ignorantia fortasse didicit

septiembre 6, 2022 § Deja un comentario

No hay saber acerca de Dios. Y no porque se trate de una cosa misteriosa. Pues una cosa misteriosa es algo que aún no sabemos qué es. Por eso mismo, de descubrirla, todavía no habríamos descubierto a Dios. Y es que no podemos descubrir lo que, de por sí, permanece como lo que no admite representación.

Hablamos de una alteridad estricta, del absolutamente otro, de lo siempre extraño o extranjero. Y por ende, de nuestro estar expuestos a esta desproporción. Hablamos, en definitiva, de que el existir va con un estar enfrentados a una falta fundamental. Isaías habló del invisible (y aquí la invisibilidad no es circunstancial). Ver a Dios cara a cara —encarar a Dios—no significa, por consiguiente, ver al monstruo, tan fascinante como terrible, sino al Dios que aún no es nadie, un Dios que se reveló como eterna promesa de sí mismo. No hay quien sobreviva a la visión de Dios. Traducción: nadie vive por encima de esta visión.

De ahí que Dios sea irrepresentable. Pues para representar o hacerse una idea de lo que sea hay que estar de algún modo por encima. Representar es poseer o, cuando menos, estar en condiciones de poseer. Y no hay manera de poseer aquel que aún es nadie, aquel cuya entidad sigue pendiente o, por decirlo en cristiano, estuvo pendiente hasta el Gólgota. No es casual que Moisés, el primer profeta de Israel, descienda del Sinaí, no con una descripción de Dios, sino con las tablas de la Ley. Y es que la Ley —el tener que responder a la demanda de los que sobran— se desprende, precisamente, de un Dios que no es aún nadie y que, por eso mismo, encuentra su envés en los nadie de este mundo; en definitiva, de un Dios que, desde el principio, no quiso hacerse presente sin el fiat de Adán. Si Dios es luz, Adán es la oscuridad de Dios. Y no hay luz sin oscuridad. Sencillamente, si todo fuese luz, no habría luz. Dios se hizo presente en el Gólgota —y se hizo presente como el cuerpo del abandonado de Dios que se abandona a Dios—. Así, porque la oscuridad se entregó a la luz donde no cabía ninguna luz —porque el crucificado cargó con el peso de la oscuridad—, hubo luz en medio del infierno. Y quien dice luz, dice esperanza. Aunque se trate de una esperanza sin expectativa.

Al fin y al cabo, que no haya un conocimiento de Dios, ni siquiera incierto, significa que, desde nuestro lado, no podemos decir sin faltar a la verdad que haya un Dios como puedan haber extraterrestres o espíritus del bosque. El sentimiento de estar en manos de no asegura que estemos en manos del dios que imaginamos. Y de ser así —de estar en manos de un ente superior—, entonces todavía no estaríamos en manos de Dios. Al menos, porque estar en sus manos equivale, cristianamente, a estar en manos de su cuerpo, lo cual no es posible donde no nos dejamos abrazar por él. Para saber en qué consiste la fe basta con tener en cuenta cómo murió aquel que fue reconocido como Hijo.

fe y asombro

septiembre 5, 2022 § Deja un comentario

El asombro, de por sí, no conduce a la fe en Dios. Quizá la complejidad del mundo natural provoque nuestra admiración —y de ahí que haya quienes se pregunten por el diseñador—. Pero un dios-diseñador aún no sería Dios, sino en cualquier caso, la clave de bóveda del cosmos —y una clave de bóveda, en tanto que forma parte del edificio, queda del lado del más acá—. La rosa es sin porqué, como decía el Silesius. En este sentido, el horizonte del asombro es la nada. De ahí que el asombro no termine de coincidir con la admiración. ¿Por qué hay algo en vez de nada? Esta es la pregunta. Y es obvio que aquí, al interrogarnos por el porqué, no apuntamos a un primer ente. De poner a Dios de por medio, no podría tratarse de una ente superior, sino de un nadie o, mejor dicho, del eternamente aún nadie. De ahí que la disyuntiva decisiva, me atrevería a decir, se establezca entre la nada y el nadie.

la fe más pura

septiembre 4, 2022 § Deja un comentario

Los antiguos griegos —y no solo griegos— entendieron la distinción entre nosotros y los dioses, no bajo la clave del poder —o no tanto—, sino bajo la del par mortal/inmortal. Y es que la convicción de estar en manos de es experimentada a flor de piel donde no tenemos otra vida que la que nos ha tocado en suerte. De ahí que para el Israel de los comienzos, la bendición de Dios se materializase en una existencia larga y fecunda. Dar por sentado que hay una vida postmortem, al menos para los elegidos, hubiera sido un síntoma de impiedad.

Los pitagóricos dieron un paso importante en esta dirección al creer en la inmortalidad del alma. O lo que es equivalente, al postular que hay algo de divino en nosotros. Israel en cambio se resistió a creer en un alma inmortal que nos emparentase con la divinidad. La fe en la resurrección de los muertos, una fe que comienza tras el martirio de los Macabeos y que no fue compartida por todos en Israel, no tienen nada que ver con la inmortalidad del alma, sino con una nueva creación, algo así como un volver a empezar de dimensiones cósmicas. Ciertamente, se trata de un imposible por inconcebible. Pero es algo que debe suceder, aunque no podamos ni siquiera imaginarlo, en nombre de un Dios cuyo envés son los nadie de este mundo.

