perdidos
julio 20, 2021 § Deja un comentario
Es cierto que no caemos en la cuenta del valor del otro hasta que no se nos va. En el día a día, prevalece el trato, la reacción (y solo en raras ocasiones se nos revela su carácter excepcional, el milagro de que esté-ahí). La apariencia no basta. El otro tiene que desaparecer para que se haga presente su aura —su espíritu, su huella—. Podríamos decir lo mismo con respecto a Dios. Un Dios en exceso tratable aún no es Dios. En cualquier caso, una imagen a disposición. Al fin y al cabo, para la fe cristiana, no hay otra presencia de Dios que la del espíritu de un crucificado en su nombre (y un crucificado que volvió a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo).
más nihilismo
julio 17, 2021 § Deja un comentario
Nihilismo significa no habrá reino de Dios, esto es, no habrá fraternidad universal, ni viviremos en paz. El león nunca comerá hierba. Por tanto, para el nihilista prevalece el horror, la muerte, el triunfo del genocida. Y, visto lo visto, es lo más probable. Sin embargo, la fe tiene que partir de este dato. Pues de lo contrario se convierte en una expectativa entre otras, por no decir en una ilusión. De hecho, la esperanza creyente siempre fue contrafáctica. Aunque aquí la cuestión sea en nombre de qué acontecimiento cabe esperar lo increíble. Pues es obvio que aquí no tiene sentido apelar a lo que uno preferiría.
sobre el temor de Dios
julio 16, 2021 § Deja un comentario
El rechazo moderno al temor de Dios —y aquí conviene recordar aquella sentencia del Talmud según la cual Dios todo lo puede, salvo hacer que el hombre viva en el temor de Dios, esto es, expuesto a la desmesura de una redención que pende de un hilo— encuentra su última justificación en las épocas en las que dicho temor fue, principalmente, un temor a los representantes de Dios. Pues históricamente, la cruz ha ido con la espada. Nada ha hecho tanto daño al cristianismo como la cristiandad. Aunque también sea cierto que, sin su alianza con el poder imperial, el cristianismo difícilmente hubiera superado los límites de lo sectario.
apocalípticos e integrados
julio 15, 2021 § Deja un comentario
Jesús, como es sabido, fue un profeta apocalíptico. Su mensaje fue, al fin y al cabo, simple: el juicio de Dios es inminente y los hombres tendrán una última oportunidad si acogen el perdón del enviado (y obran en consecuencia). No parece, sin embargo, que podamos esperar sensatamente la fanfarria de los ángeles. El género ya nos resulta extraño. El fin del mundo, de haberlo, es a lo sumo un límite asintótico. Largo me lo fiáis. De ahí la irrelevancia actual de la predicación del Jesús que andó por Galilea. Con todo, acaso la pregunta no sea si el mito de un final de los tiempos es verdadero, sino para quién puede aún valer esta esperanza. No, evidentemente, para aquellos que confiamos en las ofertas del mundo. De hecho, solo los deshauciados son capaces de invocar a un Dios capaz de provocar un reset de dimensiones cósmicas. Únicamente ellos pueden seguir siendo apocalípticos, aunque sin el apoyo de un mito creíble. Ahora bien, es posible que la genuina esperanza siempre apuntase a lo increíble. Pues Dios nunca fue una posibilidad del mundo.
1Co 15, 17
julio 14, 2021 § Deja un comentario
Si Cristo no resucitó —sostiene Pablo—, vana en nuestra fe. En esta disyuntiva se decide la suerte del cristianismo. Pues es como decir o bien Cristo resucitó, o bien la fe es un trampantojo. De ahí que el cristiano, sobre todo hoy en día, deba tomar una posición al respecto. Pues la resurrección es dura de tragar (aunque ya lo fue desde los inicios). Sin embargo, tomar una posición no significa traducir. Como si proclamar la resurrección de un crucificado fuera, en definitiva, lo mismo que decir que Jesús sigue vivo en el corazón del creyente o como si se nos hablase, en los términos de una cultura que ya no es la nuestra, de la inmortalidad del alma. Quizá sea porque nos cuesta esto de la resurrección de la carne, como les costó a los griegos del Areópago, la sentencia de Pablo pueda entenderse actualmente como una ironía póstuma. Como si, al fin y al cabo, se nos dijera que los relatos que dan pie a la confesión cristiana pertenecen a la literatura fantástica. En cualquier caso, el cristianismo difícilmente sobrevivirá al ridículo histórico donde no asuma, en contraste con la deriva religiosa, que la realidad de Dios se decanta del lado de lo imposible —de lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y esto aun antes de comenzar a hablar de la resurrección.
supermarket religioso
julio 13, 2021 § Deja un comentario
Cada vez hay más mujeres y hombres que compran religión. La compra, sin embargo, busca una compensación. Nos pasamos los días en una jaula, en algunos casos dorada, y esto es difícil de soportar. Demasiada inercia o costumbre. Al fin y al cabo, religión significa, sobre todo actualmente, un caer en la cuenta de que no todo es comercio. Hay un fondo —y un fondo del que formamos parte, aun sin entenderlo—. Sin embargo, ese fondo, de haberlo —y podríamos dar por descontado que lo hay—, sigue formando parte del mundo. O si se prefiere, del todo. Pero nadie que se enfrente a según qué interrogantes puede admitir el todo lo sea todo. Ni siquiera donde el todo posee un horizonte, un final feliz. Basta con suponer que consiguiésemos enchufarnos a ese fondo: que nos disolviéramos en el mar como muñecos de sal; que aceptásemos serenamente la muerte —la nuestra, pero también la de aquellos a los que se les arrebata injustamente la vida—. En ese momento, la pregunta que Yavhé le dirige a Caín —dónde está tu hermano Abel— se revelaría como ridícula. No es este el tema, nos diríamos. Que cada palo aguante su vela —esto es, su karma—. Ahora bien, la convicción bíblica sostiene que ese es, precisamente, el tema. Y lo es en nombre de un Dios que, como absolutamente otro o extraño, se encuentra fuera del mundo, de cualquier mundo, incluyendo el sobrenatural. Precisamente, porque existimos como arrancados de Dios, tan solo nos tenemos los unos a los otros. De hecho, el lugar de Dios no es un lugar, sino ese tiempo, anterior a los tiempos, al que fue dezplazado por el desprecio de Adán. Es desde esta radical exterioridad que el Otro clama por el hombre como un Dios herido de muerte. Y por eso mismo mantiene el mundo sub iudice a través de aquellos que reproducen su clamor.
