el zulo

septiembre 22, 2018 Comentarios desactivados en el zulo

Que veamos las cosas con unos ojos u otros no depende solo de nuestra voluntad, sino también, y quizá sobre todo, del trato con lo que nos rodea. Visión y praxis van de la mano. Así, podemos sentirnos fascinados por la mirada del maestro zen. Podemos intentar ver las cosas con los ojos del asombro. Y en algunas ocasiones quizá lo consigamos. Pero será difícil que llegamos a integrar esos momentos extraordinarios donde seguimos siendo básicamente unos consumidores. Pues si lo somos, incluso la posibilidad del asombro será objeto de consumo. Es como ver un documental sobre el drama de la inmigración y luego ponerse a ver un capítulo de Sálvame. Díficilmente, iremos más allá de lo sentimental. No es lo mismo tomar el té, siguiendo el ritual zen, que tomarlo formando parte del mundo en el que dicho ritual tiene un sentido. La moda oriental es eso, una moda, al fin y al cabo, una práctica compensatoria. Como darse una ducha después de un día sucio. Quien cree que es posible, siendo una pieza del engranaje del mercado, ver el mundo con la mirada del maestro zen, de algún modo le da la razón a Platón. Como si pudiéramos desembarazarnos del cuerpo. Sin embargo, Platón fue muy consciente de que el cuerpo no dejaba de ser un zulo. Acaso Sócrates consiguiera al final estar por encima de su cuerpo porque la ciudad no terminó de aceptarlo.

hay Dios

septiembre 21, 2018 Comentarios desactivados en hay Dios

Hay Dios porque no hay Otro. Literalmente. Pues encontrarse cabe Dios es lo mismo que encontrarse ante la falta del absolutamente otro. Hay Dios como hay mundo. Pero no porque Dios sea un dios artesano, un demiurgo, sino porque el mundo es posible por la desaparición de Dios. Es por esto que el mundo está poblado de espectros. Y es que de cuantos nos rodean tan solo poseemos las imágenes que de ellos nos hacemos, sus apariencias. En realidad, el carácter verdaderamente otro de aquel que tenemos en frente siempre se encuentra más allá de sí mismo. De ahí que no quepa poseerlo. Aunque quizá, por eso mismo —porque la alteridad como tal no aparece en su aparecer—, el cuerpo o, mejor dicho, el cuerpo del abandonado de Dios se nos revele como el icono de Dios. Dios como absolutamente otro solo puede hacerse presente en el cuerpo que sufre a un Dios en falta. Sencillamente, porque no hay Otro, el otro deviene Otro. O lo que es lo mismo, sagrado.

la eternidad de Dios

septiembre 20, 2018 Comentarios desactivados en la eternidad de Dios

Dios es eterno. Pero no porque sea una cosa eterna, aunque espectral, sino porque, mientras estemos en el mundo —mientras sigamos siendo capaces de decir yo—, encontraremos a faltar al enteramente otro. De Dios no tenemos más, aunque tampoco menos, que el rostro transfigurado del que fue crucificado en su nombre. La eternidad de Dios es la de aquel que no es nadie sin su reconocerse en el hombre. Pero por eso mismo la de aquel que siempre difiere del cuerpo en el que se reconoce. Un creyente se encuentra enteramente sometido a Dios. O lo que viene a ser lo mismo, su yo es el de Dios. Ahora bien, esto es así porque ha sido reconocido por Dios como su imagen o, por decirlo a la manera teológica, porque ha sido aceptado como hijo por medio del Hijo. No es casual que, cristianamente, la redención se conciba no como un mundo de almas dopadas de felicidad, sino como re-creación o, si se prefiere, como un mundo fraternal, una nueva tierra. Incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio. Otro asunto es que, imbuidos de modernidad, no cueste admitirlo. Pero probablemente esto tenga que ver nosotros, antes que con Dios.

el flautista de Hamelin

septiembre 20, 2018 Comentarios desactivados en el flautista de Hamelin

Leo por la web una frase de Anthony de Mello: la realidad no es perturbadora, no es problemática. Si no existiera la mente humana, no habría problemas. ¿Seguro? Es verdad que, por lo común, las cosas se nos presentan dependiendo de cómo las enfoquemos. Mal nos irá, pongamos por caso, si creemos que el mundo va en contra nuestra. Pero ¿acaso no hay sufrimientos que no dependen del enfoque? ¿Acaso en el corazón del hombre no germinó la semilla de la impiedad? ¿Podemos tomarnos en serio que nuestra desgracia obedece tan solo al error, al hecho de que no sabemos cómo vivir? La existencia ¿no supone de por sí un estar siempre en suspenso, fuera de lugar? Nos equivocamos donde abordamos la espiritualidad desde un punto de vista exclusivamente psicológico. Como si todo fuera cuestión de liberar la mente de los prejuicios que nos impiden dejarnos llevar por la corriente de la vida. Como si todo fuera cuestión de tener poder, aunque sea sobre uno mismo. Como si se tratara en definitiva de acabar diciendo qué bien que estoy. Pues el punto de partida de la una genuina espiritualidad, no es en primer lugar nuestra desorientación, sino el sufrimiento indecente, por injusto, de tantos. Es innegable que con las medias verdades llegaremos más lejos que con la verdad. El hombre no compra la verdad, sino su simulacro. Sin embargo, el problema de las medias verdades es que con el tiempo se les ve el plumero. La vida tarde o temprano pone encima de la mesa las cartas que no están marcadas. Y así, habiendo sido seducidos por el juego de manos del prestigitador de turno, terminamos con la misma cara de idiota que teníamos al principio, pero con menos dinero en el bolsillo. Sencillamente, miente quien nos vende soluciones a la existencia. Como mentían los vendedores de crecepelo de las películas del oeste. Las propuestas de los gurús de la autoayuda —desde Anthony de Mello hasta Borja Vilaseca—, aunque se vistan con los oropeles de la espiritualidad, no están tan lejos de las del camello de la esquina. De hecho, si se trata de vaciar la mente, las de este último, al fin y al cabo, te salen más a cuenta.

hijo de su madre

septiembre 19, 2018 Comentarios desactivados en hijo de su madre

Un hijo termina siendo su deformación. La semilla del mal va germinando en el corazón del niño poco a poco. Y diría que no es casual que la Biblia considere la envidia como el motivo del primer crimen. Una madre, sin embargo, siempre tendrá presente la inocencia, la bondad que fue. Quizá la segunda ingenuidad de la que habló Kierkegaard apunte a un ver a los demás con los ojos de su madre. Entre papá y mamá anda nuestra existencia. O lo que viene a ser lo mismo entre la responsabilidad y el perdón. Y quizá lo decisivo sea lo que se decide del lado de la madre, teniendo en cuenta nuestra incapacidad para las alturas.

