto es que esto de la resurrección cuesta de tragar hoy en día (aunque también antiguamente).
Con todo, es igualmente cierto que, tarde o temprano, deberíamos caer en la cuenta que la fe en Dios o apunta a lo imposible —a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad— o no es fe, sino suposición. Y apunta a lo imposible no a causa de nuestra necesidad de un final feliz, sino en nombre, precisamente, del acontecimiento de lo imposible —la bondad, el perdón del enemigo…— en medio del infierno. Para comenzar a entender, cuando menos, de qué va el asunto de la resurrección acaso no estaría de más tener muy presente el episodio de las madres de El Salvador, aquellas campesinas que dieron su sangre para que pudieran seguir con vida aquellos soldados que agonizaban y que, momentos antes, habían forzado y asesinado a sus hijas en una operación de la Guardia Nacional contra la guerrilla. Evidentemente, esas mujeres ya no tenían vida por delante (y en este sentido, podemos decir que estaban muertas). Quizá el cristianismo no pretenda más que dar fe de lo que este gesto revela acerca de Dios, un gesto que mimetiza, por decirlo así, el que tuvo lugar en el Gólgota. Y lo que revela no es un dios titiritero, sino aquel que no es nadie sin el cuerpo de quienes obedecen su voluntad, aun cuando no pueda ser de otro modo que sin Dios mediante. Esto es, como si no hubiera Dios.
Así, cristianamente, la verdad —lo que en verdad acontece y no simplemente pasa o sucede— tiene que ver con la vida que podemos esperar tras la muerte. Y esta vida no tiene nada que ver con la superviviencia de espectros puros en un supuesto más allá, sino con una Nueva Creación. Lo dicho: imposible. Ahora bien, donde no cabe la posibilidad de lo imposible —de lo absolutamente nuevo— o, en palabras de Pablo, donde no cabe esperar contra cualquier expectativa, Nietzsche tiene, sencillamente, razón: nada, al margen de un eterno retorno del ruido y la furia (a pesar de que a momentos aún quepa asombrarse del crecimiento de la hierba).
fantástico
marzo 31, 2022 § Deja un comentario
Con el desencuentro hay que contar. La cuestión —acaso la única que importa— es qué hay tras el derrumbe.
Sócrates, Amós, Casandra
marzo 30, 2022 § Deja un comentario
El destino del filósofo —acaso también el del profeta— no es otro que el de Casandra. Dirá la verdad —o mejor dicho, que hay verdad, pero no para nosotros—. Pero nadie estará dispuesto a admitirlo. Para los comunes, lo que nos parece que es, la opinión —el se dice, se hace—. También la satisfacción como horizonte. En modo alguno, la búsqueda.
de lo alto y lo bajo
marzo 29, 2022 § Deja un comentario
Es cierto que uno es, en gran medida, lo que come. También en lo relativo a los asuntos del alma. No creces del mismo modo donde te pasas el día oyendo reggaeton que escuchando con frecuencia a los clásicos. O leyendo tweets en lugar de a Shakespeare. Educar supone, en gran medida, decirlo (y sin complejos). Porque, sencillamente, es así. En el reggaeton no hay silencio. Mientras, puedes hacer otras cosas. Freir unos huevos, por ejemplo. El bonobo que llevamos dentro salta (y está bien que, de vez en cuando, salte). En cambio, en Bach o Shakespeare, las frases apuntan al nadie-ahí. Por eso su canto acaso sea lo único que pueda inspirar la piedad de un dios. Cuando Elisabeth Schwarzkopf entona las primeras notas de Erbarm dich —o el actor declama deformado, inconcluso, enviado antes de tiempo… ya no puedo convertirme en amante— difícilmente cabe continuar con lo nuestro. Pues el resto es silencio. Y nada más real que lo que resta.
polis y religio
marzo 27, 2022 § Deja un comentario
El esquema del mito se repite religiosamente: pureza-caída-restauración. No solo con la religión, sino también con el romanticismo político. Hitler siguió este esquema. También, Milosevic, Putin o la yihad. La clave: el pueblo alemán, serbio, ruso, creyente… El mismo perro con distintos collares. Hoy en día, la esencia de un pueblo convoca lo que convocaron los antiguos sentimientos religiosos, aquellos que apuntaban al arraigo, a la convicción de un formar parte. La respuesta ilustrada siempre fue, sin embargo, el pacto entre los distintos, la democracia imperfecta, con su especepticismo de fondo con respecto al Bien. Pues el precio de la paz —y la paz en política es siempre una tregua— no es otro que la devaluación de la creencia. La fraternidad, ciertamente, es lo pendiente. Pero la fraternidad nunca fue de este mundo. Debiéramos preguntarnos si acaso el laicismo democrático, a pesar de lo dicho, no estará más cerca del Reino que los regímenes que pretenden realizarlo.