Aquí el par mortal/inmortal es subsidiario del par justo/injusto. Y es que la cuestión par excellence ya no es si acaso la muerte es un final, sino qué vida pueden esperar aquellos justos que murieron injustamente. De tal manera que o hay resurrección de los muertos o no hay Dios, sino en cualquier caso extraterrestres con los que hay que aprender a lidiar. Y esto se halla muy cerca, sin duda, de decir que no hay Dios. Por eso mismo, quien no haya caído en la cuenta de que la fe es esperar lo imposible en nombre de esos gestos de bondad que tuvieron lugar increíblemente en medio del horror quizá suponga que hay un dios que nos espera con los brazos abiertos tras la muerte, pero me atrevería a decir que aún no tiene fe.

modas

septiembre 3, 2022 § Deja un comentario

La filosofía fue, antes que una disciplina teórica, un modo de estar en el mundo. De hecho, la equivocidad de la palabra disciplina, en tanto que originariamente fue un asunto vital, sugiere que una visión de largo alcance va con un atar en corto a la bestia que llevamos dentro. Como leemos en los párrafos finales de la Apología, una vida examinada —una vida que se interroga a sí misma— posee más valor que una vida sin examinar. Y quien dice valor, dice fortaleza de ánimo. Esta distinción presupone, como es obvio, una sensibilidad aristocrática, aunque focalizada en los asuntos del espíritu: no todos nos hallamos en el mismo plano. Se trata, en definitiva, de elevarse por encima de uno mismo. Que no te afecte lo que no importa. De ahí que los estoicos, pongamos por caso, quisieran distinguirse de los demás vistiendo sencillamente, de otro modo,… como los sacerdotes de hasta hace relativamente poco. Basta un par de túnicas. Estamos en las antípodas de quienes intentan destacar por el aspecto llamativo de sus tatuajes. En la mayoría de los casos, el tatoo ocupa el lugar del carácter. Y esta es nuestra tentación más infantil: el postureo, la simulación, el querer llegar ahorrándonos la cuesta.

La cosa, sin embargo, cambió con el cristianismo. El santo ocupó el lugar del sabio. Ante Dios, no hay quien se situe por encima. Pues desde sí mismo y por sí mismo, nadie puede asegurar que será capaz de dar un paso al frente. De hecho, ya se nos dijo que las rameras y los publicanos están en mejor situación para darlo que aquellos que creen encontrarse del lado de Dios. Con todo, el efecto colateral del un haber dejado atrás la sensibilidad aristocrática en lo relativo a los asuntos del carácter es que la opción sacerdotal pasa a entenderse fácilmente como una preferencia entre otras: me van las cosas de Dios o a mí el sacerdocio me hace feliz. Como si, al fin y al cabo, no hubiera diferencia entre quemar las naves y no quemarlas. Pero, como sucede con las meigas, haberlas, haylas. En realidad, Dios siempre nos coge, de cogernos, a contrapié. Ningún profeta hubiera dicho de sí mismo que le iban las cosas de Dios. Aunque tampoco hay que imaginarse al profeta aprentando los dientes. Como si padeciera restreñimiento.

el duro y la diosa

septiembre 2, 2022 § Deja un comentario

Hay quienes viven de sobra. Y hay quienes viven de las sobras. Los primeros viven como dioses y, por eso, parecen dioses, sin apenas otra preocupación que la de elegir la distracción del día. Y se presentan como dioses sobre todo a aquellos que carecen del pan de cada día. Sin embargo, de entre los insuficientes, hay quienes han visto demasiado y, por eso mismo, están de vuelta. ¿Acaso su mirada no es más profunda? ¿Es que Diógenes no estuvo por encima de Alejandro? Fueron los griegos, antes incluso que los cristianos, quienes cayeron en la cuenta de que el destino de los dioses es la irrelevancia. Por no decir, la estupidez. Quizá lo peor, sin embargo, sea quedarse en medio, en la frontera del paraíso, pero lejos del fango.

poli-mono

septiembre 1, 2022 § Deja un comentario

La cuestión del politeísmo es, en el fondo, una cuestión política: qué dios detenta el mayor poder. Ciertamente, la cuestión es análoga a la del arjé. Y no es casual que la raíz del término arjé pertenezca, precisamente, al campo de lo político. En definitiva, la pregunta es por el principio —la fuerza, el poder— que gobierna cuanto es. La diferencia entre Zeus y el agua reside en que el poder del agua no es arbitrario: nada puede darse fuera de los límites que impone la naturaleza del agua. Desde esta óptica, el poder determina, por tanto, un campo de las posibilidades —un cosmos—.

¿Cambia la cosa con la irrupción del monoteísmo? De entrada, no lo parece. Al menos, porque Yavhé es el dios que, frente al resto de los dioses, garantiza la victoria de Israel. Sin embargo, con el tiempo y, sobre todo, tras la experiencia del exilio, Yavhé pasa a concebirse como el único Dios o, si se prefiere, como Dios en verdad. ¡El resto de los dioses ya no son divinos! O por decirlo de otro modo, la experiencia espontánea de lo divino es dejada atrás. Y no porque se vuelva más sofisticada o mística, sino porque, según Israel, aquellos que pueden experimentar la genuina trascendencia de Dios son, de hecho, los que lo encuentran a faltar —los que sufren el abandono de Dios y viven de su promesa—. No hay, por tanto, un dios para el crecimiento de la hierba y otro para los huracanes o el amor. El poder de Dios en verdad es un poder que apunta al todo. Pues el todo no lo es aún todo en relación con un Dios que se revela como su eterno por-venir. De ahí —de nuestra común orfandad— que el cualquiera se haga presente como hermano. Y, de momento, esto es lo más.

cara a cara

agosto 31, 2022 § Deja un comentario

El enigma —la Esfinge, la Medusa— es lo que no podemos mirar de frente. Y de frente significa: tal cual es, sin juicio. El enigma es lo ambiguo par excellence: tan deseable como repugnante; tan fascinante como terrible. El enigma es una sirena. Es lo paralizante. De ahí que únicamente el lenguaje, en su simulación, nos libere del hechizo. El decir lo que es resuelve, aunque en falso, la equivocidad. Y decimos en falso, porque nada es hasta el final lo que decimos que es. De hecho, si todo fuese amor no habría amor. Decir es juzgar —y juzgar, separar. Word is sword, que decía Shakespeare. Y aquí la espada es la de Perseo. No es anecdótico que Adán, una vez fue capaz de distinguir el bien del mal, se alejara de lo divino. Por no decir que lo sepultó, al transformarlo en una abstracción —en un nombre cuyo referente es un eterno porvernir—.