la nada y el todo
julio 12, 2021 § Deja un comentario
No hay Otro. O mejor, el Otro es lo eternamente pendiente del mundo. Y por eso el todo no lo es todo. De ahí que los árboles, las hormigas, nuestros semejantes… se carguen con el aura de la excepción, del milagro. Puede incluso que haya un dios. Pero porque no es en verdad Otro, con mayúsculas, aún no es Dios. No puede serlo. Pues Dios —el absolutamente Otro— tiene que desaparecer ante la conciencia de sí. En cualquier caso, en vez de Dios su representación o simulacro. Sin embargo, todo esto estaría muy bien —y vió que era bueno—, si no fuera porque hay también amenaza, crueldad, genocidio. Y quizá sea porque no hay luz sin oscuridad —mejor dicho, porque estamos en medio— que el todo se encuentra sub iudice.
celos
julio 11, 2021 § Deja un comentario
El Dios bíblico es un Dios que, desde el principio, no quiso ser un dios. O al menos, no sin la fe del hombre. El celo de Yavhé hacia el resto de las divinidades debería entenderse, por tanto, como el reflejo especular de esta renuncia: no quiero que me confundas con otras. Dios nunca fue una opción.
Dios es el que llama
julio 10, 2021 § Deja un comentario
¿Qué significa decir que Dios se manifiesta como el Dios que nos invoca? Pues que no es el que nos imaginamos religiosamente, un dios que habita en las alturas y cuya superioridad nos subyuga. Traducción: Dios, en cuanto tal, carece de la entidad de un dios. Con respecto a lo que sea Dios, no cabe ir más allá de nuestro encontrarnos expuestos a su invocación, la que nos convierte en rehenes del que sufre, precisamente, la realidad de un Dios en falta. Mejor dicho, más allá de que aquellos con los que Dios se identifica. El resto es un eterno por-venir. O si prefiere, una tensa esperanza.
no matarás
julio 9, 2021 § Deja un comentario
Dice la ley: no matarás (y esta fue una ley divina antes que humana). Sin embargo, la ley, en tanto que de Dios, amaga también una promesa: acabarás no matando (pues también asesinamos cuando pasamos de largo de quien carece del pan de cada día). Ahora bien, hay un matiz que quizá se nos escape: no matarás porque, en realidad, no puedes matar a nadie. Pues el nadie que hay tras el rostro de cualquiera —la expresión, literalmente clamorosa, de su genuina alteridad— es inalcanzable. Y esto es lo mismo que hablar de lo santo.
la sabiduría de un taxista
julio 8, 2021 § Deja un comentario
El problema no es vivir equivocado, sino morir equivocado, me dijo Eudaldo, el taxista con el que fui el otro día. En su guantera tenía Confesión, de Lev Tolstoi. También me habló de su padre, que murió cuando él tenía nueve años. Terrateniente en Ecuador, y a pesar de su profunda convicción cristiana, el obispo le tenía vetada la entrada en la iglesia por no pagar el diezmo: “si lo quieren, que trabajen la tierra”. En cambio, se preocupaba de que ningún campesino pasara hambre. “Cojan lo que necesiten de la cosecha; que sus hijos puedan comer a diario. Nosotros tampoco necesitamos tanto”. Esta fue su herencia. “Tan solo importa el amor que ofrecemos, aunque sea solo a veces”. Estas fueron las palabras con las que Eudaldo me despidió. Y luego dicen que no hay ángeles.
la santidad y el quinto
julio 7, 2021 § Deja un comentario
Lo sagrado o divino es, según la clásica sentencia de Rudolf Otto, tan fascinante como terrible, es decir, una completa desmesura. En este sentido, podríamos hablar también de lo monstruoso. Un monstruo es, al fin y al cabo, intocable (y, por eso mismo, siempre se encuentra más allá). Desde esta óptica, la epifanía de un dios es tan impresionante como lo pueda ser la presencia de un fantasma. Ahora bien, para una sensibilidad bíblica, las cosas son un tanto distintas. Pues nada hay más sagrado que la vida del otro —la del extranjero, el huerfano, el incontable—. Sin embargo, su carácter sacro no se nos revela de manera inmediata. De entrada, tendemos a tratarlo como objeto de deseo o rechazo. Esto es, de entrada, se nos presenta como estímulo. Hace falta mucho asombro para caer en la cuenta de que el milagro —la excepción de lo inerte— no se encuentra del lado de lo que espontáneamente nos impresiona. Hace falta mucho asombro —y acaso también unas cuantas dosis de estupor— para ver que la naturaleza intocable del otro no va con su apariencia —con lo que tiene de estimulante—, sino con el no matarás que se halla inscrito en su frente con tinta invisible. Aunque quizá no entendamos la dimensiones de este mandato mientras no percibamos que estamos ante el envés de una promesa.