filo-sofía

septiembre 18, 2018 Comentarios desactivados en filo-sofía

La filosofía es amor a la verdad, a lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede. Ahora bien, quien ama persigue lo amado. Y si la verdad hay que perseguirla o buscarla es porque la verdad no termina de coincidir con lo que nos parece verdadero. Tarde o temprano, nos damos cuenta de que nada permanece. Que con el paso de los días todo termina siendo otra cosa. Incluso lo que creímos inalterable. De ahí que quepa preguntarse qué hay de sólido —qué de consistente— en cuanto simplemente sucede o pasa. Incluso en lo que respecta a la búsqueda de la verdad. El idiota, en el sentido literal, no siente la necesidad de preguntárselo. Pues el vive de su ilusión. Fácilmente, cree que las cosas son según la medida de su fantasía o creencia. Y todos somos idiotas de entrada. Por eso la filosofía no es para el idiota. La filosofía, suele decirse, nace del asombro. Cierto. Pero también, y quizá sobre todo, de la sospecha. Cuando menos, porque cabe sospechar de que no sabremos qué está en juego —qué es lo que importa— hasta momentos antes de morir, si es que algo importa. Sin duda, podemos saber lo que importa —podemos decírnoslo— como sabemos que no viviremos siempre. Pero una cosa es saber o dar por descontado y otra caer en la cuenta. Y de lo que se trata es de esto último, de que nos tiemblen las piernas. Al menos, un poco. Por eso la filosofía, en tanto que modo de vida, es un intento de anticipar el momento de la verdad, el momento de la pérdida. Como si nos hubieran dicho que apenas nos quedan unos meses de vida. O como si se lo hubieran dicho a nuestros hijos.

el valor como espectáculo

septiembre 17, 2018 Comentarios desactivados en el valor como espectáculo

Desde fuera de la escena no vemos lo que ven sus protagonistas. Para aquella madre que ha perdido a su hijo, el balón con el que intentaba emular a Messi es sagrado. Ese balón es algo más que un balón. Para el espectador, en cambio, no es más que un balón… al que esa madre le da un cierto valor o importancia. No me atrevería a decir que el espectador está más cerca de la verdad. Pues el valor que la madre ve en el balón del hijo no es una proyección. Si este fuera el caso, ese balón podría ser sustituido por otro… sin que se perdiera el valor original. Pero no parece que esto sea así. Perder ese balón es perder al hijo o, mejor dicho, ese resto que mantiene viva su presencia. O el valor se reconoce o no hay valor que valga. Ahora bien, no reconocemos el valor de lo que vale desde cualquier situación. Un espectador es incapaz de ver valor alguno en lo que observa. En cualquier caso, constatará que hay quienes dicen que tales o cuales cosas poseen valor. El valor se nos impone. Y por lo común tras una pérdida irreparable. De ahí que, para captar, aunque sea a tientas, el valor de lo que nos traemos entre manos, no esté de más anticiparla.

Santiago, el de la carta

septiembre 16, 2018 Comentarios desactivados en Santiago, el de la carta

Al leer la carta de Santiago uno no puede evitar la impresión de estar leyendo a Amós. Y quizá por eso mismo haríamos bien en volver a ella de vez en cuando, al menos para recordarnos a nosotros mismos lo fuera de juego que estamos con respecto a los asuntos de Dios. Así, en Stg 2, 1-13 encontramos aquel fragmento en el que se nos expone un comportamiento habitual por humano (y aquí Nietzcshe probablemente diría que demasiado humano). Un rico y un pobre entran en una asamblea de cristianos. Estos babean con el primero, cediéndole el lugar de honor, mientras que toleran la presencia del segundo, sugiriéndole que se siente en los últimos bancos o en el suelo. Víctor Hernández, amigo y pastor protestante, me decía el otro día tomando un café, que el rico, tal y como sugiere el texto, probablemente llevaba el anillo de los próceres, de aquellos que ejercían un patronazgo. En la época del Imperio, nadie llegaba a ningún sitio, si no contaba con el apoyo de un patrón. De ahí que el honor que se le profesaba al prócer mostrara tanto respeto como agradecimiento. Se trataba, por tanto, de algo natural. Sin embargo, Santiago dice que los cristianos, a pesar de acoger al pobre, se apartan de Dios al rendirle pleitesía al que humanamente la merece. Para comprender el alcance del texto, imaginemos que Jon Sobrino o Grégorie de Ahongbonon visitaran una comunidad cristiana. Ciertamente, la analogía es un tanto forzada, pues probablemente tanto uno como otro, cuyo compromiso con los más desfavorecidos es indiscutible, rechazarían cualquier forma de privilegio. Pero también es probable que la reacción de la comunidad fuera de entrada la misma que la que denunció duramente Santigo. Es difícil, por no decir inevitable, que tanto Jon Sobrino como Grégoire de Ahongbonon no ocuparan el centro de la reunión. De algún modo tiene que ser así. Pues bien, si mientras la comunidad escucha las palabras del testigo, un pobre entrara contaminando el ambiente —un pobre, como suele decir precisamente Jon Sobrino, siempre huele mal—, es posible que se le dijera que ese no era el momento para que pudieran atender su demanda. O que se dirigiese a Caritas… porque ese no era el lugar. Una vez más, habríamos evitado su mirada. Y es que lo que quizá quiera transmitirnos Santiago es que lo decisivo de la existencia creyente no es mirar hacia arriba o a aquellos que supuran santidad, aunque tarde o temprano tengamos que hacerlo, sino ser alcanzado por la mirada de aquel que apenas es mucho más que su invocación. Los cristianos a los que se refiere Santiago están en falso no porque agradezcan al prócer su visita, sino porque, al colocar al pobre en la zona invisible de la asamblea, evitan ser traspasados por su desgracia. Sencillamente, si Dios es el Señor, entonces el pobre es el Señor, aquel en cuyas manos estamos. Pero ¿quién será capaz de soportarlo? De ahí que Jesús se preguntara si acaso, cuando el hijo del hombre regresara en los días finales, encontraría aún a alguien con fe sobre la tierra (Lc 18, 8).

