muerte y nihilismo
octubre 14, 2018 Comentarios desactivados en muerte y nihilismo
Hay valor porque hay muerte. Ni siquiera el amor de una madre puede durar eternamente. Basta imaginarnos inmortales para darle la razón a Nietzsche. Al final, tendremos que agradecerle a la serpiente su interés por Adán. Pues es posible que la muerte, siendo una maldición, sea al mismo tiempo nuestra suerte. No es causal que los dioses, según los griegos, nos envidiasen. Como si tan solo pudiera estar vivo quien sabe que no le queda mucho tiempo por delante.
the philosopher
octubre 13, 2018 Comentarios desactivados en the philosopher
Cuanto mayor es la conciencia, mayor es la distancia con respecto a uno mismo. De ahí que a los sócrates de todos los tiempos les dé un poco igual esto de los viajes por el mundo. Ciertamente, el viaje es un aprendizaje (o debería serlo). Es importante ver otras culturas, otros modos de estar en el mundo. De lo contrario es posible que creamos ingénuamente que los límites del mundo coinciden con los de nuestra estrecha circunstancia. Sin embargo, los sócrates nunca terminan de encontrarse en donde están. Como si fueran unos desplazados. O como si su mundo fuera otro. Es cuando menos desconcertante que Platón se atreviera a decirnos que esta es la mejor vida a la que puede aspirar un hombre. Y, sin embargo, puede que sea así. Al menos desde nuestro lado.
el todo
octubre 12, 2018 Comentarios desactivados en el todo
Hay dos modos de abordar la cuestión acerca del ser. Mejor dicho, dos puntos de partida. O bien damos por sentado que lo real es lo otro que adviene a la presencia, o bien que lo real es el todo. En el primer caso, llegamos a la dialéctica (pues lo otro solo puede hacerse presente o aparecer en tanto que desaparece por el camino su carácter de absolutamente otro). En el segundo, al Deus sive natura de Spinoza o, si preferimos ir más lejos, al inmutable e infinito ser de Parménides. La primera opción es la del sujeto que se encuentra expuesto a la desmesura de lo real, en última instancia, a su trascendencia, aunque esta se le dé bajo el aspecto de una fundamental falta de aspecto, en la forma de un eterno no-ser. La segunda, la propia de aquel que se sitúa, por decirlo así, en la posición de un espectador omnisciente. Y diría que hay más abstracción —más postureo— en esta última que en las paradójicas formulaciones de la dialéctica. Pues quien se sitúa virtualmente fuera del mundo deja, literalmente, de existir. Al menos porque quien ex-siste deambula como descentrado —como aquel cuya vida da testimonio de una alteridad sepultada en un pasado absoluto. Aunque no lo sepa. Se equivocan, por tanto, quienes creen que han alcanzado las cimas de la espiritualidad al defender la tesis de una divinidad que coincide con cuanto es. Y es que no hay espíritu que no nazca del dolor, sobre todo del dolor de quienes sufren injustamente la impiedad de los hombres. El espectador omnisciente, en tanto que no puede hallarse propiamente fuera del todo, no puede evitar terminar comprendiéndose como la conciencia de Dios. Ahora bien, desde su óptica, no hay diferencia entre la sonrisa de un niño y las fosas comunes de la Historia. O no debiera haberla. Es lo que tiene ver las cosas con los ojos de un Dios avant la lettre. No es casual que Spinoza fuera condenado, al fin y al cabo, por geómetra.
juicio y lenguaje
octubre 11, 2018 Comentarios desactivados en juicio y lenguaje
Al menos en lo que respecta a los asuntos humanos, todo es mezcla. O lo que viene a ser lo mismo, no hay sentimiento o acto que sea químicamente puro. Quien ama o cree amar, pongamos por caso, no puede evitar, hasta cierto punto, amarse a sí mismo. Al igual que aquello que nos atrae sin remedio, también suele provocar nuestro asco. La belleza es tan fascinante como terrible que decía Rilke. Todo cuanto se nos muestra de un determinado modo, se nos podría mostrar de otro (por no hablar de que, con el tiempo, probablemente se nos mostrará de otro modo). Depende de cómo lo veamos o, mejor dicho, desde dónde. Así, sabemos que es justo darle a cada uno lo que se merece. Pero no sabemos, aunque creamos saberlo, qué se merece cada uno. En cualquier caso, lo que se merece cada uno se determina desde el punto de vista de una sensibilidad, la cual es siempre relativa o variable. La ambigüedad es, como sabemos, la cancha —de hecho, la ciénaga— en la que se mueve el sofista, el embaucador. No da la impresión que, cuando menos en lo que respecta al valor, podamos ir más allá de lo que nos parece que es. Fácilmente, decimos que tal o cual decisión es justa porque así nos lo parece. Aunque lo que nos parece que es justo —o bueno o bello— nos parezca a su vez que es indiscutiblemente justo —o bueno o bello—. No es casual que nuestras afirmaciones sobre cuanto nos rodea sean, en definitiva, juicios o sentencias. Como si se tratara de decidir qué tenemos enfrente. Pues cuando decimos que lo nuestro es amor, pongamos por caso, no dejamos de decantarnos por uno de los elementos del compuesto. Al hablar hacemos como el prestigitador: desviar la mirada del público, desplazarla fuera de lo que sucede al mismo tiempo. Por tanto, al decir lo nuestro es amor es como decir debe serlo (y esto es lo que defendería Platón) o también, prefiero que no sea lo que de algún modo también es (que es lo que nos diríamos como modernos). Nada nunca por entero. Todo en cierta medida o hasta cierto punto. La cuestión es qué pesa más de cuanto nos traemos entre manos, si es que acaso podemos llegar a saberlo. (Aunque si fuéramos judíos la cuestión sería qué terminará pesando más, o mejor, qué terminará siendo. Como si en el presente todo estuviera por decidir y no, precisamente, por nosotros.)
Labordeta
octubre 10, 2018 Comentarios desactivados en Labordeta
En los 70′ se puso de moda, entre los cristianos progresistas, la estrofa de Labordeta que dice aquello de habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad. Como si fuera el sibboleth de un cristianismo auténtico. La idea es que la estrofa sintetizaría cuanto podamos aceptar hoy en día de la resurrección. Creer en la resurrección sería, por tanto, algo parecido a esperar el Reino. Nadie discute la honestidad del cambio de cromos. Pues es indudable que el relato de las apariciones resulta hoy en día difícil de tragar. Si alguien nos dijera que ha visto a Jesús, más bien pensaríamos que ha sufrido una alucinación. Ahora bien, los primeros cristianos no proclamaron la resurrección del crucificado porque quisieran decirnos, por medio de un lenguaje que ya no puede ser el nuestro, que en nombre de Dios cabe esperar un nuevo mundo, sino que creyeron en lo que razonablemente no podemos creer porque Dios rescató al crucificado del sheol. La esperanza del cristianismo progresista, donde prescinde de la resurrección como un modo de hablar ya superado, no deja de ser una esperanza, en el mejor de lo casos, a la judía. Otro asunto es que actualmente no sepamos qué hacer con las apariciones del resucitado (al igual que tampoco sabemos qué hacer con un Dios personal). Al menos, de entrada. Pero lo cierto es que hacemos trampas cuando creemos que la estrofa de Labordeta dice en el fondo lo mismo que lo que proclamaron, no sin desconcierto, los testigos de la resurrección.