Matusalen
julio 6, 2021 § Deja un comentario
Hasta la época de los Macabeos, en el AT la bendición de Dios se reflejaba en una vida larga y fecunda. Nada, por tanto, de una vida postmortem. Y por eso Dios es Dios: ningún hombre puede aspirar a los cielos. La cuestión de una vida más allá se plantea solo ante el problema del justo sufriente. Sencillamente, Dios no puede abandonar a los suyos. De ahí que la cuestión de la trascendencia sea inseparable, bíblicamente hablando, de la cuestión de la justicia, aunque algo de esto encontramos también en Platón. Sin embargo, no se trata únicamente de la reparación, sino, sobre todo, de la recreación. Y esto significa que Dios y el mundo, tal y como está, no acaban de ser compatibles; que no es cuestión de que nos pongamos a hacer los deberes. El mundo es irreparable. O mejor dicho, tan solo un Dios puede restaurarlo. Y esto, donde la palabra Dios ha dejado de ser significativa, está muy cerca de decir que no hay nada que hacer. Una espiritualidad que no tenga en cuenta que el horror es el envés de la paz —que no hay luz sin oscuridad— sigue siendo el mismo opio de siempre.
de predicados
julio 4, 2021 § Deja un comentario
Como es sabido, el cristianismo afirma que Jesús es Dios. Ahora bien, esto no hay que entenderlo como si la divinidad fuese un predicado —una propiedad— de aquel que anduvo por Galilea, hace unos dos mil años, anunciando el Reino de Dios. De ser así, haríamos de Jesús de Nazaret un dios disfrazado de humanidad (y no es esto lo que proclama el cristianismo). Defender que Jesús es Dios —o siendo más precisos, el Hijo de Dios— dice más sobre Dios que de Jesús. Y lo que dice es que Dios —estrictamente, el Padre— no es aún nadie sin la fidelidad del hombre. Si tú crees en mí, yo soy; si no crees, no soy. Por eso mismo, no cabe afirmar de un crucificado que es el quién de Dios sin alterar significativamente lo que damos por sentado acerca de lo divino. Ciertamente, la mayoría de los creyentes sigue dirigiéndose a Dios como si no hubiese habido Encarnación. Pero este es otro asunto.
Richard sj
julio 3, 2021 § Deja un comentario
Hay un árbol frente a mi ventana. Pero ese árbol es más que un árbol. Es el árbol que puso Dios para darnos sombra. Esto fue lo que me dijo Richard Gassis, jesuita, hace ahora unos cuantos años. Richard Gassis, como tantos creyentes, está instalado en la creencia. Y esto significa no preguntarse demasiado por lo que siente a flor de piel. Sencillamente, ve —y vive— cuanto nos rodea con los ojos del niño. Y me atrevería a decir que la relación que mantuvo con su madre —una buena y gran mujer— está en la base de su predisposición. Quizá hubiera sido más difícil tener esa fe si hubiese crecido como aquel que fue abandonado por sus padres. Sin embargo, ¿es la fe un asunto que podamos reducir a psicología? ¿Es la experiencia raíz que hay tras la fe una experiencia que dependa de quién seamos, de un modo particular de estar en el mundo? No me inclinaría a decirlo. A pesar de que la fe común nos dé esta impresión.
En cualquier caso, la pregunta no es ¿de hecho, puso Dios es árbol ahí? Pues es obvio que de hecho no lo puso o, al menos, ya no puede tratarse de un hecho para nosotros. Ahora bien, lo cierto es que todo nos ha sido dado por Dios… aunque, desde una óptica bíblica, estemos casi obligados a entender el don como lo debido al retroceso de Dios a un pasado inmemorial. Dios no procede al modo de un titiritero espectral. De hecho, no procede sin nuestras manos. ¿Deberíamos concluir que la fe de Richard Gassis es un delirio infantil? Tampoco me atrevería a concluirlo. Pues no parece que podamos interiorizar la realidad del don divino —y menos en el día a día— si no es por medio de imágenes que, como tales, traducen lo real… con un cierto desenfoque. Y aquí podríamos ingerir unas pocas dosis de ironía judía: Dios, de hecho, no puso ese árbol ahí… aun cuando en verdad lo pusiera. Pues acaso sea la única manera de presevar al niño dentro de un cuerpo que comienza a estar de vuelta.
la convicción cristiana
julio 2, 2021 § 2 comentarios
El creyente, según Simone Weil, permanece a la espera de Dios: al final, lo veremos cara a cara. Y aquí podemos estar religiosamente de acuerdo. Sin embargo, la convicción cristiana es otra: Dios —estrictamente el Padre— es invisible como tal. Y no porque lo sea como nosotros podemos serlo para las orugas, sino porque no es nadie sin el Hijo. O lo que viene a ser lo mismo un nadie. Por consiguiente, no habrá un cara a cara. En cualquier caso, ver a Dios supone ver el rostro de un crucificado en su nombre. Mejor dicho, el de un crucificado que fue transformado por la fuerza del espíritu de Dios. No entender que Dios no tiene otro rostro que el del crucificado supone no entender nada de lo que proclama el cristianismo.
amor y violencia
julio 1, 2021 § 1 comentario
Creer en la fuerza del amor no es moco de pavo. Sobre todo, si se trata de amar al enemigo. La pregunta no es si esto es posible, sino dónde o bajo qué situación se nos da esta posibilidad. Mejor aún, quién la lleva a cabo (pues probablemente hablemos de los muertos, de aquellos que ya no tienen vida por delante de hundidos que están). El Mal muestra la resistencia del diamante. Hay orcos a las puertas. El enemigo no tendrá piedad. Ni de ti, ni de tus hijos. Quiere exterminaros. Ciertamente, hay milagros: ovejas que lograron, con su bondad, paralizar la mandíbula del lobo. Pero la excepción confirma la norma (y de ahí que el milagro sea el indicio de otro mundo). Pues mundo significa el amor no transforma. El reino de la bondad es imposible, esto es, no se ofrece como una posibilidad del mundo. Hace falta mucha fe para creer en el triunfo final del amor. Y esto es lo mismo que decir mucha confianza en lo increíble (en nombre, precisamente, del milagro). Donde la fe es sustituida por la hipótesis —donde se convierte en un ideal— es como si dijéramos que mañana saldrá el sol tras cuarenta días de lluvia. Quien cree que el orco no tendrá la última palabra porque los muertos resucitarán como quien cree que, al fin y al cabo, todo terminará bien porque así lo siente —porque su carácter le predispone al buen rollo— le hace un flaco favor a la causa de la fe. Pues, siendo sensatos, es como si dijera que los orcos tendrán la última palabra. Nadie se tomaría en serio a quien dijera que la tierra es plana porque soy Napoleón. Salvo que fuese un modo irónico de decir que la tierra es, efectivamente, redonda.