(Con todo, Elohim no podía ignorar que la transgresión va con la prohibición de comer del árbol del conocimiento. Pues aquí aceptar la interdicción implica un poder distinguir entre el bien y el mal. En este sentido, el castigo fue el don —la herencia, el testamento— de Elohim. Como si Dios mismo nos hubiera liberado de Dios. Y en esto consiste la creación del hombre. Tampoco es casual que el hombre fuese, precisamente, la respuesta al enigma de la Esfinge.)

el estatuto epistemológico de la creencia en Dios

agosto 30, 2022 § Deja un comentario

Si creo en fantasmas fácimente me convertiré en buscador de fantasmas. Como los protagonistas de Expediente Warren. Y más si creo que los fantasmas poseen el secreto del más allá. Es decir, querré topar con ellos. No parece, sin embargo, que quienes creen en Dios —quienes dan por descontada su existencia— pretendan cruzarse con Dios. ¿Quizá porque se trata de una proyección —porque ya les va bien que Dios siga en su sitio—? ¿Acaso no lo confirma el que este Dios siempre les diga ? Un Dios ¿no debería, más bien, desplazarnos? El niño que charla con su amigo invisible ¿no se sorprendería de que efectivamente existiera —de que se le presentase repentinamente como alguien en concreto—? Y si estas preguntas no riegan fuera de tiesto, ¿acaso no deberíamos concluir que el presupuesto inconsciente de la creencia en un Dios que existe es, precisamente, que este Dios no tiene que existir… para que pueda seguir funcionando como Dios al uso o a medida?

Otro asunto es que en realidad no quepa tropezar con Dios como quien tropieza con un fantasma. Pero, en ese caso, la pregunta es por qué. Y diría que la única respuesta cristianamente relevante es la que dio Bonhoeffer en su momento: quien se halla ante Dios, se halla sin Dios. De hecho, bíblicamente, la invocación a Dios encuentra su prueba del nueve donde humanamente no parece que haya Dios. Y puede que no sea secundario que, en cristiano, quien topa con Dios no tope con el Dios que se imagina, sino con un crucificado en su nombre, esto es, con el quién o modo de ser de Dios. Así, topar con Dios es topar con su cuerpo. Nada que ver, por tanto, con los expedientes warren o la oceanografía. Es lo que se desprende de la convicción de que no hay otro Dios que el encarnado. Ciertamente, en muchas canchas cristianas se sigue creyendo en Dios como si no hubiera habido encarnación. Pero este es otro asunto.

el alma, antes que luz, es pozo

agosto 29, 2022 § Deja un comentario

¿Angustia? Sí,pero no por hallarme ante la posibilidad de la nada o el hecho de no ser más que polvo, sino por todo lo contrario: por ser alguien. Mejor dicho, por creerlo. Puede que esto tenga que ver con el asco que Agustín sentía por una vida centrada en la distracción. Hablo de una angustia que conecta con el deseo de ser hermano de Focauld, pero también con la convicción de que, de estar, difícilmente podría permanecer ahí. ¿Incapacidad o, más bien, que aún no nos hemos purificado lo suficiente (aunque esta siempre será una excusa ad hoc)? ¿Se trata de negarse a uno mismo hasta que no haya más que el puro presente y un aguardar el final de los tiempos en medio del ruido y la furia? ¿Y mientras tanto, servicio? ¿Es esto lo más? Quizá.

Sin embargo, en cualquier caso, esta mística no parece que coincida con el heme aquí, qué quieres que haga de la experiencia bíblica o, en definitiva, con el seguimiento. Esto es, no da la impresión que esta fuga mundi parta de un haber sido redimido por tu víctima. Y es que acaso no sea lo mismo hallarse en manos de la nada que del nadie. Con todo, sigue siendo cierto que ningún enjuiciar nos pertenece.

ilusiones ópticas

agosto 28, 2022 § Deja un comentario

Quien sufre una ilusión óptica no duda de lo que ve. Quien cree en la influencia de los astros suele permanecer fijado a su creencia. Como el que está convencido de que tras la pandemia hubo una conspiración mundial. Los antiguos no dudaron de que había un infierno por debajo de la superficie de la tierra. Les bastó con asomarse a un volcán. Quien siente que Jesús le ama con locura no sale de ahí. Pues necesita decírselo. ¿El resultado? Una inmensa cacofonía. Hay, sin embargo, quienes se preguntan si las cosas son tal y como las perciben o sienten. Son los descentrados por la sospecha de sí. Ahora bien, la búsqueda de la verdad no es posible sin someterse al dictado de las palabras. Y estás, una vez se distancian de la sensibilidad, fácilmente terminan diciendo cualquier cosa. La filosofía nunca podrá desprenderse del todo de los trucos de la retórica, a menos que prevalezca la interrogación. Y aun así, no podemos evitar preguntarnos si las preguntas sin respuesta no tendrán un as bajo la manga.

más Buber

agosto 27, 2022 § Deja un comentario

Decía Buber que la enfermedad espiritual de nuestro tiempo consiste en que aquellos que aún se dirigen a Dios no pueden evitar, al mismo tiempo, preguntarse por el sentido de su invocación. Efectos laterales de un tiempo que no da a Dios por descontado. Es cierto que, al fin y al cabo, tan solo ora nuestro cuerpo —y eso ante Dios, sin Dios (pues ¿qué puede, si no, hacernos caer de rodillas?). Pero al igual que, en el mientras tanto, esto es, mientras los cielos sigan ahí arriba, el único modo de incorporar nuestro hallarnos expuestos a la invisibilidad de Dios es a través de una imagen de Dios. Como la que se hace el niño del ángel de la guarda o de un amigo invisible. Ahora bien, con una imagen a medida de nuestra satisfacción religiosa la desmesura de Dios queda reducida, por no decir suprimida. Se confirma aquello de que lo que hace posible al mismo tiempo limita. De ahí que nuestra enfermedad espiritual sea, propiamente, el quicio de la fe. Sobre todo, si la dificultad de dirigirse a Dios no es el resultado de nuestra incapacidad cultural para el teísmo, sino de un encontrarnos bajo un cielo impenetrable. Y es que, cristianamente, todo comienza con la cruz.