la acusación y el perdón
octubre 9, 2018 Comentarios desactivados en la acusación y el perdón
Tendemos a ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga que hay en el propio. De ahí que fácilmente acusemos a quien abrazamos de no ser lo que debería. Te falta iniciativa o no cuidas los detalles. Como si, tras comprar un nuevo móvil, arrugáramos la nariz antes sus imperfecciones. No mueve los juegos con soltura o no termina de conectar bien por bluetooth. Y probablemente al acusador no le falte razón. Pero andamos cojeando donde solo tenemos en cuenta nuestras razones. Con todo, siempre cabe abrazar la debilidad del otro. Como si no hubiera otro abrazo que el de los naúfragos. Puede más el perdón de una madre que el juicio de un padre. Únicamente su absolución —únicamente la gracia— es capaz de transfigurarnos, de transformarnos para la bondad.
del Padre y de los padres
octubre 8, 2018 Comentarios desactivados en del Padre y de los padres
Porque, para el monoteísmo de Israel, Dios es el padre que se encuentra en falta, los padres pudieron ocupar el lugar de Dios y, por eso, ejercer como tales. Aunque también podríamos decir lo contrario: que solo bajo el yugo de un padre avant la lettre cabe imaginar a Dios como superpadre. Solo en el primer caso, seguiríamos viendo las cosas a la manera de los antiguos. De ahí que podamos preguntarnos si la crisis moderna de la figura paterna es la raíz de la puesta en cuestión del Dios paternal del teísmo o, más bien, el efecto lateral de la muerte de Dios. Parádojicamente, el creyente no puede evitar decantarse por la segunda opción.
como si fuéramos bichos
octubre 7, 2018 Comentarios desactivados en como si fuéramos bichos
Teniendo en cuenta la diferencia de naturaleza entre un dios y el hombre, ¿cómo fue posible que el creyente llegara a concebir a Dios como padre? ¿Acaso un gusano podría creer que el niño que juega a alimentarlo le ama sinceramente? ¿Acaso no temería que, de repente, el niño dejara de jugar? Ciertamente, la experiencia de la filiación arraiga en la de la bendición. La vida no deja de ser un don o, mejor dicho, una herencia. Sin embargo, el temor a que lo que nos ha sido dado nos sea también arrancado forma parte de la vivencia del don. La metáfora de Dios como padre supone la convicción de que existimos bajo una medida de gracia. Pues la gracia no excluye la posibilidad del rechazo. Un padre no es solo aquel que nos ampara, sino también aquel que puede decirnos «no eres mi hijo». Es cierto que, hoy en día, esto nos queda un tanto lejos. Pues la modernidad no deja de ser la época de la crisis de la figura paterna. Modernamente, un padre es, sobre todo, un progenitor, por no decir un colega. Pero al igual que es cierto que donde nos quedamos solo con la bendición, Dios se va por las alcantarillas. Como si tan solo fuera el ángel de la guarda de nuestra infancia, pero a lo grande.
Heraclitus
octubre 6, 2018 Comentarios desactivados en Heraclitus
Como es sabido, según Parménides la nada no es. Ciertamente, podemos construir la expresión «no-ser», pues disponemos de la palabra «no» y de la palabra «ser». Y porque podemos construirla, fácilmente llegamos a creer que significa algo. Pero que creamos que tiene un sentido no implica que lo tenga. Una palabra o expresión resulta significativa en tanto que apunta a un posible referente. Por ejemplo, entendemos el término «unicornio», no porque haya unicornios, que no los hay, sino porque en principio podría haberlos. Un significado es un posibilidad. Pero la nada no es una posibilidad. Sencillamente, desde la óptica de la razón, la nada es inconcebible. No podemos hacernos una idea de la nada. De hecho, creemos que entendemos la palabra «nada» porque imaginamos que su referente es el vacío. Pero el vacío es en la medida que cabe referirse al vacío. En cambio, la palabra «nada» refiere… a nada. Pues si fuera posible la nada, entonces la nada debería poder mostrársenos de algún modo y, en ese caso, sería algo. Que no podamos evitar imaginar la nada como vacío no supone que la nada sea en cierto sentido. Para Parménides la expresión «no-ser» sería un constructo lingüístico sin significado real. Como si nos encontrásemos con un montón de letras agrupadas al azar. Por ejemplo, WHLJYTYV. Es verdad que cuando nos referimos a lo que no es foca, pongamos por caso, de hecho nos referimos a todo cuanto no es foca. Y de ahí que espontáneamente creamos que la expresión «no-ser» apunta a lo que no es. Pero cuando empleamos la expresión «no-ser» en un sentido absoluto, esto es, como antónimo de la palabra «ser», resulta absurdo desde un punto de vista lógico que nos preguntemos por su referente. Parménides tiene algo de razón cuando sostiene que la nada no puede ser en modo alguno. Quizá, demasiada razón. Al menos, porque no es posible que la nada aparezca o se muestre. En este sentido, la nada es, sencillamente, imposible y, por eso mismo, inconcebible.
Sin embargo, cuando decimos que la nada es imposible de algún modo, aunque sea problemático desde un punto de vista lógico, admitimos la posibilidad de lo imposible. La palabra «nada» no equivale a WHLJYTYV. De hecho comprendemos la pregunta del asombro, a saber, ¿por qué algo en vez de nada? De ningún modo, aquella que se interrogara por la posibilidad de WHLJTYV. Ciertamente, Parménides diría que creemos comprenderla. Pero ocurre aquí como en el caso de las meigas gallegas, que, a pesar de que no existen, haberlas, haylas. No parece que simplemente estemos ante una ilusión lingüística.