un comunicado
junio 30, 2021 § 1 comentario
El creyente está convencido de que Dios se comunica. De acuerdo. Pero ¿de qué estamos hablando? ¿De un mensaje? En cierto modo, sí (aunque se trate de un mensaje hecho carne). Ahora bien, no para que nos llenemos la boca. Hay un exceso de verborrea en muchos cristianos, sobre todo cuando intentan traducir su experiencia de Dios. Como si esta no hubiera sido antes la de Dios. Sin embargo, lo cierto es que en toda comunicación, de haberla, lo dicho se revela como el síntoma de lo que debe permanecer oculto. Sucede algo parecido con el encuentro: que, a diferencia de la fusión, preserva la distancia —eterna e infranqueable— de la alteridad.
más Kierkegaard
junio 29, 2021 § 1 comentario
En los Diarios de Kierkegaard encontramos lo siguiente: todos los que saben callarse se convierten en hijos de los dioses; pues callando es como nace la conciencia de nuestro origen divino. Los charlatanes nunca serán más que hombres. Y es cierto, a su modo. ¿Cómo es que la sensación de profundidad la da quien guarda silencio, y no quien se llena la boca con grandes palabras (y que por eso mismo nos vienen grandes)? ¿Acaso porque ha caído en la cuenta de que no hay nada que decir —que el habla no logra escapar del escenario, de lo que nos parece que es? ¿Será por está razón que el Dios de Getsemaní fue el más penetrante? ¿Es posible que el secreto de lo real consista, precisamente, en que no hay secreto? El cofre, cerrado a cal y canto, no guarda ninguna joya. Y quizá sea por este vacío que cuanto despreciamos, mientras intentamos abrir el cofre, posea el aura de la excepción, aquella que solo llegará a deslumbrarnos, si fuese el caso, cuando apenas nos quede tiempo por delante.
de la eleccion
junio 28, 2021 § Deja un comentario
Al final, y con respecto a uno mismo, no se trata de seguir eligiéndose —de un permanecer abierto a la novedad—, sino al contrario, de no poder elegir. Y no porque no haya ninguna alternativa sobre el papel, sino porque llega un momento, si llega, en que te has convertido en lo que elegiste, antes incluso de nacer. Aquí tan solo cabe un disyuntiva: o fidelidad o traición —u obediencia o rebelión (aunque sin norte, esto es, como si fuera un espasmo). Porque lo más íntimo ni siquiera garantiza una identidad —porque nadie se posee a sí mismo—, no hay vocación que no se experimente, en definitiva, como encargo —como misión.
películas del oeste
junio 27, 2021 § 1 comentario
El séptimo de caballería: eso —y no que el león coma hierba— es lo que espera el prisionero de los sioux. Sin embargo, en su lugar, el cristianismo ofrece un Mesías crucificado —un Dios que no tiene otros brazos que los nuestros. Mal remedio para quien prefiere una expectativa a la fe (¿y quién no la prefiere?). La esperanza siempre fue de entrada muy física —muy concebible. De salida, en cambio, es incapaz de ver nada que no sea increíble y, por eso mismo, delirante. La esperanza de quienes ya no pueden imaginar una intervención ex machina apunta a lo imposible. Pues, sensatamente, no cabe esperar que el león coma hierba, ni que los muertos resuciten. Y menos que la nueva humanidad dependa de un siervo sufriente. Eppur si muove.
Etty
junio 26, 2021 § 3 comentarios
Escribe Etty Hillesum: sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Aquí, teológicamente hablando, solo cabe hacer una pregunta: ¿qué implica, con respecto a Dios, el que no pueda ayudarnos? ¿Qué Dios es aquel que necesita ser resucitado en el corazón del hombre (y por el hombre)? Evidentemente, no uno ex machina. Pero tampoco uno cuyo modo de ser esté determinado de antemano. Incluso la bondad de Dios está en el aire, una vez decidió no ser Dios sin el fiat del hombre.
emoción y verdad
junio 25, 2021 § Deja un comentario
Todo pasa por el cuerpo. El estremecimiento es el síntoma de la aparición. Pero no alcanza al aparecido. Este permanece siempre más allá como el extraño que siempre fue (y será). De ahí la pregunta por su realidad. Trascender el horizonte de las apariencias no es posible salvo que aceptemos que no hay otra realidad —otra verdad— que la del desaparecido. Pues la desaparición de la alteridad es la condición de su presencia sensible. Esto es, en el fondo, Platón. El resto, como ha sido ya dicho, notas al pie.
amar a Dios
junio 24, 2021 § Deja un comentario
Amarás a tus hijos. ¿Tiene sentido? No, cuando se da por sentado. Que Dios nos exija amarlo presupone, por tanto, que no es el caso. Nuestro punto de partida es un pasar de Dios (aunque nos llenemos la boca con su palabra —sobre todo, entonces). De ahí que el primer mandamiento sea leído como profecía: terminarás amándolo. En Israel, mandato y anticipación siempre fueron de la mano. Con todo, lo que acaso estuvo por aclarar es que esto solo es posible abrazando —o dejándose abrazar: Dios ama primero— por el cuerpo que lo encarna. Difícil amar a Dios si no es respondiendo a su entrega o sacrificio. Quien de entrada cree amarlo, no ama a Dios, sino su idea de Dios.