AC/DC y la religión

agosto 26, 2022 § Deja un comentario

Un live de AC/DC es un acto religioso o, cuando menos, pseudo-religioso. No puedes evitar la sensación de formar parte de un culto… ¿a Baal? Los sentimientos que incita el rock de AC/DC —un rock duro y potente, de los mejores, sin duda— son los de la devastación. Y no solo el rock, sino la parafernalia que lo envuelve: el cañonazo inicial, el helicóptero, la mega-campana, la muñeca hinchable tamaño gigante… Es así que en el estadio jugamos a ser malotes. Opio para los lumpen —y para los que no, un desahogo o compensación. Sin embargo, quien ha estado en una guerra difícilmente podrá participar en ese culto. Él sabe qué significa ser malote (y no solo representarlo). La diferencia entre religión y fe podría entenderse a partir de ahí.

el más allá de los dislocados

agosto 25, 2022 § Deja un comentario

Una transcendencia que no nos ponga en cuestión —o como suele decirse, en tela de juicio— no es aún lo suficientemente transcendente, sino más de lo mismo, aunque en otro plano y con diferencias de grado: más bondad, más poder, más tiempo… Así, el sentido bíblico de la trascendencia no consiste en los efectos psíquicos que provoca el fenómeno extraordinario, pues el carácter maravilloso de un fenómeno es siempre circunstancial, sino en un haber sido desquiciados por lo que el mundo no puede admitir, ni siquiera como posibilidad, a saber, por la demanda que nos convierte en rehenes de los que sobran —en siervos de los inservibles—. Y aquí, como es obvio, no hablamos del mero sentimiento de compasión.

experience

agosto 24, 2022 § Deja un comentario

¿Experimentar a Dios? Si hubo encarnación —si el crucificado es el modo de ser de Dios y no solo su ejemplificación—, entonces no parece que haya una experiencia de Dios que no sea la de quien soporta sobre sus espaldas el peso de la nadiera de Dios. Cristianamente, no cabe otra experiencia de Dios que aquella que consiste en adherirse —y adherirse con fe— al hombre de Dios.

esos ateos

agosto 23, 2022 § Deja un comentario

Podemos vivir perfectamente una vida sin Dios. De hecho, es lo habitual. ¿Ante Dios? Ciertamente. Aunque quizá deberíamos decir ante la cuestión de Dios, en el doble sentido del genitivo. Pues, según leemos en el libro de Job, la relación con Dios en realidad no comienza hasta que no nos vemos privados de Dios.

el estoico y el verdugo

agosto 21, 2022 § Deja un comentario

Dice el estoico, antes de entrar en la cámara de gas: da igual morir ahora que de aquí veinte años; al fin y al cabo, desde la óptica de la eternidad, todos morimos al mismo tiempo. Sin embargo, es lo que también podría decir su verdugo.

desencantamiento

agosto 20, 2022 § Deja un comentario

El riesgo de creer en la existencia de otro mundo, se supone que superior, ante lo gigantesco o milagroso es que, con el tiempo, descubramos un porqué más prosaico. Ocurre aquí como en la magia del prestigitador: que deja de encantarnos una vez descubrimos el truco. Es curioso que fuera un fraile quien dijera que no debíamos multiplicar los entes sin necesidad.

el retorno de lo religioso

agosto 19, 2022 § Deja un comentario

La sensibilidad religiosa es, precisamente, eso: una sensibilidad. El homo religiosus es un animal que cede ante lo impresionante. Por desmesurado o gigantesco. Y si es cierto que el animismo es la espiritualidad más elemental, la sensibilidad religiosa arraiga en nuestra capacidad para el asombro. Hay alma no solo en el crecimiento de la hierba, sino también en las piedras. Basta con que estén ahí, imperturbables. Por eso mismo, el denominado retorno a lo religioso en Occidente podría entenderse como un regreso a la etapa más infantil del espíritu humano —y aquí el término infantil no posee connotaciones peyorativas; al contrario. En cualquier caso, el teísmo —el imaginario que concibe lo divino en clave antropomórfica— está de más. Sin embargo, la huida de los dioses comenzó mucho antes, en el momento en que Moloch, un dios sin piedad, se impuso como el ente supremo para los sobrantes, las mujeres y hombres que no cuentan, los esclavos de Israel. Esto es, una vez los dioses se revelaron como trampantojos ante el nombre de Dios, un nombre cuyo significado o definición estaba, de hecho, por decidir. Pues la fe en un Dios que se ofrece como el horizonte asintótico de la existencia está muy cerca de proclamar que no hay dios.

a Feuerbach le faltó dialéctica

agosto 18, 2022 § Deja un comentario

El arjé es, por defecto, lo que, siendo primero, gobierna y sostiene cuanto es. Todo es agua dijo Tales (y aquí lo de menos es el agua). Ahora bien, si hay arjé, entonces no hay dioses, sino personificaciones del arjé. Jenófanes tenía razón: los dioses serían una proyección humana. Los dioses de los etíopes son negros y poseen nariz chata; en cambio los dioses de los tracios tienen ojos azules y pelo rojizo. Otro asunto es que lo primero sea el acto por el que lo que es desaparece en su aparecer como (y por eso mismo, hay tiempo). En místico: el mundo es el resultado de la contracción de Dios, una contracción que anda rozando la nada. Y aquí, ciertamente, resulta difícil seguir hablando de proyección.

finitude

agosto 16, 2022 § Deja un comentario

Quizá el momento de la muerte sea lo más parecido hoy en dia a la antigua experiencia de estar ante un dios. Pues es inevitable tener la sensación, cuando menos, de depender de lo que nos supera por entero, de lo absolutamente extraño u otro. Aunque se trate únicamente de una vida sin ti. No es casual que el par mortal-inmortal estableciese originariamente la separación par excellence entre lo divino y lo humano. Y es que la diferencia con respecto a los atributos, al fin y al cabo, es meramente cuantitativa.