Heráclito, como también es sabido, se situó en la orilla opuesta a la de Parménides. Según Heráclito ser y no-ser se revelan como las dos caras de lo mismo. Algo es o aparece en tanto que no es o aparece. Sin duda, esto suena a contradicción. Sin embargo, propiamente estaríamos ante una especie de paradoja. Para Heráclito lo real acontece como la mútua implicación de contrarios. Por decirlo en breve, hay luz porque hay oscuridad. Y viceversa. Si todo fuera luz, no habría ciertamente oscuridad, pero tampoco habría luz. Y quien dice luz y oscuridad, dice bien y mal. La realidad es dialéctica (y me atrevería a decir que no hay pensamiento profundo que no termine siendo dialéctico y, en última instancia, aporético). De hecho, si habitáramos un mundo en donde todo fuera perfecto, como quien dice, no podríamos evitar la sensación de irrealidad. Y no solo porque no estuviéramos acostumbrados, sino sencillamente porque no puede ser. En este sentido, no es casual que Heráclito recurriera a la imagen del fuego como metáfora de lo real. Pues el fuego es posible en tanto que consume la madera que lo hace posible —en tanto que es en la negación de sí—. Ahora bien, decir que cuanto es o aparece arraiga en la tensión entre el ser y la nada es lo mismo que decir que todo al fin y al cabo se encuentra sujeto al tiempo. Todo pasa, nada permanece. Las cosas son en tanto que van dejando de ser. O también, nada termina de ser lo que parece. Y esto es así porque las cosas son… no porque no sean. Nada es que no se encuentre sujeto al tiempo. Todo es porque no termina de ser. Y lo que no termina de ser, estrictamente, no es. Aquí podríamos tener en cuenta que los diferentes dibujos que podamos hacer de un paisaje son, a pesar de sus diferencias, del paisaje. Si podemos ver el paisaje desde diferentes puntos de vista es porque hay paisaje. Esto es obvio. Pero quizá no lo sea tanto el hecho de que si podemos ver el paisaje es porque no podemos ver el paisaje como tal o en sí mismo. No hay una visión del paisaje al margen del punto de vista y, por consiguiente, al margen de lo que nos parece que es. Lo real, por definición, es lo que, estando ahí, se muestra o se hace presente de un determinado modo o, lo que viene a ser lo mismo, a una determinada sensibilidad. Ahora bien, esto equivale a decir que lo real se muestra relativamente y, por consiguiente, no absolutamente. Lo real aparece en tanto que, como algo absolutamente otro, no aparece —en tanto que en sí mismo desaparece en su aparecer—. O por decirlo con otras palabras, lo real es o aparece en tanto que, en sí mismo, no es o no aparece. El carácter enteramente otro de cuanto es da un paso atrás, por decirlo así, en su hacerse presente a una sensibilidad. Lo real es porque ya no es —porque fue—. Y esto es en definitiva el tiempo. La pregunta por qué pueda ser lo real con independencia de su mostrarse no se responde en los términos de algo determinado o concreto. Pues lo real es en la medida en que, en sí mismo, no es. De ahí que podamos responder a la pregunta por qué hay algo en vez de nada diciendo que hay lo que hay porque lo que hay es que nada hay. Hay mundo porque en definitiva no hay nada, porque hay la nada. O también, porque la nada es en el modo de un pasado absoluto, anterior a los tiempos. El retroceso del carácter absolutamente otro de lo real en su aparecer es la raíz del tiempo. El mundo es, por decirlo así, la revelación de la nada. No es casual que la filosofía ande, desde sus orígenes, rozando el nihilismo.
Visto lo visto, parece confirmarse la idea de que Parménides y Heráclito se encuentran en posiciones opuestas. Sin embargo, no están tan lejos como podamos creer en un primer momento. Pues, Heráclito parte de la idea de que ser es permanecer. Tampoco podría ser de otro modo. Pues no cabe pensar sin estar sometidos a las exigencias de la razón. Ahora bien, y a diferencia de Parménides, para Heráclito lo que permanece es, precisamente, que nada permanece. La razón, cuando la estiramos, conduce inevitablemente a la paradoja. De ahí que Sócrates terminase reconociendo que lo único que podemos saber es que, al fin y al cabo, no sabemos nada. Las grandes palabras siempre nos quedaron demasiado grandes.
cristiano
octubre 5, 2018 Comentarios desactivados en cristiano
Si eres joven, atractivo y con dinero sobrante es fácil que las mujeres te caigan como moscas. Por tanto, es fácil que termines creyendo que son como limones a exprimir. Mejor dicho, es inevitable. O casi. De entrada, somos cuerpo y el cuerpo no es mucho más que sus reacciones. No es casual que Platón dijera que, al menos de salida, somos prisioneros de nuestro cuerpo, esto es, de nuestras satisfacción elemental. Lo extraño es que siendo joven, atractivo y con dinero vieras que la mujer que tienes entre tus brazos es algo más que un cuerpo. Un Cristiano filósofo sería algo así como un anomalía cósmica. Pero nadie dijo que lo extraño fuera imposible. Con todo, tampoco debería soprendernos que los Cristianos de turno caigan en manos de la mujer que se le resiste. Pues la resistencia siempre fue el sello de la alteridad.
el padrenuestro
octubre 4, 2018 Comentarios desactivados en el padrenuestro
Como dice JB Metz, el padrenuestro no deja de ser un pedirle a Dios por Dios. Y, por eso mismo, se pide por por el pan de cada día. Ahora bien, la petición no es «dame el pan», sino «danos el pan». Como si no cupiera dirigirse a Dios si no es desde el locus de la fraternidad. Un Dios demasiado íntimo fácilmente términa siendo un trasunto del amigo invisible de la infancia, el último recurso de una vida sin prójimo. No casualmente decía Berdiaev que mi hambre es un problema material. Pero el hambre del otro es un asunto que trasciende lo material. Aunque lo exija.
no hay cosas
octubre 2, 2018 Comentarios desactivados en no hay cosas
No hay cosas, sino cosas con carga. Vemos lo que vemos. Pero no vemos en cualquier caso lo mismo, aunque estemos ante aparentemente lo mismo. Así, un cuerpo no ve más que lo que es capaz de ver, a saber, cuerpos más o menos aprovechables. Pero, un cuerpo de hombre o de mujer es algo más que un cuerpo, un cuerpo con la mochila del yo. Y esto siempre supone un asunto con el que lidiar. Pues nadie deja de ser un problema para sí mismo. Otra cosa es que seamos capaces de verlo cuando simplemente nos limitamos a degustar al otro. Pero nadie dijo que no pudiéramos equivocarnos en esto del vivir.
en falso
octubre 1, 2018 Comentarios desactivados en en falso
El hombre siempre se encuentra en falso ante Dios. De hecho, ni siquiera puede decir hasta qué punto tiene fe. Nunca podemos asegurar, salvo ingenuidad, de qué seremos capaces cuando llegue el momento de dar un paso al frente. De hecho el sujeto capaz de responder a la demanda de Dios no deja de ser un resto de hombre, aquel cuyo centro se encuentra fuera de sí. El hombre siempre responde a la voluntad de Dios etsi deus non daretur. Como si no hubiera Dios. Incluso cuando pisa tierra sagrada, desde Auschwitz hasta Alepo, con las alforjas llenas de creencia. Ahora bien, esto quizá resulte más liberador de lo que pudiéramos suponer inicialmente. Como si el cristianismo, al dar por descontado que incluso nuestra fe se halla en manos de Dios, hubiera zanjado de una vez por todas el asunto de la preocupación religiosa. Pues el tema no es Dios o, mejor dicho nuestra justificación ante Dios, sino aquel que sufre, precisamente, la falta de Dios. Quien vive angustiado por no saber hasta qué punto se encuentra a la altura de lo que Dios quiere aún vive demasiado centrado en sí mismo. Como si Dios no nos hubiera dicho olvídate de mí y ocúpate de aquel que cuelga de un poste en mi nombre. Pues la redención no es un asunto tuyo. Al hombre, en cualquier caso, tan solo le cabe esperar. O implorar misericordia. O también ponerse a tiro, sabiendo que el tiro de (la) gracia no lo da el hombre. Desde nuestro lado no podemos ir mucho más allá de adonde fue el joven rico.