in corpore

septiembre 15, 2018 Comentarios desactivados en in corpore

El otro día, una mujer joven me dijo que no quería tener hijos. De acuerdo. La maternidad ha dejado de ser un destino. Al menos sobre el papel. Como si se tratara de una opción entre otras. Y supongo que esto va con lo que entendemos hoy en día por libertad. Sin embargo, con los años uno ha aprendido a desconfiar de cuanto podamos decir o proclamar a los cuatro vientos. Sobre todo, en lo que atañe a nosotros mismos. Por lo común, nos llenamos la boca de buenas intenciones, creyendo sin embargo que no son intenciones, sino realidades. De ahí que suelan enmascarar cuanto de hecho sucede por dentro. Y no porque seamos unos hipócritas, aun cuando esto no sea descartable, sino porque nuestra sinceridad pasa de puntillas sobre las divisiones que atraviesan la existencia, sobre su densidad. Así, y a pesar del culto al cuerpo de hoy en día —o quizá por eso mismo—, espontáneamente creemos que nuestro cuerpo es como un gabán. Es decir, no solemos tomarnos muy en serio su fuerza, su poder. Damos por sentado que, salvo enfermedad terminal, podemos hacer lo que queramos con él. Como si estuviera a nuestro servicio. Con todo, me atrevería a decir que más que un gabán, el cuerpo es una prisión (por cargar un poco las tintas). O, si se prefiere, como un tigre. El cuerpo va su rollo. Es lo que tiene esto de la naturaleza. Con el cuerpo, hay que saber negociar. De ahí que es posible que la joven con la que hablé, como tantos, peque de ingenua cuando supone que con los años el cuerpo no le pondrá sobre la mesa un pliego de demandas, que no le exigirá saldar la deuda pendiente. Sin duda, podrá no atendenderla, intentando ser fiel a su inicial renuncia a la maternidad. Pero la pregunta es a qué precio. Como sabemos, no es habitual leer la letra pequeña. No hay que ser platónico para intuir que cuerpo y alma no suelen ir de la mano. Al menos de entrada. Ni tampoco muy lúcido para caer en la cuenta de que solemos quedarnos muy por debajo de nuestras mejores aspiraciones, de que no siempre nos salimos con la nuestra, si es que salimos alguna vez. Vivir cuesta. O mejor dicho, lo que cuesta es saber vivir. Acaso porque no nos entretenemos con la letra pequeña. Y con la gruesa, ciertamente, no vamos muy lejos. Al menos, no mucho más que lo que alcanza la inercia del instinto. O de las modas culturales, lo que probablemente sea peor.

formas

septiembre 13, 2018 Comentarios desactivados en formas

Al final, tan solo quedan las formas. Dar por sentado que las emociones podrán mantenernos en la verdad de cuanto vivimos es, sencillamente, una ingenuidad o, como suele también decirse, un pecado de juventud. Esto es así, siempre y cuando algo —o alguien— haya tenido lugar realmente en algún momento de nuestra vida. Pues donde todo sucede o pasa, nada acontece. La verdad posee el sello de la aparición, de lo que irrumpe partiendo en dos la inercia de los días. Las formas —el atarse al mástil— son el principio de la fidelidad o, lo que viene a ser lo mismo, de la única libertad de la que somos capaces. Con todo, donde olvidamos a qué —o a quién— obedece nuestra fidelidad, las formas, ciertamente, terminan siendo una prisión. No es causal que el denostado legalismo judío sea ininteligible una vez dejamos de tener presente que la ley siempre estuvo al servicio del memorial. Pues tarde o temprano deberíamos entender que vivir es un haber vivido. Que no hay vida donde no intentamos preservar lo que se nos fue dado en medio de un cosmos para el que no somos más que una hebra de paja.

Tere

septiembre 12, 2018 Comentarios desactivados en Tere

Tere Iribarren, religiosa de las que ya no quedan, una vez me dijo que su comunidad, después de ver un documental sobre el drama de la inmigración, fue incapaz de rezar las oraciones vespertinas. Tan solo pudieron guardar silencio. Quien tiene presente la tragedia humana —y un cristiano no puede dejar de tenerla presente— apenas puede hacer otra cosa que pedirle a Dios por Dios. Y esto está muy cerca de guardar (su) silencio. Es verdad que castizamente suele decirse aquello de a Dios rogando y con el mazo dando. Y teniendo en cuenta la verdad que arrastra el dicho, podríamos creer que permanecer en silencio es, en el fondo, un acto de cobardía. Ahora bien, nadie dijo que un cristiano deba permanecer en silencio. Quien guarda el silencio de Dios en su corazón no puede callar ni seguir sentado. En nombre de un Dios incapaz de hablar por sí mismo, debe coger el mazo. Y el mazo cristiano no es otro que el tener que responder a la llamada que se desprende del perdón que nos ofrece la víctima sepultada por el silencio de Dios. El punto de partida es, como suele decir Jon Sobrino, un no hay derecho a que tantos hombres y mujeres vivan como perros. El silencio de Dios es el envés de la indignación. Donde no hay indignación, el silencio de Dios deviene la excusa espiritual de nuestra indiferencia. Dios responde a la demanda del hombre con la voz imperativa de los excluidos. O por decirlo en cristiano, la respuesta de Dios a la invocación del hombre es la invocación que se desprende del perdón de un crucificado por nosotros, en el doble sentido de la preposición. Olvidar esto último supone hacer de Dios un deus ex machina. Dios no es un dios tapagujeros, sino aquel que no acaba de tener lugar como el Dios que es todo en todos (1Co 15, 28) mientras los hombres demos la espalda a aquellos con los que Dios se identifica. No hay cristianamente un pedirle a Dios por Dios que no nos convierta en rehenes del hermano. Si Dios es tu Señor, el pobre es tu Señor, algo sin duda inaceptable, por no decir intolerable, para quienes aún creemos tener un futuro por delante.

una sentencia judía

septiembre 11, 2018 Comentarios desactivados en una sentencia judía

Dijeron los sabios judíos: ¿quién es necio? Aquel que pierde lo que se le ha dado. De acuerdo. Y podríamos añadir, no tan solo el que lo pierde, sino el que ni siquiera llega a ser consciente de que todo lo hemos recibido. Aunque sea desde la contracción de Dios.