intimidades

agosto 15, 2022 § Deja un comentario

Porque ya no hay metarrelato que valga, porque no podemos sentirnos los protagonistas de Star Wars, hemos hecho de Dios un asunto íntimo, demasiado personal, algo así como una variante del angel de la guarda de la infancia, pero cargado de esteroides. Sin embargo, puestos a hablar de lo íntimo acaso no haya nada más hondo que la extrema exterioridad Dios. Tan extrema que anda rozando el nadie. Como los que no cuentan o están de más.

meta

agosto 14, 2022 § Deja un comentario

Lo que la Biblia tiene que decir sobre Dios no lo dice de Dios, sino de nuestra idea más o menos espontánea de Dios. Y lo que dice es, precisamente, que no cabe una idea —un concepto— de Dios. Y no porque Dios sea un ente indescriptible, sino porque, en sí mismo, carece de entidad. En este sentido, YWHW es un puro significante, estrictamente, un pro-nombre, el cual es, además, impronunciable, no solo por prescripción, sino porque no puede físicamente pronunciarse. Quien lo intenta no va más allá del balbuceo. La cuestión es por qué a Israel se le ocurrió este subterfugio para esquivar a los dioses del lugar —para reducir la impresión que nos produce lo gigantesco a una falsa impresión. Pues hacer de Dios un pro-nombre, esto es, un nombre cuyo referente está por ver —y lo seguirá estando hasta el fin de los tiempos— se encuentra muy cerca de decir que no hay dios que valga. La respuesta es que no se trata de una ocurrencia, sino del decir que traduce la experiencia de Dios de los abandonados de Dios. Y es que desde el sufrimiento indecente de tantos, todo discurso acerca de Dios deviene una crítica de la religión, un metadiscurso que convierte las palabras con las que nos hinchamos la boca a la hora de hablar de lo divino en palabrería.

fraternidad

agosto 13, 2022 § Deja un comentario

En nombre de Dios, tan solo nos tenemos los unos a los otros. Y aquí alguien se preguntará: ¿acaso no podríamos prescindir del en nombre de Dios? No lo creo. Y no lo creo porque solo ante Dios, esto es, como huérfanos de padre y madre, el otro se revela como hermano. De prescindir de nuestra orfandad, creer que el otro es nuestro hermano no deja de ser palabrería, en definitiva, un alimentarse de viento. Pues al fin y al cabo, sin nuestro hallarnos expuestos a la extrema trascendencia de Dios prevalecerá lo que nos nos gusta del otro: su prepotencia, sus ideas, su mal olor. Esto es, prevalecerá la negación. Y ya sabemos quién es aquel que siempre niega.

afirmar, negar

agosto 12, 2022 § Deja un comentario

Toda afirmación presupone una negación. De hecho, van juntas. Decir, por ejemplo, esto es un caballo implica decir que no es una vaca, un árbol, etc. Sin embargo, la negación no exige, lógicamente, una afirmación en concreto. A la negación le basta con una noción general de lo que hay. Decir esto no es lo que decimos que es no afecta al esto, que, por eso mismo, queda por decir o afirmar. Asi, uno puede ir siempre a la contra —decirse a sí mismo que es muy crítico— y no decir nada. En realidad, dice la nada… al convertir el esto en un significante sin significado. Hablamos, por consiguiente, del nihilismo: solo yo y nada más.

lectura de los Hechos

agosto 11, 2022 § 1 comentario

Suele decirse que Lucas exagera: que las primeras comunidades no podían ser tan idílicas. De acuerdo. Sin embargo, de ello no se deduce que no hubiese ninguna que, en la eucaristía del domingo, no repartiera entre sus miembros el pan ganado durante la semana. Pues es de suponer que no todos ganaban el suficiente pan (y es así como Dios da el pan de cada día). Nadie de nosotros pasará hambre. Es lo que tiene habitar bajo el espíritu de la redención. Una lectura crítica de Lucas se queda corta donde se contenta con decir que las cosas, de hecho, no fueron tan puras; que en los orígenes hubo mucho juego sucio. Lucas, obviamente, no hace un documental. Pero tampoco se limita a ofrecer un desideratum o a edulcorar la realidad. Me atrevería a decir que Lucas, simplemente, se queda con lo bueno. Como esas parejas que, tras años de haber roto, y a pesar de que hubieran motivos suficientes como para romper, solo recuerdan los buenos momentos que pasaron juntos. Haberlas, haylas.

la imposibilidad de una teología política

agosto 10, 2022 § 2 comentarios

Como es sabido, según Carl Schmitt, la distinción entre amigo-enemigo atraviesa el campo de lo político (y quien dice político, dice mundo). Necesitamos negar al otro para afirmarnos en lo que somos o creemos ser. Pues el otro es, por defecto, aquel que nos pone en peligro de muerte. Ahora bien, si esto es así y contra lo que sostuviera Carl Schmitt, no puede haber teología política. Ciertamente, la idea que hay detrás de dicha teología es que el soberano es quien detenta el poder de interrumpir la Ley —quien decide sobre el estado de excepción. Como Dios mismo. Sin embargo, la negación del enemigo implica la negación de Dios. O al menos, del Dios que acontece en el Gólgota como víctima de la divinidad sacerdotal. Pues el Dios que se nos revela en la cruz es un Dios extraño, un Dios que renunció, precisamente, a su omnipotencia, el Dios que no quiso ser Dios sin la adhesión del hombre. Nada más ajeno —nada más otro— que el Dios que se hace presente como nadie. Sin embargo, lo cierto es que no hay mayor poder que el del Dios que renuncia a su poder. Pues, de lo contrario, tendrīamos un Dios sometido a una anónima voluntad de dominio (con lo que no sería Dios).