los sueños, sueños no son
septiembre 30, 2018 Comentarios desactivados en los sueños, sueños no son
En los sueños experimentamos como cierto lo imposible. Y no me refiero tanto a aquellas imágenes que podrían pasar por el producto de la fantasía, sino a ciertas asociaciones que, en estado de vigilia, serían consideradas como el síntoma de una enfermedad mental. Por ejemplo, podemos estar hablando con nuestro amigo o hermano… mientras se nos muestran con el cuerpo de otro o, incluso, con el de un animal. La sensación es análoga a la que nos provoca el zorro parlanchín que aparece en el Antichrist de Lars von Trier cuando dice, y no casualmente, el caos reina. No es casual que los antiguos entendieran los sueños como el índice de otro mundo. Pues bien pudiera ser que lo verdadero estuviera más cerca del delirio que de cuanto cabe asimilar. Como es sabido, Descartes afianza el yo como el último bastión del orden frente a la posibilidad de que las representaciones que tenemos en mente sean, al fin y al cabo, un inmenso error. Al menos siempre nos quedara la certeza de sí, incluso donde nuestro aspecto o carácter esté bajo sospecha. Con todo, si nada más pudiera ser cierto, entonces el precio que el yo tuvo que pagar para permanecer inmune al envite del caos es el de la muerte de una genuina alteridad. Y esto quizá también sea un disparate. Tampoco es casual que antiguamente el loco fuera el único que, con sus alucinaciones, pudiera dar testimonio del exceso del más allá. Hizo falta un Sócrates para que, por medio de su escueta y paradójica ignorancia, fuéramos capaces de liberarnos de la extravagancia. Es verdad que hay más allá. Pues sería ingenuo creer que cuanto es coincide con la idea que tenemos en mente de cuanto es, en definitiva, que lo real es lo que queda a nuestro alcance y, por eso mismo, cabe dominar. Pero al igual que es verdad que del más allá seguimos —y seguiremos— sin tener ni idea.
soledades 3
septiembre 29, 2018 Comentarios desactivados en soledades 3
Decía Pascal que la indigencia espiritual del hombre se entiende por su incapacidad de permanecer a solas en una habitación. Hoy en día, esto resulta casi una evidencia. La distracción —la dispersión— se ha impuesto casi como un deber existencial, por decirlo así, hasta el punto de convertirla en sinónimo de felicidad. ¿Quién se atrevería a decir que ha pasado el fin de semana en una celda monástica? ¿Acaso no se le acusaría de haber perdido una oportunidad de pasárselo bien? No es casual que Nietzsche, a quien ciertamente no cabe atribuirle una propensión a la catequesis, dijera que el hombre se mide por la cantidad de silencio que es capaz de soportar sobre su espalda. Como si nuestra dificultad con el silencio fuera el envés de nuestra falta de valor a la hora de soportarnos. Y es que donde lo único que escuchamos es el rumor de la nada fácilmente caemos en la cuenta de que al final nos iremos con las manos vacías —que no hay éxito que no sea un exitus o, como decía Cioran, un malentendido. Aunque la pregunta quizá sea qué hacemos mientras tanto con esas manos vacías. Sean o no nuestras. Y me atrevería a decir que solo podemos hacer dos cosas: o acariciar, desde la convicción de que no hay presente que no sea una medida de gracia, o llenarlas de pan, sobre todo cuando son manos que han sido vaciadas por nuestra indiferencia.
de un Dios que ama
septiembre 28, 2018 Comentarios desactivados en de un Dios que ama
Por definición, la diferencia entre la divinidad y el hombre es análoga a la que media entre el hombre y una oruga. La posibilidad de que Dios ame al hombre hasta el punto de sacrificarse por él resulta, literalmente, increíble. Es como si un hombre decidiera inmolarse por amor a las orugas de su jardín. De ahí que el cristianismo suponga una mutación de la noción típicamente religiosa de Dios. Si aceptamos como quien no quiere la cosa que Dios se encarnó por amor a los hombres es que hace tiempo que olvidamos qué significa la palabra «Dios». A oídos de los antiguos esto de la encarnación suena como si hoy en día hubiéramos descubierto que Hamlet no fue escrito por Shakespeare, ni por Marlowe, como algunos sostienen, sino por un simio bajo los efectos de un alucinógeno. Evidentemente, tal revelación afectaría a lo que por lo común entendemos por autor. Dios no puede ser una divinidad al uso donde se identifica con un crucificado en su nombre. No es casual que algunos defiendan que el ateísmo moderno hunde sus raíces en el kerigma cristiano. Aun cuando la raíz más profunda quizá la encontremos en la idea de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Una afirmación que sin duda requiere algo más que audacia.
es un decir
septiembre 27, 2018 Comentarios desactivados en es un decir
Espontáneamente, buscamos a quien nos quiera, no tanto a quien querer. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos hasta qué punto somos dignos de ser amados. Pues es posible que donde seguimos siendo títeres de lo impersonal tan solo pueda amarnos un dios. Quizá nuestro cuerpo sea deseable —quizá alguien puede cogernos incluso cariño—, pero si no hay nada o, mejor dicho, nadie tras la máscara, qué podrá abrazar aquel que nos busca más allá de las apariencias. De ahí que, y parafraseando Agustín, no esté de más que, al menos de vez en cuando, nos preguntemos qué ama un dios cuando dice amarnos. Aunque quizá la pregunta sea si acaso lo superior puede amar a lo inferior.
contrastes
septiembre 26, 2018 Comentarios desactivados en contrastes
El contraste entre el mundo antiguo y el moderno podría sintetizarse apuntando a la oposición entre reacción y respuesta, la cual puede traducirse como diferentes modos de ser sujeto. El individuo moderno tiende a comprenderse a sí mismo desde la escisión entre lo subjetivo y lo objetivo. Parafraseando a Hegel, podríamos decir que subjetivamente es una conciencia insatisfecha, alguien que no termina de encontrarse en ningún lugar. Sin embargo, objetivamente se piensa a sí mismo como si no fuera más que una variante sofisticada del perro de Pavlov. El cogito sigue estando solo, fuera incluso del cuerpo que siempre le acompaña. De ahí que no se enfrente a una alteridad propiamente dicha, sino en cualquier caso a sus representaciones mentales de la alteridad. En realidad, la alteridad es lo que encuentra a faltar, aunque espontánamente crea lo contrario. Al fin y al cabo, los vínculos que el sujeto moderno establece con los demás no dejan de ser la expresión de sus reacciones más o menos emocionales. De hecho, no hay nadie que decida el sí o el no de su entera existencia, salvo quizá aparentemente, nadie a quien le deba una respuesta. No es casual que el problema al que se enfrentaron los idealistas románticos fuera el de la integridad, esto es, el de tener que resolver la escisión que constituye la manera moderna de estar en el mundo. Ni tampoco es casual que fracasaran. Pues el principio de la integridad no arraiga en la certeza de sí. Ciertamente, el cogito es uno, pero al precio de caer en el solipsismo. El cogito no puede integrar al otro que también es desde sí mismo. En cambio, para el sujeto de la Antigüedad, el dato inicial —el factum desde el que se configura su autocomprensión— es el de un formar parte y, en el fondo, el de un hallarse expuesto a la desmesura de una alteridad avant la lettre. Todo cuanto es o puede llegar a ser se decide desde el lado del otro. Evidentemente, no estamos hablando del mismo sujeto.
política y caridad
septiembre 25, 2018 Comentarios desactivados en política y caridad
El cristiano se siente obligado, al menos sobre el papel, a dar de comer al hambriento. De acuerdo. Pero ¿se siente igualmente obligado a liberar, en nombre de su fe, a quienes sufren la opresión de un regimen dictatorial, aunque no sufran de hambre? No lo parece. La indiferencia del cristianismo tradicional a las libertades políticas ¿acaso no sugiere que el ámbito político es el ámbito de la mistificación, salvo que se sufra de hambre? ¿Que nuestra libertad democrática es, en el fondo, una libertad de compra? Teniendo en cuenta que un cristiano es más sensible al hambre que a la falta de libertades políticas ¿es posible que el cristianismo, políticamente hablando, esté más cerca del materialismo que del liberalismo?