novicios

septiembre 10, 2018 Comentarios desactivados en novicios

Le cuento a un buen amigo que un antiguo alumno acaba de hacer los primeros votos a la Compañía de Jesús. Mi amigo, ateo por defecto, sostiene que no sabe lo que hace. ¿Cómo un cuerpo joven podrá soportar no estar con ninguna mujer? ¿Acaso no podría dedicar su vida a los demás (y en concreto a los más pobres), como hacen tantos (aunque tampoco tantos) sin quemar las naves? ¿Es que los primeros apostóles no iban por ahí acompañados de sus groupies? O es un valiente o un insensato. Él cree, obviamente, que se trata de lo segundo. A mí no me parece que sea tan obvio, aun cuando puedan haber motivos cuando menos borrosos en su decisión. Nada termina de ser puro en los comienzos. Ni siquiera cuando estos tienen que ver con la mujer, por muy naturales que sean. La única cuestión que cabe plantearle ahora es en nombre de quién se compromete de por vida —en quién arraiga su confianza, su fe. A partir de ahora, le espera una larga marcha. Como ocurre con cualquier compromiso. La verdad de una vocación se revela, de revelarse, en la postrimerías, en aquellos momentos en los que ya no podemos tomarnos en serio nuestras primeras ilusiones. De ahí que la pregunta más pertinente sea la que podremos hacerle de aquí a unos años: por qué sigues siendo fiel a tu promesa. Cuanto pueda decirnos antes de tiempo tiene mucho de flatus vocis, salvo en lo que contiene de porvenir. Al fin y al cabo, la diferencia entre darlo todo o casi todo es infinita, como suele decir Manolo Fortuny. Y en los comienzos no es fácil tomarle el pulso al infinito. En cualquier caso, donde el creyente se decanta por lo primero, no es porque posea el sentido de su entrega, sino porque su fe es la respuesta a la fe de Dios en el hombre. De hecho, el sentido de cuanto hacemos o dejamos de hacer no está en nuestras manos. Evidentemente, esto es ininteligible mientras sigamos en el mundo como el consumidor en un supermercado. Uno no se hace jesuita solo porque le gusten las cosas de Dios. O al menos no debería ser así.

la indecisión

septiembre 8, 2018 Comentarios desactivados en la indecisión

La ambigüedad se encuentra incrustada en cuanto nos traemos entre manos. De ahí que lo no dicho en el decir constituya la perenne amenaza de lo fijado por el lenguaje. Y es que lo negado por el decir de alguna forma sigue ahí. El beso, al rozar el rostro, respeta la distancia de la alteridad. Pero también busca devorarla. Te comeré a besos, decimos espontáneamente. El beso es tanto la expresión del cariño como el síntoma de nuestra incapacidad para soportar la presencia del otro. Aunque, públicamente, intentemos deshacer la ambigüedad por medio de una correcta definición. Así creemos que se trata de una cosa y no de otra, cuando lo cierto es que ambas son las dos caras de una misma moneda. Afirmar es afirmar. Pero nada queda afirmado en nuestro afirmar. Afirmar es en cualquier caso a-firmar.

lectio

septiembre 7, 2018 Comentarios desactivados en lectio

Quizá el gran a priori del cristianismo —el que lo desmarca de una religión al uso—sea que Dios puede morir. El Dios cristiano no tiene nada de ex machina. De hecho, Dios se arriesga como tal en su caída libre hacia el hombre. Es lo que tiene un Dios que no es nadie sin el fiat incondicional del hombre. Es por este fiat que Dios llega a ser el que es. Ahora bien, por eso mismo el hombre solo puede pronunciarlo en ausencia de Dios, allí donde Dios, precisamente, no es aún nadie. Sin embargo, una vez pronunciado, Dios es inseparable del rostro que lo pronunció.

Romero

septiembre 6, 2018 Comentarios desactivados en Romero

Óscar Romero hizo posible que los pobres de El Salvador pudieran creer que Dios estaba de su parte. Al igual los esclavos de Israel pudieron creer en su momento que contaban con el apoyo un Dios, tras cruzar el mar de las cañas liderados por Moisés. Hay que ponerse en la situación de los que no cuentan para intuir, cuando menos, lo que supone que haya alguien que, en nombre de Dios, quiera que vivas y vivas con dignidad. Para llorar de alegría. Por ti y por tus hijos. Pues en el pozo de la miseria, incluso puedes llegar a convencerte de que no tienes derecho a seguir existiendo. De que los poderosos tienen razón. Que no eres mucho más que una sucia rata. Como sabemos, Óscar Romero, el monseñor que, al ver la pobreza de tantos, decidió dejar el palacio episcopal, murió tiroteado mientras celebraba la eucaristía. Él era muy consciente de que, habiendo sido amenazado por los militares, podía ser asesinado en cualquier momento. Y, con todo, quiso quedarse junto a aquellos cuyo clamor escuchaba como el clamor mismo de Dios. Podríamos reescribir Flp 2 teniendo en cuenta la pasión de Romero. De hecho, no hay mejor descifrador para el lenguaje del credo cristiano que la vida de los santos. Para un cristiano, la disyuntiva está clara: o Romero o Nietzsche. Desde este punto de vista, el océano no es una opción. De hecho, como viera el mismo Nietzsche, el océano oriental está más cerca del nihilismo que de la paz.

patología creyente

septiembre 5, 2018 Comentarios desactivados en patología creyente

Donde Dios no se da por descontado, fácilmente la fe en un Dios personal roza el delirio de quien aún permanece atado al amigo invisible de la infancia. La oración sería al fin y al cabo el recurso de una psicología aún inmadura. Sin embargo, de ahí no se desprende que Dios, de haberlo, no posea el carácter de lo personal. Podría ser que Dios fuera esa radical alteridad que tuvo pendiente su quien —su modo de ser— hasta su incorporación en el Gólgota. De algún modo, la situación en la Antigüedad no fue tan diferente, al menos porque solo algunos privilegiados, sea por su demencia o por su familiaridad con el peyote, eran capaces de cruzar la frontera que nos separa de lo numinoso. La diferencia pasa porque, como modernos, ya no creemos que sus visiones tengan que ver con la realidad. Sin embargo, es posible que tan solo nos hubiéramos vuelto culturalmente incapaces de Dios.

abstract

septiembre 4, 2018 Comentarios desactivados en abstract

Existir significa vivir como arrancados. Algo encontramos a faltar. O alguien. Aunque la mayoría vivamos como si nada o nadie nos faltase. Sobre todo cuando podemos comprarlo. Quizá la autosuficiencia estoica sea, a pesar de las virtudes del ascetismo, un extravío existencial. Pues si algo o alguien nos falta, entonces la elevación del sabio sobre sí mismo no deja de ser una encerrona. No es casual que la indiferencia del estoico termine asemejándose a la frialdad de un cadáver, por muy admirable que sea. Nunca fue una buena idea acercarse a la impiedad de los dioses. Ahí salimos perdiendo.

un cristianismo sentimental

septiembre 3, 2018 Comentarios desactivados en un cristianismo sentimental

La crítica moderna al imaginario religioso tuvo que pagar un alto precio al liberarnos de los temores de la superstición. Y es que sin imágenes que poderse tomar en serio, a pesar de su carácter increíble, difícilmente cabe incoporar —e incorporar significa hacer cuerpo— el hecho de encontrarnos expuestos a la desmesura de una alteridad por ver. Una fe sin imágenes es una fe que, al menos en el día a día, fácilmente permanece anclada en el territorio de lo mental. De ahí que no sea anecdótico que, ante el hundimiento de los símbolos cristianos, la pastoral cristiana recurra como quien no quiere la cosa al sentimentalismo más infantil con el propósito de animar el cuerpo. Tan solo hace falta darse un garbeo por la mayoría de las escuelas cristianas para ver que los crucifijos —o el rostro de hombres como Óscar Romero— han sido sustuidos por carteles que parecen sacados de las películas de Disney. Da la impresión que, con esta línea pastoral, el catolicismo siga empecinado en fomentar la minoría de edad.