tiempo y verdad
junio 23, 2021 § Deja un comentario
Con el paso del tiempo, incluso las palabras verdaderas dicen algo muy distinto a lo que originariamente dijeron. Por ejemplo, la proclamación de la cruz como sacrificio redentor derivaba, inicialmente, de algo muy físico, a saber, la resurrección. Actualmente, dicha proclamación se ha convertido en una variante, pongamos por caso, del carácter curativo de la ascesis, al fin y al cabo, en un asunto interno. Así, el relato de la resurrección acaba entendiéndose como un modo de hablar. Pero no lo fue en un primer momento. En realidad, fue una visión. Sin embargo, no hay visión que no incluya un cierto saber —una ver como, una carga teórica, en definitiva, los presupuestos de una cosmovisión—. Y este es el problema.
santo vs sabio
junio 22, 2021 § 1 comentario
Para comprender la distancia que separa Atenas de Jerusalén basta con poner frente a frente la figura del sabio, tal y como la entendió el helenismo, y la del santo. En el primero, el horizonte es el de la autosuficiencia —un estar por encima de cuanto sucede—. O, como decía Lucrecio, el de poder contemplar el naufragio ajeno desde la atalaya del espectador. En el segundo, se trata de plegarse a la voluntad que se desprende de un Dios trascendente hasta rozar la nada —de instalarse en el sentimiento de una dependencia fundamental—. Para el sabio, el cosmos no tiene propósito. Es posible que las piezas encajen —puede que haya un sentido—, pero no para nosotros. En cambio, el santo se encuentra expuesto a la demanda insatisfacible que arraiga en los estómagos del hambre, una demanda que experimenta como la demanda misma de Dios. O el despreciado —y espontáneamente despreciable— nos incumbe, o no. Esta es la única disyuntiva, aquella ante la que se decide nuestra justificación. Para el sabio, por contra, lo único que está en juego es la libertad que se da como indiferencia ante lo que no importa sub specie aeternitatis (aunque desde esta óptica cuanto importa quede siempre en suspenso). En cualquier caso, lo que tienen en común ambas figuras es su extrañamiento del mundo (y, por eso mismo, un cierto sentido de la donación). Pues el todo nunca termina de ser el todo ni para el sabio, ni para el santo (aun cuando lo cierto es que no se sitúan de igual modo ante esta esencial incompletud).
Jesús calma la tempestad
junio 21, 2021 § Deja un comentario
Según cuentan los evangelios, durante un anochecer Jesús y sus discípulos cruzaron el mar de Galilea en una barca. Más tarde se levantó una gran tormenta. Jesús dormitaba sobre un cabezal. Los discípulos le despertaron e, inquietos, le dijeron: Maestro, ¿no te preocupa que nos ahoguemos? Jesús, tras increpar a los vientos, logró calmar la tempestad. Sin embargo, a continuación añadió: ¿por qué teméis? ¿acaso perdistéis la fe?. El episodio evangélico termina del siguiente modo: entonces, aún desconcertados, los discípulos se decían unos a otros: ¿quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».
Para percibir el alcance de la perícopa hay que situarse en los Getsemaní de la historia. La pregunta de los discípulos es la que se hicieron muchos condenados en los campos de exterminio: ¿dónde está Dios? Ahí no se calmó la tempestad. Tampoco lo hizo en el Gólgota. Por eso muchos se preguntaron si era posible seguir creyendo en Dios después de Auschwitz —o, como Adorno, si aún cabía escribir poesía. Yeshayahu Leibowitz dejó escrito que quienes dejaron de creer en Dios tras Auschwitz nunca creyeron en Dios, sino en la ayuda de Dios. Algo de esto hay, aunque sea difícil separar la confianza en Dios de un esperar su intervención ex machina. Sin embargo, el horizonte de la fe trasciende los tiempos del hombre. De ahí que la fe tenga un punto ciego, aquel en el que se decide, precisamente, nuestro hallarnos en manos de Dios. Con todo, lo que no muestra la perícopa es que el Dios en cuyas manos estamos no tiene otras manos que las del hombre. Es lo que va con un Dios que se puso en manos del hombre para llegar a ser el que es. Quizá sea por este motivo que la fe en Dios sea, bíblicamente, inseparable de la fe en el Mesías. Fuera de esta fe, la creencia sigue siendo una cosmovisión entre otras, a saber, algo de lo que podríamos perfectamente prescindir.
dentro, fuera
junio 20, 2021 § Deja un comentario
Cada hijo es único para sus padres. Ahora bien, desde la distancia del espectador, esto es así en cualquier caso. Por tanto, los hijos no serían únicos, sino que tan solo se mostrarían a sus padres como si lo fueran. Evidentemente, lo que aquí está en juego es desde qué óptica se decide cuanto es en verdad. Hoy en día, nos decantamos —y quizá sea esta la mayor herencia de Grecia— por la perspectiva teórica: en lo relativo al saber, tan solo vale lo objetivo. Sin embargo, lo objetivo es siempre una abstracción. Para un dios imparcial nada otro aparece o se da. La razón, en su ejercicio metódico, opera como un lecho de Procusto. De este modo, queda amputado cuanto sobresale de sus límites. Y sin embargo es posible que haya más realidad en lo esencialmente extraño que en lo reducible a los esquemas de la conciencia; más realidad en el don que en aquello que devino objeto de dominio.