evolution
septiembre 23, 2018 Comentarios desactivados en evolution
Primero dejamos a un lado la posibilidad de que Dios decidiera hundir el mundo, arrepentido de habernos creado. Esto es, dejamos de pensarnos en relación con la catástrofe. La catástrofe, sencillamente, nada tenía qué ver con nosotros. Pues imaginamos, y no sin algo de razón, que nada humano sobrevive donde el cielo cae sobre nuestras cabezas. Sin embargo, una vez dejamos de temblar, se nos cerraron las puertas de la revelación. Y así nos dijimos, nada tras el velo de las apariencias, aun cuando no fuéramos conscientes, en medio de nuestra iluminación, que donde todo es apariencia no hay propiamente apariencia. Y donde nada aparece, aparece la nada. Dios, a modo de compensación, pasó a ser el trasunto del amigo invisible de la infancia. Y de ahí a su intrascendencia medió un paso. Fácilmente acabamos tirando al niño con el agua sucia de la superstición. En su lugar, creímos que nos bastaba con el memento mori. Al menos para distinguir entre lo que importa y lo que no. De este modo pasamos por profundos. Pero no caímos en la cuenta que también podíamos inferir que nada importa. No tuvieron que empujarnos mucho para que nos limitásemos a comprar cuanto estuviera a nuestro alcance. Con todo, aun contamos con alguna que otra reserva de perplejidad. Sin embargo, es posible que el destino de la humanidad sea el dopaje. Cada vez más capaces, pero también más idiotas. No hay sabiduría moderna. La lucidez perteneció a los antiguos. Pero quién se preocupa hoy en día de cuanto quedó atrás. El problema del idiota es que desprecia lo que ignora. Y la ignorancia lleva a la sumisión. Al final será cierto que no dejamos de ser unos monos más o menos listos. Y ya se sabe que el mono tiene suficiente con unas cuantas manzanas. Todo comenzó con una manzana y terminará con una manzana. Aunque con la última puedas enviar un whatsapp.
el zulo
septiembre 22, 2018 Comentarios desactivados en el zulo
Que veamos las cosas con unos ojos u otros no depende solo de nuestra voluntad, sino también, y quizá sobre todo, del trato con lo que nos rodea. Visión y praxis van de la mano. Así, podemos sentirnos fascinados por la mirada del maestro zen. Podemos intentar ver las cosas con los ojos del asombro. Y en algunas ocasiones quizá lo consigamos. Pero será difícil que llegamos a integrar esos momentos extraordinarios donde seguimos siendo básicamente unos consumidores. Pues si lo somos, incluso la posibilidad del asombro será objeto de consumo. Es como ver un documental sobre el drama de la inmigración y luego ponerse a ver un capítulo de Sálvame. Díficilmente, iremos más allá de lo sentimental. No es lo mismo tomar el té, siguiendo el ritual zen, que tomarlo formando parte del mundo en el que dicho ritual tiene un sentido. La moda oriental es eso, una moda, al fin y al cabo, una práctica compensatoria. Como darse una ducha después de un día sucio. Quien cree que es posible, siendo una pieza del engranaje del mercado, ver el mundo con la mirada del maestro zen, de algún modo le da la razón a Platón. Como si pudiéramos desembarazarnos del cuerpo. Sin embargo, Platón fue muy consciente de que el cuerpo no dejaba de ser un zulo. Acaso Sócrates consiguiera al final estar por encima de su cuerpo porque la ciudad no terminó de aceptarlo.
hay Dios
septiembre 21, 2018 Comentarios desactivados en hay Dios
Hay Dios porque no hay Otro. Literalmente. Pues encontrarse cabe Dios es lo mismo que encontrarse ante la falta del absolutamente otro. Hay Dios como hay mundo. Pero no porque Dios sea un dios artesano, un demiurgo, sino porque el mundo es posible por la desaparición de Dios. Es por esto que el mundo está poblado de espectros. Y es que de cuantos nos rodean tan solo poseemos las imágenes que de ellos nos hacemos, sus apariencias. En realidad, el carácter verdaderamente otro de aquel que tenemos en frente siempre se encuentra más allá de sí mismo. De ahí que no quepa poseerlo. Aunque quizá, por eso mismo —porque la alteridad como tal no aparece en su aparecer—, el cuerpo o, mejor dicho, el cuerpo del abandonado de Dios se nos revele como el icono de Dios. Dios como absolutamente otro solo puede hacerse presente en el cuerpo que sufre a un Dios en falta. Sencillamente, porque no hay Otro, el otro deviene Otro. O lo que es lo mismo, sagrado.
la eternidad de Dios
septiembre 20, 2018 Comentarios desactivados en la eternidad de Dios
Dios es eterno. Pero no porque sea una cosa eterna, aunque espectral, sino porque, mientras estemos en el mundo —mientras sigamos siendo capaces de decir yo—, encontraremos a faltar al enteramente otro. De Dios no tenemos más, aunque tampoco menos, que el rostro transfigurado del que fue crucificado en su nombre. La eternidad de Dios es la de aquel que no es nadie sin su reconocerse en el hombre. Pero por eso mismo la de aquel que siempre difiere del cuerpo en el que se reconoce. Un creyente se encuentra enteramente sometido a Dios. O lo que viene a ser lo mismo, su yo es el de Dios. Ahora bien, esto es así porque ha sido reconocido por Dios como su imagen o, por decirlo a la manera teológica, porque ha sido aceptado como hijo por medio del Hijo. No es casual que, cristianamente, la redención se conciba no como un mundo de almas dopadas de felicidad, sino como re-creación o, si se prefiere, como un mundo fraternal, una nueva tierra. Incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio. Otro asunto es que, imbuidos de modernidad, no cueste admitirlo. Pero probablemente esto tenga que ver nosotros, antes que con Dios.
el flautista de Hamelin
septiembre 20, 2018 Comentarios desactivados en el flautista de Hamelin
Leo por la web una frase de Anthony de Mello: la realidad no es perturbadora, no es problemática. Si no existiera la mente humana, no habría problemas. ¿Seguro? Es verdad que, por lo común, las cosas se nos presentan dependiendo de cómo las enfoquemos. Mal nos irá, pongamos por caso, si creemos que el mundo va en contra nuestra. Pero ¿acaso no hay sufrimientos que no dependen del enfoque? ¿Acaso en el corazón del hombre no germinó la semilla de la impiedad? ¿Podemos tomarnos en serio que nuestra desgracia obedece tan solo al error, al hecho de que no sabemos cómo vivir? La existencia ¿no supone de por sí un estar siempre en suspenso, fuera de lugar? Nos equivocamos donde abordamos la espiritualidad desde un punto de vista exclusivamente psicológico. Como si todo fuera cuestión de liberar la mente de los prejuicios que nos impiden dejarnos llevar por la corriente de la vida. Como si todo fuera cuestión de tener poder, aunque sea sobre uno mismo. Como si se tratara en definitiva de acabar diciendo qué bien que estoy. Pues el punto de partida de la una genuina espiritualidad, no es en primer lugar nuestra desorientación, sino el sufrimiento indecente, por injusto, de tantos. Es innegable que con las medias verdades llegaremos más lejos que con la verdad. El hombre no compra la verdad, sino su simulacro. Sin embargo, el problema de las medias verdades es que con el tiempo se les ve el plumero. La vida tarde o temprano pone encima de la mesa las cartas que no están marcadas. Y así, habiendo sido seducidos por el juego de manos del prestigitador de turno, terminamos con la misma cara de idiota que teníamos al principio, pero con menos dinero en el bolsillo. Sencillamente, miente quien nos vende soluciones a la existencia. Como mentían los vendedores de crecepelo de las películas del oeste. Las propuestas de los gurús de la autoayuda —desde Anthony de Mello hasta Borja Vilaseca—, aunque se vistan con los oropeles de la espiritualidad, no están tan lejos de las del camello de la esquina. De hecho, si se trata de vaciar la mente, las de este último, al fin y al cabo, te salen más a cuenta.