nietzscheanas 55
marzo 25, 2022 § 6 comentarios
¿Qué queda del cristianismo donde ya no sabemos qué hacer con la resurrección de los muertos? Queda Nietzsche. Y no porque Nietzsche fuera simplemente un heraldo del ateísmo, sino porque lo fue al tomarse el cristianismo al pie de la letra… donde ya no era posible creer en el relato de zombis buenos con el que terminan los evangelios. Como si este relato fuera el añadido de un final feliz ex machina que los productores de Hollywood obligan a introducir en aquellos guiones que terminan mal. De hecho, Nietzsche supo leer a Pablo: si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, en definitiva, una insensatez. ¿Un Dios colgando de una cruz? ¿Y por amor a su criatura? ¿Es que hemos olvidado lo que significa ser un Dios? ¿Qué se le revela al apestado de Dios? Que el Padre no está por la labor. Como si no hubiera nadie más allá. Pues, si lo hubiera, como dijera Epicuro, en realidad no da la impresión de que se interese por nosotros. ¿Cómo podría hacerlo si la distancia que lo separa del hombre es análoga a la que media entre cualquiera de nosotros y las pulgas de nuestras mascotas? Sin resurrección, el abandonarse a Dios del abandonado de Dios es un delirio. Al menos, porque es como abandonarse a un nadie-ahí.
Ahora bien, Nietzsche fue posible porque modernamente carecemos de un lenguaje que nos permita comprendernos como aquellos que se hallan expuestos a un alteridad cuya realidad es la de un pasado inmemorial y, por eso mismo, la de un eterno porvenir. Ahora bien, esto es como decir que, como tal, no es. Al menos, porque no hay nada que sea que no se haga presente de una manera determinada. Dice Nietzsche: nada absolutamente otro por encima de nuestras cabezas. En cualquier caso, tan solo falsas representaciones del Otro. Y ciertamente no lo hay, en el modo del presente indicativo (aunque de ello ya se dieron cuenta, antes que Nietzsche, los profetas de Israel). Pero si Nietzsche hubiese leído a Hegel, quizá hubiera comprendido que el haber de una alteridad avant la lettre es, en realidad, lo que solo puede darse dejando atrás —esto es, fuera de los tiempos— su carácter enteramente otro o extraño. Esto es, negándose a sí misma, como quien dice, para llegar a ser en lo otro de sí misma. Dios solo puede darse como cuerpo de Dios (y no precisamente espectral). Y en esto consiste su poder: en su querer vaciarse de divinidad. O también, en su poder renunciar a su poder. De lo contrario, la voluntad de poder estaría por encima de Dios. Al fin y al cabo, la revelación cristiana consiste en un caer en la cuenta de que Dios es, en verdad, no lo que naturalmente imaginamos como divino, sino el cuerpo de un crucificado en su nombre. Y, sin duda, esto está muy cerca de decir que no hay Dios. Pero también lo está —de hecho, es lo que se anuncia— de afirmar que el nadie-ahí llega a ser alguien por la entrega incondicional del hombre de Dios (y por eso mismo, el cristiano confiesa que el crucificado es el quién de Dios, su modo de ser y no tan solo su ejemplificación). Es lo que tiene un Dios que depende del hombre que depende de Dios. No hay Dios al margen del crucificado que se abandona a Dios. Esto es lo que proclama el cristianismo. No, la religión. Y Nietzsche hubiera estado muy cerca de comprenderlo si no hubiera preferido erigirse, según palabras de Lou Andrea-Salomé, en el profeta de una humanidad sin prójimo.
lenguaje y fragmento
marzo 24, 2022 § Deja un comentario
Donde hay lenguaje no puede haber integridad. El otro queda fragmentado, entre el sí y el no —entre, por ejemplo, lo que nos agrada de él y lo que nos disgusta. Intentamos separar las espinas. Pero las espinas van con el pescado. Pues quien dice lenguaje, dice juicio. Cuando decimos algo de algo se olvidan los nombres en favor del significado, el sentido. La cosa pierde su unidad, una vez nos preguntamos qué es. La cosa, en cualquier caso, se presenta como un porvenir o promesa —y, además, increíble. Pero puede que la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— se decida en relación con lo increíble. Quizá no estaría de más releer a Von Hofmannsthal.