Pues no es lo mismo que chicos y chicas de 15-18 años años estén todo el día viendo esto

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ciencia, literatura y fe

septiembre 2, 2018 Comentarios desactivados en ciencia, literatura y fe

José Gordon es un divulgador de la ciencia, el cual lleva más de diez años en la televisión mexicana con su programa «La oveja eléctrica». Defiende, entre otras cosas, la importancia de la imaginación en la práctica científica. «Entiendes cuando conectas los puntos», dice. Tener los datos no basta. De ahí que que subraye la necesidad de una mayor implicación entre ciencia y literatura. Feyerabend supongo que le habría dado la razón. También es consciente del peligro que supone que la posibilidad, técnicamente a las puertas, de vivir más y mejor tan solo esté al alcance de unos pocos. Aunque la proyección hacia el futuro de la división de la humanidad entre la casta de los superhombres y los que no cuentan de algún modo enmascara que de hecho se trata de nuestro presente. En cualquier caso, para José Gordon la ciencia como literatura es un especie de espiritualidad sin religión o, si se prefiere, una religión del asombro, aun cuando la primera proceda por medio de ecuaciones y la segunda, mediante metáforas. En este sentido, suele citar a Stephen Hawking a propósito de su definición de la cosmología como una religión para ateos inteligentes. También a Bruno Schulz cuando dice que debemos madurar hacia la infancia. La imaginación y curiosidad sin complejos del niño nos permiten enfocar los problemas de maneras inéditas. O como suele decirse ahora, thinking outside the box. Imaginar es ir más allá de las imágenes primeras, aquellas en las que arraigan nuestros prejuicios, como decía Gaston Bachelard. El sentido de la belleza es, como viera Platón, un principio heurístico y no solo una cuestión de gustos. No podemos vivir como si la belleza no existiera, como decía acertadamente el poeta Luis Ruiz. Según Gordon, la ciencia, como la literatura, nos revelan lo que antes era invisible. Y sin duda algo de esto hay (o bastante). Sin embargo, quizá nos equivocaríamos, si creyéramos que el horizonte asintótico del saber es la visibilidad. Pues, con unas pocas dosis de dialéctica, fácilmente caeremos en la cuenta de que lo invisible no es la cosa invisible, sino lo innegociablemente invisible. Y es que nada hay que se haga presente sin que su carácter de algo —o alguien— enteramente otro retroceda hacia un fue absoluto. Sencillamente, algo se muestra o aparece —algo es— en tanto que su alteridad no se muestra o aparece. Desde la óptica de la visión no hay diferencia entre el mundo y un mundo virtual. De ahí que la religión no se sostenga tan solo sobre nuestra capacidad de asombro, sino principalmente, me atrevería a decir, sobre el sentimiento de una pérdida fundamental y, por extensión, de un haber sido abandonados. Aquello absolutamente presente no deja de ser, por eso mismo, aquello eternamente ausente. Al menos mientras haya mundo. Ciertamente, la mejor ciencia nace de la mirada del niño. La religión en cambio, de la mirada o, mejor dicho, de la invocación del huérfano.

aguardar

septiembre 1, 2018 Comentarios desactivados en aguardar

Creer es esperar (y esperar confiadamente) que ocurra lo extraordinario, lo que no admite un uso profano. Pero ¿quién espera en realidad? Y si fuera el caso ¿en nombre de qué o de quién? Por lo común, hacemos como si esperásemos. Y así, lentamente, el deseo termina ocupando el lugar de la esperanza. Tan solo hace falta que nos imaginemos que cuanto hacemos o dejamos de hacer estuviera polarizado por nuestra búsqueda de lo imposible, de lo que el mundo no puede admitir como posibilidad, al fin y al cabo, de la aparición, para darnos cuenta de la diferencia entre un ir tirando y una existencia a flor de piel.

Duchamp como metáfora

agosto 31, 2018 Comentarios desactivados en Duchamp como metáfora

O lo sagrado quema (y, por consiguiente, no debemos aproximarnos). O porque se nos prohibió aproximarnos creemos que es sagrado. Basta este dilema para entender, aunque sea a grandes trazos, por donde pasa la diferencia entre nuestros tiempos y los antiguos. O el valor está en la cosa o en nosotros, proyectándolo sobre la cosa. Y quien dice valor, dice cuanto es en verdad. La modernidad podríamos definirla como la época en la que el hombre no sale de sí mismo o, por decirlo a la antigua, aquella en la que no cabe, al menos con respecto a nuestras valoraciones, ir más allá de cuanto nos parece que es bueno o malo. En este sentido, los tiempos modernos estarían poblados de mónadas. La fuente de Duchamp es bella no porque en sí misma lo sea, sino porque, debido al protocolo de una sala de exposición, se nos impide usarla. Noli me tangere. La moraleja es que no hay belleza que representar. Que la belleza y, por extensión lo sagrado o el valor, depende de cuál sea la línea roja que, dentro de una cultura, separa los dominios de lo útil de cuanto es preservado del trato o la manipulación. No es casual que en el capitalismo todo lo sólido se desvanezca en el aire. Que no haya nada realmente sagrado, sino en cualquier caso vestigios de lo sagrado, a saber, aquellos que son almacenados en esas tumbas que son los museos de arte. En este sentido, el museo sería algo así como el templo en el que habita, no ya la divinidad, sino su cadáver, el lugar en el que podemos convencernos a nosotros mismos de que aún conservamos una cierta sensibilidad por lo intocable. En los museos, el dios es preservado en formol. Sin embargo, no me atrevería a decir que nuestros tiempos estén por eso mismo más cerca de la verdad. Podría ser que se sostuvieran sobre una enorme falacia. Pues que todo lo que vale tenga un precio no implica, lógicamente, que cuanto tenga un alto precio, posea valor. Ahora bien, lo cierto es que donde el valor no está dado de antemano —donde el tabú es una variable dependiente— tan solo contamos con los precios para indicar un posible valor. No obstante, en tanto que estamos en el mundo como los arrojados —como los que fueron arrancados de la raíz— no podemos hacer otra cosa que mentir. Inevitablemente terminamos confundiendo valor con precio o la distancia con lo sagrado. Y es que existir acaso suponga que, al menos desde nuestro lado, no podemos trascender el orden de la simulación. O por decirlo a la socrática, que nuestra relación con la verdad sea la de quienes tan solo pueden ir en su busca.