hijo de su madre
septiembre 19, 2018 Comentarios desactivados en hijo de su madre
Un hijo termina siendo su deformación. La semilla del mal va germinando en el corazón del niño poco a poco. Y diría que no es casual que la Biblia considere la envidia como el motivo del primer crimen. Una madre, sin embargo, siempre tendrá presente la inocencia, la bondad que fue. Quizá la segunda ingenuidad de la que habló Kierkegaard apunte a un ver a los demás con los ojos de su madre. Entre papá y mamá anda nuestra existencia. O lo que viene a ser lo mismo entre la responsabilidad y el perdón. Y quizá lo decisivo sea lo que se decide del lado de la madre, teniendo en cuenta nuestra incapacidad para las alturas.
filo-sofía
septiembre 18, 2018 Comentarios desactivados en filo-sofía
La filosofía es amor a la verdad, a lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede. Ahora bien, quien ama persigue lo amado. Y si la verdad hay que perseguirla o buscarla es porque la verdad no termina de coincidir con lo que nos parece verdadero. Tarde o temprano, nos damos cuenta de que nada permanece. Que con el paso de los días todo termina siendo otra cosa. Incluso lo que creímos inalterable. De ahí que quepa preguntarse qué hay de sólido —qué de consistente— en cuanto simplemente sucede o pasa. Incluso en lo que respecta a la búsqueda de la verdad. El idiota, en el sentido literal, no siente la necesidad de preguntárselo. Pues el vive de su ilusión. Fácilmente, cree que las cosas son según la medida de su fantasía o creencia. Y todos somos idiotas de entrada. Por eso la filosofía no es para el idiota. La filosofía, suele decirse, nace del asombro. Cierto. Pero también, y quizá sobre todo, de la sospecha. Cuando menos, porque cabe sospechar de que no sabremos qué está en juego —qué es lo que importa— hasta momentos antes de morir, si es que algo importa. Sin duda, podemos saber lo que importa —podemos decírnoslo— como sabemos que no viviremos siempre. Pero una cosa es saber o dar por descontado y otra caer en la cuenta. Y de lo que se trata es de esto último, de que nos tiemblen las piernas. Al menos, un poco. Por eso la filosofía, en tanto que modo de vida, es un intento de anticipar el momento de la verdad, el momento de la pérdida. Como si nos hubieran dicho que apenas nos quedan unos meses de vida. O como si se lo hubieran dicho a nuestros hijos.
el valor como espectáculo
septiembre 17, 2018 Comentarios desactivados en el valor como espectáculo
Desde fuera de la escena no vemos lo que ven sus protagonistas. Para aquella madre que ha perdido a su hijo, el balón con el que intentaba emular a Messi es sagrado. Ese balón es algo más que un balón. Para el espectador, en cambio, no es más que un balón… al que esa madre le da un cierto valor o importancia. No me atrevería a decir que el espectador está más cerca de la verdad. Pues el valor que la madre ve en el balón del hijo no es una proyección. Si este fuera el caso, ese balón podría ser sustituido por otro… sin que se perdiera el valor original. Pero no parece que esto sea así. Perder ese balón es perder al hijo o, mejor dicho, ese resto que mantiene viva su presencia. O el valor se reconoce o no hay valor que valga. Ahora bien, no reconocemos el valor de lo que vale desde cualquier situación. Un espectador es incapaz de ver valor alguno en lo que observa. En cualquier caso, constatará que hay quienes dicen que tales o cuales cosas poseen valor. El valor se nos impone. Y por lo común tras una pérdida irreparable. De ahí que, para captar, aunque sea a tientas, el valor de lo que nos traemos entre manos, no esté de más anticiparla.
Santiago, el de la carta
septiembre 16, 2018 Comentarios desactivados en Santiago, el de la carta
Al leer la carta de Santiago uno no puede evitar la impresión de estar leyendo a Amós. Y quizá por eso mismo haríamos bien en volver a ella de vez en cuando, al menos para recordarnos a nosotros mismos lo fuera de juego que estamos con respecto a los asuntos de Dios. Así, en Stg 2, 1-13 encontramos aquel fragmento en el que se nos expone un comportamiento habitual por humano (y aquí Nietzcshe probablemente diría que demasiado humano). Un rico y un pobre entran en una asamblea de cristianos. Estos babean con el primero, cediéndole el lugar de honor, mientras que toleran la presencia del segundo, sugiriéndole que se siente en los últimos bancos o en el suelo. Víctor Hernández, amigo y pastor protestante, me decía el otro día tomando un café, que el rico, tal y como sugiere el texto, probablemente llevaba el anillo de los próceres, de aquellos que ejercían un patronazgo. En la época del Imperio, nadie llegaba a ningún sitio, si no contaba con el apoyo de un patrón. De ahí que el honor que se le profesaba al prócer mostrara tanto respeto como agradecimiento. Se trataba, por tanto, de algo natural. Sin embargo, Santiago dice que los cristianos, a pesar de acoger al pobre, se apartan de Dios al rendirle pleitesía al que humanamente la merece. Para comprender el alcance del texto, imaginemos que Jon Sobrino o Grégorie de Ahongbonon visitaran una comunidad cristiana. Ciertamente, la analogía es un tanto forzada, pues probablemente tanto uno como otro, cuyo compromiso con los más desfavorecidos es indiscutible, rechazarían cualquier forma de privilegio. Pero también es probable que la reacción de la comunidad fuera de entrada la misma que la que denunció duramente Santigo. Es difícil, por no decir inevitable, que tanto Jon Sobrino como Grégoire de Ahongbonon no ocuparan el centro de la reunión. De algún modo tiene que ser así. Pues bien, si mientras la comunidad escucha las palabras del testigo, un pobre entrara contaminando el ambiente —un pobre, como suele decir precisamente Jon Sobrino, siempre huele mal—, es posible que se le dijera que ese no era el momento para que pudieran atender su demanda. O que se dirigiese a Caritas… porque ese no era el lugar. Una vez más, habríamos evitado su mirada. Y es que lo que quizá quiera transmitirnos Santiago es que lo decisivo de la existencia creyente no es mirar hacia arriba o a aquellos que supuran santidad, aunque tarde o temprano tengamos que hacerlo, sino ser alcanzado por la mirada de aquel que apenas es mucho más que su invocación. Los cristianos a los que se refiere Santiago están en falso no porque agradezcan al prócer su visita, sino porque, al colocar al pobre en la zona invisible de la asamblea, evitan ser traspasados por su desgracia. Sencillamente, si Dios es el Señor, entonces el pobre es el Señor, aquel en cuyas manos estamos. Pero ¿quién será capaz de soportarlo? De ahí que Jesús se preguntara si acaso, cuando el hijo del hombre regresara en los días finales, encontraría aún a alguien con fe sobre la tierra (Lc 18, 8).