la escritura y la vida
junio 19, 2021 § Deja un comentario
Cuando caemos en la cuenta —y no simplemente constatamos—, nos quedamos sin palabras. Tan solo cabe el asombro. O el estupor. Así, Etty Hillesum escribe en sus diarios (3 de julio de 1942): [los nazis] quieren nuestra completa destrucción. Ahora lo sé. Sobra el resto. Pues lo enorme es que Caín alce su brazo contra Abel; que un hombre le quite la vida a otro hombre… (lo cual presupone que cuanto es digno de asombro —el milagro— es que haya vida y no tan solo lo inerte). Únicamente, los hechos admiten una descripción (y porque no hay descripción sin prejuicio, los hechos son discutibles). No es el caso de cuanto acontece. El problema es que no hay acontecimiento sin hecho. De ahí que tengamos que detenernos —y esto significa dejar el discurso en suspenso. En medio de lo que acontece y no simplemente sucede, difícilmente podemos hacer más que abrir los ojos (y mirarnos unos a otros con la mirada del desconcierto). A lo sumo, y en lo relativo a las palabras, la imposible imagen del poeta. Donde decidimos seguir con los verbos que buscan fijar las apariencias, nos alejamos de lo real —de su gobierno. Pues ante lo real, siempre de rodillas. Para implorar. O para agradecer.
una de fantasmas
junio 18, 2021 § Deja un comentario
El alma de los muertos, según la antigua creencia, habita en el sheol, algo así como una tierra de nadie —o como el no-lugar de los nadie. El alma, por tanto, sobrevive como un espectro de lo que fue —como lamento en la oscuridad. Algo parecido podríamos decir de Dios tras el desprecio con Adán. De ahí que Dios sea, en sí mismo, un fantasma que clama por volver a la carne. O mejor, un fantasma que dejó de serlo una vez fue abrazado por el cuerpo de aquel que fue crucificado en su nombre. En este sentido, podríamos decir que la resurrección, a menos que se entienda como una operación ex machina, afectó tanto al hombre como a Dios.
icono
junio 17, 2021 § Deja un comentario
Todo es icono desde el retroceso de Dios —todo queda cargado con el aura de la excepción. El gnóstico dirá que tan solo hace falta caer en la cuenta. Y algo de esto hay. Pero no solo. Hay también mal. El icono no basta. De ahí la esperanza bíblica en el porvenir de Dios. Ahora bien, Dios no volverá, ni mucho menos ex machina. En cualquier caso, el que volverá —o mejor, el que regresa a diario, aun cuando lo sigamos ignorando— es aquel que ocupa su lugar: el quién de Dios, el hereu, el que ofrece una bondad de otro mundo cargando con la cruz. Esto es, el Mesías.
lo concerniente
junio 17, 2021 § 1 comentario
O el pobre nos incumbe, o no. O bien vivimos como si no hubiese nadie con el vientre hinchado por el hambre; o bien como si la miseria de tantos nos juzgase (y no solo provocase nuestros mejores sentimientos). Tertium non datur. Ante esta disyuntiva se decide una existencia cristiana. Lo habitual es pasar de largo. Aunque con la boca grande digamos lo contrario.
falsa identidad
junio 16, 2021 § Deja un comentario
La cuestión no es si cabe identificarse con Dios —o lo divino—, sino si un Dios puede reconocerse en un hombre. El anhelo de participar de la fuente del poder responde, en el fondo, a la primera tentación: y seréis como dioses. Esto sigue siendo así, aunque ser trate del vigor de los océanos. En cambio, lo audaz —por no decir, lo inadmisible— es lo segundo. De ahí que no acabemos de comprender el alcance de la confesión cristiana mientras no nos sintamos, cuando menos, desconcertados ante un Dios no quiso ser Dios —y por consiguiente, no pudo serlo— sin la adhesión incondicional del hombre. No en vano fue Atanasio el que, siguiendo las huellas de Pablo, dejó escrito que Dios se hizo hombre para que los hombres pudiéramos hacernos Dios (y aquí deberíamos tener en cuenta que el hacerse hombre no consiste simplemente en adoptar un aspecto humano). Lo que ignorábamos es que esto del hacernos Dios tuviera que ver con la renuncia a ejercer el poder de un dios. Por no hablar de la persecución.
unos por otros
junio 15, 2021 § Deja un comentario
Antes teníamos a los dioses —y siguiéndolos muy de cerca, a la nobleza. Ellos eran sin resquicio: bellos, fuertes, listos y, a veces, también compasivos. No estaban atados a las limitaciones de un cuerpo deforme (o cuando menos, en el caso de los nobles, no como el vulgo). Hoy en día, ya no tenemos dioses. Pero sus sustitutos siguen poniéndonos en nuestro lugar, esto es, por debajo. Hablamos, como es obvio, de los efectos políticos de la creencia religiosa, la que da por sentado que hay seres superiores. En vez de la nobleza de antaño, los super-ricos, las influencers, los futbolistas de élite… Ellos viven más allá, en su mundo. Aparentemente. De ahí que los relatos del tipo los ricos también lloran sean algo así como un espejismo a la cristiana: Dios también es humano. Es verdad que la existencia va con una desesperación de fondo (y por eso podemos entender que los ricos tengan algún motivo para soltar alguna que otra lágrima). Ahora bien, no es lo mismo llorar mientras te tomas un baño en tu piscina climatizada que hacerlo donde no tienes pan que darles a tus hijos. De ahí que, aun cuando los ricos lloren, lo que espontáneamente nos juzga es su divina apariencia. Y aquí siempre tenemos las de perder. Necesitamos una buenas dosis de ateísmo para liberarnos, de nuevo, del trampantojo de los dioses. Y para ello no hay nada mejor que apuntar, como el viejo Israel, a un Dios que no tiene imagen a la que agarrarse. Pues como dijera Nietzsche, donde la palabra Dios ha perdido su antigua fuerza vinculante, tan solo debemos preguntarnos qué dios hemos puesto en el altar vacío de Dios. Y es que el ateísmo es lo más difícil. O al menos, tan difícil que no es posible negar los derechos de un dios sin el apoyo de Dios.