un falso Mesías

agosto 9, 2022 § Deja un comentario

Para comprender el alcance del mesianismo cristiano, de entrada hay que ponerse del lado de Israel: Jesús no pudo ser el Mesías. De hecho, fue, como diríamos hoy, un fake. Dios no salva si no es a través del Mesías. Y el Mesías, en tanto que heraldo de la redención, no puede ofrecer otra liberación que la política: a los prisioneros de Auschwitz no se los libera si no es sacándolos del lager. Ahora bien esto solo es posible a la fuerza. Y es obvio que Jesús no logró liberar a los que necesitaban esta liberación. De ahí que la confesión del crucificado como Mesías, por no hablar de su reconocimiento como cuerpo de Dios, suponga una alteración —en realidad una mutación— de lo que se entiende espontáneamente por divino. Pues que la omnipotencia de Dios se manifieste en su renuncia al poder apunta a un Dios que no es aún nadie donde el hombre le da la espalda. Y esto equivale a decir que Dios, en sí, es un clamar, precisamente, por el hombre, aunque su clamor lo escuchemos siempre a través de aquellos que claman por Dios.

salto de altura

agosto 8, 2022 § 2 comentarios

La fe es una apuesta o un salto, tal y como defendieron Pascal y Kierkegaard (y posteriormente, Karl Barth). No puede ser de otro modo tratándose de una ciega confianza. La cuestión es desde dónde se salta (y sobre la base de qué historia). Pues no parece que sea lo mismo saltar al pie de una cruz que dentro de las cuatro paredes del hogar. En este último caso, el salto responde únicamente a la insuficiencia de las razones. Y así nos decimos no sé por qué creo o creo en lo que siento. Y de ahí a la insustancial opinión media un paso.

Is 11,6

agosto 7, 2022 § Deja un comentario

Las imágenes de la esperanza bíblica son increíbles por imposibles: el león comerá hierba. Frente a ellas, nuestro nihilismo: la vida es voluntad de poder; la violencia es la partera de la historia; rudio y furia por cualquier parte. No podemos concebir un mundo sin que la sangre ensucie el suelo. De ahí que creer que el lobo habitará junto al cordero no es algo en lo que podamos creer como quien no quiere la cosa. Y aquí conviene diferenciar entre el creo y el dar por cierto lo que, en el fondo, es un ya me gustaría que fuese así, esto es, entre la fe y el whisful thinking. ¿Acaso no estamos hablando de otro mundo —de un reset de dimensiones cósmicas—? La cuestión, por tanto, es quién puede tomarse en serio que, al final, el leopardo se acostará con el cabrito. No, ciertamente, aquel que ya se encuentra satisfecho con el mundo que le ha tocado en suerte. Para los satisfechos, el mundo es, en cualquier caso, mejorable. Tan solo los desahuciados pueden esperar lo imposible. Es decir, que el mundo llegue a su término. La pregunta es en nombre de qué —o de quién—. Y la respuesta creyente es en nombre de un bondad que tuvo lugar donde no podía haberla. El creer, por tanto, o apunta a lo imposible —a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad, comenzando por Dios mismo—, o no va más allá de la suposición.

schola delenda est

agosto 6, 2022 § Deja un comentario

A los pobres se les ofrecen trabajos, comida, casas y vidas basura. Una educación de calidad sería una incongruencia. No sea que los niños marginados se crean con derecho a dejar de serlo.

Najat el Hachmi

(Del libro, claro y honesto, de Pascual Gil del mismo título que el de esta entrada.)

Mt 16, 13-19

agosto 5, 2022 § Deja un comentario

Cristianamente,la cuestión acerca de quién es Dios se decide en la respuesta a la pregunta que Jesús le dirije a Pedro: ¿y tú quién dices que soy yo? De ello se desprende que no hay experiencia directa de Dios. Ni siquiera cerrando los ojos o contemplando un paisaje. Desde la óptica cristiana, la experiencia de Dios es aquella que topa con un crucificado en nombre de Dios. Es desde este topar —y solo desde este— que, cristianamente, integramos el Dios de los paisajes o el de los ojos cerrados, por así decirlo.

Platón y el constructivismo

agosto 4, 2022 § Deja un comentario

Como es sabido, la bestia negra de Platón fue el sofista. Escolarmente, tendemos a entender su enfrentamiento como un disputa meramente conceptual. Pero por debajo de la disputa conceptual late la disputa política. Basta con imaginar a Platón en medio de nuestra época twittera. O lo que acaso aún sea peor, en medio de la locura queer y sus mantras (que, por supuesto, no admiten réplica): no hay naturaleza, el sexo es un constructo social; eres trans… si crees que eres trans; tienes que ser fluide… El sofista aplaudiría: nada fuera del lenguaje que sirva como criterio. Es cuanto pueda ser dicho.

El asunto se transforma en político cuando el delirio queer, pongamos por caso, se impone, incluso institucionalmente, como la verdad. Platón fue, en este sentido, un resistente. Como hoy en día, hizo falta echarle mucho valor para oponerse al mainstream. Aunque sea obvio que hay realidad. El que nada sea si no pueda ser pensado, no implica que valga cualquier cosa que se nos ocurra. Lo real, sencillamente, se resiste a la manipulación. Por eso Platón and Co. defendieron que solo cabe trascender el horizonte de las opiniones por medio del ejercicio de la razón. De entre las diferentes fotos del Everest hay fotos más completas —más acertadas— que otras. Puedes dibujarlo como te apetezca. Puedes dibujar una vaca diciéndote a ti mismo que esa es tu visión del Everest. Pero no tienes derecho a imponernos tu dibujito como el único que vale, por mucho que nos digas que tu dibujo nos libera de nuestro hallarnos sometidos al dictado del Everest. Un virus letal puede no ser más que un virus o el síntoma del demonio. Pero en cualquier caso, mata. Si hubieramos creído que los leones de la sabana son simplemente el efecto de un constructo social —y no un peligro real—, probablemente ya no estaríamos escribiendo esto.