buscar la verdad
marzo 23, 2022 § Deja un comentario
Incluso si el mundo fuera un deliro, el amante de la verdad seguiría en la distancia. Nada que le sorprenda. Pues, con respecto a la raíz de tot plegat, cualquier mundo tiene mucho de sombra. Aun cuando no nos lo parezca. Ciertamente, ya se nos dijo que la verdad nos haría libres. Pero lo que quedó en el cajón es a qué precio. Y es que no hay modo de comunicar que los mundos sean un espejismo —y deformado— de lo absolutamente otro, acaso lo único que merece el nombre de lo real, a quienes permanecen alejados de la boca de la caverna. No es casual que los Sócrates sufran el destino de Casandra. O los profetas. Para el resto, siempre las apariencias. A pesar de que baste con aceptarlo para que lo habitual se cargue con el aura de la excepción.
Fedón
marzo 20, 2022 § Deja un comentario
Lo que resulta extraño en el Fedón: que Sócrates y sus amigos diserten sobre la naturaleza del alma horas antes de que se ejecute su condena a muerte. ¿WTF? ¿Acaso en esos momentos estamos para eso? Sin embargo, ¿no es lo que tiene ser lo que uno ama o busca, su inquietud? Que la muerte —la propia— sea lo de menos. Como si lo que importase siempre lo tuviéramos pendiente. Como si, en verdad, no hiciéramos más que obedecer.
monogamia
marzo 19, 2022 § Deja un comentario
Tomando un café, escucho lo siguiente en la mesa de al lado: “la monogamia es una construcción social, no es algo que nos salga de dentro. A Antonio lo veo como el padre de mis hijos, pero no como empotrador.” Diría que hay mucho lío mental por ahí. Es cierto que el “de por vida con una sola pareja” puede vivirse como una prisión. Pero la trampa es creer que el “poliamor” es el remedio, lo más. Basta con que la novedad pierda su brillo como para que vuelva a brillar la posibilidad de un alma gemela, de hecho, otra ilusión. Y de fantasía en fantasía vamos tirando, creyendo que la fiesta está en el piso de arriba. En el fondo, seguimos con lo de siempre: es difícil saber de qué va el juego. Y el juego no va de lo que nos parece que va. Si los amantes se encuentran, y no solo se cruzan, no será porque sufran un chute hormonal, sino porque se abrazan como náufragos. Y esto no es, ciertamente, algo que hagan los bonobos. ¿Constructo social? Claro. Como si lo natural en el hombre no fuera, ya desde los tiempos de Adán, dejar de ser natural.
PS: curiosamente, la conversación termina con un “oye, tía, como me gustaría que un hombre me dijera que me quiere”. Lo dicho: no tenemos remedio.
abstract
marzo 18, 2022 § Deja un comentario
Si Dios es absoluto, entonces Dios es lo abstracto. Pues en ambos casos, hablamos del apartado. Como los que apestan. No en vano Hegel dijo que no hay nada más real que la abstracción.
óptica
marzo 17, 2022 § Deja un comentario
Nada entendemos del cristianismo si no leemos su textos fundamentales desde la óptica de los despreciados por el mundo. ¿Un final de los tiempos? No, para nosotros, los que aspiramos a poder. Para nosotros, siempre más de lo mismo. En cambio, quienes ya no tienen vida por delante, ese final ya llegó. El mundo no da más de sí para los que no cuentan —los incontables—. Y el cristianismo acaso no diga otra cosa que la siguiente: que lo que el hombre espera tendrá lugar tras el día D. Adorno decía que deberíamos aprender a mirar cuanto es desde el punto de vista de la redención. Pero para hacerlo antes hemos de hundirnos en el polvo. Sencillamente, es así.
operarios, al fin
marzo 16, 2022 § Deja un comentario
Las formas —el rito, la institución— son necesarias. Pues, al final, solo nos quedarán las formas, acaso el mayor signo de fidelidad, del querer. Ellas son nuestro andamio. Pues es ingenuo suponer que el sentimiento es todopoderoso. Las formas tienen mala fama. Demasiado judías, decimos. Pero ahí reside nuestro error: en creer que las formas son insinceras, cuando lo cierto es que no cabe, en definitiva, mayor sinceridad. Sin embargo, es cierto que demasiado andamio nos aleja de la tierra. Difícilmente vamos a dar en el clavo con el decir lo que es. No hay plata sin ganga. Y el minero que las separe aún está por venir.