Dios no es lo primero
junio 14, 2021 § Deja un comentario
Donde lo primero, con respecto a Dios, es Dios, tarde o temprano acabamos regando fuera del tiesto cristiano. Pues de dar por hecho que Dios es, por ejemplo, misericordioso, el Hijo de Dios será, en el mejor de los casos, casi tan misericordioso como pueda serlo Dios, pero en modo alguno será la misericordia de Dios (que es lo que confiesa el cristianismo). Donde partimos de una idea de Dios —y partimos de ahí donde nos atrevemos a decir lo que Dios es, aunque sea a tientas—, la encarnación solo podrá entenderse a la platónica, esto es, como ejemplificación —por no decir como copia imperfecta. A muchos esto les parecerá secundario, si no irrelevante. Pero no es lo mismo creer que hay Dios y que este posee una esencia, sea cual sea, que existir ante un Dios cuyo modo de ser se encontró, nunca mejor dicho, en el aire. El cristianismo, aunque en un primer momento nos lo pueda parecer, no proporciona una nueva descripción definitida para la palabra Dios —no sustituye, por ejemplo, la ira por la compasión—, sino que altera, y significativamente, qué se entiende por Dios (o mejor dicho, que supone estar ante Dios). Y esto es así porque Getsemaní deja atrás cuanto pudiéramos decir religiosamente acerca de la naturaleza de Dios. Sencillamente, en la pasión del crucificado, Dios se revela como el absolutamente otro que no es nadie sin el fiat del hombre —y no lo es porque no quiso ser Dios sin ese fiat. La cruz hace patente la crisis de Dios, la que dio pie, precisamente, al inicio de la historia. Es por eso que en el Gólgota Dios se hace presente como aquel que cuelga de un madero como un apestado de Dios. Y esto equivale a proclamar que Jesús no fue un representante de Dios, sino su esencia o modo de ser. Que Dios se encarne significa, por tanto, que la realidad de Dios tiene lugar en el centro de la historia —y tiene lugar como carne. Y de ahí a la dogmática trinitaria media un paso. Pues entenderla supone entender que no hay Padre sin Hijo. Y viceversa. Sin duda, en muchas cabezas cristianas la encarnación se comprende a la platónica. Como si el Padre fuese por un lado y el Hijo por otro, esto es, como si la filiación fuese tan solo cuestión de participación. Pero este es otro asunto.
el test de Rorschach y la resurrección
junio 13, 2021 § Deja un comentario
En el test de Rorschach, nadie ve lo mismo ante las mismas manchas. Uno ve lo que cree ver. Se supone que depende del inconsciente. Aquí la clave del asunto consiste en darse cuenta de que hasta que no interpretamos no vemos nada. Evidentemente, en el día a día no todo son manchas de tinta sobre el papel. Sin embargo, sigue siendo cierto que no hay visión que no contenga una carga teórica, un ver como, un cierto saber. En este sentido, podríamos entender la resurrección como una postal del test de Rorschach. Los testigos de las apariciones vieron lo que vieron porque pudieron verlo en tanto que la resurrección de los muertos formaba parte de su expectativa, aun cuando es verdad que no la esperaban tan pronto. De habernos situado en la grada del espectador, no habríamos visto lo que de hecho vieron. A lo sumo, diríamos que ellos creyeron ver lo que proclamaron a los cuatro vientos. Para la visión objetiva cuanto aparece es subsidiario de una realidad que debe expresarse en otros términos. Nosotros, por ejemplo, al ver los colores no vemos la frecuencia de onda como tal: vemos su manifetsación sensible. Esto es, en el fondo, Platón: de lo real, tan solo una idea. O por decirlo de otro modo, lo real tan solo puede ser pensado como lo que en sí mismo no aparece —o también, como lo que solo se revela al pensamiento. Ahora bien, la abstracción no puede afectarnos —no puede comprometernos con lo real. De ahí la convicción cristiana de que Dios solo puede incidir en nuestra existencia como cuerpo (y como cuerpo transfigurado a través de la cruz). Ninguna visión —ninguna aparición— puede ser confirmada por el observador imparcial. Aunque tampoco refutada.
Das Ding
junio 12, 2021 § Deja un comentario
El lenguaje encuentra su raison d’être en lo que perdimos aun antes de nacer. Y evidentemente, esta no es una tesis sobre el origen del lenguaje, el cual, fuese el que fuese, deviene irrelevante en relación con su raison d’être. Pues la Pérdida, escrita con mayúscula, es la condición ontológica del para sí de la conciencia, de la extrañeza con respecto al mundo. Quien entiende esto, entiende, sin embargo, que no estamos hablando de un ente, aunque solo podamos imaginarlo como tal, sino del Padre o, mejor dicho, de su espectro. La realidad del Padre —y no hay otra realidad que la que retrocedió a un pasado anterior a los tiempos— se revela en la noche del desierto, en los Getsemaní de la historia, esto es, donde cesa el ruido de fondo que enmascara que existimos en relación con una falta irreparable. El nombre del Padre es el nombre par excellence —un nombre cuyo referente está eternamente por ver—, al fin y al cabo, lo único que resta del Padre una vez fuimos arrojados a la existencia (y en ello reside nuestro común desamparo, el punto de partida de la fraternidad). De ahí que el Padre no tenga otro rostro que el del Hijo. El cristianismo —en particular, su dogmática trinitaria— supone, de hecho, un vaciamiento de la palabra Dios. Al menos, porque por sí sola no significa nada que tenga que ver con Dios.