concilios

agosto 3, 2022 § Deja un comentario

La idea: se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Y añaden los concilios: esto es así, aunque no podamos entenderlo. ¿Por qué es así? Porque tiene que serlo si hubo redención. Y es que si en la redención solo interviene Dios —o únicamente el hombre—, entonces no hay propiamente redención, sino prodigio paranormal o premio para los cumplidores. El dogma es, al fin y al cabo, el resultado de una operación estrictamente lógica, algo así como un argumento trascendental a la kantiana que parte del factum de la redención. Sin embargo, el galimatías conceptual del dogma —y haberlo, haylo— obedece a que dicha operación se efectúa sobre la base de la noción de naturaleza. ¿Cómo pueden mezclarse dos naturalezas tan dispares… sin dejar de ser lo que inicialmente son? Un hombre que se convirtiera en chimpancé pasaría a ser, sencillamente, un chimpancé. La cosa cambia, sin embargo, cuando la realidad de Dios se entiende como la propia de una alteridad avant la lettre: Dios es, como Otro, un aún-nadie. Y de ahí que su modo de ser estuviera pendiente, por así decirlo, hasta el Gólgota. Eso del Dios verdadero y hombre verdadero significa, por tanto, que Jesús, el que anduvo por Galilea anunciando el Reino, es el quién de Dios —su modo de ser o esencia—. Como si la relación entre el Padre y el Hijo fuese la que mantiene el yo con su aspecto, tanto físico como psíquico. No hay identidad sin un diferir de fondo. Cristianamente, Dios es un Dios con cuerpo. Y esto no es fácil de admitir para quien parte de una sensibilidad típicamente religiosa, según la cual Dios es un Dios-ya-hecho desde el principio.

YWHW y el mesías

agosto 2, 2022 § Deja un comentario

Israel nunca espero una intervención de Dios. YWHW está lejos, muy lejos, de ser un deus ex machina. En su lugar, la intervención del Mesías, el heraldo de Dios. El Mesías carga sobre su espalda el peso de la intervención divina: debe actuar en su nombre. Y esto solo puede significar liberar al pueblo de la opresión. Por consiguiente, su intervención es inevitablemente política, esto es, violenta. O si se prefiere, violenta en última instancia. Todo esclavo espera a su Espartaco. Quien se limita a ofrecerle una redención post mortem le ofrece droga. Quizá le valga a él. Pero no a sus hijos: ellos necesitan el pan de cada día, no una realidad virtual.

Así, se entiende que Jesús de Nazaret fuese —y sea— para Israel un falso Mesías. Y no tanto por su pacifismo, sino porque la espada la deja para el juicio final. A los prisioneros de Auschwitz, no les liberó la promesa de que, al final de los tiempos, todos encontrarán la medida de su zapato. Para ellos, el gas fue el día D.

El problema de los mesías es que la opresión admite diferentes grados. Y que, por eso mismo, basta con señalar a la cucaracha —y señalarla en nombre de Dios— para que cojamos el machete. El cristianismo no se limita a proporcionar otro referente para la palabra mesías, sino que altera —y sustancialmente— su mismo significado. Y de paso, el de la palabra Dios. Pues que el poder de Dios se manifieste como el poder que renuncia al poder no es lo que esperamos, precisamente, de un Dios. Otro asunto es que, con la interpretación cristiana, la creencia bíblica quede desactivada políticamente. Puede que sea una suerte. O puede que no (sobre todo en algunos casos). Hay un momento para coger las armas, y otro para deponerlas. Pero, salvo en casos extremos, es difícil —muy difícil— precisar el cuándo. De ahí que la casuística sea el precio a pagar por la ambivalencia que atraviesa cuanto es. Por lo común, quien dice yo lo tengo clarísimo no sabe de lo que habla.

patriarcado bíblico

agosto 1, 2022 § Deja un comentario

Se dice que el Dios bíblico es padre… como pueda serlo un pater familias. Y algo de esto hay. Sin embargo, la metáfora del padre funciona de un modo muy distinto si tenemos en cuenta que, en la época y por lo común, un judío se quedaba huérfano de padre durante su pubertad. Esto es, la figura de Dios como padre en la Biblia apunta antes al sentimiento de una pérdida que al de una presencia asfixiante (otro asunto es que, en la práctica, dicha figura se viviera de una manera muy distinta). La fidelidad creyente no está exenta de responsabilidad hermenéutica, por así decirlo. Pues la pregunta es qué hubiera hecho papá en esta situación. De ahí que podamos decir que la religión de Israel, en tanto que una religión del padre, es la religión del hijo. El cristianismo, al fin y al cabo, nace como exégesis.

cristianismo trans

julio 31, 2022 § Deja un comentario

A los antiguos, que Dios se hiciera hombre —y no solo se vistiera como tal— les debió parecer tan aberrante como a muchos hoy en día la posibilidad de un cambio de sexo. ¿Un hijo transformado en hija? ¿Un padre, en madre? Más aún, si tenemos en cuenta que la transformación de Dios implicaba un cambio de naturaleza: como si tu hijo decidiera convertirse en mascota.

Con todo, el problema aquí reside en partir de la distinción de naturaleza entre el hombre y Dios. Pues la encarnación no se entiende —o se entiende mal— si no tenemos en cuenta que Dios aún no es nadie con anterioridad al fiat que se pronunció en el Gólgota. El hágase de la creación encuentra su envés en el hágase del crucificado.