in corpore
septiembre 15, 2018 Comentarios desactivados en in corpore
El otro día, una mujer joven me dijo que no quería tener hijos. De acuerdo. La maternidad ha dejado de ser un destino. Al menos sobre el papel. Como si se tratara de una opción entre otras. Y supongo que esto va con lo que entendemos hoy en día por libertad. Sin embargo, con los años uno ha aprendido a desconfiar de cuanto podamos decir o proclamar a los cuatro vientos. Sobre todo, en lo que atañe a nosotros mismos. Por lo común, nos llenamos la boca de buenas intenciones, creyendo sin embargo que no son intenciones, sino realidades. De ahí que suelan enmascarar cuanto de hecho sucede por dentro. Y no porque seamos unos hipócritas, aun cuando esto no sea descartable, sino porque nuestra sinceridad pasa de puntillas sobre las divisiones que atraviesan la existencia, sobre su densidad. Así, y a pesar del culto al cuerpo de hoy en día —o quizá por eso mismo—, espontáneamente creemos que nuestro cuerpo es como un gabán. Es decir, no solemos tomarnos muy en serio su fuerza, su poder. Damos por sentado que, salvo enfermedad terminal, podemos hacer lo que queramos con él. Como si estuviera a nuestro servicio. Con todo, me atrevería a decir que más que un gabán, el cuerpo es una prisión (por cargar un poco las tintas). O, si se prefiere, como un tigre. El cuerpo va su rollo. Es lo que tiene esto de la naturaleza. Con el cuerpo, hay que saber negociar. De ahí que es posible que la joven con la que hablé, como tantos, peque de ingenua cuando supone que con los años el cuerpo no le pondrá sobre la mesa un pliego de demandas, que no le exigirá saldar la deuda pendiente. Sin duda, podrá no atendenderla, intentando ser fiel a su inicial renuncia a la maternidad. Pero la pregunta es a qué precio. Como sabemos, no es habitual leer la letra pequeña. No hay que ser platónico para intuir que cuerpo y alma no suelen ir de la mano. Al menos de entrada. Ni tampoco muy lúcido para caer en la cuenta de que solemos quedarnos muy por debajo de nuestras mejores aspiraciones, de que no siempre nos salimos con la nuestra, si es que salimos alguna vez. Vivir cuesta. O mejor dicho, lo que cuesta es saber vivir. Acaso porque no nos entretenemos con la letra pequeña. Y con la gruesa, ciertamente, no vamos muy lejos. Al menos, no mucho más que lo que alcanza la inercia del instinto. O de las modas culturales, lo que probablemente sea peor.
formas
septiembre 13, 2018 Comentarios desactivados en formas
Al final, tan solo quedan las formas. Dar por sentado que las emociones podrán mantenernos en la verdad de cuanto vivimos es, sencillamente, una ingenuidad o, como suele también decirse, un pecado de juventud. Esto es así, siempre y cuando algo —o alguien— haya tenido lugar realmente en algún momento de nuestra vida. Pues donde todo sucede o pasa, nada acontece. La verdad posee el sello de la aparición, de lo que irrumpe partiendo en dos la inercia de los días. Las formas —el atarse al mástil— son el principio de la fidelidad o, lo que viene a ser lo mismo, de la única libertad de la que somos capaces. Con todo, donde olvidamos a qué —o a quién— obedece nuestra fidelidad, las formas, ciertamente, terminan siendo una prisión. No es causal que el denostado legalismo judío sea ininteligible una vez dejamos de tener presente que la ley siempre estuvo al servicio del memorial. Pues tarde o temprano deberíamos entender que vivir es un haber vivido. Que no hay vida donde no intentamos preservar lo que se nos fue dado en medio de un cosmos para el que no somos más que una hebra de paja.
Tere
septiembre 12, 2018 Comentarios desactivados en Tere
Tere Iribarren, religiosa de las que ya no quedan, una vez me dijo que su comunidad, después de ver un documental sobre el drama de la inmigración, fue incapaz de rezar las oraciones vespertinas. Tan solo pudieron guardar silencio. Quien tiene presente la tragedia humana —y un cristiano no puede dejar de tenerla presente— apenas puede hacer otra cosa que pedirle a Dios por Dios. Y esto está muy cerca de guardar (su) silencio. Es verdad que castizamente suele decirse aquello de a Dios rogando y con el mazo dando. Y teniendo en cuenta la verdad que arrastra el dicho, podríamos creer que permanecer en silencio es, en el fondo, un acto de cobardía. Ahora bien, nadie dijo que un cristiano deba permanecer en silencio. Quien guarda el silencio de Dios en su corazón no puede callar ni seguir sentado. En nombre de un Dios incapaz de hablar por sí mismo, debe coger el mazo. Y el mazo cristiano no es otro que el tener que responder a la llamada que se desprende del perdón que nos ofrece la víctima sepultada por el silencio de Dios. El punto de partida es, como suele decir Jon Sobrino, un no hay derecho a que tantos hombres y mujeres vivan como perros. El silencio de Dios es el envés de la indignación. Donde no hay indignación, el silencio de Dios deviene la excusa espiritual de nuestra indiferencia. Dios responde a la demanda del hombre con la voz imperativa de los excluidos. O por decirlo en cristiano, la respuesta de Dios a la invocación del hombre es la invocación que se desprende del perdón de un crucificado por nosotros, en el doble sentido de la preposición. Olvidar esto último supone hacer de Dios un deus ex machina. Dios no es un dios tapagujeros, sino aquel que no acaba de tener lugar como el Dios que es todo en todos (1Co 15, 28) mientras los hombres demos la espalda a aquellos con los que Dios se identifica. No hay cristianamente un pedirle a Dios por Dios que no nos convierta en rehenes del hermano. Si Dios es tu Señor, el pobre es tu Señor, algo sin duda inaceptable, por no decir intolerable, para quienes aún creemos tener un futuro por delante.
una sentencia judía
septiembre 11, 2018 Comentarios desactivados en una sentencia judía
Dijeron los sabios judíos: ¿quién es necio? Aquel que pierde lo que se le ha dado. De acuerdo. Y podríamos añadir, no tan solo el que lo pierde, sino el que ni siquiera llega a ser consciente de que todo lo hemos recibido. Aunque sea desde la contracción de Dios.