los secundarios
marzo 15, 2022 § Deja un comentario
Muchos cristianos creen que la Virgen se apareció en Fátima o Lourdes. Sin embargo, no es lo mismo creer que creer que es verdad. En el primer caso, vas al lugar. O mejor, vives pendiente. Pues ha sucedido algo, literalmente, extraordinario (aun cuando, de hecho, admita diferentes explicaciones). ¿Y quién permanece en su sitio ante la irrupción de otro mundo? De haber fantasmas, ¿acaso no iríamos en su búsqueda? En el segundo caso, sin embargo, todo sigue más o menos igual. Aquí las apariciones están al servicio del sistema de creencias. Se trata de una pieza que nos permite cuadrar el puzle. Es como creer en vampiros y, cuando sales de noche, no llevar una ristra de ajos. No en vano N. Frye decía que los personajes de una novela se dividen entre quienes están a favor de la búsqueda y quienes no, los secundarios.
puro nombre
marzo 14, 2022 § Deja un comentario
En la Biblia, no hallaremos una descripción definida de Dios. Esto es, YWHW no es el referente del concepto de lo divino. De hecho, YWHW es un nombre sin referente y, además, impronunciable. En cualquier caso, Yo soy el que seré, lo cual Dios nos da a entender que el quién de Dios está por decidir. Y quien dice por decidir dice por venir. No es casual que Dios se presente como promesa de Dios. Pero también YWHW se revela a Moisés como el Dios de los patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob. Pues es lo que leemos en el Talmud: si crees en mí, yo soy; si no crees en mí, no soy. Muy extraño, por no decir intragable, para aquellos que parten del prejuicio que hace de Dios un ente por descubrir.
contempla
marzo 12, 2022 § Deja un comentario
Contemplar. Esto es, permanecer en el asombro, ante el milagro de lo obvio. Y lo que no es asombro es voluntad de poder. Sin embargo, como escribiera TS. Eliot, el hombre no puede soportar demasiada realidad. De ahí que caigamos tan fácilmente en la distracción. Es lo que tiene llevar a un bonobo dentro. ¿Contemplativos en la acción? Posible. Aunque difícil. Pues es difícil lograr la sinceridad del actor. Hay que estar convencido de que lo que importa está por venir. Aun cuando solo por eso hasta el vuelo de la mosca se carga con el aura de la excepción.
no sabría qué decirte
marzo 11, 2022 § 3 comentarios
Por lo común, hablamos por hablar. Esto es, sin tener mucha idea del asunto (pero como si la tuviéramos). La mayoría de nuestras conversaciones son cháchara. Bullshit. De ser honestos, no pararíamos de decir en realidad, no sabría qué decir. El precio a pagar, sin embargo, sería el de la interrupción. El trato difícilmente puede continuar. Y esto es lo mismo que decir que no podemos conversar con el sabio. En cualquier caso, seguirle en el juego de la interrogación (y esta es una de las moralejas de los diálogos platónicos). O en su defecto, hablar de fútbol. Una vez puestos a decir tonterías, mejor hacerlo bien.
el juego de la comba
marzo 10, 2022 § Deja un comentario
El contrataste entre lo que nos parece que es y un saber sobre lo que es no es fácil de precisar. Pues, de hecho, la ciencia sustituye lo que nos parece desde dentro de la escena —el sol se mueve— por lo que nos parece desde las gradas del espectador imparcial —lo que se mueve es la tierra—. Ahora bien, no seguimos hablando de apariencia porque veamos que la tierra se mueve —pues, de hecho, no lo vemos—, sino porque el modelo de Copérnico cuadra matemáticamente con los datos. Mejor dicho, porque ofrece una matemática más simple (y desde los griegos hay más verdad en lo simple que en lo complicado). Sin embargo, bien pudiera ser que la exterioridad fuese contradictoria, esto es, que el mundo fuese el encubrimiento de una alteridad que no admite el concepto, en tanto que anda rozando la nada o el nadie. El sujeto del saber teórico —y aquí la etimología de la palabra teoría resulta significativa— ocupó el lugar de un dios. Sin embargo, lo que ignora dicho sujeto es que Dios en realidad no ocupa ningún lugar. No puede hacerlo, salvo como lo otro de sí —como un desplazado, un excluido, uno que cuelga—. Ni la ciencia, ni por supuesto nuestra sensibilidad pueden hacerse una idea del eternamente aún nadie como tal.