aggiornamiento

agosto 30, 2018 Comentarios desactivados en aggiornamiento

Decía TS Eliot que el cristianismo lleva siglos adaptándose para ser algo en lo que podamos creer (Iris Murdoch dixit). Incluso podríamos añadir que esto fue así desde un principio. Sin embargo, de ello se deduce que la revelación es lo que aún no ha sido dicho en cuanto ha sido dicho, algo todavía pendiente o en el aire. ¿Será que hubo revelación pero no para nosotros? ¿La habrá, no obstante, para los que vendrán? Puede que nosotros tan solo podemos traicionarla en nuestros intentos de comprenderla. Ahora bien, de ser este el caso, ¿hubo redención?

la palabra y la acción

agosto 29, 2018 Comentarios desactivados en la palabra y la acción

El teólogo, en tanto que servidor de la verdad de Dios, no hubiera podido decir lo que dice, si hubiera dedicado su vida a cavar pozos de agua para los que, de no tener, no tienen ni agua. Pero tampoco, salvo que faltase a la verdad de Dios, si no hubiese nadie ahí cavando esos pozos. Por otro lado, es fácil caer en la desesperanza, donde vemos que los pozos que fueron cavados son anegados una y otra vez por los heraldos de la muerte. De ahí la necesidad de que el teólogo pueda hacer de nuevo inteligible la vieja convicción de que fuimos salvados en la esperanza (Rom 8, 24). Esto del cristianismo no deja de ser un combate con varios frentes. Es una pena que hoy en día hayamos perdido de vista la dimensión polémica del cristianismo para quedarnos con una variante onanista que tan solo se preocupa de la salvación individual o, lo que acaso sea peor, de la disolución del ego en el magma de la divinidad.

postureo

agosto 28, 2018 Comentarios desactivados en postureo

La posición es determinante en los asuntos de la fe. No es posible creer desde cualquier lugar. Los acompañantes de Pablo no vieron nada en el camino de Damasco. Iban a lo suyo. De hecho, el primero en reconocer la filiación fue el centurión romano, el verdugo, al pie de la cruz. Una posición, al fin y al cabo, es una postura. Nada, o mejor dicho nadie, se nos aparece tumbados en un sillón o frente a la Play. En cualquier caso, los fantasmas de nuestros delirios. A la mujer judía que fundó un orfanato en Israel una vez terminó la segunda guerra mundial, se le aparecieron sus nueve hijos gaseados en Auschwitz en los huérfanos de Israel. No se trató de una proyección, sino de las visión que tenemos una vez cruzamos el umbral de la muerte. Pues esa madre, tras la pérdida de sus hijos, no tenía vida por delante. En realidad, lo que vemos en esas situaciones no lo vemos, sino que nos ve. A veces pienso que la fe entra por el cuerpo, imitando la postura de los que creen. Pues una posición no deja de ser una postura. Puede que tuviera razón Pascal, cuando nos exhortaba a arrodillarnos primero. Con todo, es difícil diferenciar entre la postura y el postureo. No hay garantía. La verdad nunca fue una solución.

de la búsqueda de Dios

agosto 27, 2018 Comentarios desactivados en de la búsqueda de Dios

Dios no es el objeto final de la búsqueda de Dios. La fe no consiste (o no solo) en decir hay Dios. El testigo no da fe de un descubrimiento como el arqueólogo que, tras perseverar durante lustros, anuncia que finalmente ha dado con la tumba de Jesús. La fe del creyente es propiamente una respuesta a un haber sido rescatado del abismo de su impiedad. De ahí que el principio de la fe no sea la inquietud del hombre, su necesidad de Dios, sino la iniciativa de un Dios que va a por el hombre, aunque sea de un modo tan desconcertante como el de morir colgando de una cruz.

confessio

agosto 26, 2018 Comentarios desactivados en confessio

El confessio es el lugar en el que, dentro de una iglesia, se encuentran sepultados los mártires de la fe. Por lo común, suele estar ubicado bajo el altar, dando a entender que la comunidad se reúne en nombre de aquel a quien le debe la fe. Por otro lado, la palabra confesión posee un origen judicial. Los primeros cristianos confesaban que Jesús era el Señor ante un tribunal romano. En la confesión, un cristiano se jugaba la vida, aunque ya podía suponer cómo acabaría el asunto. De ahí que la fe no sea un suponer que hay alguien en el más alla que cuida de nosotros o, como suele decirse hoy en día, un algo, cosa la cual anda cercana a la estupidez, cuando menos porque resulta obvio —o debería serlo— que nos iremos de aquí sin tener mucha idea de qué va el asunto. La fe, en tanto que confesión, arraiga en el tuétano de la existencia. Un creyente es por entero su fe, su confianza en Dios. Esto puede sonar a talibán. Pero a diferencia del talibán, el cristiano no confiesa una verdad, sino una verdad encarnada. Esto es, la confesión siempre apunta a aquel con quien el cristiano se encuentra en deuda. Renegar del crucificado ante un tribunal romano en favor del César era por tanto como si nosotros le escupiéramos a la cara de aquel que nos salvó de morir de inanición. La fe exige valor, aunque hoy en día demos por descontado que se trata de una opción entre otras como quien decide tomarse un whiskey en vez de Vichy catalán. Así, no se entiende la confesión creyente sin la experiencia de un haber sido rescatados por la inmolación del Hijo de Dios. Evidentemente, hoy en día esto suena a chino. Pero que, con la intención de hacer más sensata la creencia, hayamos elegido el océano como imagen de la divinidad en vez de aquel que cuelga de un madero como un proscrito de Dios ya es un síntoma de lo lejos que nos encontramos de la verdad de Dios.