el cuerpo
junio 11, 2021 § 1 comentario
Los chimpancés no tienen cuerpo. Son cuerpo. Tan solo el hombre posee un cuerpo. Pues tan solo él se enfrenta a su cuerpo. El cuerpo es un problema para el hombre, aunque no solo un problema. Nuestra relación con el cuerpo es ambivalente. Pues a pesar de lo dicho, es innegable que también somos el cuerpo al que nos enfrentamos. Sin cuerpo, seríamos unos nadie —como entendió el mismo Dios in illo tempore (y de ahí la encarnación). Pero, por eso mismo, somos algo más que cuerpo. La posibilidad de ser un nadie permanece como lo más profundo (incluso para Dios). Es lo que tiene ese continuo diferir de uno mismo: que no terminamos de identificarnos con el cuerpo que somos (y no solo habitamos). Esto es así porque inevitablemente nos hallamos sub iudice. El sí o el no recaen en un primer momento sobre el cuerpo: no todo en ti es puro. Hay algo de ti que debe permanecer oculto. Los chimpancés no saben qué es la intimidad —no pueden saberlo. Pues no hay vida interior que no repose sobre la vergüenza y, en definitiva, sobre la acusación. La pregunta es quién nos acusa de verdad —quién exige de nosotros una respuesta—: si el publicista o el que no cuenta para el mundo.
problemas de definición
junio 10, 2021 § 1 comentario
Nada es que no admita una cierta definición, aunque esta sea borrosa (y acaso no pueda dejar de serlo). Y si hay definición, hay negación. Todo cuanto es se da a la contra, por decirlo así. De este modo, ser humano, por ejemplo, implica no ser solo un animal (o en absoluto, una piedra). Aquí la cuestión es qué rasgo o característica delimita lo humano frente a lo que no lo es. Tradicionalmente, se suele apelar a la razón. En este sentido, también podríamos hablar de la capacidad de reflexión —de un volver sobre uno mismo, sobre el propio parecer. Ahora bien, lo innegable es que la reflexión admite grados. Cualquiera se enfrenta a la posibilidad de hacerse aquellas preguntas que nos sacan de lo impersonal —de lo que se dice, se hace… Sin embargo, no todos permanecemos fieles a la interrogación radical. Por lo común, se prefiere dejarlo estar. De ahí que no todos cultiven su inquietud —y la inquietud, el no acabar de encontrarse en donde uno está, acaso sea la pasión fundamental del animal consciente. Ahora bien, si es cierto que, como dijera Platón, una vida reflexionada posee más valor que una vida sin reflexionar —si es cierto que hay más elevación en quien se examina a sí mismo en nombre de lo que importa y no acabamos de retener que en aquellos que viven sometidos a su circunstancia—, entonces hay quienes tienen en al aire, precisamente, realizar la posibilidad de lo humano. Así, quien evita el ponerse en cuestión estaría más cerca de la bestia que de sí mismo. Como si renunciara a ser lo que es. Por eso la irrupción del cristianismo en la Antigüedad fue tan desconcertante. Pues según el cristianismo, ante Dios, todos somos iguales: el ignorante y el filósofo, el que sabe que, en el fondo, no es más que un ignorante. O dicho de otro modo, si lo decisivo es responder a quien (re)clama el pan de cada día, nadie puede decir de sí mismo que dará el primer paso. De ello se deduce que, donde Dios desaparece del mapa, lo obvio es que, en modo alguno, somos iguales.
hacer la pregunta adecuada
junio 9, 2021 § 1 comentario
La pregunta que le hemos de dirigir al cristiano no es cómo sabes que hay Dios, sino qué pasó para que llegaras a creer, en nombre de Dios, que la bondad triunfará sobre la impiedad (lo cual, dicho sea de paso, deja fuera de juego a muchos de los que se autoproclaman cristianos solo porque dan por descontado que hay un Dios que nos ampara desde el más allá). Y es que la fe en Dios, contra lo que suele entenderse, brota de la crisis de la suposición religiosa, mejor dicho, de su hundimiento en medio del horror. Cualquier fe que no nazca de las cenizas del homo religiosus pertenece a un mundo que ya no es el nuestro. Auschwitz hace inviable —por no decir que convierte en ridículo— el que podamos creer que nos hallamos en presencia de Dios como los antiguos creyeron que el mundo estaba atravesado de poderes invisibles. En el infierno, no hay rastro de Dios.
Por eso, quien lleva sobre sí el llanto de los que sobran no puede seguir bajo la seducción de hipótesis personales. La fe apunta, antes que a los cielos, a lo que sucedió tras la cruz. De ahí la necesidad de contar. Y lo contado suena siempre más o menos como sigue: no hay Dios que nos saque las castañas del fuego; el Mesías cuelga de una cruz; pero he visto a quien, en medio del infierno, cuidó de su verdugo… como si hubiera regresado con vida de la muerte, conservando, sin embargo, la herida en su costado. Todo cuanto cristianamente cabe decir acerca de Dios —incluyendo aquello del uno y trino— es un intento de dar razón de este imposible. De ahí que cristianamente se proclame que el crucificado es el quién de Dios y no solo su representante, lo cual afecta también a Dios. Pues esto último equivale a decir que el Padre aún no es nadie —o mejor dicho, no es más, aunque tampoco menos, que su clamar por su quién— con anterioridad a la entrega del Hijo. Y llegados a este punto uno está tentado de pensar que la figura del Espíritu está, precisamente, para impedir que sigamos creyendo, como quien no quiere la cosa, en la presencia etérea de la divinidad. Pues no hay que olvidar que el Espíritu procede del encuentro histórico entre el Padre y el Hijo. Donde creemos que solo procede del Padre, fácilmente convertirmos al Espíritu en una especie de onda expansiva de un Dios sin cuerpo. Si podemos confesar que Dios está presente incluso donde no parece que pueda haber Dios es porque Dios se encarnó, esto es, porque Dios descendió a los infiernos como hombre —porque no hay otro quién para Dios que el de un crucificado en su nombre.