disyuntiva
marzo 7, 2022 § Deja un comentario
O el mundo está sub iudice. O formamos parte de un puzzle que no terminamos de comprender ni comprenderemos. Entre el Yin y el Yan. Eternamente. Y quien dice Yin y Yan, dice Bien y Mal. Aquí no hay más que el fluir. Para los desgraciados, acaso una reencarnación para recuperar. Aquí el nombre —Juan, Ibrahim, Malena…— es lo de menos. Se trata de purificar la cosa que se sirve de nuestra conciencia. No fue esta, sin embargo, la convicción de Israel. La injusticia que clama al cielo —literalmente— no se contenta con algo menos que con lo imposible. Quizá Nietzsche estuviera en lo cierto al decir que Oriente estaba preñado de nihilismo. Pues la paz que no tenga en cuenta a las víctimas de nuestra impiedad puede que no sea más que una versión espiritualizada del dicho que cada palo aguante su vela.
Lear, again
marzo 6, 2022 § Deja un comentario
La madurez lo es todo, escribió Shakespeare en King Lear. Has visto demasiadas historias como para saber cómo terminan en realidad los cuentos. Tienes más presente el final que los tráilers. Nada parece digno de confianza. Pero es entonces cuando puedes preguntarte qué hay más allá del No. Y lo que hay es increíble, aunque cierto. Quizá no haya otra realidad que la imposible, la que ningún mundo, ni siquiera el sobrenatural, puede admitir como su posibilidad. Pues lo imposible es la condición del mundo.
sano escepticismo
marzo 4, 2022 § Deja un comentario
Como sabemos, Hume fue un escéptico. A pesar de su defensa de la empiría frente a la hybris del racionalismo, estaba lejos de confiar en las sensaciones. Mejor dicho, lo que dijo es que con respecto a ellas solo cabía confiar. No podemos ir más allá de lo que nos parece que es, de la suposición. La inducción no conduce a ninguna certeza. Si creemos lo contrario es porque hasta el momento la generalización nos ha ido bien: de momento, el Sol sigue saliendo por el horizonte (y así nos pasamos de rosca creyendo que esto siempre será así). Bertrand Russell propuso una parodia del principio de inducción: el pavo se equivoca si da por sentado que quien lo engorda día a día lo seguirá haciendo de por vida (en realidad, no se equivoca; lo que ignora es que la fecha de caducidad ya está impresa). En clave humana, damos por hecho que nuestra madre nos quiere… y que no dejará de querernos. O que somos quienes decimos ser. La idea de fondo es que si creemos pisar tierra firme es porque creemos que la hay. De lo contrario, la existencia se nos haría insoportable. Sin embargo, lo que no es de recibo es que algunos apologetas aprovechen el viento a favor para colar la legitimidad de la fe en Dios. Como si no pudiéramos dejar de creer —como si la creencia viniese de fábrica—. Ahora bien, una cosa es creer en lo que vemos y otra, muy distinta, confiar en un Dios fuera de campo. Aquí la creencia es excesiva. Pues no se trata de algo que, hoy en día, demos por descontado. Para Hume, la experiencia del mundo se basa en creencias compartidas, en modo alguno en lo que suponemos por nuestra cuenta y riesgo. No obstante, lo cierto es que la fe en Dios nunca se basó en la suposición del creyente, sino en la imposibilidad, precisamente, de suponer que hay un titiritero espectral que, desde las alturas, supervisa, de un modo a menudo desconcertante, nuestra existencia. El defensor habitual de la fe riega fuera de tiesto donde da por hecho que la fe y las creencias juegan en la misma liga.
estar por encima de uno mismo
marzo 3, 2022 § Deja un comentario
El ideal del dominio de sí —la posibilidad de estar por encima de lo que te sucede y no importa— ¿acaso no implica mirar como si fueran bonobos a quienes aún se limitan a reaccionar? Ciertamente, este es el riesgo, sobre todo si de lo que se trata es de comprender de qué va el juego —o, como decía Platón, de observar cuanto pasa como si fuéramos un dios, esto es, desde arriba—. Sin embargo, nos alejamos de caer en esta tentación donde lo decisivo no es comprender, sino dar de comer a quien carece del pan de cada día. Pues aquí todos nos situamos en la misma línea de salida, si es que salimos alguna vez.