un Dios liberador

agosto 24, 2018 Comentarios desactivados en un Dios liberador

Esto del monoteísmo es bastante curioso, por no decir desconcertante. Es un tópico decir que la mayoría de edad llegó con la Ilustración. Pero si lo pensamos bien, el hombre se emancipa de Dios con la caída. Es tras el desprendimiento de Adán que Dios deja de ser una divinidad tutelar, siendo desplazado a un pasado inmemorial. Otro asunto es que el hombre no asuma su mayoría de edad hasta los tiempos modernos. Que en el mientras tanto de la Historia, incapaz de soportar su paso a la madurez, haya optado por los sustitutos de Dios, aquellos que aún le permiten creer que se halla en el mundo bajo el amparo de un abuelo espectral. En cualquier caso, la extrema trascendencia de Yavhé, la cual anda rozando la nada, encuentra su correlato en un hombre dejado de la mano de Dios. De Dios tan solo restará, al modo de un testamento, en el sentido casi forense de la expresión, una Ley que, en el fondo, no es más que el eco de aquella voz que inquiere a Caín por el lugar de Abel y un mundo que cabe ver como milagro o excepción desde el fondo, precisamente, de la nada de Dios. Con la caída dejamos de comprendernos como criaturas de Dios. Aunque con la boca profesemos lo contrario, vivimos como si no tuviéramos padre. De ahí que podamos decir que con su repulsa Dios nos libera de Dios, al precio, sin embargo, de quedarnos sin alteridad. En lugar del otro, sus imágenes, aquellas con las que cabe negociar. El hombre sin Dios se encuentra sometido al imperativo de la manipulación. Aunque también al desiderátum de la fraternidad. Pues estamos solos y, por eso mismo, únicamente nos tenemos los unos a los otros. De lo que pueda haber más allá de la fraternidad, seguimos sin tener ni idea. A pesar de que, sin duda, podamos esperar al margen de cualquier sensatez que los muertos tienen que resucitar en nombre de una vida que nos has sido dada por la desaparición de Dios y quizá sobre todo en el de aquellos a los que se les arrancó la vida injustamente antes de tiempo, los Abel de la Historia.

personajes

agosto 23, 2018 Comentarios desactivados en personajes

En la literatura antigua, no habían personajes, sino más bien arquetipos. Los protagonistas de las historias formaban parte de un mundo en el que los dioses combatían entre sí. La cuestión de fondo es qué dios estaba de su parte. De ahí que cuanto hicieran los héroes del relato poseyera dimensiones cósmicas. En cambio, en la literatura moderna lo que hay son personajes, hombres y mujeres que viven en un mundo que no terminan de comprender, pero no porque les supere, que también, sino porque no sienten que formen parte del mismo. Los arquetipos nos impresionan porque nos permiten creer que la existencia va cargada de significado. Que somos lo que representamos. Ante los personajes en cambio sentimos curiosidad por saber cuál es su particularidad, qué secreto esconden o por cómo resolverán el lío en el que andan metidos. Si la novela es el género moderno por antonomasia es porque nos gusta fisgonear en las vidas de los otros, lo cual es un síntoma de lo solos que estamos. A menos que te dé un poco igual, una vez intuyes que de lo que se trata no es de los asuntos de la psicología. Cioran, que hacia el final de su vida (o hacia la mitad, no recuerdo) tan solo leía biografías. No tanto para saber cómo termina la historia, pues probablemente supiera como terminaba, ni tampoco para encontrar a algún compañero de viaje, sino para topar con un extraño.

K.

agosto 21, 2018 Comentarios desactivados en K.

Kafka siempre anduvo entre la Escila del desprecio del padre y la Caribdis de la impenetrabilidad de Dios. Siendo judío como era, no salió indemne. Es difícil no empatizar con su continua fustigación de sí mismo. Algo nos dirá acerca de quienes somos. Ahora bien, es posible que su prosa nos revele en mayor medida el terrible secreto de Dios, a saber, que su altura es la otra cara de su menosprecio. Y quizá esto ande más cerca del significado originario de la palabra Dios que la convicción de que Dios es algo así como el amigo invisible de la infancia. No podemos evitar la conclusión de que la relación que podamos tener con nuestro padre marca qué o quién pueda ser Dios. De ahí que en una época donde ya no hay padres, sino en cualquier caso progenitores, no haya Dios que valga. Que su lugar lo haya ocupado, para quienes aún poseen una cierta sensibilidad por el misterio, una matriz, un océano. Que nuestro horizonte no sea el de morir como culpable, acaso la fantasía más oscura de Kafka, sino el de disolvernos en el mar como figuras de sal. No sé hasta qué punto se trata de una buena noticia. Aunque tampoco es que sea preferible la solución kafkiana. No es casual que nos sintamos liberados donde descubrimos que Dios tiene los pies de barro, acaso el descubrimiento par excellence del cristianismo. Un padre no es nadie sin el hijo. Y también a la inversa. Aun cuando esto último sea lo que dejamos fácilmente a un lado, una vez alcanzamos la mayoría de edad.

Clint

agosto 20, 2018 Comentarios desactivados en Clint

Quizá el hombre no llega a ser hombre hasta que no está de vuelta. Y el hombre siempre vuelve con los signos de la derrota, por no decir como culpable. Desde los ojos de quien ha cruzado los límites de la ciudad, quien ha visto a las madres arrancar la comida de la boca de sus hijos por desesperación o arrojar a los niños aún vivos al fuego para ahorrarse unas balas, el mundo no deja de ser un espejismo y, en última instancia, una provocación. Como si la euforia de quienes disfrutan de su éxito, más que vana, fuera el signo de nuestra contumaz impiedad. Puede que la vida del espíritu comience por ahí.

pésaj

agosto 19, 2018 Comentarios desactivados en pésaj

En el fondo, lo que hay detrás de la celebración de la pascua judía es muy simple. Como reza un viejo chiste judío: quisieron matarnos y no pudieron…¡vayamos a comer! Detrás de las cosas de Dios, siempre hay una historia humana, y a menudo demasiado humana. De ahí que al perderla de vista, no sepamos qué hacer con Dios, salvo ponerlo al servicio de nuestra necesidad de Dios.

el mundo del escéptico

agosto 19, 2018 Comentarios desactivados en el mundo del escéptico

El otro día, o quizá el anterior al que tengo ahora en mente, Juan o Enrique, aunque puede que fuera Antonia, estuvieron en el centro comercial o en la plaza o acaso no salieran de sus casas y abrieran los porticones que dan a las calles de atrás, con la intención de ver a las gentes o simplemente para jugar a las cartas con un poco más de luz, aun cuando tan solo pretendieran resguardarse de la lluvia o también podría ser que fuese del sol implacable de las cuatro o las cinco de la tarde.

lo adorable

agosto 17, 2018 Comentarios desactivados en lo adorable

¿Qué es lo adorable? Espontáneamente, podríamos decir que el cuerpo de una mujer bella. ¿Qué dice el cristianismo? El cuerpo de un leproso (aunque no solo). La belleza del primero es, ciertamente, pasajera y, por eso, cabe hablar de ilusión. La repugnancia que nos provoca el segundo, no. De hecho, va a más. En este sentido, es real. Pero ¿quién quiere realidad pudiendo acariciar la aparición? Una mujer bella es una diosa. Las pústulas del leproso, los restos de Dios. Hay que haber regresado de la muerte, como quien dice, para no querer arrodillarse ante otro cuerpo que el de aquel que apenas es un despojo de hombre. Como si no hubiera otro Dios. Como si lo natural no fuera con nosotros.