novicios
septiembre 10, 2018 Comentarios desactivados en novicios
Le cuento a un buen amigo que un antiguo alumno acaba de hacer los primeros votos a la Compañía de Jesús. Mi amigo, ateo por defecto, sostiene que no sabe lo que hace. ¿Cómo un cuerpo joven podrá soportar no estar con ninguna mujer? ¿Acaso no podría dedicar su vida a los demás (y en concreto a los más pobres), como hacen tantos (aunque tampoco tantos) sin quemar las naves? ¿Es que los primeros apostóles no iban por ahí acompañados de sus groupies? O es un valiente o un insensato. Él cree, obviamente, que se trata de lo segundo. A mí no me parece que sea tan obvio, aun cuando puedan haber motivos cuando menos borrosos en su decisión. Nada termina de ser puro en los comienzos. Ni siquiera cuando estos tienen que ver con la mujer, por muy naturales que sean. La única cuestión que cabe plantearle ahora es en nombre de quién se compromete de por vida —en quién arraiga su confianza, su fe. A partir de ahora, le espera una larga marcha. Como ocurre con cualquier compromiso. La verdad de una vocación se revela, de revelarse, en la postrimerías, en aquellos momentos en los que ya no podemos tomarnos en serio nuestras primeras ilusiones. De ahí que la pregunta más pertinente sea la que podremos hacerle de aquí a unos años: por qué sigues siendo fiel a tu promesa. Cuanto pueda decirnos antes de tiempo tiene mucho de flatus vocis, salvo en lo que contiene de porvenir. Al fin y al cabo, la diferencia entre darlo todo o casi todo es infinita, como suele decir Manolo Fortuny. Y en los comienzos no es fácil tomarle el pulso al infinito. En cualquier caso, donde el creyente se decanta por lo primero, no es porque posea el sentido de su entrega, sino porque su fe es la respuesta a la fe de Dios en el hombre. De hecho, el sentido de cuanto hacemos o dejamos de hacer no está en nuestras manos. Evidentemente, esto es ininteligible mientras sigamos en el mundo como el consumidor en un supermercado. Uno no se hace jesuita solo porque le gusten las cosas de Dios. O al menos no debería ser así.
la indecisión
septiembre 8, 2018 Comentarios desactivados en la indecisión
La ambigüedad se encuentra incrustada en cuanto nos traemos entre manos. De ahí que lo no dicho en el decir constituya la perenne amenaza de lo fijado por el lenguaje. Y es que lo negado por el decir de alguna forma sigue ahí. El beso, al rozar el rostro, respeta la distancia de la alteridad. Pero también busca devorarla. Te comeré a besos, decimos espontáneamente. El beso es tanto la expresión del cariño como el síntoma de nuestra incapacidad para soportar la presencia del otro. Aunque, públicamente, intentemos deshacer la ambigüedad por medio de una correcta definición. Así creemos que se trata de una cosa y no de otra, cuando lo cierto es que ambas son las dos caras de una misma moneda. Afirmar es afirmar. Pero nada queda afirmado en nuestro afirmar. Afirmar es en cualquier caso a-firmar.
lectio
septiembre 7, 2018 Comentarios desactivados en lectio
Quizá el gran a priori del cristianismo —el que lo desmarca de una religión al uso—sea que Dios puede morir. El Dios cristiano no tiene nada de ex machina. De hecho, Dios se arriesga como tal en su caída libre hacia el hombre. Es lo que tiene un Dios que no es nadie sin el fiat incondicional del hombre. Es por este fiat que Dios llega a ser el que es. Ahora bien, por eso mismo el hombre solo puede pronunciarlo en ausencia de Dios, allí donde Dios, precisamente, no es aún nadie. Sin embargo, una vez pronunciado, Dios es inseparable del rostro que lo pronunció.
Romero
septiembre 6, 2018 Comentarios desactivados en Romero
Óscar Romero hizo posible que los pobres de El Salvador pudieran creer que Dios estaba de su parte. Al igual los esclavos de Israel pudieron creer en su momento que contaban con el apoyo un Dios, tras cruzar el mar de las cañas liderados por Moisés. Hay que ponerse en la situación de los que no cuentan para intuir, cuando menos, lo que supone que haya alguien que, en nombre de Dios, quiera que vivas y vivas con dignidad. Para llorar de alegría. Por ti y por tus hijos. Pues en el pozo de la miseria, incluso puedes llegar a convencerte de que no tienes derecho a seguir existiendo. De que los poderosos tienen razón. Que no eres mucho más que una sucia rata. Como sabemos, Óscar Romero, el monseñor que, al ver la pobreza de tantos, decidió dejar el palacio episcopal, murió tiroteado mientras celebraba la eucaristía. Él era muy consciente de que, habiendo sido amenazado por los militares, podía ser asesinado en cualquier momento. Y, con todo, quiso quedarse junto a aquellos cuyo clamor escuchaba como el clamor mismo de Dios. Podríamos reescribir Flp 2 teniendo en cuenta la pasión de Romero. De hecho, no hay mejor descifrador para el lenguaje del credo cristiano que la vida de los santos. Para un cristiano, la disyuntiva está clara: o Romero o Nietzsche. Desde este punto de vista, el océano no es una opción. De hecho, como viera el mismo Nietzsche, el océano oriental está más cerca del nihilismo que de la paz.
acuario
septiembre 6, 2018 Comentarios desactivados en acuario
El pez es el último en descubrir el agua.
Proverbio chino
patología creyente
septiembre 5, 2018 Comentarios desactivados en patología creyente
Donde Dios no se da por descontado, fácilmente la fe en un Dios personal roza el delirio de quien aún permanece atado al amigo invisible de la infancia. La oración sería al fin y al cabo el recurso de una psicología aún inmadura. Sin embargo, de ahí no se desprende que Dios, de haberlo, no posea el carácter de lo personal. Podría ser que Dios fuera esa radical alteridad que tuvo pendiente su quien —su modo de ser— hasta su incorporación en el Gólgota. De algún modo, la situación en la Antigüedad no fue tan diferente, al menos porque solo algunos privilegiados, sea por su demencia o por su familiaridad con el peyote, eran capaces de cruzar la frontera que nos separa de lo numinoso. La diferencia pasa porque, como modernos, ya no creemos que sus visiones tengan que ver con la realidad. Sin embargo, es posible que tan solo nos hubiéramos vuelto culturalmente incapaces de Dios.
abstract
septiembre 4, 2018 Comentarios desactivados en abstract
Existir significa vivir como arrancados. Algo encontramos a faltar. O alguien. Aunque la mayoría vivamos como si nada o nadie nos faltase. Sobre todo cuando podemos comprarlo. Quizá la autosuficiencia estoica sea, a pesar de las virtudes del ascetismo, un extravío existencial. Pues si algo o alguien nos falta, entonces la elevación del sabio sobre sí mismo no deja de ser una encerrona. No es casual que la indiferencia del estoico termine asemejándose a la frialdad de un cadáver, por muy admirable que sea. Nunca fue una buena idea acercarse a la impiedad de los dioses. Ahí salimos perdiendo.
un cristianismo sentimental
septiembre 3, 2018 Comentarios desactivados en un cristianismo sentimental
La crítica moderna al imaginario religioso tuvo que pagar un alto precio al liberarnos de los temores de la superstición. Y es que sin imágenes que poderse tomar en serio, a pesar de su carácter increíble, difícilmente cabe incoporar —e incorporar significa hacer cuerpo— el hecho de encontrarnos expuestos a la desmesura de una alteridad por ver. Una fe sin imágenes es una fe que, al menos en el día a día, fácilmente permanece anclada en el territorio de lo mental. De ahí que no sea anecdótico que, ante el hundimiento de los símbolos cristianos, la pastoral cristiana recurra como quien no quiere la cosa al sentimentalismo más infantil con el propósito de animar el cuerpo. Tan solo hace falta darse un garbeo por la mayoría de las escuelas cristianas para ver que los crucifijos —o el rostro de hombres como Óscar Romero— han sido sustuidos por carteles que parecen sacados de las películas de Disney. Da la impresión que, con esta línea pastoral, el catolicismo siga empecinado en fomentar la minoría de edad.
Pues no es lo mismo que chicos y chicas de 15-18 años años estén todo el día viendo esto
que, al menos alguna que otra vez, esto