Agustín

julio 30, 2022 § Deja un comentario

Interior intimo meo, dijo Agustín. Y muchos se quedan ahí, dejando a un lado la segunda parte: et superior summo meo. Traducción: lo más íntimo es lo más extraño —lo que no podemos aceptar como propio al ser tan fascinante como repugnante—. Llevamos dentro al leproso que despreciamos, por así decirlo. No hay mayor intimidad que la que nos arroja fuera de nuestra intimidad. Sin embargo, muchos creyentes se dirigen a Dios como si fuera simplemente un padre virtual. Y necesitan que siga siéndolo. Pues si, de repente, se apareciese —si se hiciera carne— difícilmente podrían admitirlo como Dios. Y menos, si los pusiera en cuestión. Su relación con Dios es análoga a la que podrían mantener con un confidente por email, sin saber quién es, ni cuál es su rostro. De ahí que la condición del intimar —o cuando menos, de este intimar— con Dios sea la negación de Dios —de su existencia o incorporación—. Dios no debe hacerse cuerpo, si de lo que se trata es de congeniar con Dios. No es casual que el psicoanalista permanezca detrás de su paciente.

creación y actos del habla

julio 29, 2022 § Deja un comentario

Como es sabido, Dios creó el mundo por medio de un acto del habla. Y Dios dijo: hágase la luz —y hubo luz—. Como si el poder original fuese el de la palabra, aquel capaz de crear desde la nada. Un acto del habla es aquel por el que la palabra constituye el hecho al que aparentemente remite: como cuando el jefe —esto es, no cualquiera— dice: la reunión ha terminado… y por eso mismo la reunión termina. Incluso teniendo una franja horaria asignada, la reunión no acaba mientras el jefe no lo diga. Sencillamente, nadie se levanta antes.

¿Qué se nos está diciendo aquí? Por un lado, que nada es —nada es visto, nada aparece— hasta que no es dicho. Si vemos el alma como un mar es porque Homero lo dijo primero. Por otro lado, aunque relacionado con esto último, decir la reunión ha terminado —si puedes decirlo— significa la reunión debe terminar ahora. El imperativo recorre cuanto acontece. No hay presente que no apunte a un debe ser así. Pero para entenderlo hay que partir, precisamente, de la nada. Pues solo en relación con una nada de fondo algo se revela, precisamente, como algo —y de ahí la pregunta por qué algo en vez de nada—, lo cual implica que cuanto es se afirma frente a la eterna posibilidad de su aniquilación.

Así, pongamos por caso, no quieres a una mujer hasta que no lo declaras —hasta que no le dices contigo hasta el final—. En principio, creemos que el compromiso expresa el amor que sentimos por debajo. Pero no es así. Ciertamente, por debajo hierven sentimientos. Pero esto son contradictorios y variables. Si digo te quiero y, por eso, te prometo que estaré contigo hasta el fin del mundo… es porque sé que, de aquí un tiempo, podría sentir lo contrario. Incluso en el caso del amor parental hay promesa, aunque implícita. Pues basta con imaginar que tu hija cambia de sexo para caer en la cuenta de que los sentimientos podrían ser perfectamente otros.

pareceres

julio 28, 2022 § Deja un comentario

Es un lugar común admitir, dentro de ciertos márgenes, que las diferentes visiones del mundo se encuentran en el mismo plano. Todas tienen algo que aportar —suele decirse. En esto se basa, precisamente, la tolerancia demócratica. Sin embargo, de la pluralidad de pareceres no se desprende, lógicamente, que todas valgan por igual. Este sería el caso si no hubiera nada que ver. Pero, en principio, hay algo que ver. Así, podríamos decir que una foto de un clavo de la torre Effiel, aun cuando sea, sin duda una perspectiva de la torre Effiel, no vale para enviarla como postal. La visión que tiene un niño de cuanto le rodea no es la misma —no puede serlo— que la de un adulto. Al menos, porque no hay visión que no vaya adherida a un cierto saber. No es la misma la visión del experto que la de quien ignora de que se trata: la del ignorante es, sencillamente, demasiado parcial.

Ahora bien, si lo pensamos bien caeremos en la cuenta de que lo que hay que ver no es, como tal, visible. Por volver al ejemplo de la torre Effiel, cualquier foto que podamos hacer será siempre una foto —una apariencia—, aun cuando tenga sentido decir que hay fotos que serán más completas que otras. Y aquí completo implica desde una cierta distancia. Pero es indiscutible que ninguna foto, por muy completa que sea, será una foto de la torre Effiel, sino siempre una perspectiva. La torre Effiel —lo que, en definitiva, hay que ver— solo es accesible a la razón. Esto es, matemáticamente. De ahí que los antiguos griegos —los inventores de la teoría— creyeran que solo el ejercicio de la razón nos permite trascender los límites de lo que nos parece. Y aquí, como por ejemplo en la esgrima o la carpintería, también hay que tener oficio.

pertenencia o autosuficiencia

julio 27, 2022 § Deja un comentario

Occidente ha estado marcado por dos figuras, la del sabio y la del santo (o lo que viene a ser lo mismo, por dos ciudades: Atenas y Jerusalén). El sabio se caracteriza por su autosuficiencia —por un estar por encima de cuanto (le) sucede. Así, todo desde una cierta distancia (y de ahí su ironía). En cambio, el sentimiento fundamental del santo es el de pertenecer a un otro. Su dependencia es como la del hijo con respecto al padre (y de ahí que su actitud básica sea el de la obediencia, la fidelidad, la misión). Evidentemente, hoy sintonizamos con el sabio. Pues entendemos que hay más libertad en el sabio que en el santo.¿Acaso el envés de la obediencia incondicional a un Padre no fue el Holocausto? Se dirá que el santo depende de un padre bueno, no del heraldo de Ha-Satán. Pero donde creemos en un Dios que es solo bondad, ¿no estamos sustituyendo a Dios por nuestra fe en la bondad?

Sin embargo, la perspectiva cambia donde caemos en la cuenta de que el santo no obedece a voces espectrales, a la manera de un esquizoide, sino a aquel que soporto sobre su espalda, precisamente, el peso de un Dios en falta (y por eso mismo ocupó el lugar de Dios). Dicho de otro modo, su obediencia es, antes que nada, seguimiento. Porque, en definitiva, no hay ningun lugar donde reposar. De hecho, el santo depende de aquellos cuerpos que nadie quiere a causa de su lepra. Como si fueran el cuerpo de Dios. Y esto nada tiene que ver con el fanatismo.