 

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Jurassic Park

agosto 16, 2018 Comentarios desactivados en Jurassic Park

Quizá podríamos ilustrar el paso a los tiempos modernos viendo en qué se han convertido los dinosaurios, eso sí tomándonos alguna que otra licencia. Una lagartija no deja de ser el viejo monstruo pero en miniatura. Así, el hombre termina creyendo fácilmente que no tiene nada —o a nadie— por encima. Menos mal que la serie de los Jurassic Park de vez en cuando nos recuerda que los dinosaurios pueden regresar. Aunque sea por la torpeza del hombre.

Onán

agosto 15, 2018 Comentarios desactivados en Onán

No hay mucha diferencia entre la convicción de que hay más leña que la que arde —que no es lo mismo vivir encerrados en nuestra estrecha circunstancia que abiertos a cuanto provoca nuestro asombro— y la sentencia platónica de que una vida reflexionada, una vida que se examina a sí misma, posee más valor que una vida sin reflexionar. En ambos casos, se trata de la elevación, de un estar por encima de la inercia de los días, de la dispersión en la que caemos al dejarnos llevar por la reacción. Pero en el ideal de la modificación de sí aún permanecemos dentro de los límites de la mismidad, aunque no ciertamente como en el caso de las bestias. Tan solo el desgarro de quienes apenas son algo más que un resto de humanidad, mejor dicho, tan solo su acusación nos arroja fuera de las torres de marfil. Incluso la vida espiritual puede hundirse en el onanismo.

base biológica

agosto 14, 2018 Comentarios desactivados en base biológica

Como es sabido, Freud, hasta el final de su vida, intentó dotar al psicoanálisis de un fundamento biológico. Como si fuera consciente de la poca base científica de un discurso construido a partir de la introspección y una hermenéutica audaz del delirio. En uno de sus últimos escritos habla, por ejemplo, de la posible relación entre el lóbulo izquierdo y el impulso del ello. Ahora bien, el fracaso de Freud resulta de por sí interesante (al margen de inevitable). Pues supongamos que el hombe esté sujeto realmente al complejo de Edipo. ¿Podríamos acaso localizarlo en alguna sinapsis cerebral? ¿Lograríamos ver dicho complejo por medio de un escáner cerebral? No, ciertamente. Quizá sea posible hallar las conexiones bioquímicas por medio de las cuales el yo se extraña de sí mismo. Pero, dichas conexiones ¿serían la extrañeza de sí? No me atrevería a decirlo. Puede que el error del cientifismo en el campo de la mente sea el de suponer que no somos más que cerebros en una cubeta y en último término el de confundir las condiciones de aparición de la conciencia con su realidad.

desacralización y crisis ecológica

agosto 13, 2018 Comentarios desactivados en desacralización y crisis ecológica

Como es sabido, la desacralización del mundo comienza con Yavhé. Pues Yavhé es para Israel el único Dios que vale como tal, un Dios que, sin embargo, se encuentra fuera de los mundos como el Dios que los mundos tienen, precisamente, pendiente hasta el punto de rozar la inexistencia. De ahí que algunos, afilando el lápiz, sostengan que Yavhé es acaso la raíz más profunda de la actual crisis ecológica. Pues un mundo despoblado de dioses, un mundo en el que nada es sagrado o intocable, no hay bosque que no pueda ser talado. Sin embargo, la realidad de Yavhé no conduce de por sí a la explotación del mundo. Más bien, es su pérdida la que nos abre a la posibilidad de la transformación técnica de cuanto es. Pues lo que se desprende de la radical trascendencia de Yavhé, la cual linda con la nada, no es un mundo a nuestra entera disposición, sino un mundo en usufructo, una herencia, al fin y al cabo, un milagro. Cuando dejamos a un lado la experiencia del don nos comportamos como aquellos malcriados que creen que no le deben nada a sus padres. La caza es inevitable. Pero no es lo mismo cazar por deporte, que cazar como el viejo cazador, el cual siempre tenía presente que la presa se sacrificaba para que él y los suyos pudieran seguir con vida. De ahí la necesidad de un ritual que, frente a la tendencia humana a la apropiación indebida, preserve el carácter sagrado de la vida que se nos entrega como dádiva. Con todo, donde desaparece el temor de Dios no hay ritual que valga. En cualquier caso, prohibiciones fácilmente sorteables. Y donde la ley ocupa el lugar del tabú, tarde o temprano el hombre se enfrenta a lo irreparable.

sal Maldon

agosto 12, 2018 Comentarios desactivados en sal Maldon

Si en definitiva no hay más que una matriz, estamos solos en medio de un cosmos de piedras. La existencia sigue siendo un milagro para quienes hemos logrado sobrevivir, aun cuando no sepamos verlo. Pero para las víctimas es sin duda un infierno. No podemos decir que al final todo terminará bien y quedarnos tan anchos. Si nuestro destino es el de diluirnos en el océano como muñequitos de sal, la cosa no acaba bien. Simplemente acaba.

el error de la religiosidad

agosto 11, 2018 Comentarios desactivados en el error de la religiosidad

Esto de que el mal sea un error o una falta de bien quizá sea cierto especulativamente, aunque tampoco es que lo tenga muy claro, pero sin duda ha provocado el extravío espiritual de muchos. Al menos, en tanto que da a entender que el mal es algo así como una crosta de la que deberíamos desembarazarnos para que supure el bien que llevamos dentro. No hay que haberse leído a Nietzsche para cuando menos intuir que el mundo está hecho con los ladrillos de la impiedad. Desde las simas de la Historia cualquier visión que podamos tener habiendo coronado alguna que otra cima se revela como espejismo, por no decir impostura. La ciudad es siempre provisional, aun cuando reconozcamos lo mejor de nosotros mismos dentro de sus muros. Quizá no tengamos que dar por descontado a Dios para comprender que la bondad es lo más profundo. Quien lo da por descontado fácilmente termina obviando a Dios y haciendo de la bondad una posibilidad del hombre que tan solo exige ponerse manos a la obra. Y esto más que una ingenuidad acaso constituya nuestra principal desorientación.

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